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Miedo al volante

La amaxofobia es una patología mental y emocional que consiste en sentir pánico al conducir un vehículo. Según estudios recientes las mujeres están más propensas a padecerla. Pablo Blanco

Manejar en una ciudad como Caracas puede generar unos niveles de angustia que, según los especialistas, son “normales”, dada la habitual congestión de las vías y la manera —no siempre más adecuada— en la que conducen algunos individuos. No obstante, existe una línea delgada que divide esta ansiedad de la enfermedad. Cuando se traspasan esos “límites de velocidad mental” se está ante un caso de amaxofobia. El término proviene del griego amaxo = carruaje y phobos = miedo. Se le conoce también como miedo a conducir. Luis Madrid, médico psiquiatra, explica que  esta enfermedad mental contiene las tres características básicas de toda fobia.  
“Se trata de un miedo intenso, irracional (porque no obedece a ninguna situación que represente un peligro real tangible) e irreductible (ya que no se puede disminuir a través de la argumentación lógica). Algunos autores europeos definen que este temor también puede desplazarse a otro tipo de vehículos como motos, bicicletas, patines y patinetas”.

Según lo expresado por el especialista, los factores que causan la enfermedad son múltiples.“Los primeros candidatos a sufrir de amaxofobia son aquellos frecuentemente  descalificados por los demás en cualquier tipo de ejecución cotidiana. Son susceptibles, de igual forma, las personas ansiosas, temerosas, tímidas,  dependientes, desconfiadas y obsesivas. El mal se presenta, también, en mujeres que hayan sido víctimas de violencia doméstica”. 

Aclara Madrid que, fuera de las causas de orden psicológico, existe un componente biológico en algunos amaxofóbicos, el cual tiene que ver con dos aspectos: un descenso de serotonina en su  lóbulo frontal del cerebro, que es el área donde se encuentra el control social de las emociones, o bien el tener una mayor cantidad de receptores de adrenalina. Esto último, según el especialista, genera esos ataques de miedo en los que se presentan sudoración, palpitaciones, dolor de barriga y la sensación de que se va a perder el control.

“Sumado a todo esto se encuentra lo que se conoce como ambitendencias; conductas que tienen que ver con el miedo a una posible descoordinación de las acciones al manejar un vehículo, como, por ejemplo, pisar el freno en lugar del acelerador. Son temores que llevan a la persona a tener, realmente, un accidente”.     

Por cada conductor dos conductoras  
El especialista consultado, basado en estudios internacionales, asegura que de 1,2 a 6 por ciento de la población mundial sufre de amaxofobia. De ese total, por cada hombre que la padece hay dos mujeres. En ellas, generalmente, la fobia se manifiesta a partir de los 25 años, en ellos, casi siempre, después de los 30. Agrega el psiquiatra que 40 por ciento de la población masculina amaxofóbica  ha tenido, por lo menos, un accidente de tránsito, lo cual se repite sólo en 25 por ciento de las féminas pertenecientes a este universo de personas. “Esto quiere decir que en los hombres este mal es más reactivo o postraumático y en la mujer más endógeno o interno”.

En un artículo publicado en la versión electrónica del diario español El Mundo (www.elmundo.es) se reflejan las cifras aportadas por el Instituto Mapfre de Seguridad Vial, las cuales indican que el  porcentaje de mujeres que padecen de amaxofobia en ese país (64 por ciento) es, prácticamente, el doble que el de hombres (36 por ciento). Por otro lado, en el sitio web www.saluddominicana.com se menciona que “los hombres parecen más reacios a admitir su miedo a conducir, el cual suelen transformar en agresividad. Si van asustados al volante culpan a los demás de sus propios fallos”. En cuanto a la mujer se explica que, por lo general, es aquella que pasó mucho tiempo sin manejar  y, por alguna necesidad, debe retomar esa actividad. 

Tipos
Amaxofobia primaria: Se da en plena adolescencia, época en la que, usualmente, se aprende a manejar. Sin ningún antecedente traumático la persona comienza a tener miedo a montarse en el vehículo.

Amaxofobia secundaria: Aparece en individuos que han tenido accidentes de tránsito. Aunque también se da en quienes han presenciado un choque, o en los que han sido oyentes de una explícita narración de este tipo de hechos. 

Amaxofobia concurrente: Es la que forma parte de los síntomas de otra enfermedad. Es muy común que se dé en los pacientes que sufren trastornos de pánico. 

Amaxofobia en pacientes obsesivo-compulsivos: La obsesión que se tiene de que se va a chocar tiene como respuesta la compulsión de no manejar.

Amaxofobia situacional: Se presenta sólo cuando el paciente debe conducir en situaciones específicas, como: bajo la lluvia, de noche, en pendientes y  con pasajeros como niños o personas mayores.  

Amaxofobia delirante: Es la menos frecuente. El sujeto piensa que el carro puede tomar vida propia o que le quieren hacer algún daño y le pusieron una bomba.

Rasgos internos
de los amaxofóbicos

Amaxofóbicos de ejecución: Son aquellos que tienen temor a cometer una imprudencia y producir un accidente, por negligencia o distracción.
Amaxofóbicos por acción externa: Se piensa que los demás son los que no manejan bien o que, incluso, hay una intención maliciosa del otro al conducir.    
Amaxofóbicos afectivos: Por lo general tienen una autoestima baja, sufren de depresión crónica y tienen poca capacidad de respuesta. 

Ruta a la recuperación 
Madrid menciona que la alternativa más empleada para tratar los casos de amaxofobia es la terapia cognitivo-conductual, que puede ser aplicada por cualquier psiquiatra o psicólogo clínico. “La misma consta de varias fases. La cognición está referida a la terapia verbal; se va desarticulando la asociación de la situación de amenaza con la actividad de conducir, se trata de reformular los esquemas que tiene el paciente en cuanto a manejar un carro, y se incorporan ideas nuevas y sanas.  La siguiente fase consiste en indicarle al paciente practicar, bajo un estado de relajación, una visualización de las situaciones en las que comienza a sentir los síntomas, con la finalidad de que vaya asociando la imagen con un estado placentero”. 

Explica Madrid que, cuando la ansiedad es muy intensa, el psiquiatra receta medicamentos que aumentan los niveles de serotonina. “Por lo general, los mismos tardan varios días en actuar. De allí que mientras surten su efecto se evita que el paciente conduzca. Finalmente se llega a lo que se conoce como la fase de sensibilización en vivo: gradualmente el paciente va llevando a cabo acciones que tengan que ver con manejar un vehículo”.  l

pblanco@eluniversal.com

 

 

EN LA VIA CONTRARIA

La amaxomanía y la dromomanía son enfermedades mentales de síntomas totalmente opuestos a los de la amaxofobia. “La primera es la compulsión a manejar; se trata del clásico personaje que se ofrece para servir de chofer a todo el mundo. La segunda está compuesta de la palabra griega dromo que significa ‘carrera’ y manía, que en el argot psiquiátrico tiene que ver con la afición a hacer algo repetidamente. Lo cual explica que esta patología mental y emocional tiene que ver con esa afición a manejar a altas velocidades. Los individuos que la padecen tienen todo un ritual con los vehículos; los decoran en exceso y cambian, frecuentemente, su equipo de sonido y sus cauchos. Acostumbran, también, a hacer ‘piques’ en las autopistas o procuran irse de viaje con la finalidad de recorrer largas distancias. Todo esto dispara en ellos sensaciones agradables que hasta pueden tener connotaciones sexuales. Se trata de pacientes con trastornos explosivos de la personalidad; o sea, que tienden a no controlar sus impulsos. Necesitan excitarse con estímulos sumamente riesgosos para sentirse bien. En cuanto a lo biológico, se caracterizan por tener bajos niveles de adrenalina, razón que los lleva a buscar activar su producción. Los dromomaníacos son más propensos a sufrir un accidente de tránsito y, por lo general llegan al consultorio cuando ya es demasiado tarde”.

Fuentes consultadas: Luis Madrid, psiquiatra y profesor de psicopatologia de la UCV.  www.elmundo.es  www.amaxofobia.com

 

 
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