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El sueño americano
De Edgar Ramírez


¿Suerte o talento? Probablemente ambos.
El punto es que este caraqueño llegó
a Hollywood por la puerta grande. Desde Nueva York, el villano de Bourne:
El Ultimátum, a estrenarse el cinco de octubre, habla sobre su experiencia
en la meca del cine
.
Por Pablo Blanco

Foto: Cortesía uip

 

 

¿Quién lo diría?

Aquel noble y humilde Cacique Chacón (Cosita Rica) que suplicaba a los transeúntes una ayudita en los alrededores de la fuente de Plaza Venezuela para recaudar fondos y salvarle la vida a su amada Verónica, ahora tiene cara de "maloso", es un temible asesino que, paradójicamente, se apellida Paz, y está dándole la guerra al agente privado Jason Bourne de costa a costa. Edgar Ramírez, a sus 30 años, ha logrado lo que a muchos les cuesta hasta décadas: aun siendo latino tiene un rol estelar en la cinta de Universal Pictures Bourne: El Ultimátum, la tercera entrega de la saga de espionaje que comenzara con The Bourne Identity, en 2002, y que continuara con The Bourne Supremacy, en 2004. Esta parte tres —que es la última— es nuevamente protagonizada por Matt Damon y dirigida por Paul Greengrass, nominado, a principios de este año, al Oscar como Mejor Director por la cinta Vuelo 93. Persecuciones llenas de adrenalina serán llevadas a cabo en un recorrido geográfico que incluye ciudades como París, Madrid y Londres en una suerte de "todos contra Bourne", en donde Paz (Ramírez) lleva la batuta como el villano estelar. Lomito cinematográfico servido en bandeja para este caraqueño políglota que demostró que, aunque de Venevisión a Hollywood la distancia es larga, de que se llega, se llega. Desde un teléfono en Nueva York, Edgar enumeró para Estampas cinco privilegios de su carrera que, a no dudarlo, va cada vez más en ascenso.

Privilegio 1: Actuar

"Haber tomado la decisión de ser actor fue tan precipitada que es comparable a una suerte de salto en caída libre. Cuando lo decidí quemé las barcas. No tenía un plan B. Nunca guardé energía para regresar nadando a la orilla. Y si me ha ido bien ha sido principalmente porque he creído en lo que estoy haciendo".

Privilegio 2: Hacer cine en Venezuela


"Mi gran sueño siempre fue hacer cine, independientemente del lugar, del mercado y del idioma que me tocase hablar. Así que llevarlo a cabo donde fuera ya era un privilegio muy grande. Y tuve la suerte de poder comenzar a hacerlo en mi país. De hecho, la película que me llevó por primera vez a Los Ángeles, como actor, fue Punto y Raya. Asistí a una proyección de esta cinta para la Asociación de Prensa Extranjera, con la expectativa de que la misma casi fuera nominada a un Globo de Oro como mejor producción foránea. Pero, independientemente de eso, siempre creí en el cine nacional y por eso estoy muy contento de que ahora haya una atención hacia nuestras producciones. Ya a la gente no le parece algo 'exótico' ir a ver una película venezolana y a mí me alegra haber contribuido con eso".

Privilegio 3: Hacer cine en Hollywood

"¿Que cómo lo hice? Creo que nunca me cerré a la posibilidad de que eso ocurriera. Obviamente siempre fue una opción. Yo pensaba: 'Sería hermosísimo trabajar
en la industria cinematográfica más poderosa del mundo'. Pero ya tenía demasiada ansiedad habiendo elegido ser actor para encima colocarme sobre los hombros
la obsesión por la meca del cine. Asumí una actitud como de autoprotección, de supervivencia. Me decía: 'Concéntrate en hacer cine de la mejor manera que puedas y cuanto más puedas'. Así que trabajé y trabajé y dejé que las cosas sucedieran.
Y, bueno, sucedieron. Ahora me llegan guiones todos los días. Es algo que me conmueve mucho porque, si bien actualmente escucho propuestas, antes lo que escuchaba era: 'Agarra el número 736 y vete a audicionar'. Es un triple privilegio ser un actor, que me paguen por hacer eso que es lo que me gusta y que, de paso, pueda escoger los proyectos en los que quiero participar. Me siento sumamente agradecido por eso".

Privilegio 4: Trabajar en Bourne: El Ultimátum

"Es, definitivamente, la película más grande que yo he hecho. Paul Greengrass es un señor director de actores, supercomprometido y abierto a las nuevas ideas. La logística del rodaje era, sencillamente, abrumadora. Estamos hablando de, por lo menos, cinco unidades de producción. El mismo día había una en Londres, otra en Nueva York y otra en Berlín haciendo unas tomas aéreas. Cuando estuve en Madrid había otra para mis escenas. Hubo una movilización impresionante de 400 extras, parando el tráfico en algunas de las locaciones que recorrimos. Uno dice: '¡Perro!'. Es una experiencia que, además de sorprenderme gratamente, me está sirviendo mucho para aprender sobre producción, que es un tema que siempre me ha interesado".

Privilegio 5: Rodearse de elencos de lujo

"En el cast de Bourne:
El Ultimátum
había puro
'cuarto bate', puro Oscar.
El más pendejo era yo (risas). Siempre he respetado a Matt Damon y para mí es un sueño hecho realidad trabajar con él, hemos congeniado muy bien.
No voy a caer en el cliché
de decir que los artistas
con los que he trabajado
acá son 'supersencillitos
y de lo más chéveres',
pero sí debo acotar, en honor a la verdad, que es gente superrelajada, sin complejos de estrella y bastante cercana. Eso ha hecho que yo me sienta como, imagino, se siente la audiencia del programa Inside The Actors Studio. Es similar a lo que me ocurrió cuando hice Vantage Point, en donde además de trabajar junto a Sigourney Weaver, Forest Whitaker y Dennis Quaid, me hice pana de William Hurt, con quien compartí muchas botellas de vino. Eso sí es insólito de verdad, porque es el tipo que yo más he admirado toda mi vida".

Foto: AP/ Tobías Schwarz



pblanco@eluniversal.com

 

¿Suerte o talento?
Nuevamente la constancia se convierte en la prueba fehaciente de lo que para algunos puede ser el éxito. Así lo recalca Edgar con respecto a este nuevo estatus del que ahora goza, pasando por alto lo que muchos consideran un golpe de suerte y obviando la insistente pregunta de ¿cómo lo hizo? En su récord cinematográfico se destaca que comenzó, como muchos, recogiendo cables. Eso antes de su paso por dramáticos locales como Cosita Rica (VV) y Ser bonita no basta (RCTV) y de su prolífica carrera en la pantalla grande de este lado del mundo, verbigracia: la laureada Punto y Raya, de Elia Schneider, El Don, de José Ramón Novoa, y, más recientemente, Elipsis, de Eduardo Arias-Nath. Eso sin mencionar que volverá a trabajar próximamente con Schneider en Desautorizado. En Hollywood, su carta de presentación fue Domino (2005), dirigida por Tony Scott que, a pesar de no contar con las bondades de la taquilla ni de la crítica, se convirtió en su primera vez. No en vano lo llamaron, tiempo después, para Vantage Point, de Pete Travis, y más tarde para Bourne: El Ultimátum. En 2003, en Estampas se registraron sus primeros quince minutos de fama bajo el título ¿Qué le ven a Edgar Ramírez? En 2007 él asegura que lo que siempre le han visto es talento.
 
Preguntas y respuestas

¿Eres el equivalente masculino de María Conchita Alonso?

"Ya quisiera yo ser tan sexy como María Conchita (risas), tan 'quemada', tan espontánea y tan guerrera. María Conchita es una bomba, yo soy apenas un triqui traqui. Tengo mucho respeto por ella. Por eso, donde intentan desmerecerla yo saco las uñas y los dientes porque ahora sé lo que es estar en un mercado tan competitivo como éste. Y lo que ella hizo en los ochenta fue algo titánico. Yo pertenezco a una realidad distinta, en la que la tecnología es una gran ventaja. Estoy a un click de distancia de todo: audicioné para Vantage Point enviándole un video que grabé en Los Palos Grandes a Pete Travis, que estaba en Estados Unidos , y así fue como me aceptaron. Eso sin mencionar que ahora trabajo en Los Ángeles, pero vivo en Venezuela. Son factores con los que no contaron actores como María Conchita, Antonio Banderas, la nicaragüense Bárbara Carrera o el puertorriqueño Raúl Juliá, quienes abrieron el camino para que hoy en día en Hollywood se sepa que en Hispanoamérica hay talento de sobra".

A Banderas se le criticó su participación en innumerables filmes hollywoodenses de segunda categoría, después de una trayectoria impecable en España. ¿Estarías dispuesto a hacer lo mismo para mantenerte activo en esa industria?

"No puedo trabajar en una película en la que yo no crea, aunque decir eso sea morderme la cola. ¡Ojo!, tampoco quiero hacer dogma con esto, cada quien tiene su forma de trabajar. Pero no puedo aceptar estar en una producción por las razones incorrectas, porque después eso se va a convertir para mí en una pesadilla, tanto en el rodaje como en el momento en el que me toque hablar con un periodista y tener que defender lo indefendible".

¿Qué tan reconocido eres ya en Hollywood?

"Hay gente que está enterada de quién soy y hay gente que no. En todo caso, mis puntos a favor son los trabajos que me anteceden. Si voy a una alfombra roja, cuento con referencias importantes. Pueden decir: 'Ese es el chamo que trabajó con Matt Damon en Bourne…' o 'Ese es el chamo que trabajó en Vantage Point con Sigourney Weaver y William Hurt' o 'Es el que estuvo con Keyra Knightley en Domino'. He estado en proyectos de un cine industrial inteligente respaldado por empresas como New Line Cinema, Sony Pictures y, ahora, Universal Pictures".

¿Cómo se ve Venezuela desde la meca del cine?

"Muy interesante, todo el mundo tiene que ver con Venezuela. La situación política del país es un tema inevitable y fijo en cualquier reunión o entrevista que me hagan. Nos guste o no, el mundo no ha sido indiferente a nuestra realidad actual. En ese sentido, la posición que siempre he asumido es la siguiente: como artista mi agenda es por Venezuela. Y creo que mi deber es trabajar en pro de la inclusión y no pensar que las cosas son blancas o negras, ya que, independientemente de esa situación política, hay gente que sigue construyendo el país a punta de trabajo".

¿Qué ha sustituido la pizca andina de tu abuela?

"Chamo, nada. Pero, como siempre, la vida te abre caminos y tú tratas de hacer tu hogar en donde estés. Si algo aprendí de William Hurt es que uno debe cargar con objetos muy significativos para hacer de cada espacio de hotel un refugio. ¿Qué tengo? Un poemario que se llama Música de rockola de Adriana Bertorelli Párraga. Valga la cuña porque es una poetisa venezolana alucinante. También un libro gringo que se llama PostSecret, de Frank Warren. Es un proyecto literario en el que, a través de una dirección física dada, se recogen varias postales en las que están escritos secretos que los remitentes quieren compartir con el lector. Son los dos títulos que, además de mis portarretratos, conforman en este momento mi coffee book itinerante".

 


Ver también:
- El sueño americano de Edgar Ramírez
- ¿Este es el fin de Jason Bourne?

- Fanny Lú Le pone acento al tropipop
- El nuevo estilo High School Musical




 
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