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Enfermedad de Parkinson
Cuando se pierde el control

Hasta los momentos no existe una cura para este padecimiento discapacitante, que al igual que el de Alzheimer, exige al paciente y a quienes lo rodean, adaptarse al ritmo de vida que imponen los síntomas que manifiesta. Idalia De León

La primera vez que se describió la enfermedad de Parkinson fue en los siguientes términos: “Movilidad involuntaria temblorosa, con disminución de la fuerza muscular, en partes del cuerpo que están en reposo. Hay tendencia a inclinar el tronco adelante y que el paseo se convierta de pronto en carrera. No se afectan los sentidos o la inteligencia”. Así lo escribió, en 1817, James Parkinson, de quien se tomó el apellido para denominar el padecimiento, debido a que su Ensayo sobre la parálisis agitante, destacó por haber asociado varios síntomas que hasta los momentos se estudiaban de manera separada.

Desde que se concibió este concepto pionero, es mucho lo que se ha avanzado en el estudio de esta enfermedad, aunque todavía no se haya encontrado un método que permita hablar de curación sino de tratamientos orientados a mejorar la calidad de vida del paciente.

Actualmente, la enfermedad de Parkinson se describe como un trastorno degenerativo progresivo del sistema nervioso que presenta varias características particulares: temblores en reposo, lentitud en la iniciación de movimientos y rigidez muscular. Una persona con este problema manifiesta falta de dominio sobre su cuerpo, y es común, en su fase inicial, que el movimiento involuntario se manifieste en las manos, lo cual lleva al enfermo a esconderlas en los bolsillos o a sujetarse una con la otra. Igualmente, la tarea de abotonar o anudar los zapatos se vuelve dificultosa. “Una vez que se han presentado los primeros síntomas, es difícil precisar cuanto tiempo tardará la enfermedad en avanzar”, refiere Roberto Weiser, médico neurólogo, miembro de la directiva de la Sociedad Venezolana de Neurología. “Se trata de una enfermedad crónica y degenerativa que presenta un comportamiento diferente en cada paciente”, agrega. A la larga, y esto sí se puede afirmar, el padecimiento incapacita completamente al individuo y puede ocasionar su muerte prematura, si no sigue un tratamiento que ayude a atenuar sus síntomas.

Las estadísticas revelan que el problema afecta entre 20 y 40 personas por cada 100 mil habitantes, por lo que se convierte en la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en personas mayores después de la enfermedad de Alzheimer.
Se sabe que más de cuatro millones de personas en el mundo la padecen y, en Venezuela, unas 30 mil. Suele aparecer una vez que se cruzó la frontera de los 50 años de edad; sin embargo, se conocen casos en adultos jóvenes —como el de la estrella de Hollywood, Michael J. Fox, a quien se le diagnosticó a los 30 años de edad—, y, en muy raras ocasiones, en niños. Igualmente, la enfermedad no discrimina entre mujeres y hombres, aunque algunos estudios revelan una mayor incidencia entre los varones.

El problema
La enfermedad de Parkinson se vincula con un trastorno que se desarrolla en la zona del cerebro donde se ubican los ganglios basales, cuya función en el organismo se relaciona con la actividad motora. Específicamente, el problema se presenta cuando por diferentes razones “disminuye la producción de dopamina por degeneración y muerte de las células que la producen; al no haber suficiente cantidad de esta sustancia química, los ganglios basales dejan de recibir la cantidad necesaria para su normal funcionamiento, provocando los trastornos motores propios de la enfermedad” explica Weiser.

Por ahora se desconoce la razón por la cual se produce este desequilibrio en la producción de dopamina, pero las investigaciones, hasta los momentos, se centran en demostrar si se origina por algún tipo de infección en el cerebro, la acción de las toxinas presentes en el medio ambiente, o algunos factores hereditarios.
La enfermedad de Parkinson puede presentarse en diferentes grados. A algunas personas les afectará uno de los lados del cuerpo, mientras que a otras, ambos. Adicionalmente, el padecimiento suele venir acompañado de depresión severa, lo cual se asocia también con la ausencia de dopamina en aquellas zonas del cerebro que gobiernan emociones como el placer, el humor y la motivación.

Los síntomas que presentan quienes padecen de Parkinson son los siguientes:

l Rigidez muscular, que se manifiesta en dificultad para flexionar brazos y piernas.
l Postura inestable y encorvada.
l Cambios en la manera de caminar. Los pies se arrastran con dificultad, como si pesaran mucho. También se describen pasos cortos y con cierta aceleración que se procuran para mantener el equilibrio.
l Problemas para iniciar movimientos (levantarse de una silla, por ejemplo).
l Temblores, el rasgo característico de esta enfermedad, que comúnmente interfieren en el desarrollo normal de las tareas cotidianas.
l Inexpresión facial. El paciente adquiere una actitud hierática debido a la disminución del ritmo de parpadeo (la mirada se vuelve fija), y a que se dificulta la posibilidad de abrir y cerrar la boca. En conjunto, el rostro adquiere aspecto de máscara.
l La motricidad fina se ve seriamente comprometida, y se refleja en la imposibilidad de escribir claramente y de alimentarse por sí mismo, por ejemplo.
l La forma de hablar se altera notablemente, pues al paciente le cuesta articular las palabras. El volumen es bajo y el hablar es muy lento.
l Como consecuencia de los temblores, al enfermo se le hace difícil la función de masticar y tragar los alimentos.
l Es frecuente que la piel se torne aceitosa. Pero también son comunes los casos de excesiva resequedad.

Otros síntomas, distintos a los anteriores, se pueden presentar y constituyen la señal de alarma que indican que la enfermedad se encuentra en un momento de crisis que requiere asistencia médica inmediata. Algunos de ellos son náuseas y vómitos, mareo, alteraciones bruscas en el carácter, delirios, alucinaciones, confusión o desorientación severas y pérdida de las funciones mentales.

Tratamiento
La enfermedad de Parkinson carece de cura; y aunque existen tratamientos médicos para garantizar que el paciente logre mejorar su calidad de vida, éstos no son capaces de detener el avance del problema y más bien ocasionan efectos secundarios, dependiendo de cuán avanzada esté la enfermedad.

En principio, los medicamentos que existen en el mercado inciden en los niveles de dopamina del cerebro; es decir, procuran restablecer el equilibrio químico perdido, lo cual se reflejaría en un mejor desempeño de las funciones afectadas con la enfermedad. El más utilizado lleva por nombre levodopa, al que se le atribuyen efectos secundarios como movimientos anormales de la cara y de las extremidades, náuseas y vómitos, pérdida de memoria de corto plazo y confusión.

Las características del tratamiento cambiarán en la medida que evolucionen los síntomas, de allí que la relación que se establece entre el médico y el paciente es muy estrecha. Cuando la enfermedad se encuentra en etapa inicial, algunos especialistas prescinden de recomendar medicamentos para evitar la aparición de los efectos secundarios. Si este es el caso, el paciente, y quienes lo rodean, deben llevar un registro de los nuevos síntomas que puedan surgir, con el fin de que el médico dictamine cuando es el momento para iniciar el tratamiento con fármacos. También se prescriben medicamentos orientados a paliar la acción de los efectos secundarios, tales como antihistamínicos y antidepresivos.

Por otro lado, la receta médica viene acompañada de varias recomendaciones vinculadas con el estilo de vida del paciente. Muy probablemente se recomiende una dieta balanceada que proporcione los requerimientos diarios de vitaminas y minerales. También se establecen ajustes en la rutina de actividades del paciente, como la practica de algún tipo de ejercicio controlado, y la obligación de guardar reposo con regularidad. El enfermo no puede someterse a situaciones de estrés debido a que podría acelerar el desarrollo de la enfermedad. De la misma manera, se aconseja solicitar los servicios de profesionales que contribuyan a optimizar el cumplimiento de algunas tareas, y procurar que el enfermo pueda seguir siendo autosuficiente por más tiempo. Los fisioterapistas, y especialistas en terapia del lenguaje y ocupacional, son algunos de ellos. Cuando el padecimiento se encuentra en fase avanzada, se sugiere realizar algunos cambios en el decorado de la casa que favorezcan el tránsito del paciente. La incorporación de barandas o pasamanos en las áreas como el baño, por ejemplo, pueden hacerle la vida más fácil a un enfermo de Parkinson. l

Coordenadas:
Los centros hospitalarios Domingo Luciani y el Clínico de la UCV, cuentan con servicios de neurología especializados en el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson

EL RIESGO CARDIOVASCULAR SE MULTIPLICA

El avance más significativo en materia de tratamientos contra la enfermedad de Parkinson es el desarrollo de un nuevo medicamento que combina a la levodopa con otros dos compuestos químicos que optimizan su acción.

“El problema se generaba cuando la levodopa se degradaba en el camino que recorre para llegar al cerebro, por la acción de dos enzimas: la dopa decarboxilasa periférica (DDC)
y la catecol-O-metiltransferasa (COMT). El nuevo fármaco es una forma optimizada de levodopa que garantiza que llegue mayor cantidad de dopamina al cerebro”,
explicó el neurólogo Roberto Weiser. Actualmente, se están llevando a cabo estudios sobre la enfermedad de Pakinson, para ver si esta combinación triple puede ser utilizada como un tratamiento inicial, con lo que se retrasaría la aparición de complicaciones motoras.

Más esperanzador aún es saber que la ciencia médica ya logró identificar los doce genes que describen la predisposición a padecer la enfermedad de Parkinson.

El estudio, realizado por los investigadores de la Clínica Mayo en Rochester (Nueva York), y que fue publicado por la revista American Journal of Human Genetics, es el primero que vincula el genoma humano con una enfermedad compleja, lo cual abre el camino no sólo para encontrar la cura a esta dolencia, sino para que las personas sanas puedan someterse a pruebas con el objetivo de determinar si son propensas a padecer de Parkinson. Como es fácil vislumbrar, el desarrollo de medidas preventivas será posible con este hallazgo.

FUENTES: ROBERTO WEISER, MEDICO NEUROLOGO DEL INSTITUTO UROLOGICO DE SAN ROMAN. MANUAL MERCK DE INFORMACION MEDICA GENERAL. WWW.TODOANCIANOS.COM WWW.MEDLINE.COM

 
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