
Eugenio
Montejo
¨ Caracas no es
un lugar sino
un sentimiento
¨
El poeta le ha dedicado varias páginas a la capital, una ciudad que lo sorprende
a diario con su luz blanca y su montaña esplendorosa Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
Por varios años fue consejero cultural de Venezuela en Portugal, período en el cual fue cautivado por Lisboa, lugar donde vivía. Sin embargo, aunque ama esa ciudad, reconoce, citando a Andrés Bello, que "naturaleza da una sola patria", con la cual se nace y se mantiene un diálogo eterno. Por tanto la capital, dice, es más que su cuna: "Caracas no es un lugar sino un sentimiento".
"Uno pasa por una esquina y piensa: 'Aquí estuve con tal persona'; uno ve una plaza y recuerda una conversación: la ciudad está llena de emociones", enfatiza Eugenio Montejo, poeta venezolano, autor de diez poemarios, dos colecciones de ensayos, y ganador del Premio Nacional de Literatura 1998.
Nació cerca de la plaza Capuchinos, en la apacible ciudad de 1938. Años más tarde se residenció en Valencia, y luego en el extranjero; pero finalmente regresó a Caracas decidido a vivir de la escritura. Entonces descubrió la capital en compañía de sus amigos escritores, con quienes paseaba por el barrio Sabana Grande, sitio predilecto de artistas e intelectuales de la época.
Hoy día, sin embargo, su "barrio" preferido es Los Palos Grandes, donde siempre halla un café y un amigo para conversar. "Esta zona es especial para mí, pues es muy tranquila", afirma, y en seguida reconoce que, como artista, uno de sus enemigos a la hora de escribir es el bullicio de las urbes. "Siempre recuerdo a Rilke, el poeta, pues alrededor de 1910 se quejaba del sonido de los coches halados por caballos en las calles de París; qué haría hoy si lo dejáramos un minuto en la avenida Libertador", dice sonriente.
No obstante, aún en esos espacios, Montejo halla razones para querer a Caracas. "Ésta es una ciudad hermosa, con un clima fantástico y una montaña esplendorosa: El Ávila, un objeto de contemplación", dice. Asimismo le fascina la luz de la capital -"muy blanca y con un cielo muy azul"-, tanto, que en su último libro, Fábula del escriba, plasmó el poema Caracas en el azul de enero, pues en ese mes, expresa, la ciudad se muestra iluminada como nunca.
Entretanto, si algo le preocupa, es que se pierda la memoria histórica. "La gente se admira por las construcciones realizadas durante la dictadura de Pérez Jiménez, pero ignora que para levantar tales edificios hubo que derrumbar preciosas casas y palacetes antiguos. Somos un pueblo que olvida muy rápido", y en este sentido menciona a Guillermo José Schael, Enrique Bernardo Núñez y Arístides Rojas, quienes "aparte de todo el amor que profesaron por Caracas, hicieron lo fundamental: transmitir memoria. Sin ella una ciudad no se conserva". Quizá por eso escribió Caracas, un poema que comienza diciendo "Tan altos son los edificios que ya no se ve nada de mi infancia…".
Sin embargo, aunque muchas edificaciones de valor fueron demolidas, Montejo asegura, como en su poema Setiembre, que "la casa fue derrumbada, no su recuerdo". "Lo que lamento es que el recuerdo siempre se va con uno", agrega.
Y, en efecto, sus recuerdos de Caracas lo acompañan a cada lugar que visita, y no importa dónde esté, siempre encuentra algún detalle que lo conecta con su ciudad natal. "Hay veces que uno está en Europa y, de repente, viendo una película filmada en Venezuela, escucha el canto de un cristofué… eso trae tu mente directo hasta aquí, te conecta inmediatamente con lo que uno es y con lo que tiene en la cabeza, porque el canto de ningún otro pájaro le habla a uno como ése, pues lo venimos escuchando desde niños. Por eso, como dijera Bello, naturaleza da una sola madre, y una sola patria".
Asistente de fotografía: Anita Carli
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