| Asomado por la ventana
Algunas veces no existe la justicia, como
bien se advierte en esta historia.
Max Haines
Tomen
el caso del insignificante oficial de la marina Roger B. Eastlake
y su novia, Sara Knox.
En 1921, Roger era el adorado padre de dos
niños, Roger, Jr. de ocho años y Margaret, de seis.
El hombre de carrera de la marina estadounidense también
era un amoroso marido para su simpática esposa, Margaret.
Les contaré un pequeño secreto.
Las apariencias a veces engañan. No era todo claro con los
Eastlake. Durante años, Roger había estado saliendo
con Sara Knox. Roger y Sara lo hacían cuando y donde tenían
oportunidad. Y ésta se les presentaba a menudo.
Los amantes cometieron un acto imperdonable
al escribirse mutuamente cartas que un día serían
descritas por un juez como “imposibles de reproducir”.
Las cartas describían en detalle hasta qué punto llegaban
para entretenerse mutuamente.
Los Eastlake vivían en Washington D.C.,
y mantenían una casa de campo en Colonial Beach. Fue allí
donde la infidelidad llegó a su punto álgido. Hacia
fines de diciembre, el clima se pone un poco fresco a lo largo de
la boca del Potomac. La mayoría de las casas estaban preparadas
para la temporada, pero no la de los Eastlake. Su casita de campo,
que estaba a varias cuadras de la playa, estaba siendo usada por
la familia.
Ahora, se debe aclarar que Margaret había
descubierto sobre los encuentros numerosos y prolongados de su marido
y Sara. No se lo tomó muy bien. Escribió a Sara varias
cartas, acusándola de no llegar a ser una dama. Sara respondió
a estas cartas negándolo todo diciendo que ella únicamente
era una respetable graduada de enfermera que trabajaba en el Hospital
John Hopkins. Declaraba que nunca había compartido el lecho
con Roger Eastlake, que aquí entre nosotros sabemos que era
una pura mentira.
Margaret Eastlake estaba furiosa, pero fue
Sara la que decidió hacer algo con esta situación
insostenible. El 29 de septiembre, Sara deambulaba por Colonial
Beach y registró unas bolsas en Azeele. Una bolsa contenía
un cambio de ropa, la otra un hacha.
Esa noche, cuando cayó la oscuridad,
Sara se dirigió hacia la cabaña al lado de la casa
de los Eastlake. Como compañía llevaba el hacha. Por
ahora dejemos solos a Sara y su hacha en la cabaña. Esto
es lo que estaba ocurriendo dentro de la casa de los Eastlake.
La pequeña Margaret de seis años
se había ido a la cama y empezó a llorar. Su hermano
Roger se despertó. Eran las 5:00 am. Sollozando, Margaret
le dijo a Roger que un hombre con una gabardina que se parecía
a su padre la había empujado hacia un lado y corrió
desde la casa. Roger, Jr., devolvió a su hermana a la cama.
Entonces se vistió con la intención de salir a la
entrada. Desafortunadamente no podía abrir la puerta. Y por
una buena razón. Algo que no sabía el joven Roger,
al otro lado de la puerta estaba el cuerpo de su madre.
Roger ausentemente miró por la ventana
y observó a Sara Knox corriendo por su jardín. Sorprendido,
se sentó en la cama de su hermana. En unos minutos, su atención
se vio dirigida de nuevo hacia fuera. Allí, liderando un
grupo de vecinos, estaba Sara, dirigiéndose directamente
hacia su casa. Eso es lo único que Roger pudo relatar sobre
la noche más llena de eventos de su vida. El y su hermana
fueron llevados a casa de unos vecinos para evitarles la resultante
confusión.
Según Sara, esto es lo que sucedió.
Ella se había metido secretamente en la cabaña para
espiar a la esposa de su amante. Nunca pensó que esa noche
se iba a producir un asesinato. Se despertó de su duermevela
por un ruido en la oscuridad de un hombre huyendo de la casa de
los Eastlake a través del jardín, subiéndose
por encima de una cerca y desapareciendo en la noche. De puntillas
entró en la casa encontrando a la asesinada Margaret Eastlake.
Más tarde los médicos afirmaron
que Margaret había recibido 29 golpes individuales en su
cabeza con un hacha. Aunque este total es impresionante, es 11 golpes
menos que el número total de hachazos que Lizzie Borden había
propinado al cráneo de su madre tres décadas antes.
Esa debe ser la razón que el ataque de Lizzie es mucho más
conocido que el de la señorita Knox.
Sara llamó y trajo a algunos vecinos,
que llamaron al Dr. William Carruthers. El buen doctor localizó
a Roger y le informó que su mujer había sido asesinada.
Roger no tardó tiempo en dirigirse a la casa de campo. El
insignificante oficial supervisó la situación y le
dijo a la policía que hiciera su trabajo.
“¿Qué quiere decir?”
preguntó el sorprendido policía.
“Arreste a Sara Knox,” replicó
el galante Roger.
Antes de seguir el consejo de Roger, los detectives
preguntaron al doctor Carruthers su opinión. Declaró,
que por el lugar de las heridas y otras evidencias físicas,
le parecía que el asesinato se había producido entre
las 2:00 y las 4:00 am., algunas horas antes de que la señorita
Knox descubriera el cuerpo. Eso fue suficiente para la policía.
Arrestaron a los dos, Sara y Roger. El fue juzgado primero. Testificó
que se despertó como siempre la mañana del asesinato.
Comió un gran desayuno, después de eso paseó
por la playa. Cuando se puso a pensarlo, había escuchado
un grito, pero asumió que provenía de la casa de los
vecinos. Roger se subió en una lancha de la marina a las
5:40 a.m.
La teoría personal de Roger era suficientemente
simple. El había roto su prolongado amorío con Sara.
Loca de celos, había matado a su esposa.
La cuartada de Roger, si se puede llamar así,
no terminaba de convencer al fiscal. Seamos realistas, el doctor
Carruthers situó el momento de la muerte entre las 2:00 y
las 4:00 am; Roger tendría que haber dormido mientras mataban
a su mujer, tomado su desayuno y pasearse por la casa con cuidado
para no encontrarse con la puerta abierta de la cocina al pasillo,
que se dirigía hacia el cadáver de su esposa.
Los jurados son extraños. Debieron
creer que el dudoso cuento de Roger era posible pues le declararon
inocente.
Ese Roger era un trabajador rápido.
Ese mismo mes de enero encontró otra dama, se comprometió
en febrero y se casó en marzo. Los 90 días desde la
presentación al altar marcaron el juicio de Sara Knox por
el asesinato de la primera mujer de Roger.
En el juicio de Sara, Roger testificó en los términos
más fuertes contra su previa amante. Según el fiscal
que enjuiciaba a Sara, ésta esperó en la cabaña
hasta que cayó la noche, cuando se dirigió a la casa
de los Eastlake y asesinó a la esposa de su amante. El jurado
creyó que eso fue lo que exactamente sucedió.
Sara
Knox fue declarada culpable y setenciada a 20 años en prisión.
¿Qué es lo que realmente sucedió
esa noche en la casa de los Eastlake? La mayoría de los estudiantes
del antiguo crimen, así como los detectives que cubrieron
el caso, piensan que ambos, Roger y Sara, planearon el crimen, Sara
llegó a Colonial Beach y se dirigió hacia la cabaña
que estaba justo al lado de la casa de los Eastlake, donde esperó
a que apareciera Roger.
Juntos, Roger y Sara habían asesinado
a Margaret. El hombre que la pequeña Margaret pensó
que “se parecía a papá” de hecho era papá.
Cuando el doctor Carruthers declaró que dos personas habían
matado a Margaret Eastlake, Roger decidió cambiar el esquema.
Dejó a Sara sola ante el peligro.
Como dije antes, algunas veces la justicia no existe. l
Ilustraciones: David Márquez
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