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En primera persona
"Por un asunto genético y quizás astral, desde pequeño quise ser comunicador. En las fogatas scouts solía interpretar a Horangel y los doce del ‘patíbulo’ y apenas tuve la oportunidad escribí para el periódico estudiantil. Ya en la UCAB compartí mi tiempo limpiando discos en Radio Capital y tan pronto cumplí 18 años opté por el título de locutor. Me rasparon el examen escrito, pero como me faltaba una décima para llegar a 10, tuve el chance de una audiencia oral que afortunadamente superé. A la televisión llegué por la puerta trasera de Sonoclips, pero quiso el destino que Nelson Bustamente se enfermara un día que tenía que entrevistar a Zapata y me dieron el chance. Desde ese momento entendí que las oportunidades no se esperan, sino que uno las toma. Años después hice Cualquier Cosa y casi pierdo la cabeza. Salí corriendo al sureste asiático a despejar el espíritu y luego reincidí en los medios: El Autobús, Radio Global, People& Arts y Destinos Musicales.
Hoy en día hago lo único que sé hacer: hablar. Y ensayo con lo que me gustaría hacer: escribir. Si la paciencia del público es inagotable, y mientras me pique la curiosidad por entender y dialogar con el mundo que me rodea, espero arrugarme detrás del micrófono. Eso sí, con unos viajes de descompresión de por medio”.

Eli Bravo
Eterno viajero

El otrora muchachito de Radio Capital ahora es el muchachito de Exitos 99.9, pues comparte este dial con las voces de César Miguel Rondón, Pedro Penzini Fleury y Marta Colomina. “A los 35 años me tocó ser niñito otra vez”, dice entre risas. Un chico, por cierto, que el año próximo cumplirá 20 años haciendo radio. Adriana Gibbs. Fotos:Julio Lozano

Cinco años han pasado desde que le vi de lo más entusiasmado en los estudios de Discovery cuando era imagen de People& Arts. Hace doce, me lo encontré en el Ateneo de Caracas donde nos saludamos fugazmente y me contó que un proyecto radial no lo dejaba dormir: Cualquier Cosa. 15 años atrás me auxilió en pleno bulevar de El Cafetal donde mi carro estaba accidentado; apenas me conocía —habíamos compartido oficina en una consultoría política—, y ese solidario gesto me sorprendió. De este compendio cronológico y tras haber conversado con él, dejo constancia de algo, más allá del obvio paso del tiempo, que se asoma en su naciente calvicie y en uno que otro novel surco en el rostro: Eli Bravo conserva intacta esa mirada tan despierta, viva y curiosa. Sus ojos se siguen pareciendo a los de un niño.

¿Qué similitudes, contrastes y complicidades hay entre el Eli que musicalizaba en Radio Capital y el Eli de Exitos 99.9, pasando por supuesto por los Eli de El autobús de La Mega, y de Radio Global?
“¡Cómo! ¡20 años!... esa cuenta no la tenía. Diría que la constante es el cambio. En el trabajo uno puede encontrar ciertas fórmulas y se puede caer en la repetición. Me metí en esto de la comunicación por curiosidad frente al mundo y hacia mí mismo. En este proceso de búsqueda uno pasa por etapas. El Eli que empezó como asistente de musicalización en Radio Capital tenía dos ideas claras: una, que quería hacer un programa que permitiera que la gente se expresara; y otra, que me permitiera ser feliz. En esta búsqueda estoy todavía, y la he asumido siempre como una transición marcada por eventos; por ejemplo, el hecho de hacer pausas en el trabajo, viajar, experimentar otras cosas. Siempre estoy cambiando así que soy la misma persona... Mi norte ha sido el de no atarme. Uno se puede apegar al trabajo, al dinero, al amor, a la fama, y es importante saber que todas esas cosas son impermanentes. El Eli que hacía Cualquier Cosa o el de El autobús de La Mega era mucho más impetuoso, porque sentía que el mundo se iba a acabar dos años después. En cambio, el Eli de ahora tiene más tacto y conciencia de lo que está haciendo. Siente que tiene aún cosas pendientes por hacer, pero no se desespera; hay en él cierta serenidad”.

Este sosiego del que habla él bien lo transmite en el espacio radial que conduce desde hace algunos meses en 99.9, de lunes a viernes de 2:00 a 4:00 de la tarde. Dos horas en las que pasea al radioescucha por temas nacionales, latinoamericanos y mundiales, desde las más diversas voces.

¿Cuáles son los mayores desafíos que te ha representado hacer este programa?
“En primer lugar, la distancia, porque lo hago desde Miami con el apoyo en Caracas de Karla Heredia y Gitanjali Suárez. No estar en el contexto ni en la situación es un reto, pues me obliga a mantenerme informado, a intentar trasladarme de algún modo al lugar donde estoy transmitiendo. Hay lo que algunos llaman una ‘sana distancia’. Ahora hay tal vértigo y apasionamiento por la noticia que es bueno poder ver las cosas un poquito desde afuera, pues te permite mantener cierta ecuanimidad o, por lo menos, algún balance y creo que esa es una de las fortalezas del programa. Sin dejar de estar pendiente de lo que pasa en Venezuela, abro el espectro temático para que otras notas estén presentes.

“El otro reto lo representa el hecho de hacerlo en una emisora que cuenta con un público muy exigente. En La Mega, cuando se está en el público juvenil, te perdonan más cosas, aquí no. El oyente sabe cuando estoy hablando superficialmente del tema, o cuando estoy cometiendo un error conceptual o cuando digo una barbaridad. He recibido correos de radioescuchas que me han hecho alguna corrección, cosa que agradezco profundamente”.

¿Qué opinión te merece el papel actual de los medios de comunicación en Venezuela?
“Entiendo que las circunstancias obligan a que haya una lucha por dos maneras de cómo desarrollar un proyecto político, pero creo que los medios no deben perder la condición de ser mediadores. Siento que muchas veces los periodistas han tomado parte en esto de una forma tan clara, lo que además de restarles credibilidad, entorpece el proceso de entendimiento. Claro, ésta es una opinión de sangre fría, porque comprendo que si uno está defendiendo lo que se considera un ideal de libertad y se recibe un ataque constante, como ha venido sucediendo, eso genera una violencia reactiva. Pareciera que hay unos medios oficialistas que le hablan a su público y otros que le hablan a la oposición; son dos realidades que están desentonándose todo el tiempo. Hay que buscar maneras de comunicar pero no atacando al otro; en eso caemos todos, no me eximo, y por eso trato de mostrar las cosas de la manera más equilibrada”.

No sólo le ocupa la radio. Con la productora venezolana Pimentón Films hace el espacio Conexión Discovery, que se transmite en Discovery Channel. Por este trabajo y el de 99.9 tiene que venir una vez al mes a Venezuela. “Poder venir es una maravilla porque no dejo de sentirme extranjero en Miami. Tengo ya casi siete años viviendo allá y ¡guao!, todavía me siento caraqueño”. La cotidianidad de Eli varía, según donde se encuentre. En Miami es tranquila. Prepara y transmite el programa desde su casa y después se dedica a otros asuntos, pero casi todo lo resuelve desde la computadora y el teléfono. En Caracas, en cambio, la rutina es totalmente distinta: “Aquí vivo brincando de un lugar a otro, combinando el trabajo con el placer. Trato de ir al Avila, la visita a la arepera es infaltable, y mi cachapita. Pero sobre todo, disfruto de los eventos de la ciudad: el Salón Pirelli, el concierto de Ensamble Gurrufío; la otra vez que vine vi Una casa con vista al mar. Para mí es invalorable disfrutar esa parte de la ciudad; esas referencias urbanas en las que crecí, habité y sigo habitando”.

No sólo le ocupa la radio y la televisión. Ha publicado cuatro libros: Tan insaciable como la muerte (1994); Cortas lecturas para el baño (2000); Historia canalla (2002); y Radio Global. 39 entrevistas que nos hablan del mundo (2002).

¿Cómo va la escritura?
“Escribir es una gran pasión que he asumido con un poco de irresponsabilidad. Por lo pronto tengo una columna fija en El Mundo, que se llama Caldo de cultivo, en la que mezclo la opinión con la crónica; esta periodicidad me obliga a tener más disciplina en la escritura”.

No sólo le ocupa la radio, la televisión y la escritura...

¿Qué primicia te gustaría dar?
“Que dentro de pocos meses seré papá. Es la alegría más grande que he sentido. Este es, definitivamente, otro viaje. Ya empezó y me tiene feliz. Estoy viendo las cosas de otra manera”.

Eli Bravo, como en otros tiempos se decía, está amarteladísimo. En varios momentos de la conversación el nombre de Gaby —la futura madre— se asomó sutilmente. “Ella es una mujer maravillosa. Es venezolana, arquitecto y fue justamente una de las razones por las que terminé estableciéndome en Miami, donde ella también trabaja. Con Gaby tengo la sensación de que somos dos almas que se han encontrado una vez más en una historia que viene de mucho tiempo”.

Hace dos años, en 2002, Eli dio una pausa a su vida, haciendo un viaje en velero por el Caribe, durante cinco meses.

¿Cómo te fue en medio de tanta mar y en soledad?
“2002 fue un año muy duro. Se cerró una relación, y decidí retirarme del agite profesional; se acababa People&Arts y La Mega. Aproveché para hacer un viaje en mi pequeño velero. La soledad me permitió establecer una buena relación con Eli, me hizo ver muchos de mis errores y me permitió hacer un balance. En el mar llega un momento en que te cambia la noción del tiempo y te involucras en ese ritmo natural en el que no hay nada predeterminado. Me permití los desvíos que hay en todo camino, sintiéndome muy libre. En ese tiempo me di cuenta de cuán ilusorio es el mundo. Este viaje fue todo un privilegio, el poder disponer del tiempo, usarlo de manera responsablemente irresponsable”.

¿Hay algún viaje que ahora esté rondando en tu cabeza?
“Uff, tengo varias fantasías: navegar en el Pacífico, hacer un viaje por los países árabes; Gaby y yo hemos hablado de ir a la India... Es más, creo que viajar es algo que me gustaría hacer siempre. Nada que me estimule más que el primer día en una ciudad desconocida: salir y perderme en ella; dar vueltas y ver cómo es la gente, cómo suenan sus voces, a qué huelen las calles, qué venden en las tiendas. Si se trata de un espacio natural, me basta simplemente caminar, llenarme de ese entorno”.

¿Algún otro proyecto que compartir?
“Por ahora no. Estoy en el viaje de la dulce espera”. l

Breviario

¿A quién extrañas?
“¿Ahorita?... A Gabriela, y debo decirlo: cuando estoy en Miami, extraño mucho a mis amigos
de acá en Caracas. Antes me dolía ese extrañamiento, pero ahora sé que es parte de mi condición de vida”.

¿Qué te hace sonrojar?
“Un piropo”.

¿Cuál es el objeto más valioso que tienes?
“Unas yuntas de oro, con forma de micrófono, que eran de mi abuelo Abelardo (Raidi)”.

¿Cuál es el objeto más tonto que atesoras?
“Tengo una semilla de Bahova, un árbol africano. Me la regalaron cuando fui a un campamento de scout. Me parece muy hermoso que me hayan regalado una semilla”.

¿Cuándo ha sido más indiscreto?
“Cónchale, no sé, yo soy discreto; en mis entrevistas trato de serlo”.

¿Con cuál prejuicio has tenido que luchar?
“He tenido que enfrentar el del racismo. En el Caribe inglés sentí conductas racistas hacia mí en
lugares donde estuve rodeado de negros; me encontré gente amable, pero también reacciones de otras personas que me hicieron sentir mal. Un racismo sutil pero muy presente, eso me tocó vivirlo en algunas islas durante mi viaje en velero”.

¿Qué rasgo infantil conservas?
“Mi gusto por los barcos, siempre me han parecido un objeto maravilloso”.

¿De qué habito te gustaría deshacerte?
“Dejar de comerme las uñas”.

¿Lo más difícil de tener pareja?
“Sostener el amor, la confianza y la intimidad; mantener vivo ese compromiso, esa pasión a través del tiempo. Ahorita me siento superfeliz y no lo veo difícil”.


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