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Desperate Housewives
Más allá de la fachada


De izquierda a derecha:
Alfre Woodard, Teri Hatcher, Brenda Strong, Felicity Huffman,
Marcia Cross, Eva Longoria y Nicollette Sheridan

El capítulo final de la segunda temporada, que Sony transmitirá el 3 de agosto en Venezuela, traspasa sin rubor los portales de Wisteria Lane, hurga entre los
secretos de sus sábanas, y deja al espectador sin aliento.
No siendo de buena vecindad revelar los detalles de tal intromisión, Estampas se limita a deslizar lo que las actrices confesaron sobre ellas mismas en un encuentro sostenido con la prensa internacional en Hollywood. 
Enmar Pérez Los Angeles. Enviada especial

Mmm humm. Los que llevan el volante de los premios Emmy —el equivalente en Estados Unidos al Oscar de la Academia del Cine pero para la televisión— pasaron de largo este año los acogedores porches de Wisteria Lane, el suburbio clase media donde habitan las amas de casa con más rating —a pesar de cierto bajón— de la pantalla chica estadounidense, cuyos trapitos descubre para los venezolanos Sony Entertainment Television los jueves a las 8:00 pm.

Así las cosas, los frenos de la Academia norteamericana sólo se clavaron en la entrada del hogar de la perturbadora familia Applewhite, una oscura —valga la redundancia— historia que inauguró la segunda temporada, y que, por cierto, también la cierra —y de qué manera. La maravillosa Alfre Woodard —Betty Applewhite en el show— fue, pues, la única nominada a los galardones como Mejor actriz secundaria en una comedia. Tanta indiferencia del lado de los jueces de la TV, que atrapó por sorpresa a la vasta fanaticada de la serie, debe haber abollado, claro está, el ego de un elenco femenino que arrasó con las nominaciones en la última edición de este premio. Al menos por un rato. El seriado de la cadena ABC, creado por el genial Marc Cherry, todavía se mantiene entre los diez programas más vistos de Norteamérica —picos de 30 millones semalmente—, sus actrices portan en sus bolsos los salarios más altos de la TV (entre 250.000 y 285.000 dólares por capítulo), y personajes como la primera dama de EEUU, Laura Bush, y la reina Rania de Jordania —el epítome de la mujer árabe de hoy día— han confesado públicamente su palaciega adicción a la trama de las desesperadas esposas. Es decir, con tal romance global, el asunto podría no pasar de un rasguño en el chasis del por demás talentoso emsable actoral, donde los hombres también son arte y parte de un éxito que se atrevió a hurgar, con fino humor y sobrada inteligencia, en el costado más sórdido de la familia estadounidense. Pero Hollywood es un valle de pasiones, y lo que está en el tope una semana puede estar a ras de subsuelo la siguiente. El reto será ahora mantener la llama —o más bien la televisión— encendida en la temporada por venir. Mientras tanto, el elenco no pierde segundo disfrutando sus minutos de fama: durante un encuentro sostenido con la prensa internacional en la ciudad de Los Angeles, unos meses atrás, la frase que más registraban los grabadores en la voz de las protagonistas del seriado era: “En estos momentos estoy muy feliz”. 
Imposible no invocar, en un rapto de sarcasmo, la seductora voz en off de la lapidaria Mary Alice (Brenda Strong): “Por ahora…”.

Bree
estará más de psiquiátrico que nunca

Más psycho
serás tú

Tremendo susto se llevaría cualquiera si al llegar al consultorio del psicólogo se encontrara a Bree van de Kamp sentada en la silla del profesional. Pero si la fortuna en Hollywood mostrara la espalda, esa sería una posibilidad bastante real: Marcia Cross, la actriz que encarna a la que —por consenso universal— es la más desesperada de las esposas de la serie, obtuvo su título en Psicología no mucho tiempo atrás. En todo caso, la terapia daría un vuelco probablemente agradable: liberada del gesto hierático que caracteriza a Bree, Cross luce tremendamente plácida a sus 44 años, y sí, deslumbrante en su rara belleza. No en balde la revista People la incluyó este año entre los 50 seres más bellos del planeta. “La verdad es que no me parezco exactamente a ninguna de ellas
—comenta en relación con las mujeres de Desperate Housewives. Yo he sido, por el contrario, la chica soltera calle abajo, que no tiene jamás comida en la nevera y que prefiere vestirse todos los días con la misma ropa...”. Bueno, al menos esa mañana luce impecable de pies a cabeza, y lo de la soltería es asunto pasado: recientemente, Marcia contrajo matrimonio con el ejecutivo Tom Mahoney, un corredor de bolsa. Aunque, aclara, está bastante lejos de coincidir con el ama de casa perfecta que representa en la televisión: “Yo no cocino. Conozco un muy buen servicio de comida que pido despachen a su trabajo (el de su ahora esposo), porque sino él tampoco se tomaría el tiempo para comer. Esa es mi manera de hacerme cargo de los asuntos del hogar”, confiesa riendo. No obstante, una que otra experiencia personal le ha dado suficiente material a la hora de inspirarse para caracterizar a Van de Kamp, y no sólo en el consultorio como psicóloga: “En realidad tengo una amiga a quien siempre tuve en mente cuando comenzó el show. Ella es totalmente controladora y superproductiva, durante un tiempo fue mi roommate, y, por ejemplo, si yo me estaba tomando una taza de café y me distraía un momento, créanme, la taza se esfumaba de mi lado y aparecía en el fregadero lavada”.

Tales mundos sin mácula, comenta la actriz, difícilmente se sostienen en el tiempo. “No la tenemos fácil los seres humanos, y cuando nuestras estructuras internas comienzan a derrumbarse por una u otra razón, como le está sucediendo a Bree, uno se encuentra en un lugar muy vulnerable que da espacio al miedo”. Aunque, gracias al Olimpo, mientras peor le va a su personaje —quien no sólo derivó en alcohólica esta temporada, sino que se ganó las relaciones más tensas con sus hijos adolescentes— mejor parece irle a la actriz... y lo proyecta: “Yo creo que cuando estás feliz exudas alegría y cierta luz... Quizá es por eso: estos son tiempos muy felices para mí”. Lo principal: no sonó a lugar común.

Gabrielle
se dejará de cuentos chinos

100% actitud

Si por un lado una relajada Marcia Cross revela que está muy lejos de las manías de su personaje, por el otro Eva Longoria no tiene reparos en admitir: “Yo soy realmente una Bree”. ¡¿Cómo?! “Es que soy muy doméstica. Si, por ejemplo, Tony (Parker, el famoso basquetbolista que es su novio) está en la casa, yo cocino cada comida, y me despierto más temprano que él para hacerle el desayuno y prepararle todas sus vitaminas antes de que se vaya a los entrenamientos”. Tampoco lo deja salir arrugado: “Lo devuelvo y le plancho la franela inmediatamente”. La verdad es que es gracioso: cómo no imaginar en ese momento la cara que pondría la materialista Gabrielle Solis, su personaje, mientras Eva, una consentida hoy día de cuanta lista de las más sensuales y guapas del orbe existe —People, Maxim—, confiesa sus costumbres que, a la postre, más que provenir de la neurosis terminan aflorando de sus raíces culturales: “Eso todo es muy latino”.  

Pero en lo que no coincide para nada Eva con la estirada Van de Kamp es en lo referente al arreglo personal. Longoria, la más joven de las protagonistas del show, aprovecha la lozanía que le regalan sus 31 años y se aparece en el encuentro mediático con la cara casi lavada, unos jeans, un suéter y, a pesar de que es bajita —mide 1.55—, lleva botas de tacón plano —100% actitud. Tiene un lindo rostro, bella piel y un cuerpo precioso, entonces, ¿por qué no? “Odio el maquillaje. Odio arreglarme el cabello. Tienen suerte de que no me haya aparecido en pijamas. Adoro vestirme para las premiaciones, me parece divertido, pero, afortunadamente, eso es pocas veces al año”. Y sobre las rojas alfombras, cómo no, hace lucirse a los creadores latinos: “Hago lo posible por sacarle provecho a esos eventos para mostrar a diseñadores como Angel Sánchez, uno de mis favoritos, u Oscar de la Renta, Eduardo Lucado, quien es mexicano...”.

Lo anterior es tan sólo una muestra de la conocida solidaridad de Eva con el talento latino. No son muchos los que tienen las oportunidades que Longoria ha disfrutado en Hollywood: “Me siento bendecida. Yo he trabajado constantemente y no me han tocado los roles más estereotipados: nunca he hecho de mucama ni he interpretado un papel que degrade o represente de manera torcida nuestra cultura. Tengo mucha suerte de estar en Desperate. Un personaje como éste llega una vez cada 20 años”. Y eso es una verdad como un templo no sólo para las latinas.

A Lynette
le meterán un strike

Su nombre
vaya por delante

Felicity Huffman hace su entrada con la sonrisa de quien está subiendo al podio a recoger un premio.

Si hay alguien que ha tenido razones para rebozar de contentura últimamente es ella: no sólo se hizo acreedora del —ahora esquivo— Emmy el año pasado y del Globo de Oro, sino también merecedora de una nominación al Oscar por su rol del transexual Bree —coincidencias veredes— en el film Transamérica. “A mí no hay nada que logre desesperarme en estos momentos, muchachos”, dice quien algunos consideran da vida a la más real de las amas de casa, la también exitosa ejecutiva Lynette. “No creo que sea así. Me parece que todas las mujeres de la serie representan figuras femeninas casi icónicas o míticas. Allí esta Vesta, la trabajadora del hogar, o Juno, que es la guerrera, y así vamos. Pero creo que la gente se conecta con Lynette porque es una madre como cualquiera a su edad”. Huffman tiene hoy día 43 años y junto a William H. Macy, su esposo, conforman una de las parejas actorales más talentosas de Hollywood. No obstante, hasta ahora no había recibido la atención que ostenta por estos días. “Desperate Housewives cambió mi vida, y sabía que al menos tendría trabajo por dos años”, señala. El comentario es particular, pues se sabe que en el cine y la TV cuenta más la fachada que las dotes histriónicas, y Huffman, la más parecida a la chica americana de al lado dentro del grupo de Wisteria Lane, ha tenido que luchar bastante para ser tomada en cuenta. Afortunadamente no abandonó el barco, cosa que, confiesa, estuvo a punto de hacer varias veces: “Alguien que ha estado en el medio por más de cinco o diez años, que no comenzó porque era una belleza, tiene 5% de probabilidades de mantenerse y ganar lo suficiente para vivir. Sólo ese porcentaje de quienes pertenecen a la Sociedad de Actores en Estados Unidos logra hacerlo. Estuve a punto de retirarme en muchas ocasiones, pero no soy buena para más nada que no sea arreglarle el cabello a alguien y leer en la cama, y no sé cómo obtener dinero de esto último”, señala riendo.     

I loooove Mike
Susan

Sobreviviendo,
y de qué forma

“Somos definitivamente diferentes. La gente cree que nos parecemos porque ambas somos mujeres divorciadas que criamos solas a nuestras hijas, pero yo no tengo nada que ver con Susan”. A pesar de lo que afirma la delgadísima —casi demasiado— y muy atractiva Teri Hatcher, algo en ella pareciera comportar la vulnerabilidad de su personaje Susan Mayer. Pero no, insiste: “Para empezar somos madres muy distintas. Tengo muy bien establecidos los límites a la hora de educar a mi hija”. Y para confirmarlo he aquí un detalle: su pequeña de 9 años no ve televisión y está actualmente inscrita en Waldorf, una escuela “muy antimedios”, como ella misma señala. “Yo decidí estar en la casa para criarla (de allí su retiro por tanto tiempo del cine y la TV), y no sentía la necesidad de usar la televisión como niñera. Prefería tener algún tipo de enseñanza interactiva con ella, más allá de la pasividad que se crea al estar frente al televisor. Ha funcionado maravillosamente”. A primera vista podría lucir como una contradicción el hecho de que sea la pantalla chica, justamente, la que le da de comer a la actriz de 41 años. “Es que no tengo nada en contra de que un adulto decida relajarse y ver TV por un rato. Yo lo hago de vez en cuando. Pero no me parece que sea una buena idea en los años de formación para un niño”.
Y si en las lides familiares no hay paralelismos con la desesperada Mayer, quien no ha dejado de estar rodeada de galanes esta temporada —el ex esposo, el plomero, el doctor, y por allí se reserva una sorpresa el dentista—, en el plano romántico tampoco hay coincidencias. A Hatcher la vincularon a principios de este año con George Clooney, hecho que ya está desmentido. “No era más que un buen rumor”. En realidad, Teri es la única que, por los momentos, se mantiene sin pareja. Se le comenta que Susan se caracteriza por una actitud muy optimista: no importa qué tan mal le vaya, siempre cree que su media naranja está a la vuelta de la esquina. ¿Compartirá la actriz esa suerte de candidez?
“Bueno, tiene que haber alguien... Pero no sé si usaría la palabra optimista para mí, creo que es adecuada para Susan. Ella es más esperanzada, más ingenuamente esperanzada de lo que soy yo... Probablemente, emplearía para mí el término ‘sobreviviente’”. 

Eddie
está que arde

Atajando las curvas

Preguntarle a Nicollette Sheridan si se puede ser sexy a los 40 años es a todas luces una redundancia, pero algún periodista lo hizo. De allí que a la rubia actriz de 42 años no le quedara otra que sentirse confundida con el asunto y reformulara ella misma la interrogante: “¿Me estás consultando qué es ser sexy para mí..? Bien, encuentro la inteligencia y un sentido del humor agudo como algo extremadamente sexy”, dice, y es inevitable sentir, al mejor estilo de Eddie, su personaje, algo de mordacidad en el tono. Eso, aunque Nicollette, al igual que el resto de sus compañeras de casting, refiere que de la vecina de Wisteria Lane que representa tiene muy poco o casi nada. Así que el grupo de comunicadores está a punto de ofrecerle el beneficio de la duda, cuando alguien se empeña en saber qué consejo le daría Sheridan a “las bellas jóvenes de 18 años que quieren ser modelos o actrices”. Para qué decir que se la estaban poniendo a pedir de boca: “Bueno, tú sabes, que no van a volverse interesantes hasta que no lleguen a los 40”.

La pícara sonrisita que aflora con la frase es más que elocuente. Bueno, al menos había comentado unos minutos atrás que sí, que con Eddie comparte “su sensibilidad y agudeza”. De lo último ha hecho gala por lo menos este día. No en balde los actores de la serie comentan que la rubia es la persona que más los hace reír cuando están en el set. “Adoro su fuerza, su brutal honestidad y su lengua afilada”, añade Nicollette en relación con su personaje. Al parecer, el creador Marc Cherry también se rindió ante tales atributos: inicialmente Eddie tan sólo permanecería en el show un par de capítulos, y a estas alturas da la impresión de que el vecindario no sería lo mismo sin su cada vez más destacada presencia. “Es verdad. Pero yo no creo que ella llegue a ser nunca una de ‘las chicas’. Eddie es fuerte y está siempre al margen”. Pero sólo en Hollywood el que desespera gana, y ya su salario está a la par del resto de las esposas —con excepción de Teri Hatcher—. Suficiente razón para exclamar durante la entrevista: “Life is very, very good! (¡La vida es maravillosa!)”. 

FOTOS: CORTESIA BUENA VISTA INTERNATIONAL TV

 

Ver también en Encuentros:
- Deive Garcés. ¡Qué calor!
- Rania de Jordania. La joya del Medio Oriente

 
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