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¿Qué mi hijo tiene
Coxsaquéeeee?

Con un nombre que suena a comiquita japonesa, aunque en realidad se debe al hecho de haber sido identificado en un pueblo de Nueva York, Estados Unidos, el virus Coxsackie es más común de lo que una mamá pudiera pensar cuando el pediatra se lo diagnostica a su hijo, advirtiéndole entonces que con esta enfermedad —aunque no suele ser grave— llorarán todos en la casa. María Elisa Espinosa

Todo estaba bien: Pablito comía con un apetito que muchos padres quisieran para sus hijos, jugaba lo usual, se cepillaba los dientes a sus horas, dormía a todas sus anchas y profundamente… hasta que de repente todo cambió. Pablito se hizo irritable, cualquier cosa le molestaba, ni hablar de la comida. En cuestión de horas, aquel niño feliz y reilón no paraba de llorar. De su boca se desprendía una baba que se pensaba había pasado a la historia tras cumplir su primer año de edad. Nada lo consolaba, ni a sus padres tampoco.

Bastó una visita de urgencia al  pediatra esa misma tarde para develar el misterio de tan brusco giro de timón en el comportamiento del niño. “Está claro, su hijo tiene Coxsackie”. “¿Coxsaquéeeeee?”, fue la pregunta desesperada de la madre. “Coxsackie, señora. O en el caso más específico de su niño, la enfermedad que llaman de ‘mano-pie-boca’. Es decir, una variante de este virus. Pero no se preocupe, no es grave. Como viene, se va”, explicó el médico.

Todo un descubrimiento para los padres de la criatura. Y así, para muchos otros que se estrenan en la rutina de los contagios de virus tan recurrentes en la población infantil, y muy particularmente en aquella que coincide de lunes a viernes en las guarderías, preescolares y colegios, donde al menor acercamiento con un pequeño infectado, la posibilidad de enfermarse es casi una certeza.

En el caso del Coxsackie, su nombre se debe a haber sido detectado por primera vez en ese pueblo de Nueva York, en Estados Unidos. Se trata de un enterovirus (esto es: perteneciente a la familia de los virus que viven en el tubo digestivo de los seres humanos, tal como los echovirus, el virus de la poliomielitis y la hepatitis A). Entre sus características está la facilidad para contagiarse de una persona a otra a través del contacto con manos sucias o superficies infectadas con heces fecales (ambiente en el que el virus puede sobrevivir varios días), así como con el rocío expulsado al estornudar o toser. Generalmente lo padecen niños menores de 10 años.

Ahora bien, no hay demasiado que temer, de acuerdo con lo que explica el doctor Luis Miguel Raga, del Instituto Pediátrico de La Florida, en Caracas. “Pues este virus es muy común, especialmente cuando comienza el período escolar. Generalmente da con fiebres muy altas (entre 39° y 40° C) por 3 o 4 días, el niño bota mucha baba y se hace muy llorón, lo cual hace desesperar a todos en la casa. Es decir, es una enfermedad en la que llora el niño y llora la mamá también”, refiriéndose nuevamente a la manifestación más corriente de todas (mano-pie-boca o virus A-16), que se puede detectar revisando las plantas de los pies y las palmas de las manos para verificar si tienen burbujitas; mientras que en la boca le aparecen úlceras, o aftas, como se conoce en Venezuela ese tipo de llagas.

Que no cunda el pánico
La única verdadera complicación en esta variante del Coxsackie, según se extiende el pediatra, es el tema de las ampollas en la boca, que se manifiesta a veces en la garganta, encías y cara interna de las mejillas, por lo cual el niño se ve imposibilitado para comer o beber, pudiéndole ocasionar una eventual deshidratación si no se toman las precauciones del caso. Para evitar esto recomienda darle agua fría u otros líquidos o alimentos semilíquidos que refresquen al paciente. De resto, el especialista asegura que por tratarse de una enfermedad autolimitada (se cura al poco tiempo), tiene escasas complicaciones, y por ello no se debe caer en pánico.

El Coxsackie también se puede registrar exclusivamente con períodos de fiebre repentina sin presentar ningún otro síntoma. En la mayoría de los casos, las altas temperaturas pueden durar alrededor de tres días y merman, apareciendo y desapareciendo nuevamente sin que siquiera los padres o el médico hubieran podido detectar que se trataba de este virus. Asimismo, se puede expresar como herpangina; es decir, una infección de garganta que se manifiesta con úlceras y ampollas rodeadas de un anillo rojo en las amígdalas y el velo del paladar. Además se puede presentar como pleurodinia, o enfermedad de Bornholm, por la que se producen espasmos dolorosos en los músculos del pecho y la parte superior del abdomen (en el caso de un paciente varón, se suma a todo esto un dolor en los testículos). Y finalmente, el Coxackie se puede registrar como conjuntivitis hemorrágica, una infección que afecta a la esclerótica.

En los casos más extremos, otras variantes distintas a la A-16 pueden provocar meningitis (infección de las meninges), encefalitis (infección del cerebro) y miocarditis (infección del músculo cardíaco). La buena noticia, según advierte el doctor Raga, un pediatra muy poco amigo de crear “terrorismo médico” entre los pacientes y sus padres, es que estas manifestaciones son, realmente, muy poco frecuentes. l

mespinosa@eluniversal.com

Fuentes consultadas:
www.kidshealth.org
www.pediatraldia.cl
www.health.state.ny.us

WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/AUSLOESER

PARA TOMAR EN CUENTA

No hay ninguna vacuna para prevenir una infección por virus Coxsackie, así que la mejor prevención es lavar con frecuencia las manos, especialmente después de haber ido al baño, haber cambiado los pañales, antes de las comidas y antes de prepararlas.
Los juguetes que se comparten en guarderías y casas deben desinfectarse periódicamente, pues el virus tiene la facilidad de mantenerse vivo durante varios días.
Los pequeños infectados con el virus deben abstenerse de asistir a su guardería, preescolar, colegio o cualquier otro lugar donde coincidan con otros niños.
El tratamiento a la infección depende del tipo que se manifieste. Es posible que se receten medicamentos para atenuar los síntomas, entre ellos antipiréticos y analgésicos. Asimismo es fundamental hidratar muy bien al paciente.

CUANDO LLAMAR AL MEDICO

l Al presentar más de 38° C, en niños menores de 6 meses, y más de 38,8° C, en niños mayores de esa edad.
l Si el niño tiene falta de apetito.
l Cuando el niño presenta problemas para alimentarse.
l Si el niño tiene diarrea, vómitos, dificultad para respirar, convulsiones o somnolencia inusual.
l Si el niño presenta los siguientes signos, aun sin haber registrado altas temperaturas: dolor en el pecho o abdomen; úlceras en la piel o llagas en la boca; fuerte dolor de garganta y/o de cabeza; rigidez de cuello; ojos enrojecidos, hinchados y llorosos; dolor en uno o ambos testículos

 

FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/LILI K.

 
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