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El optimismo
Un arma de doble filo

La personalidad y la actitud ante la vida son factores cruciales para mantenernos saludables, pero una disposición jovial no va más allá de eso. Para algunos, una dosis de pesimismo contiene más beneficios médicos. Del estrés positivo al optimismo letal, exponemos las nuevas reglas del juego de la inmunidad. Paul Raeburn


FOTO: WWW.LATINSTOCK.COM.VE/AGE/JAMES MC LOUGHLIN

Con cada nuevo acto, Brian se distanciaba más del pasado: su padre, un hombre explosivo y con frecuencia desempleado, lo rebajaba con adjetivos como “estúpido” e “imbécil”. Su vida en las calles, más allá del apartamento de la familia en un barrio, también había sido difícil. Al ser uno de los pocos chicos rubios en un vecindario de latinos y negros, sentía que debía ser duro y comportarse como un macho. No es extraño que Brian quisiera ser escritor: tenía muchas historias que contar. Pero también tenía problemas, como una patente falta de autoestima. Sin embargo, no carecía de tesón: terminó la universidad, obtuvo un PhD en literatura y consiguió una codiciada cátedra en una universidad. En la esposa que escogió (de amplia cultura y acaudalada), en los lugares en que pasaba las vacaciones (Hamptons un año, las islas griegas al siguiente), en los libros que leía (literatura, cosas experimentales), Brian se despojaba de su antiguo ser, capa tras capa, como si mudara de piel. Pero el núcleo permanecía, por lo que comenzó a escribir un libro sobre la vida en los barrios. Mientras más se empeñaba en esto, más compensaba su inseguridad con una ostentación vana y vacía, al punto de llegar a insistir en que su novela (siempre un trabajo “en construcción”) ganaría un premio Pulitzer. “Lee esto, es genial”, decía, obligando a sus amigos a escuchar algunos pasajes e ignorando la voz interna que le susurraba: “Este escrito es malo”.

Sin embargo, Brian realmente tenía talento: una importante casa editorial de Nueva York finalmente compró su novela, lo cual hizo realidad el sueño de toda su vida. Pero para Brian, aquello fue demasiado. “Al principio sólo parecía deprimido”, dice su ex esposa, Meg, quien presenció la caída a pique. Pero la depresión se convirtió en alcoholismo, luego en obesidad y finalmente en un padecimiento cardíaco. Cuando salió el libro, Brian estaba demasiado enfermo como para ir de gira de promoción.
La caída de Brian parece contradictoria: ¿no debería el éxito traer felicidad, potenciando el sistema inmunológico y mejorando la salud en general? No, según las investigaciones de psicólogos de la Duke University. Aparentemente, un gran éxito redunda en salud sólo para personas cuya autoestima está a la altura del mismo. Para alguien que tiene una pobre imagen de sí, como en el caso de Brian, sacar la pelota del estadio puede significar una carga para el sistema inmunológico, lo que contribuye a que el cuerpo caiga en la enfermedad. Por el contrario, aseguran los científicos de Duke, las numerosas personas como Brian se mantienen más saludables cuando su éxito es más modesto y tarda en llegar.

La investigación de Duke es apenas un ejemplo de un nuevo paradigma en la psiconeuroinmunología (PNI), el estudio del vínculo entre emoción, inmunidad y cerebro. Aunque desde hace largo tiempo hemos establecido una relación entre emoción positiva y salud, por un lado, y entre emoción negativa y enfermedad, por otro, varios estudios recientes añaden matices y sutilezas a estas ideas generales, demostrando que son correctas sólo parcialmente y erróneas en muchos casos. Algunos de los descubrimientos sorprendentes: el estrés puede potenciar el sistema inmunológico, haciéndonos más fuertes. Demasiado optimismo puede representar una fuga para el sistema inmunológico. Y la salud mejora cuando la autoestima y el éxito están sincronizados. Gracias a miles de nuevos estudios y a una mejor comprensión de la inmunidad, los expertos concuerdan en que el nexo entre emoción e inmunidad es sólido. Pero también es intrincado y está lleno de sorpresas que ofrecen un nuevo panorama sobre la naturaleza de la salud emocional.

El estrés saludable aumenta la inmunidad
El sentido común nos indica que el estrés es destructivo —¿quién puede discutirlo? Demasiado estrés aumenta la presión sanguínea y el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas. Algunos estudios asocian el estrés con la supresión del sistema inmunológico, además de un mayor número de episodios de gripe y resfriado.

Sin embargo, esta “regla” no se aplicaba a Rachel, maestra de educación especial con lupus, una enfermedad autoinmune. Sufrió una recaída pocos años atrás, durante los meses de verano, y para comienzos de septiembre aún se sentía tan cansada que no sabía cómo hacer para volver al trabajo. “Estaba mejor, pero me sentía como descargada, y pensaba que sólo la tensión del transporte público acabaría conmigo”, recuerda. Pero alentada por su médico, decidió regresar. Y en lugar de sucumbir bajo la carga, Rachel se recuperó. “Cada día era una dosis de energía”, comenta al explicar cuán bien se sentía si uno de sus niños lograba algún progreso o le daba un abrazo. “Mientras estuve de reposo, lo que hice fue congelarme”.

En el caso de Rachel, el flujo y reflujo del estrés diario, gran parte del cual en última instancia es gratificante, resultó ser un factor que fortaleció su salud. Los efectos perjudiciales del estrés se manifiestan “cuando el estrés es crónico”, explica Monika Fleshner, neuroinmunofisióloga de la Universidad de Colorado en Boulder. Es el estrés extremo y constante, durante un período de tiempo prolongado, el que deteriora el sistema inmunológico. Pero un “estrés de breve duración, en la mayoría de las circunstancias, en realidad fortalece la inmunidad. Todo tiene sentido a la luz de nuestro proceso de evolución. Cuando estamos amenazados o asustados, nos volvemos hiperalertas y estamos listos para escapar de lo que pudiera ser una situación de vida o muerte”, señala Fleshner.

Para demostrar este punto, la investigadora replicó este escenario con ratas en el laboratorio. Todas las ratas fueron expuestas a una infección bacterial, pero algunas también fueron sometidas a estrés al recibir descargas eléctricas en la cola. Las ratas que fueron infectadas y recibieron las descargas resistieron la enfermedad y se mantuvieron mucho más saludables que las ratas que no recibieron las descargas. Este descubrimiento quizás amerite ser divulgado en las salas de emergencia, donde los pacientes abrumados a menudo son tratados con fármacos contra la ansiedad. Este es el tratamiento estándar, pese a que si un paciente tiene una infección, reducir su ansiedad puede deprimir justamente la respuesta del sistema inmunológico que el paciente necesita para mejorarse.


FOTO: WWW.LATINSTOCK.COM.VE/AGE/JAMES MC LOUGHLIN

Encuentre su círculo social
Las personas que cultivan unas pocas amistades estrechas pueden tener una nutrición emocional tan rica como aquellas que pertenecen a redes sociales más extensas, ¿cierto? No necesariamente, investigaciones muestran que quienes tienen círculos sociales más amplios pueden ser literalmente más inmunes.

En un trabajo con estudiantes, los investigadores Sarah Presuman y Sheldon Cohen de la Universidad Carnegie Mellon encontraron que los estudiantes de primer año con redes sociales más extensas manifestaban una respuesta inmunológica más fuerte que aquellos en grupos más reducidos cuando les aplicaban una inyección con el virus de la gripe. Los investigadores determinaron que los estudiantes de primer año que dijeron sentirse solitarios produjeron menos anticuerpos que quienes no se sentían así. Los estudiantes de primer año solitarios con pocos amigos presentaban el nivel de inmunidad más bajo de todos.

El descubrimiento más interesante fue la distinción entre soledad y las dimensiones de la red social. Los estudiantes solitarios tenían una respuesta inmunológica más débil a uno de los componentes de la inyección, mientras que la respuesta inmunológica de aquellos con pocos amigos era más débil a otro de los componentes. Según los investigadores, el hecho de que el tamaño del círculo social y la soledad sean factores independientes que afectan la inmunidad está respaldado por la observación de que alguien puede tener muchos amigos y sentirse solitario al mismo tiempo. Para una respuesta inmunológica óptima, según parecen sugerir estos descubrimientos, tener unos pocos amigos cercanos simplemente quizás no sea suficiente. Los descubrimientos también podrían explicar por qué los estudiantes de primer año acuden a la enfermería con más frecuencia que los estudiantes con más relaciones sociales de segundo, tercer y cuarto año.

Mantener la autoestima y el éxito en sincronía
En otro sorprendente derrumbe de creencias sostenidas durante largo tiempo, las vacas sagradas de la autoestima y un éxito arrollador pueden amenazar la inmunidad en algunas personas. Específicamente, un gran éxito puede ser un riesgo de salud cuando la autoestima está baja. Es por ello que alguien como Brian, quien no tiene confianza en sí mismo, puede sufrir si el éxito es particularmente intenso y llega demasiado rápido. La autoestima, por su parte, puede ser un factor de riesgo cuando el logro no está a la altura de nuestras expectativas. El fenómeno, denominado “discrepancia interna”, ocurre cuando la imagen de una persona difiere notablemente de su verdadero ser, de la persona que quisiera ser o del desarrollo de los acontecimientos de la vida.

Para demostrar este punto, Timothy Strauman, jefe de la cátedra de Psicología en Duke, le hizo tres preguntas básicas a estudiantes saludables: ¿Qué clase de persona cree usted que es?, ¿qué clase de persona le gustaría ser? y ¿qué clase de persona cree que debería ser? “Si alguien dice: ‘Soy perezoso, pero pienso que debería ser trabajador’, eso es una discrepancia”, explica Strauman.

Las pruebas de sangre mostraron que los estudiantes con menos discrepancias tenían un mayor recuento de células T asesinas. Cuando los miembros de este grupo realizaban progresos acordes con su evaluación de sí mismos, su sistema inmunológico era más fuerte que el de los que no progresaban o los que avanzaban demasiado rápido. La inmunidad era óptima en aquellos con niveles altos tanto de autoestima como de éxito.

El golpe a la inmunidad, sugiere Strauman, puede venir de estar constantemente evaluando y luego modificando el comportamiento para alcanzar la meta —una alteración del fenómeno conocido como “autorregulación”. Cuando los esfuerzos iniciales por alcanzar la meta fallan, el estado de ánimo suele desplomarse, pero la motivación puede aumentar. Sin embargo, si el fracaso continúa, la motivación también se debilita. Mientras más alta esté la autoestima al principio, mayor será la probabilidad de que tanto el estado de ánimo como la motivación caigan dramáticamente.

La cura de la curiosidad
La relación entre buena salud y optimismo es ampliamente aceptada, pero los estudios muestran que el optimismo sazonado con la realidad surte mejor efecto. Varios investigadores de la Universidad de Harvard estudiaron a 1.041 pacientes y encontraron que los identificados como esperanzados (optimistas, aunque en definitiva realistas) tenían menos probabilidades de desarrollar diabetes, hipertensión, resfriados y gripes que los optimistas irrestrictos, quienes estaban convencidos de que triunfarían de todos modos. Los pacientes curiosos y escépticos, los que acosaban a los médicos con preguntas y escudriñaban Internet en busca de información, también fortalecían la respuesta de su sistema inmunológico.

La psicóloga Suzanne Segerstrom, de la Universidad de Kentucky, sugiere que algunos optimistas podrían presionarse con tanta intensidad que terminan estresando su sistema inmunológico y enfermándose. En un estudio publicado el año pasado, Segerstrom sometió a los optimistas a una prueba de aritmética estresante y encontró que presentaron una baja en su respuesta inmunológica. “Puede ser más exigente seguir trabajando en un problema que abandonarlo”, comenta. “Cuando los pesimistas encuentran situaciones difíciles, son más propensos a retirarse. Los optimistas tienden a seguir trabajando en ellas”. Como consecuencia de la lucha, su sistema inmunológico se debilita.

Tipo D: una personalidad asesina
Impaciente, ansioso y hostil, el individuo Tipo A ha sido considerado por años una bomba de tiempo ambulante, una especie de infarto a punto de ocurrir, en comparación con el Tipo B, que es más calmado. Pero ahora los científicos han identificado una personalidad incluso más letal: el Tipo D, un individuo cínico y hostil que también es inexpresivo, al mantener los malos sentimientos dentro de sí.

Mientras investigaban una posible conexión entre los rasgos del Tipo D y el riesgo cardíaco, psicólogos, un grupo de cardiólogos e inmunólogos realizaron un seguimiento a pacientes cardíacos masculinos de Bélgica durante un período de varios años. Los que tenían personalidad Tipo D eran mucho más propensos a sufrir infartos. Y el Tipo D predice el peor de los escenarios: cardiopatía coronaria. Los pacientes Tipo D tenían cuatro veces más posibilidades que otros de morir por esta clase de enfermedad.

Al buscar una explicación, los investigadores descubrieron que todos los pacientes cardíacos Tipo D tenían algo en común: un alarmante exceso del factor de necrosis tumoral (TNF-alfa), una molécula inflamatoria que producen las células del sistema inmunológico. Entre otras acciones destructivas, el TNF-alfa puede provocar rotura de la placa arterial. Esto puede obstruir la arteria o vena, una enfermedad denominada trombosis que puede provocar un infarto.

Otras investigaciones han descubierto que los individuos Tipo D también tienen células T asesinas que son menos activas y tienen menos capacidad de combatir las infecciones que las encontradas en individuos más expresivos emocionalmente. El hallazgo coincide con un gran número de investigaciones que vinculan la inhibición social con una inmunidad menos activa ante las enfermedades e infecciones.

La relación entre emoción y salud aún está siendo desenmarañada. Desde el papel sutil del estrés al arma de doble filo del optimismo, los estados emocionales influyen en la fortaleza de nuestro corazón, el ritmo con el cual envejecemos y la forma en que combatimos las enfermedades. Al igual que con la ciencia de la nutrición —donde un nutriente es considerado protector un día y perjudicial al otro—, la psiconeuroinmunología aún se encuentra en la adolescencia. Cuando se descifre el código, la PNI no será sólo un objeto de fascinación, sino también una herramienta de precisión para conseguir una vida más larga y saludable. l

 

Fortalecimiento por sudor

Durante años hemos sabido que el ejercicio moderado fortalece el sistema inmunológico: las personas que se ejercitan apenas 30 minutos al día son más resistentes a los resfriados y se recuperan más rápidamente cuando se resfrían. Pero el ejercicio, al igual que la personalidad, tiene un impacto más complejo en la inmunidad:

Cuando el ejercicio es prolongado y demasiado intenso, la inmunidad se debilita y la persona es más propensa a enfermarse. Los maratonistas siempre están combatiendo resfriados, y sus defensas pueden mantenerse bajas durante semanas o meses después de una carrera.

El sudor en realidad es un elixir de la juventud. No es un secreto que el sistema inmunológico se debilita a medida que envejecemos, pero un estudio realizado en Estados Unidos muestra que al hacer ejercicio, los ratones viejos fortalecen su sistema inmunológico, por lo que se parecen más a los jóvenes. Para quienes desean retrasar el envejecimiento del sistema inmunológico, el ejercicio moderado ayuda.

El tai chi, originalmente desarrollado por monjes taoístas para estimular la salud, puede potenciar nuestra inmunidad. Al combinar movimiento, meditación y una respiración especial, la práctica ha sido vinculada con un menor riesgo de enfermedades cardíacas, menos caídas en los ancianos e incluso cambios en los neurotransmisores y mejoras en el estado de ánimo.

Aunque los maratonistas suelen sufrir de una inmunidad disminuida, los ciclistas son la excepción a la regla de las grandes distancias. Un estudio reciente determinó que una persona puede conducir una bicicleta largas distancias a intensidad moderada sin debilitar el sistema inmunológico ni volverse más vulnerable a gripes y resfriados.

Establecer el termostato de su PNI

Encontrar la temperatura adecuada para el ánimo y la expresión requiere de un cuidadoso ajuste. Apenas crea que tiene el dial fijo en “saludable”, quizás deba correrlo un espacio más:

Si se siente molesto o frustrado, dígalo abiertamente. La represión social se asocia con un recuento menor de células T asesinas y más dificultad a la hora de combatir las infecciones. (Los pacientes con sida que ocultan su homosexualidad pueden tener recuentos menores de células T y enfermarse más que los que la revelan.) Pero exprésese de una manera agradable: la hostilidad puede incrementar su riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y apoplejía.

Cuando esté enfermo, relájese. El estrés moderado de la rutina diaria ayuda al sistema inmunológico, pero cuando usted está enfermo, ya está sometido a demasiado estrés y no necesita más. Cuando combata una enfermedad activa, trate de aliviar los factores de estrés que normalmente le mantienen alerta.

Una discusión con su cónyuge puede ser como correr en el parque. Después que las parejas casadas han pasado 15 minutos discutiendo temas en los que están en desacuerdo, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumentan y los niveles de células T asesinas se incrementan en patrones que recuerdan los observados durante sesiones de ejercicio moderado.

Las diferencias de sexo importan en la batalla. Las esposas tienen más propensión a experimentar endurecimiento de las arterias cuando infunden hostilidad a una discusión. Las arterias de los esposos no se endurecen por hostilidad, sino más bien debido a asuntos de dominio—cuando cualquier miembro de la pareja actúa de manera controladora durante las peleas, los corazones de los hombres corren más riesgo.

PSYCHOLOGY TODAY. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: JOSE PERALTA / FOTO: WWW.LATINSTOCK.COM.VE/AGE/CASA PRODUCTIONS





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