| Las
50
palabras mas hermosa del español
Ayer se celebró el Día del
libro y del idioma. Estampas aprovechó la ocasión
para pedirles a diez personas, vinculadas desde diversos oficios
con el lenguaje, una selección de sus palabras más
queridas. He aquí una antología para celebrar a nuestra
lengua. Adriana Gibbs
Harry Almela.
Poeta
Poco el espacio para escoger de tan extenso idioma, pero voy por
alegrías: Ventana,
el ojo para mirar adentro y afuera de la casa. Se cierra con la
e, se abre plena en sus últimas a. Azulejo,
bate sus alas en la u. Queda suspendido en el aire con la e y la
o. Murmullo,
por su sonoridad oscura. Caramillo,
voz antigua que no he usado en un poema. El verbo seducir,
que todo es seducción. Incluyendo ésta de escoger
cinco flores sonoras.
Ahora puedo escribir el poema:
Desde la ventana me seduce el azulejo.
Murmullo que se convierte en caramillo.
Rebeca Pineda.
Estudiante de Letras
Fantasma, porque al pronunciar
esta palabra con suavidad pareciera salir por la boca una espesura
fantasmagórica. Además, la vida está llena
de fantasmas. Las palabras mismas son a veces fantasmas. Es una
palabra metafísica.
Arbol
es una palabra rara, como los árboles. Lo que pasa es que
tanto la palabra como el árbol se ven tanto que no se nos
hacen extraños, como pasa con muchas rarezas de todos los
días.
Madera
es una palabra con olor y textura, con color también. Como
una tarjeta de presentación.
Caricia
es una palabra como picada, donde caben varias acciones. Una caricia
que siempre invita a otra cosa.
Libertad.
Decirla es liberarse un poco. Con la “d” surge un gesto
subversivo. Hay palabras que transforman por sí solas.
Luis Barrera Linares.
Narrador, lingüista, investigador literario
Digo primero lenguaje, por encima
de todo, porque de esa palabra mágica emana cualquier belleza
en el ser humano. Si no hay lenguaje, tenemos nada, vacío,
fealdad, oscuridad, negrura (sus opuestos). Seríamos opacos
objetos sin sentido. El verbo
construye lo sublime, el verbo crea, muestra y potencia la hermosura
vital. Y
luego añado hijo o hija,
debido a todo lo que fulgura detrás de esas cuatro letras
luminosas (tercera palabra)
con las que te prolongas en lo permanente y en las que siempre encuentras
refugio y placer
(con las que completo mi quinteto). Mucho más hermosas todas
si las junto en una secuencia: Un hijo es el lenguaje luminoso,
la vida toda, para refugiarse en el placer. Por eso puedo decir
también: lenguaje, placer luminoso, refugio del hijo. Quiero
decir que con ellas puedes explicar el amor en su totalidad, pues,
si se quiere, esas cinco remiten a todas las demás palabras
del idioma.
María Eugenia
Martínez. Investigadora y autora del Léxico
básico del español de Venezuela.
He desarrollado un gusto por las palabras del español de
Venezuela porque están relacionadas con la risa, con un humor
liberador. Los venezolanismos siempre están a la mano cuando
más los necesitamos, sobre todo cuando en ellos encontramos
una asociación casi absoluta entre las sensaciones y la experiencia:
Cuantas veces nos hemos “estado
comiendo un cable” o nos hemos visto obligados a “pedir
cacao”. Cuántas han sido las veces que nos han
“jugado quiquirigüiqui”.
Sin embargo, siempre terminamos con la risa que es una opción
que aún nos salva y ante tanta calamidad preferimos “echarnos
unos palos” y “gozar
un puyero”.
Carlos Sandoval.
Crítico literario, investigador
Las palabras más hermosas no hay que buscarlas en el diccionario,
sino en la sencilla gramática escrita por los amantes: el
tosco camionero, la muchacha que nos limpia la casa, el párroco.
Nunca hubo mejor forma de emplear el lenguaje que anotar en las
nubes del café, en el sudor de los cuartos, las definitivas
caricias de un tú, siempre,
azul, cuerpo: amo.
Lucia Fracca. Profesora
de literatura, investigadora
Cuando te pones a pensar sobre lo hermoso de las palabras se te
vienen a la mente muchas cosas. Entre ellas, el discriminar los
indicadores de belleza. Entonces, acuden la forma, los sonidos que
la conforman, el significado, o simplemente las experiencias vividas
con ellas. Si de la forma se trata, poesía
es una palabra hermosa porque tiene fonía, rima, melodía,
verso. En cambio, si nos referimos a la significación
se asoman palabras como primavera,
y esperanza. Ambas remiten al
porvenir, al ciclo de vida, al pensar que siempre habrá nuevas
flores, retoños. La esperanza, vislumbra al futuro, al dinamismo,
pues nada es estático. Asimismo, ocurre con motivación,
fuerza propulsora, ganas, ánimo, que unida a la esperanza
y a la primavera otorgan a la vida, vida. Por último, y ahí
va lo experiencial, están los sueños,
en plural, pues son los que desde el inconsciente, mueven la motivación
que desde la esperanza, permiten en el individuo cumplir el ciclo:
sueña, se motiva, actúa y siempre se encuentra buscando
primaveras.
Xiomara Moreno.
Dramaturga
Agua:
La boca se moviliza para todos lados cuando se dice esta palabra.
Principio de la vida. En otros idiomas no dice lo que en español.
Es un sonido infantil, gutural, sin elaboración.
Frenesí: Por el arrebato,
la exaltación, la pasión con que nos conecta. ¿Qué
es la vida? Un frenesí. Un torbellino. Algo que se mueve
con ganas, con vehemencia y entusiasmo.
Relámpago:
Es una de las palabras más fuertes y lleva dentro
de sí estremecimiento, adelanta al trueno, que es el rayo
de Zeus y de Thor y que habla de la ira del cielo.
Geranio:
Una flor tan cotidiana, tan doméstica, tan desapercibida.
Te remite a la calma de ver por una ventana o de asomarte a un patio
interior. El jardín aquel que todos perdemos, según
Pessoa
Chévere: Que es familia
del “vale”y el “ok”. Es simpática
y sirve para todo.
Roger Michelena.
Librero
Ignoro cómo ciertas palabras se fueron alojando en mi habla,
tampoco como llegaron a resultarme imprescindibles en la vida, en
mi caso todas tienen que ver con el afecto: Recordar,
“re-cordis”, traer de nuevo al corazón algo o
alguien que nos afecta. Otra es Incordiar,
molestar al corazón, desajustar su ritmo habitual. Otra inevitable
en mi paseo afectivo es la palabra Amor,
a (sin) mor (contracción de mortem) entonces significaría
sin muerte, el amor es eternidad, y como el afecto en mi caso suele
ser un descubrimiento seguiría Serendipia,
facultad de hacer, un afortunado descubrimiento por medio de un
accidente, construida por Horacio Walpole, basándose en un
cuento persa titulado Las princesas de serendip. Por último,
y no menos importante, agregaría dos más: una la primera
que pronuncio al despertar Samadhi
-el nombre de mi hija- y otra la que siempre
digo al final del día, el nombre de una mujer.
Luisa Coronil.
Correctora
Terruño: tiene una carga
emotiva, de apego a la raíz, a los afectos, a eso que hace
tan particular el modo de ser... Es la patria chica, con sus miles
de historias que no siempre trascienden, con los amores y los desamores,
con el loco de la esquina y con tantos otros personajes que dejan
huella indeleble en la gente que allí nace y crece.
Ojalá: expresión
de un deseo que encomendamos a Dios, si El quiere...
Arpegio: es música, sucesión
de sonidos que me hacen evocar el curso de un río en toda
su plenitud.
Ademán: porque no dice.
Sugiere o insinúa sentimientos y pasiones.
Fogón: por el fuego;
por el arte de crear, alimentar y amar; por la vida misma...
Rubén Wisotzki.
Periodista, director de la revista Imagen
Siesta:
Ejercicio de felicidad cada vez menos posible en estos tiempos.
Contacto directo con lo mejor de la infancia. Debería decretarse
que desde las 2:00 pm hasta las 4:00 pm está prohibido mover
un dedo.
Utopía: Perfecto
sueño irrealizable que cada quien vive, en lo más
íntimo, mientras está despierto en medio de esta pesadilla
que dejó la modernidad.
Cuento:
Vivimos del cuento, de lo que nos cuentan y de lo que contamos.
Somos, por lo tanto, un cuento que siempre escribimos y que nos
escriben a cada momento.
Café:
Además de bebida deliciosa,
es una gran excusa para ir al encuentro del Otro. Que no es más
que ir al encuentro de uno mismo. Entre sorbo y sorbo.
Tomás: Nombre
propio de soñadores, escritores, filósofos, filibusteros
y futbolistas. Nombre propio de hijo que da vida a los ancestros.
Nombre propio de hijo que le permite al padre volver a ver al abuelo.
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