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El parto dejó de ser la opción por excelencia para el nacimiento
de los bebés, realidad que ha puesto en marcha un debate mundial en torno a la influencia que hoy ejerce esta popular alternativa
quirúrgica.
María de los Angeles Herrera

Aunque en la antiguedad se le veía como última opción para salvar la vida del feto tras la muerte de la madre, la cesárea se ha convertido en una alternativa real frente al parto vaginal, que puede ser aplicada a todos aquellos alumbramientos donde se pronostican complicaciones.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita las intervenciones de este tipo a no más de 15 por ciento de los nacimientos totales de un país, cada día es más frecuente el aumento de la tasa, sobre todo en centros de salud privados, lo cual es producto no sólo de decisiones médicas apresuradas —como podrían muchos suponer— sino del peso que ahora ejerce la decisión de la madre sobre el pronunciamiento final del obstetra. Ante la duda sobre cuál procedimiento es el más indicado, nada mejor que conocer las ventajas y desventajas de ambos métodos, así como las posturas de diferentes especialistas y las experiencias de mujeres que ya han pasado por eso. 

Menos es más
Luis Segura Bannatyne, ginecobstetra del Centro Clínico de Maternidad Leopoldo Aguerrevere, define la cesárea como “una intervención quirúrgica en la cual se lleva a cabo una incisión en la pared uterina y a través de ella se obtiene el producto de la gestación”.

A pesar de que los avances médicos han logrado reducir los riesgos que supone llevar a cabo una cesárea, existen posibles complicaciones a considerar, entre ellas —según enumera la enciclopedia Medline Plus— se encuentran las reacciones adversas a la anestesia, problemas respiratorios, hemorragias, infecciones y lesiones del tracto urinario o del cuerpo del bebé. Pero también los partos naturales tienen sus tropiezos, pues existen riesgos de hemorragias, infecciones y desgarramiento del tejido vaginal e, incluso, de que a futuro aparezca un prolapso uterino (hernia del piso pélvico). Dado que ambos procedimientos llegan a tener fallas, es recomendable recurrir a un profesional que cuente con la pericia suficiente para lograr un nacimiento exitoso, independientemente de la vía utilizada. 

La mayoría de las personas tienen opiniones encontradas sobre el tema, producto de experiencias propias o de mujeres cercanas y, en muchos casos, de las imágenes transmitidas por los medios audiovisuales. Respecto a la cesárea, generalmente se presentan dudas asociadas con la recuperación. Según explica el ginecobstetra Guillermo Selle Sardi, las pacientes suelen reestablecerse en un máximo de 15 días, debido a que “tener al bebé cerca obliga a la madre a recuperarse rápido porque debe procurar atenderlo”.

En el caso del parto natural, los mayores temores se concentran en lo doloroso que puede llegar a ser el proceso y en las lesiones genitales que se pueden presentar. Además de la existencia de anestésicos especiales, el uso de técnicas de relajación, respiración y visualización ayuda a controlar las molestias generadas por las contracciones. Respecto a los posibles daños vaginales, Segura Bannatyne advierte que ha disminuido la práctica de la episiotomía—corte de la piel ubicada entre la vagina y el ano usado tradicionalmente para facilitar la salida del bebé—, procedimiento que según diversos estudios retarda la recuperación tras el parto y aumenta el riesgo de sufrir de incontinencia anal, traumas genitales y desgarres más extensos.

Aumento injustificado
Pese a que antes era un recurso usado cuando la salud de la madre o del pequeño estaba en riesgo, hoy es cada vez más frecuente que se programen cesáreas de mutuo acuerdo entre el médico y la paciente. El doctor Selle Sardi comenta que cerca de 20 por ciento de las embarazadas que asisten a su consulta manifiesta su deseo de practicarse una cesárea, debido —entre otras cosas— a que ahora las mujeres manejan más información que en el pasado y tienen menos tolerancia ante los trabajos de parto largos y las tensiones propias del alumbramiento. Para este especialista “la madre siempre tiene derecho a decidir. En muchas ocasiones uno les explica que tienen buenas posibilidades de parir, pero hay pacientes que de todas maneras se niegan, porque dicen que no quieren pasar por eso y tampoco quieren correr el riesgo de que la vagina sufra daños que impidan el disfrute de sus relaciones sexuales”.

Segura Bannatyne, por su parte, añade que “el índice de aumento de la cesárea se debe a diagnósticos oportunos de las alteraciones fetales que antes no podían realizarse y mejoramiento de las condiciones del postoperatorio, gracias a los avances en materia de analgésicos, y eso es algo que ahora saben las mamás. Desde el punto de vista médico, la cesárea ha dado facilidad y rapidez, pero el criterio ético indica que uno debe recomendarle a la paciente el procedimiento más adecuado según sus características específicas. Si una señora está buscando una cesárea y tiene las condiciones dadas para un parto hay que hacérselo saber, porque los beneficios son muchos”.

Existe, además, la creencia generalizada de que algunos médicos prefieren la cesárea por su rentabilidad económica, realidad que —en muchos casos— guarda relación con la posición de las empresas aseguradoras. Segura Bannatyne señala que “los seguros establecen una menor cobertura para un parto normal —alrededor de 300.000 bolívares menos— y no contemplan el pago de un ayudante, eso significa que si un parto normal se complica el médico debe llamar a su ayudante para que lo asista. La cesárea, en cambio, es mucho más rápida, genera mayores honorarios y de una vez se establece el pago del ayudante”.

Ambos especialistas coinciden en que el parto normal debería ser mucho más costoso que una cesárea, debido a que requiere de una inversión de tiempo y de un esfuerzo mayor; de esta manera podría controlarse el número de cesáreas practicadas, al menos dentro de los centros de salud privados.

Palabra clave: Evaluar
“La cesárea —afirma el especialista del Centro Clínico de Maternidad Leopoldo Aguerrevere— no es mala como indicación quirúrgica, pero llama la atención el aumento de las cifras y, sobre todo, que se esté dando en el sector privado que es el que asiste a las clases medias y altas. Me parece que hay que investigar lo que está detrás del cambio, porque pienso que es facilidad del médico, mejoramiento del postoperatorio, falta de información en la paciente y manipulación —por parte de algunos médicos— de las verdaderas causas que pueden llevar a una cesárea”.
Respecto a este último aspecto, Elide Chapón —gerente del Departamento de personas de la Sociedad de Corretaje de Seguros (Socicor)— explica que, independientemente de las motivaciones ocultas en la determinación de practicar una cesárea, “la decisión la toma el médico, según las condiciones físicas de su paciente. Debe entregarse un informe que incluya todos los exámenes necesarios que avalen la práctica de la intervención y el seguro nunca va a poner en duda la naturaleza de esos informes porque presupone la máxima buena fe del médico”.

Los especialistas consultados también estuvieron de acuerdo en que la madre debe disponer de toda la información necesaria antes de la escogencia del método a utilizar. “El médico debe informarle a la madre —explica Segura Bannatyne— para que ella pueda evaluar qué es lo que desea en realidad y cuáles son las mejores condiciones para que nazca su bebé”. Finalmente, más allá de conocer las ventajas y desventajas que supone cada técnica —tanto para la madre como para el niño—, es fundamental que las embarazadas comprendan que las características físicas y la disposición previa para enfrentarse a cada una de estas vías son los elementos que determinarán el resultado de sus experiencias individuales. l

mherrera@eluniversal.com

Especialistas consultados:
Luis Segura Bannatyne. Ginecobstetra
especialista en fertilidad. Centro Clínico
de Maternidad Leopoldo Aguerrevere.
Telf.: 907.2106 y 979.9180.
Guillermo Selle Sardi. Ginecobstetra.
Clínica El Avila. Telf.: 276.1582/ 1583.
Elide Chapón. Gerente del Departamento
de Personas de la Sociedad de Corretaje
de Seguros (Socicor).

CLARA NECESIDAD

El ginecobstetra Luis Segura Bannatyne explica que existen tres criterios médicos que determinan la realización de una cesárea:
Maternos:
• Estrechez pélvica o poca dilatación
del cuello uterino
• Enfermedades como hipertensión previa, diabetes, preeclampsia
(elevación de la presión arterial durante el embarazo sumada al aumento
de las proteínas en la orina) o eclampsia (cuando la preeclampsia se agrava y genera convulsiones)
• En caso de que persistan las causas
que generaron una cesárea previa o luego de que se han practicado más
de dos intervenciones abdominales
• Infección activa por herpes vaginal
o VIH
Fetales:
• Posición anormal del bebé
(de nalgas o cruzado)
• Feto macrosómico
(con peso superior a los 3,5 kg)
• Anomalías como hidrocefalia
o espina bífida
• Signos de sufrimiento fetal, entre ellos alteración del ritmo cardíaco
o hipoxia (disminución del oxígeno
en la sangre)
• Embarazos múltiples
• Varias vueltas del cordón umbilical
alrededor del cuello del bebé
• Prolapso o salida del cordón umbilicala través del cuello uterino
Ovulares:
La existencia de una placenta previa
(implantada en la parte inferior del útero) o el desprendimiento prematuro de ésta, además de fisuras que puedan generar pérdida importante de líquido amniótico antes de arribar a las 40
semanas de embarazo. 

BONDADES NATURALES

Siempre que las condiciones físicas
de la madre y del pequeño permitan
el alumbramiento, ambos resultarán beneficiados con la experiencia.
Más allá de los aspectos emocionales asociados al parto, la mujer está
en condiciones de atender y amamantar de forma inmediata a su bebé, la recuperación es más rápida y menos dolorosa, el período de hospitalización
es más corto y los costos del procedimiento son menores.
El recién nacido, por su parte, es estimulado con cada contracción; además de que la presión ejercida por su paso a través de la vagina libera las vías respiratorias y los pulmones para que pueda acostumbrarse paulatinamente a respirar,lo cual evita insuficiencias respiratorias futuras.

Ellas hablan

Francesca Massi. Edad: 41 años
“Me parecen menos dolorosos y más prácticos los partos normales, además de que la recuperación es rápida y la experiencia de acogida del bebé es mejor, porque el papá puede estar allí en el momento del nacimiento, la mujer se siente más segura y desaparecen los conceptos errados de que es algo traumático, porque en las novelas y en las películas eso es lo que se ve, y resulta que no: todo es tan rápido que no te da tiempo de pensar y más bien quieres colaborar para que el bebé se oxigene y nazca bien.

Mis dos primeros hijos nacieron en partos normales y sin anestesia. Yo tengo experiencia trabajando la respiración y la visualización, eso me ayudó a estar tranquila y a esperar el momento justo de la llegada del bebé. La recuperación fue rápida, sobre todo con el segundo, porque el primero era más grande y hubo que hacer un corte (episiotomía) que me generó más molestias. Para mi tercer embarazo se hizo una cesárea planificada que permitiera llevar a cabo la esterilización. La experiencia fue diferente, tuve complicaciones con el colon, caminaba como un robot y la recuperación me tomó casi un mes.

Como mamá puedo decir que los partos normales —siempre y cuando estén dadas las condiciones—, son el paso más importante para la apertura de la familia.

Erika Vivas. Edad: 31 años
“Quince días antes de que naciera el bebé tomamos la decisión de hacer la cesárea. El médico me explicó que el cuello del útero no me iba a permitir dar a luz y entonces me preguntó qué día quería tenerlo, para reservar de una vez la sala de parto. Todo salió como lo habíamos programado y, a pesar de que la cesárea había sido decisión mía y del médico, yo esperé lo más que pude, porque por él yo hubiese dado a luz ese mismo día.

El proceso fue rápido: nueve minutos después de que el doctor entró a la sala el bebé ya había nacido. Respecto a la recuperación, yo me recuperé superrápido aunque sé que cada cuerpo es distinto y que la disposición influye. La cesárea fue a las nueve de la mañana, a las dos de la tarde ya estaba de pie y a las cinco estaba caminando; sin embargo, me costaba agacharme porque tenía la herida, que es más grande de lo que yo esperaba, alrededor de unos 15 centímetros. Ahora —un mes después— no me molesta para nada; de hecho, a la semana y media fui a la boda de mi hermana.

Mi idea no era tener un parto, por mí que me dieran al bebé listo y que no me enterara ni cómo. Durante el último mes pensé que si tenía que dar a luz, lo iba a intentar, pero yo me sentí cómoda con la cesárea, mi recuperación no fue dolorosa o traumática, no me dieron gases, podía hablar y no sufrí para nada”.

Vanesa Gallego. Edad: 29 años
“Hace siete meses quedé embarazada y lo primero que le dije a mi esposo fue que el día del nacimiento quería que me durmieran y levantarme con un hermoso bebé en los brazos, con la certeza de que así todo sería perfecto. Nunca pensé que mi idea era muy egoísta, debido a todas las implicaciones médicas que tiene una cesárea. Gracias a la información que nos proporcionó mi doctor y a las facilitadoras del curso prenatal que hicimos, comprendimos que el parto vaginal no sólo es bueno para la pronta recuperación de la madre, que no va a tener que cuidar una herida —por demás antiestética—, sino para el bebé que es estimulado con cada contracción.

Creo que lo que sentía era miedo, ya que muchas personas asocian el parto con dolor, pero hoy en día existen analgésicos capaces de controlarlo.

La cesárea ahora para nosotros es un procedimiento quirúrgico útil que se utilizará sólo si existen riesgos para mi bebé o para mí”.

FOTO (1): WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/LAWRENCE MANNING
FUENTES CONSULTADAS: HTTP://MEDLINEPLUS.GOV/SPANISH/  WWW.SALUDHOY.COM  REVISTA +SALUD DE LOCATEL  MANUAL MERCK DE INFORMACION MEDICA GENERAL
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