- Outkast: Hip hop
de la nueva era.

- Una rigurosa tragedia. El Dato: Brasil en Canadá.
- Aventura en kayac. El Click: Saludable.

 CRONICA
- El artículo
- Parrillas:
el sabor que abrasa
- Los libros (también) son para el verano
- Mary Kate y Ashley
Arrolladora pareja
SALUD
- Osteopenia. Silencioso enemigo
de los huesos
BELLEZA
- Recupere
la frescura
FAMILIA
- Corregir con amor
y firmeza
PSICOLOGIA
- Alíese
con el enemigo
COCINA
- Tortillas de huevo
MASCOTAS
- Salud ante todo
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

Corregir con amor
y firmeza

Los padres deben atacar los comportamientos desagradables antes de que se conviertan en malos hábitos. Marianne Neifert

Muchos padres piensan que una vez que su pequeño arribe a los tres años de edad, vendrán tiempos mejores. Después de todo, un chico de preescolar posee más habilidades lingüísticas y motoras que cuando era un bebé. Pero, por el contrario, mamá y papá a menudo se decepcionan al darse cuenta de que surgen nuevos problemas —como por ejemplo el decir malas palabras— antes de que los viejos comportamientos —como patear— hayan desaparecido del todo.

No obstante, lo que se percibe como una mala conducta usualmente es algo apropiado desde el punto de vista del desarrollo, si bien desagradable, por lo que es mejor asumirlo entendiendo lo que yace detrás de dicha conducta. De esta forma, es más probable que usted responda de manera constructiva y es probable también que el niño entienda lo que se espera de él.

A continuación se ofrecen algunos de los malos comportamientos de los chicos y la mejor forma de evitar que se conviertan en malos hábitos.


Morder y golpear
Incluso los infantes de cuatro o cinco años pueden tener problemas para expresar sus sentimientos de rabia y frustración verbalmente. Como resultado, tienden a dar golpes, particularmente cuando una situación se vuelve estresante. Y dado que la actitud agresiva normalmente garantiza una respuesta inmediata, es usual que los niños muerdan o golpeen para llamar la atención.

Qué hacer
l Aclare, de manera calmada pero con firmeza, que lastimar a los demás es totalmente inaceptable. “No debes morder. Eso hace daño. Cuando estamos molestos lo expresamos con palabras”.

l Considere imponer un receso, un breve período de aislamiento puede ayudar a su hijo a retomar el control. Utilice este tiempo para aliviar a la víctima. Nunca lo golpee o intimide (verbal o físicamente); puede probar con suspenderle algún privilegio, como quitarle la hora de ver televisión, en lugar de aislarlo por un momento. Asegúrese de que tenga suficientes momentos de interacción dentro de casa durante el día, a través de juegos, por ejemplo, para ayudarle a sentirse amado.

l Después del momento de aislamiento, haga que se disculpe con su amigo.

l Cuando se haya calmado, explíquele que usted comprende su frustración y facilítele el vocabulario mediante el cual pueda expresar dicho sentimiento. Puede decirle: “Estabas molesto y por eso golpeaste a José. ¡Pero no más golpes! La próxima vez dile, ‘Me molesta mucho cuando tomas mis juguetes’”. Enseñe a su pequeño alternativas para obtener lo que desea, como por ejemplo decir: “Por favor, devuélveme mi camión” o “Puedes jugar con él cuando yo termine”.

l Preste atención a las situaciones que hacen que su hijo golpee o muerda y luego haga lo posible para controlar el ambiente lo mejor posible. Por ejemplo, si se altera con mucha facilidad, reduzca a dos horas diarias el período de juego.


Autoritarismo

Si con demasiada frecuencia escucha a su hijo decir “Siéntate aquí” o “Yo tomo el oso y tú el conejo”, usted comenzará a sentirse incómodo. Pero lo que se manifiesta como autoritarismo en su hijo es simplemente la conciencia que tiene de sus sentimientos y necesidades, al igual que su uso, poco delicado, de la habilidad para dar órdenes. Usualmente, los pequeños se vuelven menos exigentes cuando descubren que deben establecer un balance entre sus deseos y los de los otros si aspiran a tener (y conservar) amigos.

Qué hacer
l Conviértase en un modelo a seguir. Su hijo copiará sus intercambios verbales con él, de tal manera que cuando usted dice enérgicamente “Vístete ahora” implica que el tono con el cual lo dice es aceptable. Para enseñarle a ser más considerado con los demás, pídale las cosas en lugar de darle órdenes: “¿Podrías lavarte las manos antes de cenar?”.

l Intente con algunos “toma y dame”. Cuando le diga que es el momento de recoger sus juguetes y él le pide que le deje completar su rompecabezas, demuéstrele que está abierto a llegar a acuerdos permitiéndole terminarlo. Fomente los buenos modales diciéndole un cumplido cuando se expresa de manera cortés o comparte con los demás.

l Suminístrele más palabras adecuadas que pueda usar cuando juegue con él: “Ahora es tu turno de servir el té”, “¿Puedo usar el creyón ahora?”. Ayúdele a comprender que escuchar lo que dicen los demás usualmente resulta en una situación de ganar-ganar.


Mentir
Los niños apenas están aprendiendo a distinguir el bien del mal, la fantasía de la realidad. Dado que un pequeño no comprende que decir mentiras es malo por lo menos hasta que cumple los cuatro años, lo que se observa como una patraña deliberada puede ser el resultado de su vívida imaginación. Además, un preescolar está ansioso de satisfacer a sus padres. En consecuencia, el deseo de su hijo de verse a sí mismo como “bueno”, y evitarle un disgusto puede llegar a convencerlo de que no tomó una galleta sin su permiso, aunque tenga restos de ella en la cara.

Qué hacer
l Nunca lo incite a decir mentiras. No le pregunte ¿Golpeaste esta lámpara mientras corrías? Porque esto sólo le llevaría a dar una respuesta negativa. En cambio, haga la situación evidente: “Mi lámpara nueva se quebró, es por eso que tenemos una regla que dice: no se debe correr en la casa”.

l No lo llame mentiroso. Los niños menores de cuatro años no comprenderán las implicaciones del término pero captarán la naturaleza peyorativa de esta etiqueta.
l Concéntrese en encontrar soluciones y en aclarar lo que significa una conducta apropiada, no en establecer culpas. Podría decir algo como: “Rayar las paredes hace que yo tenga más trabajo de limpieza, por favor, ayúdame a limpiarlas con esta esponja. La próxima vez que quieras pintar, pídeme papel para hacerlo”.

l Trate de no tentar a su hijo. No deje a su alcance tentaciones como galletas o caramelos y luego le diga que no las puede tocar. Y no imponga demasiados castigos —por ejemplo, suspenderle el postre durante una semana— por decir una mentira. Esto sólo hará que invente algo más elaborado en su intento de evitar que usted se moleste.

l Cuando responda con honestidad acerca de algo que hizo mal, elógielo por decir la verdad, corrijan el problema juntos y alábelo por no haber sido castigado. Sea tan honesto como le sea posible: por ejemplo, no le diga que las balas no lastiman o que no hay galletas en casa cuando usted tiene un paquete escondido en el gabinete.


Lloriqueos
A pesar de las buenas intenciones de sus padres, un niño puede aprender rápidamente que un “no”, no siempre es definitivo y en algunas ocasiones puede transformarse en un “sí” cuando es lo suficientemente tenaz.

Qué hacer
l Sea consistente cuando le dice “no”. De esta manera, su hijo no se confundirá porque tal vez usted quiso decir “puede ser”. Puede añadir: “Cuantas veces me preguntes, la respuesta será ‘no’”. Las primeras veces que aplique esta táctica, su pequeño puede pensar que para obtener lo que quiere debe rogar más. No titubee. En poco tiempo verá los resultados de sus respuestas consistentes.

l Incluso cuando tenga que negarse a sus peticiones, puede admitir la decepción que él siente. Diga: “Sé que te gustan los juguetes y que te divertirías jugando con ellos”.

l Sugiérale escribir su deseo en una lista para su fecha de cumpleaños o un día feriado. O propóngale un acuerdo razonable que usted considere puede cumplir. “Hoy no podemos ir a la piscina, pero te puedo llevar a nadar mañana por la tarde” o “No, no puedo comprar ese videojuego, pero tú puedes escoger una buena película para ver esta noche”. Si continúa insistiendo en lo que quiere, puede agregar “Me parece que has decidido quedarte sin nada”.

Con el tiempo, su hijo abandonará estos comportamientos, si usted le responde con amor y comprensión y establece límites firmes. Usted se sentirá orgulloso de ver lo cooperativo que puede llegar a ser con las personas a su alrededor.


Malas palabras
Cuando su niño grita “¡Te odio!”, quiere decir que está cansado y angustiado. Simplemente está agrediendo al primero que tiene a su paso y de la única forma que conoce. Probablemente a él le molesta sus estallidos de rabia tanto como a usted.

Qué hacer
l Explíquele, de la manera más calmada que pueda, que usted entiende que él deteste sus decisiones pero que espera que diga que está molesto sin ser irrespetuoso. Acepte la intensidad de sus sentimientos. Diga, por ejemplo, “sé que quieres jugar por más tiempo y que estás molesto porque tenemos que irnos ya”.

l No actúe de forma triste o diga cuán lastimado se siente. Las reacciones agudas pueden llevarle a pensar que usar un lenguaje grosero es una manera efectiva de manipularlo.

l Ayúdelo a comprender que usted puede estar disgustado por su conducta y aún así lo ama. Siempre que lo discipline mantenga su concentración en la conducta inaceptable. Por ejemplo, nunca haga comentarios peyorativos como “Estoy muy avergonzado de ti”. l

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso