| Corregir
con amor
y firmeza
Los padres deben atacar los comportamientos
desagradables antes de que se conviertan en malos hábitos.
Marianne Neifert
Muchos padres piensan que una vez que su pequeño
arribe a los tres años de edad, vendrán tiempos mejores.
Después de todo, un chico de preescolar posee más
habilidades lingüísticas y motoras que cuando era un
bebé. Pero, por el contrario, mamá y papá a
menudo se decepcionan al darse cuenta de que surgen nuevos problemas
—como por ejemplo el decir malas palabras— antes de
que los viejos comportamientos —como patear— hayan desaparecido
del todo.
No obstante, lo que se percibe como una mala
conducta usualmente es algo apropiado desde el punto de vista del
desarrollo, si bien desagradable, por lo que es mejor asumirlo entendiendo
lo que yace detrás de dicha conducta. De esta forma, es más
probable que usted responda de manera constructiva y es probable
también que el niño entienda lo que se espera de él.
A continuación se ofrecen algunos de
los malos comportamientos de los chicos y la mejor forma de evitar
que se conviertan en malos hábitos.
Morder y golpear
Incluso los infantes de cuatro o cinco años pueden tener
problemas para expresar sus sentimientos de rabia y frustración
verbalmente. Como resultado, tienden a dar golpes, particularmente
cuando una situación se vuelve estresante. Y dado que la
actitud agresiva normalmente garantiza una respuesta inmediata,
es usual que los niños muerdan o golpeen para llamar la atención.
Qué hacer
l Aclare, de manera calmada pero
con firmeza, que lastimar a los demás es totalmente inaceptable.
“No debes morder. Eso hace daño. Cuando estamos molestos
lo expresamos con palabras”.
l Considere
imponer un receso, un breve período de aislamiento puede
ayudar a su hijo a retomar el control. Utilice este tiempo para
aliviar a la víctima. Nunca lo golpee o intimide (verbal
o físicamente); puede probar con suspenderle algún
privilegio, como quitarle la hora de ver televisión, en lugar
de aislarlo por un momento. Asegúrese de que tenga suficientes
momentos de interacción dentro de casa durante el día,
a través de juegos, por ejemplo, para ayudarle a sentirse
amado.
l Después
del momento de aislamiento, haga que se disculpe con su amigo.
l Cuando se
haya calmado, explíquele que usted comprende su frustración
y facilítele el vocabulario mediante el cual pueda expresar
dicho sentimiento. Puede decirle: “Estabas molesto y por eso
golpeaste a José. ¡Pero no más golpes! La próxima
vez dile, ‘Me molesta mucho cuando tomas mis juguetes’”.
Enseñe a su pequeño alternativas para obtener lo que
desea, como por ejemplo decir: “Por favor, devuélveme
mi camión” o “Puedes jugar con él cuando
yo termine”.
l Preste atención
a las situaciones que hacen que su hijo golpee o muerda y luego
haga lo posible para controlar el ambiente lo mejor posible. Por
ejemplo, si se altera con mucha facilidad, reduzca a dos horas diarias
el período de juego.
Autoritarismo
Si con demasiada frecuencia escucha a su hijo decir “Siéntate
aquí” o “Yo tomo el oso y tú el conejo”,
usted comenzará a sentirse incómodo. Pero lo que se
manifiesta como autoritarismo en su hijo es simplemente la conciencia
que tiene de sus sentimientos y necesidades, al igual que su uso,
poco delicado, de la habilidad para dar órdenes. Usualmente,
los pequeños se vuelven menos exigentes cuando descubren
que deben establecer un balance entre sus deseos y los de los otros
si aspiran a tener (y conservar) amigos.
Qué hacer
l Conviértase en un modelo
a seguir. Su hijo copiará sus intercambios verbales con él,
de tal manera que cuando usted dice enérgicamente “Vístete
ahora” implica que el tono con el cual lo dice es aceptable.
Para enseñarle a ser más considerado con los demás,
pídale las cosas en lugar de darle órdenes: “¿Podrías
lavarte las manos antes de cenar?”.
l Intente
con algunos “toma y dame”. Cuando le diga que es el
momento de recoger sus juguetes y él le pide que le deje
completar su rompecabezas, demuéstrele que está abierto
a llegar a acuerdos permitiéndole terminarlo. Fomente los
buenos modales diciéndole un cumplido cuando se expresa de
manera cortés o comparte con los demás.
l Suminístrele
más palabras adecuadas que pueda usar cuando juegue con él:
“Ahora es tu turno de servir el té”, “¿Puedo
usar el creyón ahora?”. Ayúdele a comprender
que escuchar lo que dicen los demás usualmente resulta en
una situación de ganar-ganar.
Mentir
Los niños apenas están aprendiendo a distinguir el
bien del mal, la fantasía de la realidad. Dado que un pequeño
no comprende que decir mentiras es malo por lo menos hasta que cumple
los cuatro años, lo que se observa como una patraña
deliberada puede ser el resultado de su vívida imaginación.
Además, un preescolar está ansioso de satisfacer a
sus padres. En consecuencia, el deseo de su hijo de verse a sí
mismo como “bueno”, y evitarle un disgusto puede llegar
a convencerlo de que no tomó una galleta sin su permiso,
aunque tenga restos de ella en la cara.
Qué hacer
l Nunca lo incite a decir mentiras.
No le pregunte ¿Golpeaste esta lámpara mientras corrías?
Porque esto sólo le llevaría a dar una respuesta negativa.
En cambio, haga la situación evidente: “Mi lámpara
nueva se quebró, es por eso que tenemos una regla que dice:
no se debe correr en la casa”.
l No lo llame
mentiroso. Los niños menores de cuatro años no comprenderán
las implicaciones del término pero captarán la naturaleza
peyorativa de esta etiqueta.
l Concéntrese en encontrar
soluciones y en aclarar lo que significa una conducta apropiada,
no en establecer culpas. Podría decir algo como: “Rayar
las paredes hace que yo tenga más trabajo de limpieza, por
favor, ayúdame a limpiarlas con esta esponja. La próxima
vez que quieras pintar, pídeme papel para hacerlo”.
l Trate de
no tentar a su hijo. No deje a su alcance tentaciones como galletas
o caramelos y luego le diga que no las puede tocar. Y no imponga
demasiados castigos —por ejemplo, suspenderle el postre durante
una semana— por decir una mentira. Esto sólo hará
que invente algo más elaborado en su intento de evitar que
usted se moleste.
l Cuando responda
con honestidad acerca de algo que hizo mal, elógielo por
decir la verdad, corrijan el problema juntos y alábelo por
no haber sido castigado. Sea tan honesto como le sea posible: por
ejemplo, no le diga que las balas no lastiman o que no hay galletas
en casa cuando usted tiene un paquete escondido en el gabinete.
Lloriqueos
A pesar de las buenas intenciones de sus padres, un niño
puede aprender rápidamente que un “no”, no siempre
es definitivo y en algunas ocasiones puede transformarse en un “sí”
cuando es lo suficientemente tenaz.
Qué hacer
l Sea consistente cuando le dice
“no”. De esta manera, su hijo no se confundirá
porque tal vez usted quiso decir “puede ser”. Puede
añadir: “Cuantas veces me preguntes, la respuesta será
‘no’”. Las primeras veces que aplique esta táctica,
su pequeño puede pensar que para obtener lo que quiere debe
rogar más. No titubee. En poco tiempo verá los resultados
de sus respuestas consistentes.
l Incluso
cuando tenga que negarse a sus peticiones, puede admitir la decepción
que él siente. Diga: “Sé que te gustan los juguetes
y que te divertirías jugando con ellos”.
l Sugiérale
escribir su deseo en una lista para su fecha de cumpleaños
o un día feriado. O propóngale un acuerdo razonable
que usted considere puede cumplir. “Hoy no podemos ir a la
piscina, pero te puedo llevar a nadar mañana por la tarde”
o “No, no puedo comprar ese videojuego, pero tú puedes
escoger una buena película para ver esta noche”. Si
continúa insistiendo en lo que quiere, puede agregar “Me
parece que has decidido quedarte sin nada”.
Con el tiempo, su hijo abandonará estos
comportamientos, si usted le responde con amor y comprensión
y establece límites firmes. Usted se sentirá orgulloso
de ver lo cooperativo que puede llegar a ser con las personas a
su alrededor.
Malas palabras
Cuando su niño grita “¡Te odio!”, quiere
decir que está cansado y angustiado. Simplemente está
agrediendo al primero que tiene a su paso y de la única forma
que conoce. Probablemente a él le molesta sus estallidos
de rabia tanto como a usted.
Qué hacer
l
Explíquele, de la manera más calmada que pueda, que
usted entiende que él deteste sus decisiones pero que espera
que diga que está molesto sin ser irrespetuoso. Acepte la
intensidad de sus sentimientos. Diga, por ejemplo, “sé
que quieres jugar por más tiempo y que estás molesto
porque tenemos que irnos ya”.
l
No actúe de forma triste o diga cuán lastimado se
siente. Las reacciones agudas pueden llevarle a pensar que usar
un lenguaje grosero es una manera efectiva de manipularlo.
l Ayúdelo
a comprender que usted puede estar disgustado por su conducta y
aún así lo ama. Siempre que lo discipline mantenga
su concentración en la conducta inaceptable. Por ejemplo,
nunca haga comentarios peyorativos como “Estoy muy avergonzado
de ti”. l
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