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De frente
contra el
dolor de espalda

Uno de los motivos más frecuentes de consulta
al médico es, por lo general,
un síntoma de la existencia
de un síndrome degenerativo
de la columna o de la presencia de una patología. Conozca
todo lo que hay que saber
sobre esta molestia, cómo prevenirla y cuándo asustarse.
Raúl Chacón Soto

Se calcula que una de cada seis personas que acude a las consultas médicas lo hace buscándole una solución a su dolor de espalda. La cifra no sorprende a juzgar por otras estadísticas que señalan que, a nivel mundial, 80% de la población sufrirá esta dolencia en algún momento de su vida, y 15% estará en situación da baja laboral por dicha causa. En otras palabras, el dolor de espalda no sólo es uno de los motivos de preocupación más frecuentes —en lo que a salud se refiere— entre las personas, sino que significa un gasto sanitario importante que en el mundo es de alrededor de 24.000 millones de dólares, y una fuente de pérdidas para las empresas. Venezuela no es la excepción y, según afirma Iván Stekman, reumatólogo, si bien no hay cifras determinantes, los porcentajes son similares a los enunciados arriba. Más importantes que sus consecuencias económicas son, sin duda, las que pudiera ocasionar a las personas que lo padecen, que son muchas, pues de no tomarse medidas preventivas o curativas, quien lo sufre puede llevar una miserable calidad de vida y, lo que es peor, puede llegar a experimentar una situación de invalidez, al punto de verse impedido de llevar a cabo las actividades cotidianas de la vida diaria.

Afortunadamente el conocimiento de las enfermedades que causan dolor de espalda y su diagnóstico ha mejorado notablemente en los últimos años. La introducción de la tomografía axial computarizada (TAC) y de la resonancia magnética fue un gran paso adelante, así como lo han sido la utilización de avanzados sistemas tecnológicos en la cirugía de la columna, sobre todo en la de la hernia discal, con la microcirugía de la columna, el láser y los sistemas de fijación vertebral. Pero no se preocupe, la mayoría de las veces no es necesario llegar tan lejos —la opción quirúrgica sólo se emplea en 2% de los casos—, pues los dolores más comunes tienen soluciones sencillas. Así que lo mejor es ir por partes y empezar por entender qué es exactamente el dolor de espalda y cuáles son sus causas.

Un vistazo atrás
Quienes han padecido alguna vez de dolor de espalda saben muy bien que se trata de una incómoda sensación que puede ser tanto lenta y continua como aguda y punzante, que causa rigidez y dificultad de estar quieto o moverse. El dolor puede venir acompañado de una sensación de hormigueo en las nalgas y también en las piernas, hasta las rodillas. Dependiendo de la región de la columna vertebral donde se localice el dolor, éste adquirirá su denominación. Se habla, entonces, de cervicalgia, cuando la molestia se siente a la altura de la región cervical; de dorsalgia, cuando corresponde a la región dorsal o torácica; y de lumbalgia (el popular lumbago), cuando se asienta en la zona lumbar. A la lumbalgia simple o dolor de espalda no específico —en inglés se le denomina Non-Specific Low Back Pain—, por ser el más frecuente, se le dedicará mención especial un poco más adelante. Antes, conviene hacer una distinción que viene dada por la duración de los síntomas y la evolución de la dolencia. Así, como bien explica Stekman, el dolor de espalda puede ser agudo, cuando es de reciente aparición y el paciente no lo ha sufrido antes —por lo general se siente bruscamente, después de algún mal movimiento—; o recurrente, cuando quien lo padece lo ha soportado por meses e, incluso, por años. “Por lo general son episodios de dolor que tienen periodicidad en el tiempo; duran días o semanas, desaparecen hasta por meses, y luego vuelven a surgir con la misma sintomatología”. Aclara el especialista que lo primero a establecer en la consulta es, precisamente, si se está al frente de una dolencia aguda o crónica, y, luego, si es el caso de lumbalgia —de las dolencias crónicas, la más común—, si es simple, lo que quiere decir que no está acompañada de otras manifestaciones dolorosas, o si, por el contrario, el dolor es un síntoma de compromisos más graves, que afectan la médula espinal, las raíces nerviosas o la estructura que las envuelve... y es que el dolor de espalda puede deberse a múltiples causas que, en algunos casos, se presentan en conjunto, y, en otros, de manera aislada.

Origen multifactorial
La mayoría de los especialistas coincide en diferenciar cuatro grandes grupos a la hora de determinar las razones que explican tanto dolor: las propias del proceso evolutivo, o lo que es lo mismo, del efecto de la gravedad sobre la columna vertebral —sería el precio a pagar por ser bípedos— que todavía no ha terminado de adaptarse a su nueva condición y lucha por ello; la existencia de una patología; el estrés; y, por último, el incumplimiento de normas posturales –hay posturas correctas para caminar, salir de un auto, levantar peso, dormir, pero muy pocos las respetan. Resulta curioso, pero de la lumbalgia simple, que es el dolor más frecuente, no se conoce, como ya se ha dicho, causa específica. “Podría decirse que, en estos casos, hay un desorden mecánico. A pesar de que las estructuras están sanas —la columna, las vértebras— la manera como hacen el movimiento no es la ideal. Esto trae como consecuencia que se recarguen algunas zonas y que se encienda el sistema de alarma; es decir, que aparezca el dolor”, explica Stekman al referirse a lo más aceptado hasta ahora como origen de este frecuente mal, y agrega: “por lo general hay trastornos de alineación, diferencias en la longitud de los miembros, sobrepeso, distorsiones en los ángulos en que se disponen las diferentes unidades funcionales de la columna —refiriéndose a las vértebras y los discos—”. En fin, lo de dolor de espalda no específico está completamente justificado. Lo bueno es que, a pesar de que en 85% de estos casos no hay diagnóstico definitivo, la lumbalgia simple tiene buen pronóstico y se recupera en 90% de los casos. “La restauración de la armonía puede que se prolongue y tomar hasta varias semanas, pero eso no quiere decir que no sea un problema de resolución simple”.

Cuando la causa
es patológica...

En algunas ocasiones, el dolor de espalda es consecuencia del padecimiento de una enfermedad, que puede estar afectando a la propia espalda o a alguna otra parte o articulación del cuerpo. Son muchas las áreas de la columna, por ejemplo, donde pudiera haber algún daño. Como lo explica Stekman, las afecciones podrían localizarse en las vértebras, en el dorso, en las articulaciones intervertebrales o en las raíces nerviosas, incluso en la médula espinal. Una buena clasificación se encuentra en el libro Cómo prevenir y tratar el dolor de espalda, de Francisco E. Pajares. Allí se habla de deformaciones de la columna vertebral (escoliosis, cifosis, hiperlordosis, inversión de las curvas fisiológicas), de patologías congénitas de la columna (mielomeningocele, vértebras en cuña, hemivértebras, barras congénitas, vértebras en bloque), de patologías traumáticas de la columna (fracturas, esguinces, hernias discales), patologías neuromusculares (poliomielitis, parálisis cerebral, tumores, distrofia muscular) y, como ya se había dicho, de patologías localizadas fuera de la espalda (artrosis de una rodilla, esguince de tobillo, enfermedades estomacales, renales y un largo etcétera). Tal variedad de causas habla de la necesidad de acudir a la consulta con el reumatólogo, especialista indicado para dar el mejor diagnóstico en estos casos. Tampoco hay razón para preocuparse, pues, afortunadamente, es bajo el porcentaje de pacientes con dolor de espalda como consecuencia de la existencia de cualquiera de estas patologías.

Quizás más frecuente sea encontrar casos de dolores de espalda asociados con el estrés. Sí, muchos individuos sometidos a fuerte presión (por deceso o enfermedad de algún familiar, por falta de recreación, por demasiada dedicación al trabajo, por falta de horas de sueño) terminan por manifestar una dolencia de este tipo. “El estado emocional del individuo puede estar relacionado con los dolores de espalda recurrentes; el elemento psico-emocional es relevante”, asegura el especialista. En el texto de Pajares se explica perfectamente: “Estos factores —los estresantes— actúan sobre diferentes sistemas del cerebro; su interacción causa que tengan una manifestación somática como estados de tensión y alerta extrema, que ocasionan dolores localizados sobre todo en las diferentes regiones de la espalda. Si una persona padece estrés laboral... presentará síntomas en la esfera musculoesquelética como contracturas paravertebrales, rigidez cervical, mialgias”.
Relacionadas con las malas posturas están también las causas de muchos dolores de espalda. Músculos, huesos y articulaciones están diseñados para soportar ciertos grados de movilidad, fuerza y resistencia. La continua repetición de movimientos inadecuados y el mantenimiento de ciertas posturas pueden ocasionar la aparición de dolor e, incluso, generar un síndrome degenerativo de la columna vertebral. En los recuadros que acompañan este trabajo puede observar las maneras correctas de realizar ciertas posturas.

¿Qué hacer?
El tratamiento dependerá de la causa del dolor. Por fortuna, como ya se ha dicho, la mayoría de las veces, aunque la sensación sea fuerte o persistente, la molestia termina por desaparecer luego de algunos cuidados en casa. En los casos en que obedece a la existencia de alguna patología, pues habrá que seguir las indicaciones del médico para recuperarse de la enfermedad. Si se trata de lumbalgia —y no se sabe la razón específica—, primero se determina, como bien lo explica Stekman, si es simple, o si afecta alguna estructura. En el primer caso los síntomas desaparecerán rápidamente. Algunas veces basta con algunos medicamentos como acetaminofén, la aspirina o ibuprofén. Otras, es necesaria la prescripción de fármacos más fuertes. En la mayoría de los casos, estos medicamentos ayudan a aliviar el dolor. El especialista podría recomendar la aplicación de compresas frías o calientes en la región lumbar, cada 10 minutos, dentro de las 48 horas que siguen al inicio de los síntomas. Otros tratamientos como la tracción, la estimulación electrónica transcutánea de los nervios, los masajes, las inyecciones en la espalda y el ultrasonido, son recomendados con reservas. Sólo la acupuntura parece tener efectos comprobables.

¿La opción quirúrgica? En muy contados casos. Stekman explica que, por ejemplo, cuando hay lumbalgia acompañada de manifestaciones neurológicas, trastornos esfinterianos o trastornos de la marcha, la operación está indicada. Afortunadamente sólo ocurre en 2% de los casos. En cuanto a prevención, no hay duda. Además de mantener las correctas posturas corporales, sólo el ejercicio ha demostrado tener un efecto protector. Otra razón más para mantenerse en movimiento, o empezar a moverse si aún no lo ha hecho. l

rchacon@eluniversal.com

Coordenadas: Iván Stekman. Reumatólogo. Clínica Santa Sofía. PB. Teléfonos: 985.8253 / 981.1027

 

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