¿Este es el fin
de Jason Bourne?
El actor Matt Damon
y el director del film,
Paul Greengrass, creen
que la exitosa franquicia realmente finaliza aquí,
pero en Hollywood
nunca se sabe.
Por Eric Alt
La pregunta era inevitable. Después de todo, al público le gustan sus franquicias ordenadas en paquetes de tres —una vez que se va más allá de eso, la gente es escéptica, y con frecuencia merecidamente. Se podría argumentar que no necesitamos una Indiana Jones 4, y pocos podrían negar que nos habría ido mejor sin Arma Mortal 4 (1998). Así es que después de Bourne: El Ultimátum como el tercer episodio de las aventuras del ex asesino amnésico Jason Bourne, ¿está acabado Matt Damon como Bourne?
"Se termina la historia sobre cómo este tipo busca su identidad —dice Damon—, porque ya tiene todas las respuestas. Así es que no hay forma de que podamos salir con el mismo personaje cuando gran parte de lo que lo hace interesante es esa lucha interna. De haber otra, tendría que darse una reconfiguración completa. ¿A dónde se va partiendo de ahí? Si saliéramos con una cuarta, y de repente me golpearan en la cabeza, es como que ustedes dijeran: '¿Se están burlando de mí?'".
En Bourne: El Ultimátum, la frágil memoria del hombre misterioso empieza a recobrar la lucidez justo en el momento en que conoce a un periodista (Paddy Considine) que se ha acercado demasiado al infame departamento de operaciones encubiertas Treadstone. Por fin, Bourne —y el público— está obteniendo respuestas de verdad, pero, afortunadamente para nosotros, aún tiene que estrellar unos cuantos coches, romper algunos cuellos y visitar algunas locaciones exuberantes antes de que se haya dicho y hecho todo. Porque al final, según el director Paul Greengrass, esos elementos, y no el sentido político implícito, son lo que de verdad hacen una película de Bourne.
"Cuando uno va a ver un film de Bourne —dice Greengrass— lo que quiere es divertirse un rato. Es una cinta para un sábado por la noche. Ahora, el mundo de Bourne es el mundo que está justo al otro lado de nuestra puerta, se tiene que creer que cualquiera que sea la historia en la que participe Bourne podría estar sucediendo. Sin embargo, yo no recurro a una película de Bourne para hacer ningún tipo de declaración. No se trata de una tribuna improvisada para mí ni para nadie. No me gustaría salir una noche de sábado y ver a Dick Cheney".
Se ríe, pero en un mundo como el de hoy, la idea de una dependencia gubernamental que todo lo ve y todo lo sabe, dispuesta a matar para seguir guardando sus secretos no parece tan descabellada.
"Nunca se debe perder el sentido de la aventura, el sentido de la excitación", añade Greengrass. "Lo que hace especial a Bourne es que usa ese sentido con inteligencia y no subestima a su público. Para mí (los elementos del mundo real) son el chorrito de salsa worcestershire, el poquitito de chile, pero no es la comida".
Lo que constituye la comida, al menos para el público, es la insistencia de las películas de Bourne en acumular millas de viajero frecuente. Alguien que ha visto las tres películas, ha ido de Suiza a París, a Grecia, a India, a Moscú, a Londres a... y se siguen sumando las locaciones. "Estas cintas te llevan de viaje", expresa Greengrass. "A diferencia de muchos filmes, si estamos en Tánger, estamos en Tánger. No estamos en algún plató al aire libre en alguna parte".
Este sentido de la realidad también es la principal inspiración detrás de la otra característica principal de la franquicia: la acción de mucha tensión. "Realmente me gustó la secuencia en Tánger, eso de correr por los techos", comenta Damon, refiriéndose a una parte de la película en la que Bourne escapa de su adversario por medio de una motoneta, una motocicleta y, finalmente, a pie por la ciudad marroquí densamente poblada.
"Sencillamente, se trata de Bourne corriendo a toda velocidad, a 100 mph. En cierta forma, todas esas cosas se nos ocurrieron una vez que estuvimos en la locación real. Eso fue lo divertido".
Lo que no se sintió tan bien fue el enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre Bourne
y su némesis, interpretado por Joey Ansah,
el doble y coreógrafo de peleas. Fue en
ese momento, indica Damon, en el que se percató de cuánto tiempo ha estado corriendo
al lado de Bourne: "En la primera película
tenía 29 años, y en ésta, 36. Definitivamente, sentí mi edad. En particular porque, en la escena de la gran pelea en Tánger, Joey,
el tipo con el que estoy peleando, tiene
como 23 años. Cuando se estrenó la primera
cinta él estaba ¡en secundaria! Además,
está en muy buena forma y es muchísimo mejor atleta que yo, así que yo pensaba: '¡Vaya, Joe!, me estás matando. Tienes que bajarle'", agrega el actor riéndose.
Debido a que la edad está pasando factura y las tramas se diluyen, Damon parece no tener problemas con la idea de decirle adiós a su personaje después de Bourne: El Ultimátum. Sin embargo, reconoce con rapidez el papel significativo que ha tenido Bourne en su carrera. "No ha habido un papel que haya tenido mayor impacto en mi vida", dice. "Quizá Good Will Hunting (1997) porque nos sacó a Ben (Affleck) y a mí de la oscuridad total, pero en términos de tener un impacto en mi carrera... Sólo como un ejemplo, entre Supremacy y Ultimátum hubo tres películas que realmente quería hacer, me encantaron los guiones. Todas ellas iban a ser, a primera vista, fracasos absolutos en taquilla".
Esas cintas fueron Syriana (2005), The Good Shepherd (2006) y Los Infiltrados (2006), aclamadas por la crítica y ganadoras de premios. "No dudé (en hacerlas) porque sabía que tenía Bourne: El Ultimátum a mediano plazo, y que iba a haber un público ya enganchado en ello. Así es que me permití la libertad creativa para hacer todas esas películas".
Después de asociarse con George Clooney y Brad Pitt para Ocean's Eleven (2001) y sus dos secuelas, y des-pués de andar de un lado para otro en tres cintas de Jason Bourne, ¿planeará Damon evitar franquicias durante el resto de su carrera? Nada de eso,
dice el actor. "Al contrario, estoy tratando de hacer solamente franquicias", bromea.
El papel de Nicky ha sido
otro punto alto
en la carrera
de Julia Stiles
Fuente: Premiere.
Derechos de El Universal.
Fotos: Cortesía uip
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