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¿Por qué las francesas no engordan?

La respuesta a esta pregunta la tiene Mireille Guiliano, una mujer de origen galo que decidió contar en un libro —best seller internacional— el secreto mejor guardado de las francesas: su habilidad para comer de todo, beber vino a capricho, y aún así, mantenerse en la línea. Idalia De León

El libro se llama Las francesas no engordan, y desde que salió la primera edición en 2005 se vendió como pan caliente en Europa. Lo que se lee en la contraportada indica que no es otra publicación más de dietas, sino un manifiesto sobre el placer de comer, sobre aprender a disfrutar de los alimentos, y lo más importante: comer de todo sin engordar.

Mireille Guiliano, autora del libro que ya ha sido traducido en 20 idiomas, señala que el secreto está en echar una miradita a los hábitos alimentarios de las francesas, las cuales tienen fama de saber entregarse a los deleites que ofrece la buena mesa y mantener, al mismo tiempo, una figura curvilínea. “No soy licenciada en Medicina ni en Fisiología ni en Psicología ni en Nutrición ni en ninguna otra disciplina consagrada al estudio del ser humano y de su salud. No obstante, nací y me crié en Francia y no he dejado de observar atentamente a los franceses durante toda mi vida”, comienza diciendo Guiliano, quien se desempeña actualmente como presidenta y directora general de Champaña Veuve Clicquot, lo cual, sin duda, la ha expuesto a un estilo de vida en el que pone a prueba, constantemente, que su manera de comer “a la francesa” funciona: “Me mantengo en mi peso ideal y gozo de buena salud”, argumenta.

Pero, ¿cuáles son los secretos de las francesas? ¿Cómo se explica la existencia de todas las mujeres de mediana edad con siluetas de veinticincoañeras que pasean por los bulevares de París? ¿Cómo hacen para permanecer delgadas si no se saltan algunas de las comidas ni se hacen adictas a los productos bajos en calorías? Es  cierto, cómo hacen si a mediodía comen tres platos y cenan tres (y a veces cuatro) platos, acompañados de vino. La respuesta parece estar en que las francesas disfrutan permanecer delgadas comiendo bien y no se obsesionan por el peso. La diferencia está en que comen con la cabeza y no abandonan la mesa sintiéndose culpables.

A estas y otras muchas conclusiones llegó Mireille Guiliano, quien cuenta en su libro —con  mucho humor y haciendo gala de su capacidad para mofarse de sí misma— cómo fue que en la adolescencia engordó abruptamente 10 kilos debido a que, como estudiante de intercambio en Estados Unidos, dejó de comer como las francesas para hacerlo como los estadounidenses (es decir, mal). Esta experiencia, que califica de “catastrófica”, la llevó a ponerse en manos de un médico a quien Guiliano bautizaría como el doctor “Milagro”, pues fue quien la orientó a redescubrir “la herencia de su sabiduría gastronómica francesa” y, en consecuencia, a recuperar su imagen. Y, claro, ¿cómo no convertir toda esa información en un libro (seguro éxito de ventas) sobre cómo adelgazar, dada la avidez que existe sobre el tema?

Del dicho al hecho
“En Francia no se habla de dietas, y aún menos con desconocidos... pero en nuestra vida social solemos hablar de lo que nos produce placer: sentimientos, familia, aficiones, filosofía, política, cultura y, por supuesto, comida, especialmente comida (pero nunca dietas)”, dice Guiliano. Ahora, para quien no es francés y está acostumbrado a comer entre diez y 30 veces más de lo que necesita, “no para sobrevivir sino para saciar el hambre psicológica”, el asunto puede resultar cuesta arriba.  Sin embargo, la autora señala que se trata de aprender algunos truquitos, y de adaptarse a un programa de cuatro fases:

Estudio preliminar. Consiste en detenerse a observar lo que se está comiendo. Es decir, saber qué conforma el desayuno, el almuerzo y la cena, tomar conciencia de la cantidad de postres que se consumen. Muchas veces, dice la autora, esa primera mirada honesta produce una transformación que inspira para empezar a efectuar cambios en la forma como nos alimentamos.

Reestructuración. Consiste en aprender lo que es la “sabiduría francesa” en relación con las porciones y la combinación de alimentos. Se trata de recuperar el equilibrio y aprender a establecer un nuevo patrón, que si bien tiene sus normas, deja el camino abierto a la flexibilidad. Como es un sistema francés “tiene montón de placeres que ofrecerte”, dice Guiliano. Para lograr un cambio en los hábitos de alimentación, la autora ofrece varias recetas y algunos trucos de cocción abren el abanico de posibilidades culinarias. Se supone que en esta etapa se debería empezar a perder peso.

Estabilización. Incorporar lo aprendido de manera que decidir qué comer no signifique un salto al vacío. Se supone que en esta etapa ya se asume de manera natural los diferentes menús; tanto, como para saber diseñar nuevas combinaciones de platillos
e ingredientes.

El resto de tu vida. Es el equilibrio total. Implica que ya conoces tu cuerpo y que de ahora en adelante sólo se trata de hacer pequeños ajustes si la balanza empieza a mostrar algunos cambios desfavorables.

Se supone que una vez transitadas estas etapas con absoluta seriedad y rigurosidad, se habrá iniciado un camino en el que hay espacio para el hedonismo; es decir, para el placer de sentarse a comer sin culpa. l

EL SECRETO

Aprende a comer la mayor variedad de alimentos, como única vía
para no extrañar demasiado aquellos que contribuyen a que aumentes
de peso.

Prescinde o controla a “los sospechosos habituales”; es decir, esos platillos que sólo deberían ser caprichos pero que se consumen en exceso.
Controla las porciones. La comida francesa siempre ha sido motivo de chiste por las cantidades pequeñas que se sirven en cada platillo, sin embargo, esa característica es su principal virtud y uno de los secretos. Una pequeña porción de cada alimento favorece la condición de comer por placer y no para llenarse.
No saltes las comidas. Nada de: “no estoy cenando porque estoy a dieta”.
Aumenta la proporción de frutas y verduras en tu dieta diaria.
Asume la preparación de los alimentos como un ritual. Disfruta del momento en que se cocinan los alimentos, convierte la tarea de elaborar el almuerzo o la cena en un momento de placer. Siempre será mejor que tú misma prepares tus comidas.
Evita tener alimentos “delictivos” en casa.
Incrementa tu actividad física. Si no tienes chance de ir a un gimnasio, procura realizar algunos de tus desplazamientos diarios a pie.
Bebe toda la cantidad de agua que te sea posible.
Jamás comas viendo la televisión.
Cultiva la paciencia, pues no se trata de adelgazar en tiempo récord sino de aprender a comer.

Y además entérate de que las francesas:
Adoran el pan y no conciben la vida sin hidratos de carbono.
Hacen tres comidas diarias.
Evitan sentirse hambrientas.
Evitan sentirse llenas.
Adoran el chocolate.
Tienen la costumbre de pensar cosas exquisitas para comer.
No suelen pesarse sino controlar su silueta con la vista y la ropa.

FUENTES CONSULTADAS: WWW.SWEDEN.SE  WWW.EPICURIOUS.COM  WWW.VALDRESSAMBAND.ORG

 
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