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¿Cómo se imagina usted
el Cielo?
Sí, esa es la pregunta que Estampas ha lanzado al vuelo con la esperanza de que sus invitados dejaran entrever algo de sus íntimos paraísos. Se pidió, expresamente, que la imaginación fuera valiente. Ninguno ha pecado de cobardía. Raúl Chacón.
Fotos: Natalia Brand
Vicente Albarracin. Dramaturgo y director de Radio Rochela
Yo estuve en el cielo “En una ocasión estuve muy cerca del cielo. Y no fue, como pueden suponer, en un terrible accidente cuando dicen que pasa toda la vida por delante, ni mucho menos al borde de la muerte en un quirófano donde dicen que se ve un túnel de luz y la mano de Jesucristo llamándonos con el dedo. No. La vez que recuerdo haber estado cerca de Dios, cerca de la Virgen, en medio del mismísimo cielo, fue cuando me tocó hacer de pastorcito en un nacimiento viviente en mi preescolar.
Así que puedo decir con orgullo que estuve en el cielo, y voy a tratar de describírselos. El cielo es un sitio increíblemente confortable, donde estás a gusto, cerca de Dios, de la Virgen, del Niño Jesús y hasta de los Reyes Magos. Pura gente bondadosa y amable. Nadie tiene malos sentimientos para nadie y mucho menos para un simple pastorcito que no tiene ni parlamento.
Luego, estás rodeado de la gente que más quieres, tus amigos del preescolar que te acompañan en el escenario, todos cómplices, todos riéndose y todos felices. Y tienes a tu familia completa reunida, quienes engalanados vienen a ver la magistral actuación del pequeñito de la familia. Mi papá no para de reír, mi mamá de llorar y mis hermanos de brincar por todo el sitio. Una reunión familiar sólo para verte. ¡Qué lujo!
También hueles todo el tiempo esas comidas ricas que esperan en el salón de usos múltiples para el gran festín que viene luego, mientras oyes música navideña, que es la mejor del mundo, y en un pesebre lindo, de colores vivos, con musgo, escarcha y muchísimas luces. Y además llevas con mucho orgullo el traje de pastorcito que cosió tu mamá la noche anterior. A ella, que está tan cansada, no le importó no dormir para que tú estuvieras vestido con el traje de pastorcito más bonito que jamás haya existido.
Y en todo este disfrute tú sientes una importante responsabilidad con tus compañeros, con los ensayos que hizo la maestra, contigo mismo y, por si fuera poco, con el nacimiento del mismísimo hijo de Dios. Una responsabilidad que no agobia, sino que te recuerda lo importante que eres.
Esto, créanme, es el cielo.
Lleno de cosas que adoro y que trato de repetir cada vez que puedo: familia, amigos, comida rica, buena música y esa sensación justa de trabajo y placer, cuando sientes que estás haciendo algo importante que además disfrutas a plenitud. Como cuando compartes echado en el sofá con tus amigos, cuando viajas en carro con tus padres ya viejitos, cuando estrenas una obra de teatro, cuando diriges un programa de televisión, cuando escribes un texto para una revista o cuando actúas como pastorcito en el nacimiento viviente de tu preescolar a los tres años”.
Jose Pulido.
Escritor
Ese cielo
“Hasta el ser humano más insensible y torvo se siente una partícula de algo enorme, que se evidencia con el cielo. Sincerémonos: no hay nada más grande. Ni siquiera se puede medir. Sólo podemos idealizarlo y creer que somos familia del firmamento, que estamos incluidos en su plan, cualquiera que este sea. Uno anda con el infinito por dentro, influenciado por tal enormidad. Si el cuerpo respondiera a esa sensación de infinito, uno viviría eternamente. Por eso es que el ser humano se niega a aceptar que la muerte es el final de todo. La muerte, una invencible y poderosa fumigadora, que se ensaña con tu cuerpo frágil y diminuto, pero que no le hace ni un rayón al cielo.
Para mí el cielo es un lugar sin dueños, donde seguramente hay millones de planetas habitados por bichitos como nosotros. Todos esperando un paraíso o un infierno después de la muerte. Porque la verdadera gran esperanza es esa: que el cielo sea como un condominio gratis y divino donde no existan molestias de ningún tipo y funcionen los ascensores. Sin embargo, a mí me gusta más la idea de que se puede renacer. Y me gustaría hacerlo en este mismo planeta, donde tengo la potestad de mirar el espacio desde mi punto de vista. Este lugar arbolario y divino, donde puedo minimizarlo todo en función del amor, preguntándole a mi mujer, apenas abro los ojos por la mañana: ¿qué vamos a hacer hoy, mi cielo?”.
Julie Restifo. Actriz
“Imagino un gran escenario habitado por músicos, actores, poetas, pintores, escultores, escritores, cada uno regalando su más reciente creación en una atmósfera lúdica, donde todos volveríamos a ser niños, algunos conservando un aspecto adulto, jóvenes y bellos. Por supuesto, todos volaríamos y la nostalgia sería la única tristeza”.
Alejandro Cañizales
Periodista y comentador del tránsito en Traffic Center
“Diariamente estoy en el cielo a bordo del helicóptero rojo de Traffic Center, y doy gracias a Dios por este privilegio: trabajo en el cielo. La pregunta no es sencilla, para mí, la cuestión no se resuelve en pocas palabras. El cielo… ¿Imaginármelo?... ¿Cómo es?... Aunque vivo horas de mi vida en el cielo, la respuesta da para mucho y mi imaginación es ilimitada. Entiendo que hay uno en el que floto, que es real, que siento y ya es parte de mi vida, y sí, existe el otro, que forma parte de mi mente, ese cielo que más de una vez fue protagonista de un sueño infantil sin límite y que a veces, a solas, ahora como adulto, me atrevo a imaginar… Si hablamos del cielo que conozco, el de Caracas, es un sitio donde encuentro paz, sosiego, donde mis sentidos se afinan y en donde reflexiono diariamente acerca de dónde venimos, quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos como gente y como país. Pero el otro, el soñado… lo imagino de colores intensos, mucho azul, mucho blanco, con praderas de un verdor único, con sabanas doradas e infinitas donde la luz es perfecta, donde el sol nunca duerme, donde se respira olor a hierba fresca y se siente siempre una brisa divina, un ambiente de total armonía. Al norte se ven, en el cielo del cielo de mi mente, los colores de un ocaso, al sur los azules de los mares más bellos del planeta, al este te puedes bañar en los ríos plateados de agua tibia y mansa, y, al oeste puedes caminar entre las montañas en senderos ciertos, seguros, encontrando en cada esquina los sueños y pensamientos más sublimes y más positivos… los sentimientos más nobles y gentiles de la gente que vive en la tierra”.
Ivan Loscher.
Locutor
El cielo (explicación para niñitos)
“El cielo es un espacio abierto que se extiende en todos los horizontes, si es que acaso no hay montañas.
Si por casualidad existiesen éstas, el cielo se ve más limitado en las direcciones señaladas.
El cielo por lo regular es azul, a menos que llueva.
Cuando cae la lluvia, el cielo es gris, así que deja de ser azul. Ello pone en entredicho el acierto afirmativo de que el cielo sea azul.
En esa singular hora que algunos llaman amanecer, y de hecho, en su contraparte, al caer la tarde, el cielo se torna rojizo o anaranjado, dependiendo de la época del año.
Ello contribuye, aún más, a dudar de que el cielo sea azul.
De hecho, en las noches, dícese que el cielo es negro, con puntos blancos y amarillos, si es que uno lo ve en el campo, y sin puntos, o muy pocos, si es que el observador lo hace en una populosa ciudad.
Cuando cae nieve, el cielo es blanco.
Así que, uno se pregunta, una y otra vez, ¿de qué color es el cielo? El cielo es del color que uno quiera.
Otra pregunta que se hace mucha gente es: ¿quiénes van al cielo? Al cielo, regularmente, van los astronautas… Al más alto de los cielos; ya que hay varios niveles de él.
A niveles más inferiores van los pilotos y aeromozas, con mayor constancia y, ocasionalmente, uno, cuando es pasajero.
Por lo demás, el cielo que nos prometen, no sé si existe, pero con una buena compañera, unos cuantos amigos y viviendo a la altura de tus pasiones, el cielo, querido amiguito, es un lugar en la tierra”.
Jorge Elias Atramiz Torres (Pichon)
Deportista extremo / Parapente
“Hablar del cielo es simple. Es azul, rojo, verde, amarillo, morado, negro, blanco, invisible. Es frío, es caliente, es húmedo, es seco.
Es el olor de algo que se quema, olor a nube.
Es una droga, es un remedio para la gripe, es un laxante natural, es un sedante (aunque pudiese alterar notablemente tu ritmo cardíaco).
Es una condición, no un sitio.
Es un pensamiento en los Himalayas, es un pensamiento en Caracas.
Es para algunos un techo, para otros un piso.
Es escuchar todo, es escuchar nada.
Es conseguir lo que imaginamos de inmediato.
Es ser tan pequeño como el más grande de nuestros problemas.
Es donde dicen que iremos si hacemos las cosas bien, aunque ya fuimos y volvimos; entonces para qué esperar tanto y portarse tan bien.
En realidad lo único que sé con certeza del cielo es que dicen que es azul, yo aún no lo sé...”.
rchacon@eluniversal.com
Ver también en Encuentros:
- ¿Cómo se imagina usted el cielo?
- Horóscopo predicciones 2005
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