HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARÓ
Cuando Georg sedujo
a la chica más atractiva del pueblo, no sabía que, en realidad, había tenido mala suerte
Georg Richer, de 19 años, hizo un gran esfuerzo para conquistar a la chica más atractiva del pueblo. Úrsula, de 13 años, era una de esas muchachas alemanas de cabello rubio y ojos azules que les aceleraba el pulso a los chicos. El pequeño pueblo de Emslage-Ruehlerfeld, ubicado cerca de la frontera entre Alemania y Holanda, era el hogar de otras jóvenes hermosas, pero Úrsula era diferente. Parecía de 21 años y tenía la figura de una estrella de cine mejorada con silicona.
Georg logró seducir a Úrsula, quien poco tiempo después revisó el calendario una y otra vez y se dio cuenta de que estaba embarazada. La pequeña Anja llegó a este mundo pocos meses después de que sus padres se casaron. En los cuatro años siguientes, otras tres hijas bendijeron la unión: Kathi, Alexandra y Petra.
La expansión de la familia no fue accidental, ni era Georg el promotor. No, Úrsula era el elemento agresivo en las relaciones sexuales de la pareja. De hecho, Georg estaba cansado casi todo el tiempo. El pobre hombre apenas podía dormir.
Mientras bebía un trago en un bar una noche, Georg conoció a Kurt Adomeit, de 19 años. Nunca sabremos en qué pensaba Georg cuando invitó a Kurt, un chofer de camión, a mudarse a la residencia de los Richer. Ahora bien, sería una omisión de mi parte no señalar que el joven tenía el aspecto de un dios griego.
Georg quizás invitó a su nuevo inquilino a su hogar por motivos financieros, pero existía la sospecha de que recibió con beneplácito lo que él presentía que inevitablemente ocurriría. Tan seguro como que Dios creó al hombre y la mujer, Úrsula y Kurt comenzaron a mantener relaciones sexuales en cada oportunidad que tenían. Los rumores circulaban en el pueblo.
Pueden imaginarse los chismes cuando, el 6 de junio de 1972, Úrsula viajó a Meppen, la ciudad más cercana, para notificar que su esposo había desaparecido. La policía local no necesitaba tener a un Sherlock Holmes para llegar a varias conclusiones. Úrsula y Kurt eran amantes. Georg Richer amaba a sus cuatro hijas y nunca las abandonaría. Cuando comenzaron a estudiar el asunto, los agentes de policía consideraron que era muy posible que un asesinato horrendo hubiera ocurrido, pero no tenían pruebas.
Los meses pasaron. La policía exploró toda posibilidad que pudiera relacionar a Úrsula y Kurt con la desaparición de Georg. Pese a sus fuertes sospechas, los agentes no pudieron encontrar nada que los vinculara a ellos dos con el hombre desaparecido.
Pasó un año antes de que Úrsula solicitara el divorcio alegando abandono de hogar y éste le fue concedido. La policía mantuvo el hábito de vigilar a los dos sospechosos. Transcurrido un año después del divorcio, Kurt y Úrsula contrajeron nupcias. Pasó otro año. A la policía llegaron rumores de que Úrsula salía de noche cuando su esposo, el chofer, estaba fuera del pueblo. Mientras realizaba unos de sus viajes, Kurt fue arrestado en Osnabrueck por traficar con drogas. Confesó y lo llevaron a Meppen, donde lo encarcelaron. Los detectives, quienes recordaban bien la desaparición de Georg Richer, decidieron aprovechar este único momento de debilidad de Kurt. Al contrario que el primer esposo, Kurt era extremadamente celoso de su muy activa esposa. Decidieron colocar un detective, quien se haría pasar por un ebrio, en la misma celda; intentaría obtener información del sospechoso que lo incriminara.
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| Compró veneno para RATAS y lo puso en la comida de Georg, aunque éste lo único que hizo fue decirle que tenía mejor sazón |
No se requirió mucho tiempo. El detective se ufanó de haber conocido a unas de las mujeres más deseables en el país. Kurt le preguntó el nombre; el detective dijo que no recordaba su apellido, pero estaba seguro de que su primer nombre era Úrsula.
Kurt montó en cólera; se puso violento y debió ser controlado por los guardias. Luego soltó toda la historia de su infiel esposa. Afirmó que no debió esperar nada distinto, dado que Úrsula había engañado a su primer esposo.
Había llegado el momento. Los agentes que lo interrogaban le dijeron que sabían que él y Úrsula habían asesinado a Georg y enterrado su cadáver. Lo instaron a aliviar su conciencia confesando su culpabilidad. Kurt se dejó caer en una silla y exclamó: "Les mostraré donde está enterrado el cuerpo".
El 1 de julio de 1975, Kurt condujo a la policía al lugar donde reposaban los huesos de Georg Richer. Le dijo a los investigadores que Georg no había sido un hombre celoso y probablemente sabía que él y Úrsula tenían un romance. Asimismo, le contó a los agentes que Úrsula había puesto pastillas para dormir en el té de Georg; sin embargo, éstas ni siquiera lo pusieron somnoliento. Frustrada, ella puso todo un frasco de pastillas en el té. Tampoco surtieron ningún efecto. Sin dejarse amilanar, compró veneno para ratas. Puso grandes cantidades en la comida de Georg, aunque éste lo único que hizo fue decirle que su sazón había mejorado muchísimo.
Kurt declaró que le dijo a Úrsula que desistiera; Georg estaba resultando difícil de matar, pero ella era obstinada: Georg tenía que irse de este mundo.
El 13 de mayo de 1972, Kurt había regresado a casa alrededor de las 10:00 pm. Las niñas ya estaban en la cama. Úrsula había usado cinta adhesiva para envolver una hachuela, que le entregó a Kurt y le hizo una insinuación directa: "Ahora es el momento de hacerlo. Está dormido". El joven golpeó al hombre dormido con toda su fuerza. "Su cabeza pareció explotar", dijo Kurt.
A Úrsula le informaron que Kurt había confesado. Al principio lo negó todo, pero en poco tiempo se derrumbó. Agregó que la lujuria y el pecado no habían sido el motivo del crimen y pudo probar que Georg la golpeaba salvajemente. La evidencia de las golpizas tuvieron cierto efecto en el tribunal.
Úrsula y Kurt Adomeit fueron encontrados culpables y sentenciados a la pena relativamente suave de 10 años de prisión.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net
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