| Hay pocas diferencias entre los sexos
Los deterministas genéticos están equivocados. Hay pocas diferencias innatas entre hombres y mujeres. Oliver James
Mi hija de tres años a menudo se rehúsa a vestir cualquier cosa que no sea rosada y hace de mamá de sus muñecas; y aunque nuestro hijo de ocho meses no ha mostrado una preferencia perceptible por el azul o por ver el fútbol conmigo, probablemente sea cuestión de tiempo.
Sin embargo, un estudio científico publicado en American Psychologist aporta fuertes razones para dudar que haya muchas diferencias innatas entre los sexos. Janet Shibley Hyde, de la Universidad de Wisconsin-Madison, ha mostrado que en la mayoría de los casos las diferencias psicológicas son pequeñas o no existen. Resulta ser que no hay diferencia en cuanto a cuán buenos son los chicos y las chicas en matemáticas. Se cree ampliamente que la autoestima de las muchachas cae en picada al inicio de la pubertad; en realidad, la autoestima de los muchachos también se desploma. En la mayoría de los aspectos, los sexos se comunican de la misma forma —olvídese de aquello de que los hombres interrumpen más las conversaciones o de que son menos abiertos.
Sólo unas pocas de las fórmulas de la psicología evolutiva sobreviven al escrutinio de Shibley Hyde. Es cierto que las mujeres no pueden lanzar los objetos con tanta fuerza o tan lejos; no se masturban ni remotamente con tanta frecuencia ni están dispuestas a tener relaciones sexuales casuales en la misma medida; y atacan a otros físicamente con mucha menos frecuencia. No obstante, en general, el estudio muestra que en gran medida y en términos de diferencia entre los sexos, comenzamos como páginas en blanco. Pero ¿cómo pudimos dudar de esto alguna vez?
En primer lugar tuvimos niños, y, por más que lo intentáramos, no podíamos impedir que nuestros Juancitos jugaran con pistolas mientras que nuestras pequeñas no tenían interés en ellas.
En segundo lugar, la psicología evolutiva surgió de las cenizas de las ciencias sociales mientras la economía de libre mercado barría con todo lo anterior a ella. Un método común era mostrar que los iones electroquímicos en el cerebro o el cuerpo eran diferentes en hombres y mujeres, o que varios sectores del cerebro tenían dimensiones distintas. Rara vez se consideraba que esto pudiera deberse más a diferencias en la educación que en el cromosoma Y. Sin embargo, desde hace algún tiempo se ha aceptado que la nutrición afecta la biología profundamente. Por ejemplo, hay evidencia con respecto al efecto de la nutrición en los patrones de ondas cerebrales o en hormonas clave tales como cortisol.
Tampoco he visto que se preste mucha atención al hecho de que, si bien las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrir depresión en la mayoría de los países, esa diferencia desaparece en gran parte de Escandinavia, donde existe igualdad entre los sexos.
Gracias a Dios, el galopante determinismo genético de las décadas de los 80 y 90 —que también justificaba al hombre rico en su castillo y al pobre en su lugar— finalmente se está desvaneciendo. El estudio de Shibley Hyde proporciona una poderosa evidencia que apoya lo que muchos, quizás, han pensado desde hace algún tiempo. l THE GUARDIAN NEW SERVICE. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: JOSE PERALTA
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