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En lo mejor de la vida
En unas pocas horas, la pequeña
Holly Jones se había convertido en la investigación
central de los esfuerzos policiales del país. Max
Haines
Este
año no florecera la primavera para la pequeña Holly
Jones, ni tampoco ningún otro año.
El mes de mayo pasado, desapareció de
las calles de Toronto raptada por un depredador humano. El lunes
12 de mayo de 2003, Holly, de 10 años de edad, no hacía
más que pasear con su amiga de nueve años, Claudia
Araujo, aproximadamente a las 6:30 hacia su casa en la zona obrera
de Bloor/Dundas en Toronto.
Las muchachitas llegaron a la casa de Araujo
sanas y salvas. A pesar de la insistencia de la señora Araujo
de acompañar a Holly a su casa, ella insistió en que
se podía ir sola. Partió para atravesar las cinco
o seis cuadras que tenía que andar para llegar a su casa.
En un lugar a lo largo de su ruta, posiblemente en las avenidas
Perth o Symington, se encontró con el depredador. La mamá
de Holly se empezó a preocupar cuando su hija no llegaba
a casa. Llamó a casa de los Araujo donde le dijeron que Holly
había salido hacía ya una hora u hora y media. Tras
rastrear la zona, la mamá de Holly informó a la policía.
La búsqueda de Holly Jones se puso en
marcha de inmediato. Esto no era una falsa alarma. Holly nunca se
había escapado de casa. Era una niña muy puntual que
se llevaba muy bien con sus padres y sus amigas.
En menos de una hora, una división entera
de la policía metropolitana de Toronto estaba encargada de
localizar a la niña desaparecida. Durante la madrugada, la
policía instaló un puesto policial para encargarse
de la prensa y las pistas que provenían del público.
En unas cuantas horas, la pequeña Holly Jones se había
convertido en el punto central de una de las investigaciones policiales
más grandes del país. En un esfuerzo por encontrar
a la pequeña desaparecida se reclutó la unidad canina.
Cientos de oficiales de policía de toda la ciudad se unieron
en la cacería humana. Voluntarios pegaron la fotografía
de Holly por toda la zona.
Para capturar al raptor se utilizó el
Registro de Ontario de los Abusadores Sexuales. El registro, que
se había creado hacía dos años, tenía
una lista de unos 4.000 abusadores sexuales incluyendo 1.000 residentes
en Toronto.
Aquellos convictos por crímenes tales
como tocar, interferencia sexual y asalto sexual agravado se tienen
que registrar una vez liberados de prisión. Es ilegal no
hacerlo. En el momento de la desaparición de Holly, existían
327 casos no registrados en Ontario. De los no registrados, 54 habían
sido denunciados.
El registro tiene sus fallas. El abusador puede
provenir de afuera de Ontario o ser su primera ofensa. En ambos
casos, no estaría registrado. Así el público
supo que existían 200 abusadores sexuales registrados en
un radio de tres kilómetros alrededor de la casa de Holly.
A pesar de todo, el registro probó ser útil al poder
eliminar a abusadores conocidos, permitiendo a los investigadores
tener más tiempo para seguir otras pistas.
A la mañana siguiente de la desaparición,
los padres de Holly, George Stonehouse, de 41 años, y María,
de 42, aparecieron en la televisión pidiendo el regreso de
su hija sana y salva. Llorando ante las cámaras, la mamá
de Holly imploró, "quien la tenga, le pido con todo
mi corazón que la traiga a casa y la devuelvan a su padre
y madre. Cuídenla, se los pido. Nunca ha hecho nada a nadie
en toda su vida. Es una niña feliz. Tráiganla a casa,
por favor." El padre de Holly juró obtener dinero para
una recompensa, rogando, "Por favor, devuélvanla a casa".
Alrededor de las ocho de esa misma mañana,
Peter Lawson estaba paseando a su labrador en la playa de Ward Island
cuando observó un objeto extraño. La búsqueda
de Holly Jones había llegado a un final trágico.
Evidentemente,
el depredador había tirado el cuerpo descuartizado en el
lago Ontario. Ese día fatídico, la policía
recuperó dos bolsas de viaje. En una de las bolsas, encontraron
un torso de niña. La otra bolsa contenía la cabeza
y los brazos. La bolsa que contenía la cabeza de Holly fue
encontrada a gran distancia de la primera bolsa. Había sido
hundida con dos pesas de 2,5 kilos cada una, pero había flotado
desde el punto donde se había hundido en el lago Ontario.
Pudo haber sido la corriente, el viento, o tan sólo la suerte,
pero cualquiera que fuera la razón, el asesino de Holly nunca
pensó que el cuerpo iba a ser encontrado a tan sólo
14 horas de haber desaparecido.
Y así, el 20 de mayo, cientos de ciudadanos
se reunieron en la iglesia católica románica de St.
Vicent de Paul para velar a la pequeña que debía estar
en casa con sus padres o jugando con sus amiguitas. El 20 de junio,
un mes después del rapto, Michael Briere, de 35 años,
un diseñador de software, que vive cerca de la residencia
de los Jones, fue arrestado y culpado por la muerte de Holly.
El detective sargento Al Comeau dijo: "Aunque
el caso todavía tiene que llegar a la corte, no puedo comentar
sobre la investigación, sólo puedo añadir que
es el caso más horrendo en el que jamás he participado.
La información proveniente del público, así
como el trabajo de los perros policías, contribuyeron al
arresto del sospechoso". Comeau confirmó, también,
que había sido localizada la escena principal del crimen.l
Ilustraciones: David Márquez
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