Dar la
Mejor cara
La cirugía
cosmética
promete
la validación
suprema:
la oportunidad
de que el
mundo nos
vea como
nos vemos
nosotros
mismos
Por Carl Elliott
Si un equipo de antropólogos alienígenas buscara pistas para comprender los hábitos y sensibilidades de los estadounidenses del siglo XXI, podría comenzar con el reality show The Swan (que en Venezuela transmitía Warner Channel). Al igual que Extreme Makeover (que en el país salía al aire por Sony), The Swan invita a distintas personas a someterse a transformaciones drásticas con la ayuda de entrenadores, estilistas, asesores de maquillaje y cirujanos cosméticos. Sin embargo, al contrario que a los invitados de Extreme Makeover, a los participantes de The Swan no se les permitía ver el resultado de su cirugía cosmética hasta el final de la temporada. En un episodio titulado The Ultimate Swan Pageant, 18 finalistas alteradas mediante cirugía competían entre sí en un concurso de belleza televisado de dos horas. Para un antropólogo, aquí hay una situación que promete combinar algunos de los aspectos más significativos de la vida estadounidense contemporánea: una competencia agotadora, la posibilidad de una humillación social extrema y muchas mujeres en trajes de baño.
El hecho de que tanta gente se someta con tanta ilusión a procedimientos tan drásticos (y de que millones de personas vean cómo lo hacen) sugiere que aquí hay algo más profundo. En efecto, el deseo de una transformación personal ha sido parte de la vida desde épocas muy antiguas. Pero la cirugía cosmética, en otro tiempo una actividad un tanto bochornosa, se realiza actualmente en prominentes instituciones médicas tales como la Mayo Clinic y la Johns Hopkins University.
A comienzos del siglo XX, el sociólogo Charles Cooley describió la identidad del estadounidense como un "yo espejo". Su percepción de sí mismo, escribió Cooley, está conformada por su imaginación sobre cómo luce a los ojos de los demás. Las otras personas son un espejo en el cual ve no sólo su propio reflejo, sino también un juicio sobre los valores de ese reflejo. Si es afortunado, se siente orgulloso de ese yo imaginado; en caso contrario, se siente mortificado.
La metáfora del espejo evoca a Narciso, fascinado por su propia imagen, pero Cooley no cree que los estadounidenses estén totalmente enfocados en ellos mismos. Como señala, a menudo están agudamente conscientes de las características de las personas en cuyas mentes se imaginan a sí mismos. Son más tímidos con respecto a su aspecto físico en presencia de gente excepcionalmente bella, y se sienten más avergonzados de ser cobardes en presencia de personas valientes. Al final, sin embargo, cuando miran en el espejo, están interesados en el reflejo principalmente porque es el reflejo de ellos mismos.
De hecho, hay un sentido en el cual el "yo espejo" de Cooley está insertado en el sistema moral de la sociedad estadounidense. La idea moral subyacente aquí es "reconocimiento". Como ha escrito el filósofo Charles Taylor, hoy consideramos que es de crucial importancia ser reconocidos y respetados por quién somos. Éste no ha sido siempre el caso. El deseo de reconocimiento no es tan importante en tiempos y lugares en los cuales la identidad se considera inmutable y predeterminada -por ejemplo, donde es parte del orden natural o de la jerarquía social. El reconocimiento nos parece hoy tan importante precisamente porque muchos aspectos de nuestras identidades no son inmutables ni predeterminados. No nacimos simplemente dentro de una casta o con un papel social preasignado. Se espera que construyamos una identidad individual para nosotros en virtud de cómo vivimos y la forma en que nos presentamos a los demás. La actitud, el acento, la vestimenta, el cabello, el empleo, el hogar e, incluso, la personalidad: Todos estos elementos ahora son vistos como objetos de control individual que expresan algo importante sobre quiénes somos.
No obstante, no se puede construir una identidad exitosa en aislamiento.
Ello depende del reconocimiento de los demás. Y ese reconocimiento puede ser negado (usted puede insistir en que es una mujer, por ejemplo, mientras que los demás insisten en que realmente es un hombre). A veces, el reconocimiento se puede dar, aunque en forma tal que denigra a la persona que es reconocida. No sorprende que, desde su inicio, la cirugía cosmética haya sido utilizada de manera entusiasta para desvanecer rasgos étnicos, tales como la "nariz judía" o los "ojos asiáticos". El reconocimiento es necesario para sentir respeto por uno mismo, y si el reconocimiento es negado, como lo expresó genialmente W. E. B. Du Bois, uno se ve en posición de "medir el alma propia con la vara de un mundo que mira con alegre desdén y piedad". Muchos estadounidenses han renunciado a cambiar el mundo y decidieron, en su lugar, cambiarse a ellos mismos.

Algunas personas ven programas como Extreme Makeover y The Swan como si se tratara de alguna clase de crueldad institucionalizada. Después de todo, los organizadores buscaron a participantes cuya vulnerabilidad psicológica particular radicaba en sentir vergüenza permanente por
su apariencia física y luego les ofrecieron la oportunidad
de redención sólo si aceptaban aparecer en la televisión nacional de EEUU en ropa interior (uno de los vicepresidentes de Fox, quien misteriosamente hacía recordar a la enfermera Ratched del filme Atrapado sin salida, agregó que las concursantes serían sometidas
a un "severo reacondicionamiento emocional y físico").
Sin embargo, hay algo extrañamente adecuado en el hecho de que la cirugía cosmética termine en la televisión. Éste pudiera ser el lógico punto final del "yo espejo". No se trata sólo de que la gente en televisión suele ser más apuesta que el resto de los mortales, aunque eso es sin duda cierto. Se trata también de que el estadounidense promedio pasa cuatro horas al día mirando la TV. Sería sorprendente si todo ese tiempo no hiciera de ellos personas más acomplejadas. Como lo expresa el novelista David Foster Wallace, ver televisión cuatro horas diarias se traduce en cuatro horas diarias de refuerzo inconsciente de que el auténtico valor humano se encuentra en el fenómeno de ser observado. No deberíamos maravillarnos si no podemos despegarnos de la pantalla chica.
Cambio radical
Programas como The Swan y Extreme Makeover dicen mucho de los hábitos y sensibilidades de los estadounidenses contemporáneos. Según los especialistas, las transformaciones a las que se somenten los participantes obedecen a la necesidad de reconocimiento del hombre actual. Cosa que no era siempre igual, pues en otras épocas, cuando la identidad se consideraba inmutable -dependía del orden natural o de la jerarquía social-, el deseo de ser reconocido y respetado por quien se era no tenía la misma importancia
Psychology today.
Derechos de El Universal.
Traducción: José Peralta.
Fotos: Archivo
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