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Claves para un bronceado
seguro
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Evitar o disminuir la exposición al sol en el horario
de 10:00 am a 4:00 pm.
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Usar protector solar de Factor de Protección 15 en
adelante. Incluir zonas como labios, nariz y orejas, por su
alta sensibilidad a las quemaduras.
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Reaplicar el producto de protección cada dos horas,
principalmente luego de salir del agua o de excesiva transpiración.
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Adquirir el bronceado en forma gradual. Comenzar con exposiciones
utilizando factores de protección más altos
y luego ir disminuyendo a factores cada vez más bajos.
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Protegerse de las superficies reflectoras de la radiación:
agua, arena, nieve.
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Evitar la exposición a lámparas o camas solares.
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Usar protectores incluso en los días nublados porque
parte de la radiación ultravioleta atraviesa las nubes
y es suficiente para provocar daños cutáneos.
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Enseñarles a los chicos sobre los peligros del sol.
Evitar la exposición de los recién nacidos,
hasta por lo menos los seis primeros meses, procurando exponerlos
gradualmente en las primeras horas de la mañana o últimas
de la tarde. Extremar los cuidados especialmente hasta los
tres años. Las precauciones no deben pasarse por alto
porque el daño solar es acumulativo.
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Usar sombrero o visera y lentes de sol.
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Recordar que ciertos medicamentos pueden producir fotosensibilidad
y alergias cuando se está expuesto al sol. Antes de
empezar las vacaciones conviene preguntarle al médico
sobre las contraindicaciones.
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Las embarazadas deben evitar tomar sol porque pueden ser propensas
a la aparición de manchas solares, conocidas como cloasma.
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Usar tratamientos postsolares. La piel expuesta al sol se
seca y pierde agua y minerales. Rehidratarla con geles postsolares
y beber abundante cantidad de agua.
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Cuando calienta el sol
Eliana Galarza
Todo lo que hay que saber para protegerse
del sol. Qué tener en cuenta al elegir un protector solar.
Las precauciones que hay que tomar.
"Tomé sol durante años,
aunque nunca fui de tirarme horas en la terraza: no soporto el calor.
Pero hace un tiempo me empecé a manchar. Fui a un dermatólogo
y el diagnóstico fue que mi piel tenía exceso de sol...".
La que habla es una veterana actriz, dueña de un cutis que
parece no cumplir años; ella es una de las tantas mujeres
que cambiaron definitivamente su posición frente al bronceado.
Antes vivía el verano a cara descubierta, en busca de esos
rayos que le dieran un tono atractivo, y ahora -después del
susto que le dio el dermatólogo- siempre tiene a mano una
crema protectora y un saludable sombrero de ala ancha.
Ya nadie ignora que tirarse a tomar sol como un lagarto es sólo
bueno para los lagartos. Según los expertos, el 90 % de los
casos de cáncer de piel se producen por causa de sus radiaciones
y nadie quiere ser parte de esa estadística. Benignos (después
de todo ayudan a sintetizar vitamina D), los rayos solares en exceso
son peligrosos porque, junto con la luz y el calor, emiten además
tres tipos de radiaciones ultravioleta. La UVB, que puede provocar
quemaduras graves, la UVA, que broncea sin enrojecer la piel, y
la UVC, dañina e incompatible con la vida animal y vegetal.
Afortunadamente, ninguna de ellas llega a nuestra piel en forma
directa. Primero atraviesan la capa de ozono, una formación
gaseosa, muy dinámica, que modifica en parte su influencia.
Los rayos UVB la atraviesan e inciden más en verano y al
mediodía. Los UVA tienen una intensidad constante durante
todo el año y son los que penetran en la piel en forma más
profunda. Los UVC son filtrados por la capa y ni se asoman por la
superficie terrestre. Menos mal.
"A partir de esas manchitas, que se transformaron en pecas,
ahora estoy al aire libre pero no tomo sol. Uso un protector factor
35 y ando siempre con sombrero. Otra cosa es que armé equipos
de playa un tanto extraños: uso vestidos y camisas blancas
con telas cómodas y así me meto en el mar", remata
la actriz.
Encontrar alternativas para protegerse es la gran clave para mantener
la piel sana. La industria cosmética propone una batería
cada vez más amplia y especializada de productos con indicaciones
que abundan en siglas. El factor de protección solar (FPS)
es uno de los que más se usa para definir el grado de protección
que ofrecen. Los dermatólogos recomiendan el número
15 para cualquier tipo de piel. Y para los chicos, o para aquellos
que tienen un cutis muy blanco, de al menos 30.
¿De dónde surgen esos valores? Determinan cuánto
tiempo más puede exponerse una persona al sol antes de ponerse
colorada, gracias al filtrado de un cierto porcentaje (nunca la
totalidad) de rayos UV. Se considera que el FPS 15 deja pasar 1/15
parte de la radiación (alrededor de un siete por ciento);
es decir, que filtra el 93 % de los rayos. Y el FPS 2 bloquea 1/2:
un 50 %. Sólo así se entiende por qué un FPS
60 no protege el doble que un FPS 30, sino sólo un dos o
tres por ciento más. Pese a la exactitud de estos porcentajes
y a la buena voluntad de quienes fabrican cremas protectoras, estos
cuidados no son suficientes. No ofrecen la garantía total
frente a los rayos nocivos. Para cuidarse de verdad hay que tener
en cuenta una serie de factores que van desde la ropa hasta el modo
de aplicación de las diferentes cremas, emulsiones o leches.
Pasando por uno de los ítems más importantes: el horario.
Más allá de las tendencias que marque la moda, un
buen atuendo de playa se caracteriza por sus telas livianas, pero
de trama que no permita pasar rayo alguno. El nylon, por ejemplo,
habría que descartarlo porque no filtra nada. Cualquier equipo
playero, sin embargo, debe ser apenas un primer paso. A la ropa
hay que sumarle sombreros, filtros solares y anteojos oscuros. Parece
exagerado pero la mayoría de los dermatólogos coinciden
en que la mejor forma de enfrentar el sol es aplicando varias barreras
de protección a la vez. En cuanto al horario, de 10 de la
mañana a cuatro de la tarde se considera que es el segmento
del día más peligroso para exponerse: la intensidad
de los rayos en ese horario no perdona. El tiempo también
es vital cuando se trata de aplicar las cremas antisolares. Lo ideal
es que se coloquen media hora antes de la exposición y así
darles tiempo para formar una película más uniforme.
En todos los casos hay que repetir la aplicación cada dos
horas. La elección del FPS depende del tipo de piel. La Sociedad
Americana del Cáncer recomienda que:
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Las pieles pálidas (muy blancas, que siempre sufren quemaduras
solares y nunca se broncean) utilicen uno de, mínimo, 30.
l Las blancas (que primero se enrojecen
y toman un bronceado fugaz), 25 en las primeras exposiciones y 15
después.
l Las trigueñas -que generalmente
se broncean aunque también pueden sufrir quemaduras-, FPS
15.
l Y, por último, las pieles
morenas -las más oscuras, que siempre se tuestan y no se
queman-, 15.
Más allá del tono de piel, existen factores de riesgo
que hacen más peligrosa la exposición solar. Por eso,
tienen que cuidarse más las personas con:
l Más de 60 años.
l Piel y ojos claros, cabellos rubios
o rojizos.
l Heridas que no cicatrizan.
l Lunares que cambian de color,
forma, o tamaño. Ejemplo: un lunar que pica, duele o sangra.
l Lunares, manchas o verrugas.
l Aquellos con una historia familiar
que incluya cáncer de piel.
Para los chicos, vale una sigla fácil de recordar, la ABCs,
que imita a las primeras letras del abecedario. Según esta
regla, A significa alejarse del sol en horas del mediodía.
B, bloquear el sol con protección solar con FPS 15 o más
alto. C, cubrirse con una franela o una gorra. Y S, señalarle
a los demás (amiguitos u otros familiares) lo peligroso que
resulta exponerse al sol sin ninguna protección. Clarín
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