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Inolvidable
Paul Newman

El novio de todas, el esposo perfecto, el dueño de dos premios Oscar, el filántropo, el hombre de los refulgentes ojos azules, dijo que se retiraba del cine y de su otra pasión, las carreras de autos. Hollywood le prepara un homenaje. Idalia De León

Junto a Marlon Brando y James Dean formó parte de esa estirpe de actores prácticamente extinta de Hollywood. Dotados de belleza, talento y sensualidad, ocuparon la gran pantalla para regocijo de millones de pupilas femeninas y la envidia de sus anodinos acompañantes. De los tres, Newman es el que el destino ha querido que siga encandilando con sus ojos azules. En su juventud hizo gala de su rostro hecho para los temidos close up y filmó proyectos que hoy lo abochornan y de los que no quiere saber; entre ellos, El cáliz de plata, el cual supuso su debut en el cine en 1954. Con 80 años cumplidos el pasado 26 de enero, y más de 60 películas en su haber, el inolvidable protagonista de Una gata sobre el tejado caliente, convino, sin embargo, en que ya era tiempo de retirarse del celuloide y de las carreras de autos, su otra gran pasión.

“Es absolutamente asombroso que yo siga en pie; he sobrevivido a los bombardeos, al tabaco, al whisky y a las carreras de autos”, dijo en una oportunidad este hombre que hoy acumula nueve nominaciones al Oscar de la Academia, y guarda en su casa dos ejemplares de la proverbial estatuilla dorada: una por su actuación en la película de Martin Scorsese, El color del dinero (1986), y otra honorífica otorgada, ese mismo año, en reconocimiento a su trayectoria. Marcado por el odio, Un largo y ardiente verano, El buscavidas (por la que recibió una nominación), Dulce pájaro de juventud, Hud, Cortina rasgada (de Alfred Hitchcock), son sólo apenas algunas de sus películas iniciales en las que demostró que era mucho más que una cara bonita, y que su paso por el Actor’s Studios había sido en serio. Ausencia de Malicia, El Veredicto, y Camino a la perdición y Ni un pelo de tonto, son sólo otras de sus cintas más recientes.

Mucho se sabe de este hombre, nacido en Ohio en el seno de una familia acomodada, que se dedicaba al comercio de artículos deportivos y, que a los 27 años, con un título en Ciencias económicas como currículo, se inscribió en la Escuela de Arte Dramático de Yale. Pero algunos pasajes oscuros de su vida (muy pocos en realidad) han estado protegidos con el velo que el recato de la prensa amarilla reserva para sus leyendas vivientes. La muerte en 1978 de su hijo Scott, a causa de una sobredosis de barbitúricos y alcohol, y la profunda y autodestructiva depresión en la que él cayó inmerso posteriormente, es ejemplo de ello. Otros hechos, nada trágicos, pero que desnudan otros matices de su personalidad dan cuenta de que fue capaz de demandar a una periodista que afirmó que él no llegaba a medir 1,75 de estatura; que sus ideas sobre los derechos civiles lo llevaron a formar parte de la lista negra que sumaba a los presuntos enemigos del gobierno de Richard Nixon; y que posee una marca de salsa para pastas que lleva su nombre y que el producto de su venta se dedica exclusivamente a causas benéficas. Quizás, dos de los aspectos más publicitados sobre su vida sean, por un lado, su matrimonio de 47 años con la actriz Joan Woodward; y por otro, su afición a competir en la Fórmula 1.

Aun cuando anunció que se retiraba de la actuación, se le verá actuar este año junto con su esposa, Helen Hunt y Ed Harris, en Empire Falls, nueva producción filmada para HBO; y su voz se dejará escuchar en Cars, la película de dibujos animados que el próximo año estrenarán los estudios Pixar. Igualmente, Hollywood pretende unir por tercera vez al actor con Robert Redford, con quien protagonizó Butch Cassidy and Sundance Kid y El Golpe, y así cerrar con broche de oro la trayectoria del hoy patriarca del cine y, de paso, darle al público nuevamente la oportunidad de ver juntos a la pareja de buenmozos que marcó una época.

Probablemente, más de una señora quisiera que Newman fuese más joven para que su anunciado retiro fuese como el del cantante venezolano aquél, sólo una ida para pronto volver. l


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