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¡Dios mío! Mira la fecha que
es y yo no he escrito el artículo para Estampas. Ya va. ¿Qué
seno es que me toca ahora?, ¿el derecho o el izquierdo? ¿Cómo
puede ser, si no hace ni tres hora que comió y yo ni idea
de si le toca empezar por el izquierdo o el derecho? A ver. La última
vez eran las tres de la mañana. Ajá. ¿Y
después qué hice? Claro, lo cambié porque mojó
todo. Tan bonito mi muchachito. Y llevé la ropita a la lavadora
y... Ay, qué carrizo, digamos que el izquierdo. ¡Uf!,
todavía duele. No como al principio, ni de broma, si no tiro
la toalla, pero cómo duele dar pecho y lo increíble
es que a uno se le olvida. Yo, como una misma loca, hablándole
a mis pobres compañeras del curso psicoprofiláctico
de la belleza de dar pecho, que uno se siente como una diosa pudiendo
alimentar a su bebé, que no hay nada más divino. Con
razón Thaís me miraba así como pandeado, claro,
porque yo ni asomé la posibilidad de que la cosa les iba
a doler. Pero es que se me olvidó por completo y en lo que
me comenzó a doler me vino el recuerdo completito. Qué
increíble, si con Alejandra fue igual, pero lo borré
de mi memoria y parece que a todas nos pasa lo mismo. Menos mal.
Si a las mamás no se nos olvidara todo lo que pasa los primeros
tres meses del bebé creo que la humanidad se habría
extinguido hace miles de años. ¡Dios mío! Otro
día mas y sigo sin escribir el artículo de Estampas.
Ya va. Le toca el baño dentro de nada y no he puesto a hervir
el agua y no he doblado la ropita y si no lo saco ahorita al solecito
se me pasa la hora y este muchachito tan bonito me forma tremendo
lío porque le encanta el asunto de las matitas y el sol.
Ajá. Listo. Vamos a que coma. ¿Qué teta fue
la que le di de último? ¿Cómo es posible? Pero
si no pasaron ni dos horas y media, qué desastre de memoria
la mía. La derecha, sí, digamos que le toca la derecha.
¿Y la vitamina? No, yo como que ya se la di. ¿O no?
Ecito, mi muchachito, tan lindo, en manos de quien ha caído.
De verdad que la humanidad es como un milagro, tan frágiles
que nacemos los seres humanos que a veces no sabemos ni hacer pupú
solitos y resulta que los bebecitos caen en manos de sus papás
y sus mamás tan inexpertos y olvidadizos, todos como yo aunque
tengamos sopotocientos hijos antes. Menos mal, Tomás Guillermo,
mi muchachito bonito, que usted y yo contamos con el doctor Rodríguez,
tu pediatra, que hasta nos llama a la casa a ver cómo va
la cosa. Ojalá toditos los doctores fueran como él.¿En
qué estábamos? ¡Dios mío! Mira el día
que es y no he escrito el artículo para Estampas. Ya va.
Tomatito se medio durmió y si no aprovecho para comer ahorita
se me junta con el pecho y...¿Y Alejandra? Ah, hoy es que
tenía su fiesta con DJ. Madre santísima. Yo dando
pecho y con una hija bailando hasta las doce. ¿Qué
hora es?, ¿y si la llamo al celular a ver si está
bien? Me va a decir que soy una galla o que la hice quedar como
una galla o... No la he debido dejar ir, si es una muchachita. Pero
cónchale si esta vacación no la llevé ni al
Parque del Este, lo mínimo era dejarla ir a la fiestecita.
Ya se despertó y yo ni me terminé el plato. Ahí
está mi flaquito a todo pulmón torturando a su pobre
padre llora que te llore hasta que lo cargue yo. Qué broma.
Ese muchachito bonito no quiere nada con nadie que no sea yo. Bueno,
sería el colmo, después de nueve meses en la barriga
y las lolis cada tres horas... si quisiera más a su papá
lo esgüañingo y más yo que ando fastidiosísima
con lo de que no me vengan con que la maternidad y la paternidad
son lo mismo, si cuando el pobre papá me dice que está
agotado yo lo que quiero es matarlo. En fin. ¡Dios mío!
Mira el día que es y yo no he escrito el artículo
de Estampas, pero ya le toca comer a mi muchachito bonito. ¿Cuál
teta es que es? Ni mo. l
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