Hernán Gamboa
El cuatro
de Venezuela
se afina
en Miami
Aunque uno de sus anhelos latentes
es poder tomarse un sancocho
de morocoto con frijoles, preferiblemente en algún punto del oriente venezolano,
este virtuoso de las cuerdas todavía
no tiene entre sus planes regresar
definitivamente al país. No obstante,
nos visita, esta vez en calidad
de homenajeado por cumplir cincuenta años de trayectoria artística.
Aunque advierte que no es tan viejo. María Elisa Espinosa
En los oídos de Hernán Gamboa medio siglo “suena así como bastante”, por lo que de inmediato hace la acotación: “Lo que pasa es que yo comencé muy temprano, a los 10 años, e incluso antes, cuando cantaba con mi papá”.
Claro que no se trataba de cualquier papá, sino del gran músico y compositor popular Carmito Gamboa, con quien desde muy pequeño Hernancito anduvo por el interior del país descubriendo y dando a conocer un virtuosismo con el que pocos nacen, y entre ellos él.
A Hernán Gamboa se le ha llegado a comparar con el maestro Freddy Reyna, y no por exageración de quienes lo han decidido elevar a tamaña categoría de músico. Allí está como parte de su currículum su capacidad para —con apenas 15 años de edad— haber creado una técnica de ejecución del cuatro que llamó “rasgapunteo” (unificar en una misma norma la armonía, la melodía y el ritmo en el momento de interpretar una obra), lo cual ha sido de enorme provecho para las generaciones que le han sucedido.
No en vano a Gamboa lo siguen llamando “El cuatro de Venezuela”, a pesar de que vive en Miami, Estados Unidos, desde hace ya 14 años, y desde donde acaba de llegar para ser objeto de un homenaje —hoy, en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto de Ciudad Bolívar—con el que amigos y admiradores le han querido celebrar estos cincuenta años de entrega a la música y la poesía. O, mejor decir, “la poesía musicalizada”, tal como describiera su trabajo a través de la línea telefónica semanas antes de su llegada a Venezuela:
No sólo la música, sino además la poesía, han sido algo esencial en su vida como artista, ¿es así?
“Sí, precisamente en Barinas, cuando a los 10 años ganamos con mi papá y su grupo el Festival Nacional de Música Venezolana, tuve la oportunidad de conocer a Pablo Neruda y eso me marcó mucho para lo que ha significado después el trabajo que he realizado de musicalizar a los poetas, un trabajo que nadie ha hecho en el mundo. Yo he musicalizado a más de 40 poetas venezolanos, además de los propios versos que he compuesto. Inclusive, acá en Miami, en febrero pasado, presenté una recopilación en CD de todas esas musicalizaciones y lo bauticé Juglarías, pues, básicamente, eso es lo que yo he sido siempre: un juglar, como aquellos de los siglos XVI y XVII que recogían los versos y los cantaban por las calles”.
¿Cuándo y por qué se fue para Miami? ¿Por qué Estados Unidos y no otro país?
“Yo me vine en 1992 básicamente por el problema de una enfermedad muscular bastante seria que tenía mi hijo Rodrigo. En Venezuela no me decían cuál era el problema, y aquí fue donde lo descubrieron, así que nos vinimos y hemos continuado porque es en Miami donde ha recibido una extraordinaria atención. Luego de eso, me quedé como Agregado Cultural del Consulado de Venezuela por seis años, aunque eso no significa que yo no haya tenido mi pasión como la tengo por Venezuela y que no haya trabajado como he trabajado desde aquí por mi país. Yo dificulto realmente que haya habido otra persona que haya difundido más la cultura venezolana acá como lo he hecho yo, tanto cuando estuve en funciones diplomáticas como ahora que trabajo como coordinador cultural del Instituto Técnico de Nuevas Profesiones”.
¿Cómo ve desde afuera lo que se está haciendo de música en el país? ¿Apoya la Ley Resorte con respecto a lo que contempla en materia de promoción de música tradicional venezolana?
“Por supuesto que estoy enterado de todo eso, y tengo que decir que lo apoyo. Cuando el célebre decreto del 1x1 yo fui uno de los abanderados junto con otros artistas como Reinaldo Armas, Aldemaro Romero y Chelique Sarabia, a quienes por cierto entonces no nos fue muy bien, porque las emisoras nos pasaron factura. Parece mentira, pero fue así. De tal manera que yo lo apoyo, aunque también te digo que es una lástima que se tenga que imponer una reglamentación para que se radie música nacional. Eso debería ser una cuestión de conciencia”.
¿El Norte sigue siendo una quimera para los artistas venezolanos?
“Sí, el Norte es una quimera (risas). Es una quimera, es realmente muy difícil”.
¿Qué aportes le da la cultura “mayamera” a su vida, y viceversa?
“Puedo hablar de mi experiencia en ese sentido desde que llegué para acá y comencé con el proyecto El mundo en cuatro cuerdas, en el que grabé todo tipo de música internacional con el cuatro (un CD, por cierto, que obtuvo una nominación al Grammy). Me dolió mucho cuando, poniéndome a revisar las bibliotecas públicas y de las universidades, no encontré nada de Venezuela, si acaso un libro de Guillermo Meneses. Así que lo primero que hice estando en el consulado fue dotar de nuestros libros a las bibliotecas y universidades”.
¿Se podría decir, entonces, que Hernán Gamboa le ha dado más a Miami, que Miami a Hernán Gamboa?
“Bueno, yo pienso que le he dado, no voy a negarlo. Yo le he aportado mucho a Miami. He tenido una actividad aquí, creé una coral de niños venezolanos que estaban hasta entonces, totalmente desvinculados de su país y los presenté por todas partes. Ese hecho, por ejemplo, ya es importante”.
¿Pero qué ha hecho Miami por usted?
“A mí me ha retribuido altamente, tengo reconocimientos… Es más, a mí me otorgaron las llaves de la ciudad del condado de Miami Dade como personalidad relevante; tengo reconocimientos de alcaldías, universidades, de organizaciones no gubernamentales y gubernamentales, porque he hecho un trabajo constante… Mira, la gente me ve aquí, honestamente, como un representante, como un embajador de Venezuela, porque ellos sienten que yo he realizado este trabajo continuo en apoyo a la música venezolana, a la literatura, a la pintura, a la artesanía… Y en esa parte yo no voy a ser poco modesto. Porque no, porque tengo que decir que realmente sí he hecho un trabajo reconocido”.
¿Qué tanto se ha alienado Hernán Gamboa en ese ambiente de consumismo que caracteriza a Miami?
“En absoluto. Y yo creo que eso tiene una razón de ser: No te olvides que yo nací en un campamento petrolero (San Tomé, Estado Anzoátegui) y allí me crié con todas las cosas que puede tener Miami: una buena escuela, un buen hospital, calles asfaltadas, servicios públicos perfectos, canchas de golf, cines, teatros… Todo eso tenía San Tomé, se comía la manzana importada, se tomaba leche Klim... De tal manera que yo, honestamente, cuando llegué aquí no sentí ningún choque”.
¿Qué opina de los premios de música latina que entrega la industria estadounidense?
“Me parece muy bien, aunque a veces están demasiado parcializados; hay mucho de mexicano, de salsa, de merengues, de cosas de esas… Quizás por eso no obtuvimos el premio cuando fuimos nominados (risas), pero ya el hecho de haber sido mencionado fue importante, y sobre todo al haberse reconocido el cuatro”.
¿Qué significa hoy Serenata Guayanesa para Hernán Gamboa?
“Fue una experiencia extraordinaria. No te olvides que Serenata Guayanesa surge cuando desapareció el Quinteto Contrapunto y llenó ese vacío. Y para mí fue algo muy lindo desde el punto de vista de que nosotros dimos a conocer mucha música que estaba prácticamente extinguida. El mismo calipso de El Callao no se conocía hasta que lo grabamos nosotros… Estuve allí 15 años, pero me deslindé porque los objetivos que nos habíamos trazado ya se habían logrado: el primero, rescatar y difundir la música guayanesa; el segundo, rescatar y difundir música de Venezuela que estaba perdida; el tercero, hacer música para los niños; y el cuarto, el rescate del aguinaldo… Y luego llegó el momento en que quise involucrarme más en la internacionalización del cuatro y de mi proyecto personal con relación al cuatro, aunque tampoco voy a negar que sí hubo divergencias personales (con los otros integrantes del grupo), pero me siento satisfecho porque fue una experiencia muy positiva”.
¿Cómo suena para usted seguir siendo considerado “El cuatro de Venezuela” viviendo, no obstante, en Miami?
“Bueno, me parece muy hermoso que me sigan considerando así y que me vean como una referencia de Venezuela en el exterior. Eso es muy lindo”.
¿Y cómo ve desde allá a las nuevas generaciones de cuatristas venezolanos?
“Las veo desde allá, desde aquí y desde donde sea, como algo maravilloso. Yo siempre he dicho, y lo ratifico: con relación al cuatro, ya yo puedo morir tranquilo. Primero, porque la técnica que creé se conoce en todas partes; segundo, he sido la persona que más ha difundido el cuatro en el mundo; y tercero, ha quedado una generación de relevo (incluido mi ahijado Cheo Hurtado, mi hermano Noel y mis hijos Rodrigo y Hernán José) que —como dije cuando estuve en noviembre pasado en el Festival La siembra del cuatro— ya no es una siembra, sino que es una cosecha. Con todo eso, no te queda más que concluir: ¡Todo esto es maravilloso!” l
mespinosa@eluniversal.com
Cam-bur-pin-ton…
¿Qué es lo que más extraña de su país?
“La gente”.
¿El sonido que menos le gusta?
“El ruido”.
¿Y el más hermoso que ha escuchado
en toda su vida?
“El mar amaneciendo”.
¿Cuál antojo de Venezuela le gustaría
satisfacer ahora mismo?
“Un sancocho de morocoto con frijoles,
como lo hacía mi mamá”.
¿Cuál es el objeto más tonto que atesora?
“Ninguno es un objeto tonto; todos
son recuerdos de mis hijos y mi mamá. Definitivamente, no son tontos”.
¿A quién le gustaría leerle el pensamiento hoy?
“A Pedro León Zapata”.
¿Qué le hubiera gustado inventar además del rasgapunteo?
“Otra técnica para el cuatro”.
¿Qué capítulo de su historia borraría?
“Cónchale, todos han sido bonitos”.
¿Cuál es la palabra que mejor describe
a Venezuela?
“Unica”.
¿Y dónde quisiera estar precisamente ahora?
“(Risas) ¡Qué difícil! ¿Sabes? Para responderte eso voy a citarte una canción que compuse cuando llegué a Miami, se llama El Emigrante: Pobre del que emigra, que denigra de allá y de aquí y no es feliz ni allá ni aquí. Y pobre del que se va con un adiós, un triste adiós y el corazón partido en dos. Así que cuando tú me preguntas eso, definitivamente a uno se le parte el corazón en dos. Ahora bien, yo quisiera estar en mi país, específicamente en oriente, Al calor de tu arrullo, como aquella canción de Chelique Sarabia”.
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“Ella vive en mi”
“Nunca me he ido de Venezuela, ella vive en mí. Mi país ocupa todas mis horas de conciencia mientras permanezco despierto”, asegura Hernán Gamboa desde la ciudad norteamericana más parecida a Latinoamérica. Y desde allí, por cierto, explica por qué en su momento llegó a rubricar una carta de la intelectualidad vernácula solicitando la realización en Venezuela del referéndum revocatorio presidencial: “Firmé porque me pareció que era lógicamente justo”. Pero, además de eso, no ha parado de producir música: Venezuela linda, Valses venezolanos, Raíces y motivos (junto al también músico venezolano radicado en Miami, Juan Carlos Salazar), Sentir de mi tierra (que presentará en esta visita al país) y su disco número 46 (según las cuentas que saca, incluyendo aquellos que grabó con Serenata Guayanesa), acompañado en esta oportunidad por el violinista uruguayo Federico Britos. “Este último lo acabamos de presentar aquí; lo bautizamos Tangos en 3x4 porque se hizo con tres instrumentos de cuatro cuerdas cada uno: el violín, el cuatro y el contrabajo”, detalla Gamboa sin olvidarse de destacar que, a lo largo de estos 50 años por el mundo, ha llevado el cuatro a más de 60 países”. Toda una proeza para este anzoatiguense adoptado por Guayana, primero, y por Miami, después. |
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