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CRÍMENES MAX HAINES

A LA SALUD
DE PETER

Cuando hallaron muerta a Chrissie Gall, una bebedora empedernida,
su novio pagó los platos rotos


El demonio del ron ha desempeñado un papel importante en muchos casos de asesinato. Ciertamente, el alcoholismo de Chrissie Gall le causó la muerte. Que su vida haya terminado por asesinato o suicidio, eso es harina de otro costal.

Chrissie era hija de un zapatero de Glasgow, Escocia. Tenía cinco hermanos, y por motivos financieros se vio obligada a dejar la escuela a los 14 años para buscar empleo como trabajadora doméstica.

Durante años, Chrissie trabajó para ayudar a mantener a su familia. Cuando tenía 21 fue contratada por la familia Queen. Fue durante este período que conoció a Peter Queen, de 24 años. Peter se había casado a los 20 años con una joven que era alcohólica. Después de dos años de matrimonio, la señora Queen fue internada en una institución; la pareja nunca más volvió a unirse.

Peter se enamoró de Chrissie. Cuando la joven dejó su empleo con la familia Queen para atender a su propia madre, que estaba gravemente enferma, él la llamaba frecuentemente. Después de la muerte de su madre, ella se quedó en casa para cuidar de su padre.

Chrissie era una chica hermosa de inteligencia normal. Sin duda, como Peter la amaba, ella a su vez se enamoró locamente de él. Curiosamente, Peter se había enamorado por segunda vez de una chica que era adicta al alcohol. El joven, quien no bebía, era amable con Chrissie y siempre la trató con afecto.

Tres años después de la muerte de su esposa, el señor Gall se mudó con otra de sus hijas y Chrissie se fue de casa. Peter se ocupó de que se alojara confortablemente en una habitación en la casa de un amigo suyo, James Burns. Para entonces, Chrissie bebía todos los días. Tres meses después, Peter se mudó con ella y vivieron como esposo y esposa.

Corría el año de 1931. Peter tenía 30 y Chrissie 27. Él aún era un hombre casado. Chrissie era extremadamente sensible a esta situación e hizo todo lo que pudo para asegurarse de que ninguno de sus familiares se enterara de que estaba viviendo con un hombre casado. A menudo decía que este sentimiento de culpa la había impulsado a la bebida.

Continuó bebiendo. El señor y la señora Burns se mostraban compasivos ante la situación de Chrissie y a menudo tenían largas conversaciones con ella para que dejara la bebida. Ella siempre prometía que no bebería más, pero siempre regresaba a la botella. Frecuentemente amenazaba con suicidarse. Durante este tiempo, Peter fue un compañero comprensivo.

En el verano de 1931, Chrissie encendió el gas de la cocina y se retiró en medio de un sopor etílico. Fue sólo por suerte que la señora Burns pudo salvar su vida y la de Chrissie. Poco después de este incidente, Peter y Chrissie se mudaron a su propia residencia en el 533 de Dunbarton Rd. Su familia aún tenía la impresión de que ella trabajaba como empleada doméstica.

Chrissie siguió bebiendo copiosamente. Peter llegó a la conclusión de que un cambio de escenario le haría bien a su compañera. Hizo los arreglos necesarios para que ella se fuera de vacaciones a Aberdeen con su joven sobrina Nessie. Él pensó que Chrissie tendría de cuidar de la jovencita, y eso la mantendría ocupada y la ayudaría a alejarse del alcohol.

El jueves 19 de noviembre, Chrissie se encontró con su hermano Bert. Ambos se dedicaron a ir de bar en bar. Cuando regresó a su casa en Dunbarton Rd. con su hermano, un preocupado Peter esperaba por ella. Por primera vez, Chrissie había llevado a un miembro de su familia a su casa. A pesar de estar embriagada, logró decirle a Peter que por favor fingieran que era la casa de su tía. Peter le siguió la corriente a Chrissie, y el hermano se fue de la casa creyendo que ella era la doméstica de la tía de Peter. Nunca más volvería a ver su hermana con vida.

Al día siguiente, Chrissie se despertó y procedió a beber todo el día. Esa noche, dos amigos, el señor y la señora Johnston, visitaron y encontraron a Chrissie en la cama. Se quedaron algún tiempo y ayudaron a Peter a alimentarla con algunos emparedados y un poco de té. Los Johnston se marcharon a las 10:45 pm. Cuatro horas y 15 minutos después, a las 3:00 am, Peter Queen corrió a la estación de policía de Glasgow y notificó que Chrissie estaba muerta.

Los oficiales de policía entraron en el dormitorio de Chrissie. Ella yacía muerta en su cama con las sábanas en desorden. Una soga, amarrada en un medio nudo, estaba alrededor de su cuello. Su dentadura postiza superior aún estaba en su lugar. Tenía puesta ropa de dormir. La soga, que resultó ser parte de una cuerda de tender ropa, fue retirada por uno de los oficiales, quien más tarde diría que el nudo estaba muy bien atado. No había señales de lucha.

La autopsia indicó lo que era obvio, que la muerte se debía a estrangulamiento. Dos horas después, Peter Queen fue detenido y acusado de asesinato. Cuando presentaron los cargos en su contra, sus únicas palabras fueron: "No tengo nada que decir".

El juicio por asesinato contra Peter Queen comenzó el 5 de enero de 1932. Un oficial de policía subió al estrado y declaró que cuando Peter notificó la muerte de Chrissie en la jefatura, él había dicho: "Mi esposa está muerta. Creo que yo la maté".

Los Johnston fueron las últimas personas, además de Peter, que vieron a Chrissie con vida. La señora Johnston testificó ante el tribunal que, en su opinión, cuando se marcharon, Chrissie estaba totalmente embriagada. El señor Johnston no estaba completamente de acuerdo con eso. Le pareció que ella sólo estaba levemente ebria.

Desafortunadamente, los patólogos que efectuaron la autopsia no examinaron el contenido del estómago ni la presencia de alcohol en la sangre. La evidencia relativa al estado de Chrissie era de suma importancia para la fiscalía, que intentaba demostrar que la mujer se encontraba tan indefensa que pudo haber sido estrangulada sin ofrecer mucha resistencia, lo cual explicaba que la escena del asesinato se encontrara en perfecto orden.

Peter Queen testificó en su propia defensa. Afirmó que él y Chrissie habían charlado durante algún tiempo después de la partida de los Johnston. Debido a que ella había estado tan débil por beber tanto, él le dijo que había llamado a un médico que la visitaría a la mañana siguiente. Ella le pidió que pusiera las mejores fundas de almohada en consideración de la visita del doctor. Peter dijo que fue a buscar las fundas, pero no pudo encontrarlas. Le preguntó a Chrissie, pero como ella no respondió, pensó que se había dormido. Se sentó y se fumó un cigarrillo. Después de unos 15 minutos, se preparó para acostarse. Fue entonces cuando volvió a entrar en la habitación y encontró a Chrissie con la soga alrededor del cuello.

Un experto señaló que, sin duda, Chrissie había logrado ESTRANGULARSE

Peter sacudió a Chrissie y luego corrió de la casa a la estación de policía. Estuvo en desacuerdo en cuanto a lo que le había dicho al oficial. Juró que había dicho: "Mi esposa está muerta. No crean que yo la maté". Esta declaración difería apenas de la versión del oficial, pero esa diferencia cambiaba un mundo el significado.

Un experto que testificó por la defensa señaló que Chrissie, sin duda, había logrado estrangularse. Él había examinado la soga y dijo que debido a su textura, se había quedado firmemente amarrada alrededor del cuello de Chrissie incluso después de que ella había perdió el sentido y sus manos se habían desplomado.

La defensa afirmaba que Chrissie se había estrangulado mientras Peter buscaba las fundas. La fiscalía creía que Peter había puesto la soga alrededor del cuello de Chrissie, deshaciéndose así de una mujer que sufría tanto de depresión como de alcoholismo.

Después de dos horas de deliberación, el jurado escocés encontró a Peter culpable de asesinato, con una recomendación de clemencia. Peter fue sentenciado a muerte, pero esta sentencia fue conmutada a cadena perpetua. Pasó más de 20 años en prisión antes de ser liberado. Regresó a Glasgow y comenzó una nueva vida. Ninguno de sus nuevos amigos conocía su verdadera identidad. Murió en mayo de 1958. Muchos creen que fue injustamente condenado.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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