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Sin temor a Internet

Frente a la desconfianza que sienten algunos padres hacia las nuevas tecnologías, la opinión de los expertos sugiere adaptarse a los tiempos que corren y tratar de obtener de ellos las numerosas ventajas que ofrecen. Idalia De León

Hoy en dia es absolutamente normal que un estudiante, a la hora de realizar un trabajo de investigación, se conecte a Internet, y extraiga de allí los contenidos que necesita. Busca un rato en tal site, luego en otro más allá y listo. Casi nunca se les ocurre consultar un libro o una enciclopedia impresa. ¿Y para qué?, dicen algunos, si todo está en Internet. Sí, efectivamente, todo está en la red, pero ¿quién valida lo que se encuentra en el ciberespacio? ¿Cómo saber si la información que se extrae es fidedigna y confiable? Estas son las dudas que despierta Internet, lo cual, para algunos es muy grave, mientras que para otros el asunto no es tan complicado.

La pregunta ya se le hizo al filósofo Umberto Eco y respondió que “Hoy existe el peligro de que 6.000 millones de personas tengan 6.000 millones de enciclopedias distintas y ya no puedan entenderse entre ellas para nada”. El escritor italiano ve con terror que ya no exista un filtro que canalice la información. Pero si se le pregunta a Nora Paul, primera directora del Instituto de Investigación de Nuevos Medios de la Universidad de Minnesota y autora de Investigación asistida por computadora: una guía para identificar información on line, el meollo del asunto radica en, por una parte, saber investigar, y por otra, equilibrar las fuentes de información.

“El hecho de que Internet ofrece demasiados datos es al mismo tiempo un problema y una bendición; pero creo que la salida está en saber aplicar los mismos criterios que se utilizan cuando se trabaja una fuente documental. Yo me sorprendo cuando escucho a periodistas decir que no saben qué hacer con Internet ante la avalancha de información que brinda. Yo les digo que les corresponde confirmar la información, averiguar bien quién es la fuente, cuáles razones puede tener para emitir determinada opinión, qué intereses puede tener, su motivación”. Esta diversidad, a juicio de Paul, más que una maldición es una bendición debido a que las notas periodísticas o los trabajos que presenten los estudiantes pueden reflejar varias opiniones sobre un mismo aspecto. “Internet democratizó la información —dice Paul— pues antes era muy difícil que alguna editorial publicara las opiniones o investigaciones de personas que no se consideraran voces autorizadas. Ahora todo cambió. Actualmente, puedes conseguir todas las versiones, opiniones, las historias, informaciones posibles sobre determinado tema”, comenta la experta.

Ahora la pregunta es si los estudiantes se están tomando el trabajo de chequear de dónde están obteniendo la información. La respuesta es no, porque además, la constante que parece estarse presentando en los colegios es que los chicos están prácticamente copiando en sus trabajos lo que encuentran en Internet. “Se tiene la falsa impresión de que los estudiantes de antes no eran flojos e iban a la biblioteca para hacer todo el trabajo de investigación que se les exigía. Yo creo que los estudiantes han sido flojos siempre, lo único es que ahora se les facilita un poco más las exigencias escolares porque existe Internet”, destaca la especialista.

Afortunadamente, frente al panorama antes descrito, los padres y maestros parecen estar alerta ante lo que está ocurriendo con las tareas escolares, lo que sería la puerta de entrada para propiciar cambios en la forma como se evalúa actualmente el conocimiento en escuelas y liceos del mundo. “Por un lado, no se puede seguir cometiendo plagio y, por otro, la educación tiene que cambiar, adaptarse a los nuevos tiempos; es  decir, tendrá que buscar formas de comprometer a los estudiantes para realizar trabajos únicos. Ya no se les debe pedir una monografía sobre el Amazonas, sino cuál es su opinión sobre algún aspecto del Amazonas. Eso los obligaría a procesar la información para luego decir lo que piensan con sus propias palabras”.

El otro aspecto que deberían tener en cuenta tanto los padres como los evaluadores es que, probablemente, tanto unos como otros estén satanizando constantemente a Internet, debido a que es una herramienta que todavía les resulta novedosa, y porque su uso ha devenido en una relativización de la importancia de determinado autor.

Ahora la máxima parece ser: “lo bajé de Internet”, y no “esto lo dijo” tal autor. “Lo padres olvidan que las nuevas generaciones nacieron con Internet, que cuando los niños de hoy nacieron ese recurso ya existía, es algo a lo que ya están acostumbrados, así que en manos de ellos está la posibilidad de guiar a sus padres en este camino. Los padres no deben temer a Internet, a lo que sí deben temer es a los extremos. No es bueno que el niño esté viendo televisión todo el tiempo, como tampoco lo es que se la pase leyendo o pintando. Internet todo el tiempo tampoco es conveniente. Curiosamente, hoy en día se están publicando más libros que antes, lo cual quiere decir que el libro no va a desaparecer”, refiere Paul, como tratando de atenuar el temor de algunos padres hacia la tecnología y el desapego que muestran también las nuevas generaciones hacia los libros. “Nunca ningún medio ha sustituido a otro. En todo caso los medios se transformarán. Hacer un libro es muy costoso de manera que el formato cambiará para dar paso, por ejemplo, al e-book”.

Y a eso también habrá que adaptarse. l

Ideleon@eluniversal.com

FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/MIKA/ZEFA

 
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