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Las respuestas
que ella debe dar

El camino fácil no suele ser, precisamente, el más recomendable. La invitación que propone el texto que sigue es la de cambiar el abordaje de cinco situaciones más que cotidianas en la relación madre e hijos. Adriana Gibbs


A veces por comodidad, a veces por impaciencia, o por desconocimiento, los padres dan a los hijos la respuesta más fácil para evitarse conflictos con ellos. Pero esto no siempre es la mejor opción. Flor Elena Rodríguez, licenciada en Educación y coordinadora del Preescolar del Centro Educativo de la Asociación de Profesores de la UCV, afirma que de esta manera se pierde la buena oportunidad de hacer del conflicto un momento de aprendizaje. Como bien señala la especialista, los niños deben ser educados con las palabras adecuadas, y en el momento que corresponden. He aquí cinco respuestas que se suelen dar equivocadamente a los hijos:

“No tengo plata”
Ante la repetitiva solicitud del hijo: “mamá, cómprame”, es frecuente escuchar esto como respuesta. “Si se lleva la plata justa, está bien decirlo, pues ciertamente esa es la razón para no comprar. Pero si se dice que no se tiene plata para evitar decirle ‘no quiero comprarte nada’, el mensaje que se transmite es: ‘yo te compro todo si tengo plata para hacerlo’. Se está perdiendo la oportunidad de enseñarle cuál es el motivo de una compra: se adquiere lo necesario, salvo contadas excepciones”, argumenta la psicóloga Mónica Larraín.

Lo que se propone como respuesta sería decirle: “no te voy a comprar este peluche porque no lo necesitas. En la casa tienes muchos más”. Es fundamental enseñarles a diferenciar entre lo que quieren y lo que necesitan, lo que no significa que en algún momento se le pueda decir al hijo: “Te voy a comprar esto porque quiero hacerte un regalo”.

“La relación padres-hijos debe ser cálida, personal y, sobre todo, honesta. Aprovechar cada situación que se da con el niño para conversar con él y hacerle preguntas, es una estupenda manera de incitarlo a reflexionar, e invitarle a establecer acuerdos”, explica Flor Elena Rodríguez.

“No se puede...
son muchos hermanos”

Es el pretexto que a veces se le da a los hijos cuando ellos piden comer panquecas, por ejemplo, o papas fritas. “Son muchos y no se puede”, se les responde por el hecho de que una petición como esa implica cierto “trabajo” en casa. Se trata, según la especialista, de una respuesta poco positiva, que puede traer como consecuencia que el hecho de tener varios hermanos comienza a asociarse con la sensación de lo ingrato y puede, además, acentuar la rivalidad ya natural entre hermanos. El mensaje directo que se transmite es: hubiese sido mejor tener menos hermanos para pasarla bien. Lo mejor, entonces, es evitar esa excusa y buscar una solución. En el caso de las papas fritas, si efectivamente no hay tiempo, dar esa razón y no la de la cantidad de personas y proponer organizarse para hacerlas en una ocasión especial. “Otra solución -señala Rodríguez- es asignarle a cada hijo una responsabilidad. De esta manera se incentiva el trabajo en equipo y se fomentan las relaciones de cooperación entre los hermanos; hay que evitar el antagonismo”.

“Se acabó, no hay más”
Basta abrir un paquete de dulces para que cualquier niño quiera comerse hasta el último, y esta respuesta parece ser la mejor manera de evitar una intoxicación estomacal del hijo. Si no es cierto que los dulces precisamente se hayan acabado, no está bien dar esta respuesta porque es una mentira que introduce falsedades en la relación con los hijos. “Los niños no tienen que ser muy grandes para darse cuenta que lo que se les dice no es cierto. De hecho si se percatan del engaño no es raro que ellos también se acostumbren a mentir y dar, cuando les convenga, respuestas que les acomoden”, explica Larraín. Y Flor Elena Rodríguez destaca que esto trae como consecuencia segura que los padres pierdan credibilidad ante los hijos. “Responder cualquier cosa demuestra que no se le da al niño la importancia que merece y lo más preocupante es que éste aprende por imitación: padres que mienten, hijos que mentirán”, afirma Rodríguez.
Lo más conveniente es explicarles por qué se le dice no a los excesos en la ingesta de chucherías e insistirles en que hay que comer sin ansiedad y con mesura.

“No pueden ir, porque
yo voy a trabajar”

Para evitar los berrinches cuando se quiere salir sin hijos, papá y mamá suelen dar esta respuesta. Si esa es la excusa que los padres tienen cada vez que salen solos, aunque sea sábado por la noche, no es correcto. Decirles la verdad es siempre lo más recomendable. Los niños deben saber que no pueden ir a todas partes. “De esta manera -dice Rodríguez- el niño aprende a valorar y respetar el espacio de los padres, a que éstos tienen sus momentos sin ellos, y especialmente se da cuenta de que existen los límites, lo que es muy importante para su futuro”. Se les enseña, por otra parte, que el mundo no gira en torno a ellos y que no todas las actividades son para niños. Hay lugares a los que no les corresponde ir. Esa enseñanza los saca del egocentrismo natural que caracteriza a la niñez.

“Ay, la televisión
se echó a perder”

Es la explicación más fácil para evitar la sobre-exposición de los niños al medio televisivo. Antes que iniciar la batalla para que dejen de ver televisión, lo más cómodo es desenchufarla en secreto y simular que no funciona. “Los niños -explica Larraín- deben entender que con la televisión dejan de hacer otras cosas. Entonces hay que enseñarles a tener un equilibrio y hacer de todo un poco. Si ya han visto una película es tiempo de proponerles que pinten o se dediquen a otra actividad. Pero eso hay que explicarlo”.

agibbs@eluniversal.com

A saber

Las respuestas fáciles y cómodas no son una buena salida porque:
l Se pierde la oportunidad de enseñar lo que es correcto e importante, y es de esta manera que se inculcan los valores que distinguen a una familia.

l Se enseña que hay que mentir para evitar el conflicto. Incluso los mismos niños
pueden captar la maniobra y empiezan a mentir para solucionar sus problemas.

l Se crean relaciones duales y, de esta manera, los adultos pierden credibilidad y autoridad
ante los hijos.

FUENTES CONSULTADAS: HACER PADRES Y GUIA PARA PADRES DESESPERADOS.
MANUAL PARA LIDIAR CON SUS PEQUEÑOS SALVAJES, DE PIERRE ANTILOGUS Y JEAN-LOUIS FESTJENS. FOTO: IDEASSTOCK

 
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