Análisis transaccional
Carta de presentación
Este enfoque teórico
ofrece una serie de herramientas y técnicas
para el cambio y el
crecimiento personal.
Las líneas que siguen
explican este método
que permite comprender
lo que sucede en
las relaciones
interpersonales
Por Teresa León
Foto: www.latinstock.com/Tom Kola /Jupiterimages
Todos nacemos como príncipes y princesas, pero, a veces, nuestra educación nos convierte en sapos; éste es uno de los postulados del análisis transaccional, escuela de psicología creada por Eric Berne (1910-1970), basada en el estudio de las interacciones entre las personas.
Muchos relacionan este modelo con las estructuras de la personalidad y sus estados del yo padre, adulto y niño. Pero sus diversos instrumentos -que abordan toda la complejidad del ser humano-, así como sus aplicaciones tanto en la familia, la educación, la empresa y la comunidad hacen de éste un sistema muy completo. En 1964 Berne creó la Asociación Internacional de Análisis Transaccional (ITAA), que hoy se define como una organización, con miembros en 65 países, cuyo propósito es impulsar la teoría, los métodos y los principios de esta corriente. Existe también la Asociación Latinoamericana de Análisis Transaccional, a la que está adscrita la Asociación Venezolana de Análisis Transaccional (AVA), creada, en 1976, por el doctor Luis Maggi Calcaño.
Berne dio a conocer sus conceptos en varios libros. Su obra Juegos en que participamos fue un bestseller que llevó la psicología al alcance del hombre común. Las enseñanzas de libros como Qué dice Ud después de decir hola, de Berne y Yo estoy bien, tú estás bien, de Thomas Harris, discípulo de Berne, siguen teniendo vigencia hoy en día.
Lulula Quintero, psicóloga de la Universidad Católica Andrés Bello, con postgrado en psicología clínica y en terapia familiar, y con 30 años de experiencia en el manejo del análisis transaccional, destaca las virtudes de esta corriente: "Cuando yo descubrí el análisis transaccional venía de hacer el postgrado en terapia familiar. Me pareció un enfoque muy amplio que le daba respuestas a todas mis preguntas y que me servía a mí y a los demás. El que hace análisis transaccional hace un cuestionamiento de sus propias reacciones, de su propia conducta y sentimientos y eso me pareció una cosa muy hermosa, una oportunidad para crecer e invitar al otro a hacerlo. Es una teoría integradora y no excluyente".

Los estados del yo
Uno de los conceptos fundamentales del análisis transaccional es la estructura
de la personalidad: los estados
del yo. Esta teoría permite
entender por qué actuamos
de una manera determinada
y cómo provocamos en los
demás una reacción dada.
Es una revelación que no
sólo nos hace conocernos
más a nosotros mismos sino
que nos permite tener mejores relaciones interpersonales.
Foto: Archivo
En el libro La persona más importante de tu vida eres tú, sus autoras, Lulula Quintero y Doris Boersner, explican que cada quien lleva tres personalidades: "Berne las describió como estado del Yo Padre, estado del Yo Adulto y estado del Yo Niño. En el estado del Yo Padre, nuestra conducta será guiada por opiniones, creencias y juicios. En el estado del Yo Adulto, nuestra conducta será determinada por el pensamiento, la lógica, los datos que provienen de la realidad. La conducta del estado del Yo Niño está regida por nuestros sentimientos, deseos y nuestras necesidades biológicas y psicológicas".
Como bien argumentan Quintero y Boersner, las personas suelen utilizar un estado del yo con más frecuencia que los otros dos: "Nos sentimos más seguros en ese estado del yo. Esta conducta la aprendimos cuando éramos pequeños para poder sobrevivir en nuestro ambiente familiar".
El lenguaje que se emplea indica en qué estado la persona se encuentra. "En el estado del Yo Padre (P) usamos palabras como 'deberías' y 'tienes que', 'te apoyo', 'te felicito', al igual que frases que significan una orden o una crítica, que señalan valores. En el estado del Yo Adulto (A) usamos 'pienso qué', 'es lógico', y palabras que indican manejo de información: 'cuánto', '¿por qué?'. En el estado del Yo Niño (N) preferimos 'quiero', 'necesito', 'deseo', 'chévere', y frases que indican sensaciones y emociones e intuición y creatividad".
Destaca que el estado padre es la interiorización de la imagen que la persona se forma de sus padres y maestros, de las personas de autoridad que le rodearon cuando era niño. Este estado padre tiene cuatro sub-estados: El padre crítico negativo (cuando sus críticas aplastan y castran) y el positivo (cuando hace sus observaciones de una manera que permite crecer); el padre nutritivo negativo (sobreprotege, no permite crecer) y el positivo (que educa, apoya y acompaña). También en el padre hay emociones, así como en el niño hay un pequeño profesor. Esto es parte de la complejidad del ser humano y queda bien estudiado en este modelo.
De acuerdo con este enfoque los padres críticos y nutritivos crean niños sumisos y niños rebeldes. Cuando una madre o un padre actúan mayoritariamente de esta manera hacen de su hijo o hija un niño sumiso o rebelde. "Si nuestros mayores se comportaban principalmente como padres críticos es muy probable que hayamos entonces desarrollado un niño interior sumiso o uno rebelde que está en consonancia con ese padre crítico. El niño sometido al dominio de ese padre crítico, sin voluntad propia ni confianza en sí mismo, también puede convertirse en una persona rebelde, que se rebela ante la imposición y ante todo lo que le suene a autoridad".
Ocurre que si la persona no cambia, repite el tipo de relación que tuvo en la infancia, ya sea en su relación de pareja o en el ámbito de trabajo. Una persona que funcione predominantemente en su niño sumiso se casa con otra que está normalmente en su padre crítico o en su padre sobreprotector y ésta le dice hasta cómo se tiene que vestir. Igualmente, en el trabajo puede verse que la persona nunca toma la iniciativa, siempre busca que le digan lo que tiene que hacer. En la cotidianidad suele pasar que una persona al actuar frente a otra como padre crítico provoca en ella la reacción de un niño sumiso o un niño rebelde. Por ejemplo, el maestro que critica y denigra al alumno dispara en éste pensamientos o de minusvalía (sumiso) o de rechazo y rabia (rebelde).
Algunas personas, al haber crecido bajo ese tipo de autoridad férrea, la siguen viendo y proyectando en los demás, se sienten presionados por los demás, pero la presión viene principalmente de su propio padre crítico. Son personas que se sienten desaprobadas. La voz de su padre crítico es tan rápida al criticar a su niño interno que el adulto no la oye, simplemente empieza a sentirse mal. Vive en un diálogo interno entre ese criticón (que le da la orden de hacerlo mejor la próxima vez) y el niño atormentado hasta que el adulto interviene como árbitro a poner orden. Si esa persona no tuviera su propio padre crítico fuerte, el padre fuerte de afuera no le haría sentirse tan mal.
Pero como bien lo explica la autora, la sociedad ha ido cambiando. Ya los padres no son tan críticos como hace unas generaciones en la que era común escuchar la frase "muchacho no es gente". Muchos han tomado conciencia de la necesidad de dar un buen trato a los niños. Al haber menos padres críticos negativos hay menos niños sumisos y rebeldes. Podría decirse que ese cambio ha influido también en que los niños de ahora sean más como un pequeño profesor. Son muy inteligentes, con más acceso a la información y, además, se sienten con derecho a expresarse, a indagar; no se conforman con la antigua respuesta "porque lo digo yo". La formación de estos niños es un reto que requiere mayor conocimiento y formación, no sólo como padres sino como personas.
Juegos en que participamos
En el libro En mi casa no me entienden Lulula Quintero y Doris Boersner abordan otro asunto emblemático del análisis transaccional: los juegos psicológicos. Una de las necesidades básicas del ser humano es que lo tomen en cuenta. Debido a que no siempre es bien visto que una persona pida atención y reconocimiento, su parte no consciente manipula para conseguirlo. "Este tipo de manipulación se llama juego psicológico y consiste en un patrón repetitivo de comunicación ulterior (con algo
que se dice directamente y algo que se oculta) en el cual las personas caen
una y otra vez, siempre con el mismo desenlace emocional, y todos los
involucrados terminan sintiéndose mal".
Berne descubrió más de 100 juegos y bautizó algunos de ellos como "Te agarré, desgraciado", "Patéame", "Sólo traté de ayudarte", "Mira lo que me hiciste hacer", "Si no fuera por ti…". Todos son como una pequeña obra de teatro en el que hay tres papeles principales: salvador, víctima y perseguidor. Sus participantes intercambian estos roles con tanta rapidez como inconciencia. Un ejemplo: la mamá que le hace la tarea al niño comienza como salvadora, "salva" de su responsabilidad al hijo (que hace de víctima) y persigue (critica y culpa) a la maestra. El niño regresa molesto porque la mamá no hizo bien la tarea o la maestra se dio cuenta, y pasa de víctima a perseguidor de la mamá: "no me supiste ayudar, mira lo que me hiciste". La mamá se siente mal y pasa a ser víctima de las circunstancias; "sólo traté de ayudarte y mira como me pagas". Todos quedan con malestar.
Otro: Juan (con voz de víctima, se presenta como niño sumiso) dice: "No sé qué hacer con este problema". Mensaje oculto: "Ayúdame". Carlos, el salvador (que necesita sentirse útil y necesitado, se presenta como padre nutritivo negativo, sobreprotector), le da varias soluciones. Juan las rechaza todas y, finalmente, dice con rabia: "gracias, pero esa solución no me sirve, ¡tú no me entiendes, no es así de fácil!", con lo que pasa a ser perseguidor de Carlos por no ayudarlo. Carlos queda como víctima.
Si en una relación que debe ser de igualdad una de las personas hace más del 50 % que le corresponde, salva al otro de su responsabilidad, hace el papel de salvador. La señora que le hace casi todo al esposo es salvadora. Persigue al jefe o al trabajo de su esposo o a su suegra: "es que ella lo acostumbró a no hacer nada en la casa, o pobrecito, llega tan cansado de ese trabajo". Queda como víctima cuando se siente recargada, sin ayuda y resentida por no tener tiempo para ella.
Una vez más el lenguaje da la clave para detectar cuándo se está a las puertas de un juego. No sólo el tono sino el lenguaje corporal indican si hay una comunicación ulterior con un mensaje oculto. ¿Me está invitando a que sea su salvador? Además, siempre que hacemos el papel de salvador terminamos como víctima.
Dejad que los niños
vengan a mí
Es el niño libre, la intuición,
la creatividad la que nos acerca
a la felicidad, a nuestro cielo particular. Lulula Quintero, presidenta de la Asociación Venezolana de Análisis Transaccional (AVAT), considera
que el instrumento más potente
de este enfoque para el cambio
del individuo o de una interacción
de grupo es la caricia. "Porque
la caricia, en primer lugar, eleva
la autoestima, invita a la persona
a sentirse mejor con ella misma. Cuando hablamos de caricia,
el término es muy general, pero
se refiere a darle a la persona
lo que la persona realmente
está necesitando. Una caricia puede ser un apoyo cariñoso o ayuda a que la persona se sienta acompañada en la circunstancia que le toca vivir. Cuando una persona está en terapia y empieza el proceso del cambio debe recibir caricias
por tales cambios. Entonces, cuando las recibe se establece un ciclo de retroalimentación; a mayor caricia mayor es el cambio hacia lo positivo, hacia
la convivencia. A veces una frase puede cambiar el estado de ánimo
de una persona y una conducta también", afirma Quintero.
Para esta especialista es prioritaria la aplicación de estas herramientas en las familias. "Los padres están repitiendo conductas que ya están desactualizadas. Los muchachos están recibiendo una información avasallante y los padres no pueden estar con los mismos patrones de hacen tantos años, con los que fueron formados. Hay que acercarse más al hijo. En lugar del regaño, una conversación. Eso siempre da resultado y, después de ésta, un buen abrazo para que sepa que es aceptado y que es querido".
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Los valores
"En ese vaivén del péndulo, de un extremo hemos ido al otro. Se ha visto, por ejemplo, cómo en un momento se puso de moda la idea de que no había que ponerle límites a los niños para que fueran 'libres de traumas'. Ya son muchos los que han reivindicado la necesidad del padre que hace críticas, pero de una manera respetuosa que impulsa a crecer. Ese padre es vital para la formación de la personalidad de toda persona. Ya de adulto, una persona que no tenga firme su padre interno no tiene una autoridad interna que le diga lo que está mal y lo que está bien, que le recuerde los valores. Una persona sin valores puede convertirse en un psicópata, un delincuente, es un peligro para la sociedad". Lulula Quintero
Nuevas actividades
La Asociación Venezolana de Análisis Transaccional realizará el taller
Atracción Fatal, los juegos psicólogicos en acción el próximo 6 de octubre.
Para mayor información
e inscripción llamar
a los teléfonos:
987-71-03
284-63-53
462-62-22
0414-237-5664.
La Asociación Latinoamericana de Análisis Transaccional realiza, de forma regular, congresos latinoamericanos. El último fue en Perú el año 2006. El próximo congreso CONGLAT XXVII será en noviembre de 2007 en Guatemala. www.alat-net.org
tleon@eluniversal.com
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