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La
pausa
que desvela
La apnea del sueño es un mal que
afecta a más personas de las que se piensa, y que reviste
mayor gravedad de lo que parece. Aprenda a identificar estos casos
para prevenir males mayores. Raúl
Chacón Soto
¿Qué es la apnea del sueño?
Es un grupo de trastornos graves en los que la respiración
se detiene repetidamente durante el sueño un tiempo lo bastante
prolongado como para provocar una desoxigenación sanguínea
y cerebral y aumentar la cantidad de anhídrido carbónico.
Se debe tener claro que se trata de una condición seria,
que se presenta con mucha mayor frecuencia de lo que se piensa,
y que es potencialmente mortal.
¿Cuáles
son los diferentes tipos de apnea del sueño?
Existen dos tipos: obstructiva y central. Se habla de la primera
cuando la interrupción de la respiración se debe a
una obstrucción de la garganta o en las vías respiratorias
superiores. En este caso, el aire no puede pasar por la nariz o
la boca de la persona a pesar de los esfuerzos por ella realizados.
Se está frente a la segunda, cuando la causa se encuentra
en una disfunción en la parte del cerebro que controla la
respiración. En otras palabras, el cerebro no es capaz de
enviar las señales apropiadas a los músculos para
iniciar el proceso de inhalar y exhalar.
¿Qué la
causa?
Si se trata de la obstructiva, ciertos problemas mecánicos
y estructurales de las vías respiratorias. He aquí
algunos ejemplos:
l Cuando los músculos de
la garganta y de la lengua se relajan durante el sueño y
bloquean parcialmente la apertura de la vía aérea.
l Cuando los músculos del
paladar blando en la base de la lengua y la úvula se relajan
y se hunden.
l En los obesos, cuando hay un
exceso de la cantidad de tejido en la vía aérea.
l Con una vía respiratoria
estrecha.
¿A quiénes
afecta?
La apnea del sueño parece afectar a familias enteras, lo
que es un fuerte indicador de que puede haber una predisposición
hereditaria a padecerla. En todo caso, la del tipo obstructivo se
presenta con mayor frecuencia en varones obesos, especialmente entre
quienes intentan dormir de espaldas. El riesgo de desarrollar esta
enfermedad se incrementa cuando se fuma, se abusa de las bebidas
alcohólicas o se sufre de una enfermedad pulmonar como el
enfisema.
¿Cuáles
son los síntomas?
Los ronquidos son el síntoma más frecuente -aunque
no todas las personas que roncan tienen apnea del sueño-,
y vienen acompañados de jadeos, ahogos, pausas en la respiración
y, en especial, despertares violentos. Se estima que pueden producirse
hasta 30 eventos de este tipo cada hora. En los casos graves, las
personas pueden sentir dolores de cabeza por las mañanas,
hipersomnia diurna (sueño excesivo durante el día),
y, lo que es peor aún, padecer de actividad mental disminuida
y de insuficiencia cardíaca y pulmonar. Esto ocurre porque
los pulmones no son capaces de oxigenar la sangre adecuadamente
ni de eliminar el anhídrido carbónico. Como se puede
inferir, la descripción de los síntomas debe hacerla
alguien que observe a la persona mientras duerme.
¿Cómo
se diagnostica?
Esta enfermedad suele diagnosticarse en sus fases iniciales, sobre
todo gracias a la información que aporta la pareja del afectado.
La confirmación del diagnóstico y la valoración
del caso (establecer si se trata de una de tipo obstructivo o central)
se realizan mejor en un laboratorio de estudio del sueño
-si bien cada día aparecen modernos dispositivos que permiten
hacer estudios en casa, como uno de Toshiba, por ejemplo, que permite
medir la profundidad del sueño a través de unos sensores
colocados en los dedos que son capaces de medir el pulso y la cantidad
de hemoglobina en la sangre-. En el laboratorio determinarán
cuál será el tratamiento a seguir. Existen varios
exámenes que ayudan a determinar si alguien padece esta enfermedad:
Polisomnografía:
Este examen registra diversas funciones del cuerpo durante el sueño,
como la actividad eléctrica del cerebro, el movimiento de
los ojos, la actividad muscular, el pulso, el esfuerzo respiratorio,
el flujo de aire y las concentraciones de oxígeno en la sangre.
Prueba de latencia
múltiple del sueño (MSLT): Sirve para medir
la velocidad con la que una persona se queda dormida. Quienes no
tienen trastornos del sueño suelen tardar un promedio de
entre 10 y 20 minutos para quedarse dormidos. Quienes lo logren
en menos de cinco minutos es probable que necesiten algún
tipo de tratamiento.
¿Cuáles opciones de tratamiento
existen?
Las terapias para quienes sufren de apnea del sueño se diseñan
específicamente para cada paciente, y dependerán,
entre otros factores, de la edad, del estado general de salud, de
lo avanzada que esté la condición y de la tolerancia
a ciertos medicamentos. Por lo general, estas son las opciones:
l La
administración de oxígeno puede resultar beneficiosa
en algunos casos, aunque no elimina la apnea ni evita la somnolencia
diurna. Los cambios de comportamiento y de estilo de vida pueden
llegar a ser factores vitales para la mejoría, sobre todo
cuando se está al frente de casos leves de apnea del sueño.
Se debe dejar de fumar, de beber, de tomar pastillas para dormir.
También es perfecto bajar de peso -en los casos de obesos
incluso una pérdida de 10 % es beneficiosa-.
ll Si
de lo que se está hablando es de apnea central, es bueno
recordar que existen unos instrumentos que ayudan a respirar mientras
se duerme. También es recomendable probar un cambio de postura,
ya que lo mejor es dormir de lado o boca abajo.
ll Agotados
los anteriores recursos, siempre quedan a mano los que están
relacionados con la fisioterapia o terapia mecánica. Existen
dispositivos similares a una mascarilla de oxígeno, que suministran,
a presión, una mezcla de oxígeno y aire a través
de la nariz. Por otro lado, los odontólogos fabrican unos
dispositivos dentales que suelen ser útiles para tratar la
apnea del sueño. Estos aparatos vuelven a colocar en su sitio
la mandíbula inferior y la lengua.
ll La
salida quirúrgica siempre es una última opción,
si bien muy pocas veces está indicada. La traqueotomía
se realiza raramente, y se ha preferido, en esas ocasiones, procedimientos
tales como intervenciones quirúrgicas comunes para extirpar
las adenoides, las amígdalas y los pólipos nasales;
la uvulopalatofaringoplastia -se utiliza para extirpar el exceso
de tejido de la parte posterior de la garganta-, la reconstrucción
quirúrgica de las deformidades de la mandíbula inferior
e, incluso, las intervenciones destinadas a tratar la obesidad.
l
rchacon@eluniversal.com
Fuentes consultadas: www.mmhs.com
Manual Merck de informacion medica general
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