| Alíese
con el enemigo
Usted no puede escaparse del estrés mental.
Así que conviértalo en un amigo...
Recuerdo un gran alboroto cuando era jovencito
por una mujer que vivía en la misma calle y que se llevaron
en una ambulancia. “¿Adónde la llevan, mamá?”.
Al hospital, me respondió. “¿Por qué?”.
Colapso nervioso. “¿Qué es eso?”. Sin
respuesta. “Mamá, ¿qué es un colapso
nervioso?”. Aún sin respuesta. Así que dejé
de preguntar y me fui a mi cuarto a pensar en el asunto. Obviamente,
se trataba de algo importante que justificara todo ese alboroto,
algo grave, misterioso y propio del mundo de los adultos. De hecho,
a partir de los chismes de rigor durante la cena, me quedó
la impresión de que los colapsos nerviosos eran bastante
frecuentes.
Luego llegaron los años sesenta, cuando
se cayeron todas las caretas. La gente dejó de fingir y de
contenerlo todo, y los “colapsos nerviosos” se convirtieron
en cosa del pasado, o al menos el término, que fue sustituido
por los vocablos más asépticos de “depresión”,
“síndromes” o, en el extremo de la escala, “episodios”
sicóticos y de esquizofrenia.
Ya no hay tiempo para colapsos. En esta era
mercenaria tenemos que mantenernos en movimiento o morir, así
que padecemos nuestro sufrimiento mental sobre la marcha —ya
no estamos en capacidad de pasar por todo el proceso: ser transportado
de prisa al hospital con cara de aturdimiento y confusión,
para regresar más o menos un mes después aún
aturdido y confundido, posiblemente con los cabellos de punta debido
al tratamiento de electro-shock—. Ahora volvemos sonriendo
en una forma medianamente sobresaltada, como recuerdo que lucía
nuestra desafortunada vecina a su regreso.
Hoy en día esto se mantiene de bajo
perfil, aunque no por ello son menos intensos el estrés,
la depresión y la ansiedad que se suelen tratar —o
más bien suprimir— formalmente con antidepresivos e
informalmente, por supuesto, con garrafas de alcohol.
Ultimamente, sin embargo, me he estado preguntando
si no habremos actuado con celo excesivo. Si se maneja de manera
adecuada, un colapso puede ser un suceso muy saludable que, con
un tratamiento cuidadoso, puede conducir a un progreso. De hecho,
a menudo es un prerrequisito para cualquier gran esfuerzo encaminado
al crecimiento personal, permitir que se vengan abajo las concepciones
que nos hemos hecho de la realidad y que son tan restringidas que
nos resultan incómodas.
Desde temprano aprendemos a protegernos del posible dolor emocional
al que nos exponemos al tratar con otras personas, construyendo
muros que a corto plazo pueden ser convenientes, aunque a la larga
sólo nos encajonan. Desmantelar estas barreras es la única
forma de crecer y alcanzar todo nuestro potencial.
Un guerrero dedica un poquito de tiempo cada
día a tumbar estos muros de manera voluntaria, lo cual facilita
un efecto de válvula de escape y permite una pequeña
expansión del yo a medida que transcurren los días,
transformando así un colapso en un progreso.
La forma más eficiente de hacer esto
en medio del ruido y la bullaranga del agitado mundo moderno, tomando
todo en cuenta, suele ser la práctica diaria del hatha yoga.
En esta disciplina, al estirar los músculos, donde se almacenan
todos los recuerdos dolorosos y de asuntos no resueltos, la persona
literalmente se estira y de manera suave destruye las paredes erigidas
entre ella y el mundo, lo cual le permite crecer a plenitud.
Adicional o alternativamente, hay un punto
de acupresión en la parte superior de cada antebrazo, aproximadamente
a cinco centímetros del pliegue del codo, en la parte más
prominente del músculo. Ese punto, si es presionado con entusiasmo
y determinación por 30 segundos cada día en ambos
brazos, en una semana estimulará el resquebrajamiento de
energía negativa que nos limita y despejará el camino
para una expansión.
Obviamente, usted no evitará crisis
existenciales por el crecimiento a partir de este momento —habrá
días en que aquello que presiona desde adentro es sencillamente
demasiado grande y confuso para dejarle ir suavemente—, pero
esto le aportará una mayor flexibilidad que le acompañará
durante el proceso de pasar de colapso a progreso sin causarle daño
psíquico, emocional ni físico duradero. l
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