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Da y tendrás en abundancia
 

Existió hace muchos años un conde que poseía una gran comarca, un lujoso castillo y una numerosa familia. Dentro de sus posesiones más preciadas tenia un barril de vino que, según decían, era el mejor vino que jamás se había elaborado. Llego el día en que le fueron a pedir la mano de su única hija, y pensó que seria una magnifica ocasión para ofrecer el vino a sus futuros consuegros, pero recapacitó, y decidió mejor degustarlo el día de la boda. Llegó la esperada fecha y la fiesta fue grandiosa. Ordenaría pues, como sorpresa para los invitados, que sirvieran su mejor vino, sin embargo, pensó: ‘Todos están ebrios y no sabrán apreciarlo’; entonces decidió esperar una mejor ocasión para disfrutarlo. Un día llego de visita un cardenal y él, como hombre profundamente creyente, le ofreció alojamiento, y así, durante una semana, lo tuvo como un huésped distinguido. Para la cena de despedida se le ocurrió que sería una autentica cortesía ofrecerle su mejor vino. Pero pensó que los sacerdotes beben vino y seguramente no iba a valorarlo en su justa dimensión.
No mucho tiempo después, sucedió algo inusitado: el rey y su corte se detuvieron a descansar momentáneamente en su castillo; se sintió profundamente honrado, por lo que mando a preparar una comida suculenta. Al finalizar el banquete pensó ofrecer su vino al rey, pero juzgo que para él no sería ninguna sorpresa pues estaba acostumbrado a tomar los mejores vinos y decidió guardarlo para una mejor ocasión. Ya anciano, un día, el conde amaneció muerto, se celebró su funeral e invitaron a todos los habitantes del condado. Para agradecer a los dolientes, se le ocurrió al hijo ofrecer un poco de vino; bajo a la bodega y al observar el viejo barril, pensó que seguramente su padre nunca lo había ofrecido por ser demasiado corriente, y sin dudarlo ordenó que se sirviera hasta la ultima gota.

A muchas personas les puede pasar lo mismo que al conde, que, en lugar de compartir su mejor vino con los demás, dejándose llevar por un impulso del corazón, prefieran guardarlo para una mejor ocasión; corriendo el riesgo así de perderlo o dejar de disfrutarlo. ¡La generosidad es la más profunda manifestación del espíritu humano!.

La generosidad brota de nuestra infinita capacidad de amar, es el resultado inmediato de poner el amor en acción. En la medida en que superamos el miedo a perder y los prejuicios que acompañan al egoísmo, podemos ser más libres de compartir con otros la abundancia de nuestra vida, para seguir disfrutando de ella.

Hay momentos en los que pensamos, que no tenemos recursos económicos suficientes como para compartir con otros. Pero en realidad el dar, va mas allá, implica abrir las arcas de nuestra vida para compartir, amistad, alegría, entusiasmo, buenos sentimientos, pensamientos optimistas, frases de reconocimiento, gestos, actos bondadosos y detalles sencillos pero importantes, porque ayudan a otras personas a mejorar su calidad de vida o a superar un momento de dificultad y limitación. Los vínculos de familia y amistad, se fortalecen a través de los pequeños o grandes actos de generosidad, a través de los cuales brindamos a otros lo mejor de nosotros, motivados por el deseo de hacerlos sentir queridos y apreciados.

Decidamos extender este halo de amor incondicional, para incluir dentro de el, a personas desconocidas y a los que puedan necesitar de nosotros en un momento dado. Hacerlo sin esperar nada a cambio, puede darnos la oportunidad maravillosa de experimentar una sensación calidad y placentera, que nos haga sentir plenos y reconfortados internamente.

Siempre recordaremos con gratitud a esa persona que compartió con nosotros de manera especial, que nos brindo su apoyo a través de la generosidad sin esperar nada a cambio. Con nuestra actuación, podemos dejar una estela positiva en el mundo a nuestro paso por la vida, y no para que nos recuerden en lo personal, sino para afianzar la confianza en el ser humano y en su gran capacidad de dar.

Da lo que esperas recibir de otros. Aun cuando los demás no te retribuyan, el universo se encargara de que recibas multiplicado lo que entregas desinteresadamente.

Anímate a compartir. Especialmente si creciste con ideas de no hacerlo por temor a perder lo que tienes. Cuando compartimos somos mas libres y podemos disfrutar del placer, la alegría y la gratitud que experimentan los demás.

Colócate en el lugar del otro. De vez en cuando hay que observar a las personas a nuestro alrededor, para descubrir muchas maneras de suavizar sus vidas a través de un gesto, una palabra o un detalle, impulsado por la generosidad. Es generoso quien perdona las ofensas, quien sacrifica su comodidad en aras de la solidaridad. Solo con la generosidad es posible situarnos por encima de nuestros intereses personales y hacer lo que este a nuestro alcance para que todos tengamos las mismas oportunidades y el mundo sea un lugar más justo.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

 

Preguntas y respuestas

QUERIDA MAYTTE, necesito independizarme de mis padres. A pesar de que tengo 26 años, todavía me afectan sus comentarios y su deseo de manejar mi vida. Ellos quieren que yo les pida aprobación para todo, yo no quiero hacerlo pero al mismo tiempo me siento insegura de tomar mis propias decisiones. Necesito liberarme de la necesidad de buscar aprobación y ganar más confianza en mi misma. ¿Qué puedo hacer? N V.

Todas las personas necesitamos sentirnos queridas y aceptadas por los que nos rodean.  Pero cuando esta necesidad condiciona nuestro desarrollo personal y nos impide asumir la conducción de nuestra vida, debemos aprender a desarrollar la confianza en nosotros mismos.  Este es el momento perfecto para trabajar en tu independencia emocional, que consiste en soltar las ataduras que te mantienen dependiente de tus personas queridas. Esto no significa separarte o desconectarte de ellos físicamente, porque donde quieras que vayas te acompañaría el mismo sentimiento de dependencia e inseguridad. Soltar las expectativas que tienes en relación con ellos, te permitirá disfrutar de una comunicación más madura y estable.  Deja de esperar a que te acepten y te reconozcan todo el tiempo. Acéptalos como son y aprende a reconocer el amor que sienten por ti en todas sus comentarios y actitudes.
Haz una lista con todas tus cualidades positivas y refuerza tu autoestima. Olvídate del que dirán y piensa más en lo que quieres. Ponte nuevas metas y oriente tu vida en la dirección que te permita conseguirlas. Repite frases afirmativas que refuercen tus capacidades y minimicen tus debilidades. Atrévete a tomar pequeñas decisiones y gana confianza en tu capacidad para tomar las mayores. Apóyate en una persona que te quiera incondicionalmente y que desee verte florecer aunque esto signifique independizarte de ella.

 

HOLA, MAYTTE, me gusta leer tus artículos los domingos, en una especie de ritual personal, tomándome un café y sentada en el balcón de mi casa, para ver si me puedo contagiar de la tranquilidad que me transmites en ellos. Soy una persona muy acelerada, siempre tengo miles de cosas por hacer en el día, pero al final me siento agotada y un poco vacía. Quisiera vivir con otro ritmo, ¿Cómo hago para desacelerarme? IL.

Una de las razones por la que nos pasamos la vida corriendo y sin tiempo para descansar un rato, es porque dedicamos mucho tiempo y energía a actividades superfluas, y nos llenamos de obligaciones, necesidades y compromisos. Necesitas simplificar tu vida, comenzando por liberarte de aquellos compromisos que te impidan realmente hacer lo que deseas. La forma de bajar la velocidad de tu vida debe ser gradual, para que vayas adaptándote al cambio, sin perder el control de tu vida. Estas son algunas claves para lograrlo: Haz una lista de tus necesidades y simplifícala eliminando aquellas que en realidad no te van a dar llenura, felicidad, estabilidad o bienestar. Practica ritos de paso, detente de vez en cuando a lo largo del día para descansar, tomarte un jugo, o simplemente cambiar de actividad y despejar tu mente. Recupera el placer de las cosas sencillas, contempla una puesta de sol, disfruta de una conversación con los amigos, la lectura de un buen libro. Pasa más tiempo en casa, despréndete de lo que no te sirva, cambia los muebles de sitio, escucha tu música preferida. Aprende a decir que no, en especial cuando vas a comprometerte en algo, sabiendo que no tienes el tiempo, las ganas o la energía para hacerlo.

 

HOLA, MAYTTE, tengo un hijo adolescente que de un momento para otro comenzó a comportarse de una forma extraña. En la casa no habla con ninguno de nosotros, se la pasa chateando y oyendo música, además me preocupan sus nuevos amigos y lo que hace con ellos. Quiero acercarme a él, pero no sé como hacerlo, lo he intentado varias veces pero siempre evita la comunicación. R P.

Recuerda que en la etapa de la adolescencia nuestro hijos están definiéndose a sí mismos, y al mismo tiempo buscan ganar cierta independencia. Es natural que busquen tener una mayor comunicación con sus amigos que con los padres. Solo un muchacho de cada diez cae en problemas de conducta o de malos hábitos. Más bien trata de conocer a sus amigos, invítalos a casa sin juzgarlos o hablar mal de ellos. Establece conversaciones casuales que le den la posibilidad de expresar sus opiniones y experiencias.

Establece ciertas reglas, a pesar de que ellos en esta etapa buscan independencia y libertad se sienten perdidos sin límites. Hazle saber que cuenta con tu apoyo y comprensión. Demuéstrale que lo quieres, reconoce sus esfuerzos y sus logros, interésate en sus asuntos, ten detalles con él. Si no, buscará el cariño y la aceptación en la calle o se encerrará en si mismo.

maytte@maytte.com

 
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