
Suelen compararla con Billie Holliday y la llaman "la reina de la morna", género musical de su Cabo Verde
natal inspirado en la nostalgia. El 29 de mayo, cantará en el Teatro Teresa Carreño
Por: PABLO ERNESTO BLANCO
En Venezuela, Cesária Évora es conocida, especialmente, por bohemios y melómanos. Internacionalmente es presentada como "la reina de la morna", un género musical, típico de su Cabo Verde natal, que combina el fado portugués, la modinha (música popular bahiana), el tango argentino y el lamento angoleño. Se trata de melodías bañadas, invariablemente, de amor y distancia. En resumen, lo que los caboverdianos llaman sodade, palabra en kriolu -idioma de los nativos del archipiélago- que se traduce al español como "soledad" (derivada de la saudade con la que portugueses y brasileños identifican la nostalgia).
Tradicionalmente, las mornas contienen -además de la voz cantante de turno- el sonido de una guitarra, un piano y un cavaquinho, instrumento portugués de cuatro cuerdas, con forma de guitarra, pero de dimensiones mucho más reducidas, una suerte de "hermano" del cuatro venezolano. No obstante esta sencillez orquestal, la banda que acompañará a Évora el próximo viernes 29 de mayo en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, es mucho más grande: Fernando "Nando" José, en el piano; João José de Pina, en la guitarra; Paulino Soares Vieira, en el cavaquinho; José Manuel París, en el bajo; Ademiro José Miranda y Julio Antero, en la percusión; Domingo Antonio Gomes, en el saxofón; y el cubano Julián Corrales Subida, en el violín. El repertorio de este show pertenece, en su mayoría, al último trabajo de la artista, titulado Rogamar (2006).
"Tengo muchos años tratando de ir a Venezuela y nunca había podido concretarse nada", aclara la intérprete desde su residencia en Cabo Verde. Al preguntársele sobre la temática que entona, contesta con voz fuerte y ronca: "La soledad es una cosa protagónica en nosotros los 'caboyanos', la tenemos siempre presente en nuestra alma, cuando parte un amor, cuando se acumulan las cosas", comenta al tiempo que bromea: "En todo caso, más vale estar solo que mal acompañado, como dicen".
De esas soledades y de su propia vida está llena su música. Se lee que nació en medio de un entorno de miseria y que fue difícil su ruta hacia su consagración definitiva. He aquí algo de su historia, para quienes todavía no la han descubierto.
 |
 |
La voz de 'la
dama de los pies descalzos' es de esas que se guardan en el
corazón, porque
refleja sabiduría
y pureza

-Soledad Bravo, cantante
|
LA LLEGADA
Se dice que se nace solo. Cesária lo hizo el 27 de agosto de 1941 en la ciudad portuaria de Mindelo, en la isla de San Vicente, perteneciente al archipiélago de Cabo Verde, otrora colonia portuguesa ubicada frente a las costas de Senegal. Aunque el drama de la pobreza marcó su niñez, la música siempre le trajo dicha. En este diálogo vienen a su memoria melodías de esa época que hoy la hacen sonreír. "No sé cómo traducirte una canción que nos cantan, desde pequeños, a todos los caboverdianos, el coro dice: 'Oh, nené, oh, mamá, oh papá…'. Para mí siempre es fácil y, sobre todo, muy grato recordar las composiciones que me cantaban en mi infancia, me conectan con este lugar (se refiere a Cabo Verde), donde tenemos un clima muy bueno, un sol y un mar muy lindos, muchachas y muchachos hermosos y suculentos mariscos".
Fue allí donde, desde temprana edad, Cesária fue marcada por el canto. Su padre, Justino da Cruz Évora -quien murió cuando ella contaba con, apenas, siete años de vida- tocaba la guitarra, el violín y el cavaquinho. Cize, como le dicen sus amigos más cercanos, fue criada, desde entonces, por su madre, doña Joana, quien trabajando como cocinera para "los blancos", tuvo que mantener siete hijos. "Si hay alguien a quien yo deba agradecerle algo en mi vida es a mi madre, quien ya murió", dice la artista. Por la difícil situación familiar, Évora fue albergada en un orfanato local donde fue educada por monjas. Allí aprendió a cantar, formando parte del coro infantil, dando inicio a lo que sería una historia digna de película.
 |
 |
No estoy seguro de si una cantante así necesita una orquesta que la acompañe, ya que ella, en sí misma, es una orquesta
-Iván Loscher, locutor |
EL DESAMOR
A sus 20 años, Cesária conoció a quien describe como "el gran amor de su vida", identificado como un hombre mucho mayor que ella llamado Eduardo. Desde sus 16, la naciente diva había estado cantando mornas para ganarse un plato de comida, en un quiosco de la plaza principal de San Vicente, junto a su hermano Lela, quien siempre la acompañaba en el saxofón. Posteriormente, hizo lo propio en Congelo, una compañía de pesca creada por portugueses y caboverdianos. Su amarga cotidianidad, signada por su precaria situación económica, la convirtió en un ser obstinado e indiferente.
Pero, lo dicho: Eduardo le cambió la cara. Además de enamorarla, la introdujo en Radio Mindelo, el primer lugar donde su talento vocal fue difundido por todo Cabo Verde.
Su buena reputación le permitió instalarse en el Café Royal, un lugar donde se ganaba la vida cantando mornas para trabajadores de causas humanitarias, abogados, comerciantes de pollo, colonizadores portugueses y algunos aventureros. Su popularidad iba en ascenso, pero, por alguna razón de peso, Eduardo debió partir a Europa. Para aliviar su infelicidad, Cesária se refugió, como era de esperarse, en el canto. "¿Una canción para el desamor? No hay otra que Mar Azul", dice sin titubear sobre un tema que suele interpretar en sus shows y que dio nombre a su álbum homónimo, de 1991. La letra, originalmente en kriolu, reza: "Mar azul, ven manso, luna llena ilumina el camino (…) hacia mi pequeño San Vicente (…) Oh, mar, pasó un año, el tiempo corre (…) sol ilumina a mi ausente en la tierra lejana…".
LA PARTIDA
En 1975, Cabo Verde se independiza de Portugal y Cesária deja de presentarse en público. La alegría de los caboverdianos contrasta con la depresión en la que ella estaba sumida, después de varios intentos fallidos en la industria discográfica. Esta vez no se refugió en el canto sino en el alcohol. Su silencio musical duró 10 años. Muchos decían que estaba "en las garras" de un feitiço (mal hechizo), vagando desnuda por las calles de Mindelo. Sus colegas músicos la despreciaban por el estado deplorable en que se encontraba. Finalmente, su suerte cambia a mediados de los años ochenta, cuando conoce a su paisano y colega Bana, quien la invita a ella y a otros músicos nativos de la isla a una gira musical por Estados Unidos. De regreso, Cesária ofrece a Bana, como pago por el gesto, cantar en un restaurante que éste regentaba en Lisboa.
Allí conoce a José Da Silva, quien, se convierte en su mentor oficial. Ella -que tenía 47 años, dos hijos y tres divorcios- aceptó la invitación de éste para irse a vivir a París. Allí grabó su primer álbum La diva de los pies desnudos, de 1988. El nombre del disco alude a su costumbre de presentarse descalza en escena, rito que lleva a cabo en solidaridad con los "sin techo", las mujeres y los niños pobres de su país, y como un ejercicio de memoria de lo que ha sido su propia realidad. Desde entonces, su música habla de soledades propias y ajenas, del aislamiento vivido por los habitantes de su tierra natal, por las víctimas del comercio de esclavos.
A estas alturas de su vida, la cantante acumula cinco millones de discos vendidos en todo el mundo y un premio Grammy al Mejor Álbum de World Music Contemporánea (obtenido en 2003 por su producción Voz D'Amor). Actualmente, vive entre París y Cabo Verde. "Mi casa en mi tierra es mi lugar favorito. Es allí donde, en mis ratos de soledad, escucho a mis cantantes preferidos: Nat King Cole, Frank Sinatra, Adriano Celentano (imitador, humorista y cantante italiano), Julio Iglesias y Ricky Martin". Al final de la conversación se le pregunta por la melodía que le gustaría escuchar cuando abandone este planeta. "En ese momento, sería ideal oír Partida". Se trata de un tema que forma parte de su repertorio, incluido en su disco Cabo Verde, de 1997. La letra dice algo así como: "Ya estamos a punto de partir (…) Si la partida te sirve para llorar, te sirve también para trasladar, camino largo de separación, sufrimiento de amor para mí (…) la partida es un dolor profundo (…) en la madrugada, se ve la imagen de mi alma… ".
pblanco@eluniversal.com
Sitios web consultados:
www.cesaria-evora.com
www.clubcultura.com
www.estaciontierra.com
|