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No hay cuerpo del delito

En algunas circunstancias, el asesinato puede ser probado sin una víctima, pero esta vez era complicado.
Max Haines

Usted puede decir que Evelyn Throsby no era afortunada en el amor. De sus cinco maridos, se divorció de dos, un par murió y el quinto la mató.

En el primer viaje de Evelyn al altar, estuvo acompañada por Walter Kiernan, un corredor de bolsa acaudalado e hijo de Staten Island Kiernans, quien había dejado su marca en el juego del carbón. Walt se interesó más por la botella que por Evelyn. El matrimonio se terminó algo antes de los dos años.

El doctor Myrnee Lewis, un cirujano de Nueva York, fue el próximo en compartir la cama con Evelyn. El, tampoco, podía separarse de la botella. Los Lewis se separaron luego de siete años de desarmonía marital.

Clement Pettit era el hijo de una familia de banqueros extremadamente rica de Milwaukee. Clem estaba cojo debido a la artritis, de allí que sólo podía caminar con la ayuda de dos bastones. En 1930, él y Evelyn se convirtieron en marido y mujer. Por todos los indicios, este matrimonio era distinto. Evelyn realmente amaba y cuidaba a su marido. El, a su vez, adoraba a Evelyn, y siempre la estaba honrando con pequeños regalos. Pequeñas cositas como un edificio de departamentos en Milwaukee, anillos de diamantes y zafiros. Como la salud de Clem continuaba deteriorándose, él y Evelyn decidieron que mudarse a la soleada California sería lo mejor.

En 1935, los Pettit construyeron una adorable casa en 261 South San Raphael Rd., en Los Angeles. Disfrutaron nueve años de buena vida, que sólo se veía trabada por la artritis de Clem, quien ahora estaba complicado por problemas cardíacos. Murió el 18 de enero de 1944, dejando a Evelyn como una viuda millonaria.

Dos años más tarde, Evelyn, ahora de 54 años, pero con aspecto de 40, se casaba por cuarta vez. Norris Mumper era un ingeniero retirado. El y la nueva señora Mumper se mudaron a la casa construida y ocupada alguna vez por Clem Pettit. El 3 de septiembre de 1948, unos días después de que Norris se mudara, falleció de un ataque cardíaco. El también le dejó a Evelyn una pequeña suma.

Esta es la historia de los cuatro primeros maridos de Evelyn. Ahora, vayamos al quinto. Este era un verdadero caso.

L. Ewing Scott nació en Saint Louis. Mientras era un adolescente obtuvo un puesto de trabajo como empleado y luego avanzó hasta convertirse en tenedor de libros para una firma de correteo de acciones. Aquí fue donde Scott aprendió que, para poder dar la impresión correcta, uno tenía que aparentar ser próspero y ser capaz de conversar inteligentemente. Estudió a los ricos y poderosos y dedicó sus ganancias a las joyas y a los trajes hechos a la medida.

El buen mozo de Scott pronto llamó la atención de sus empleadores. Fue promovido a vendedor de acciones y comenzó a expandir su esfera de contactos sociales. Incluso intentó abrir su propia firma de acciones, pero la L.E. Scott Co. falló.

En 1937, Scott se casó con Alva Gagnier Brewer, la hija de un rico magnate canadiense de la industria editorial y la minería. A todo lujo, en un campo en el valle de San Francisco, sus inviernos pasaban muy bien.

Pero Scott no podía llevar adelante algo bueno. Se volvió tan abusivo con Alva y su familia que finalmente ella lo dejó con una suma que se rumoreaba rondaba los 50.000 dólares.

En 1949, Evelyn Mumper conoció a Ewing Scott, de 53 años, en una cena. Evelyn, de 57, todavía era delgada y atractiva y lo que es más importante, valía un millón. Scott, por otra parte, estaba tratando de sobrevivir como vendedor de pinturas, pero nunca aparentaba ser menos que un cultivado y bien vestido vendedor de acciones.

Antes de que usted pueda decir "interesado", Evelyn y Ewing estaban casados. Se casaron el 3 de septiembre de 1949. Se mudaron a la casa una vez ocupada por Evelyn y sus dos últimos esposos.

Durante seis años, los Scott vivieron la buena vida. Viajaron por Europa y Sudamérica. Todo el mundo que estaba en contacto con Evelyn estaba impresionado con su encanto. Su marido, por otra parte, era apenas tolerado. A pesar de ser atractivo y alegre había algo sospechoso en él.

Gradualmente, Scott tomó el manejo de los asuntos financieros de su mujer. De cuando en cuando, a Evelyn se le veía con un pequeño moretón en un brazo y ocasionalmente un ojo morado. Al comienzo de 1955, Scott no escondía el hecho de que él pensaba que era inteligente convertir la mayoría de las cosas de su mujer en efectivo.

El 16 de mayo de 1955, Evelyn y Ewing Scott estaban probando un Mercedes-Benz. Le dijeron al vendedor, Ulrich Quast, que estaban pensando en hacer que le entregaran el auto en Alemania Occidental. Luego de la prueba, Quast los dejó en su casa. El fue la última persona, además de Ewing Scott, en ver a Evelyn con vida.

Comenzaron a ocurrir cosas extrañas alrededor de la casa en 261 South San Raphael Rd. El chofer, el cocinero y el jardinero fueron despedidos. Los amigos preguntaban por Evelyn. Generalmente no había respuesta a los continuos llamados telefónicos. En raras ocasiones, Scott atendía el teléfono, contando historias vagas sobre su mujer, diciendo que tenía una crisis nerviosa y que estaba confinada en una institución mental. A algunos amigos, él les confiaba que su esposa era una alcohólica. Nadie estuvo satisfecho con estas respuestas, y pronto la sospecha de que Evelyn estaba muerta empezó a circular. Escribieron a la oficina del procurador general del distrito. Este, a regañadientes, acordó echarle una mirada al asunto.

El caso de Scott no era una queja ordinaria. Si bien existían circunstancias sospechosas, no había pruebas de que el crimen se hubiera cometido. Ewing Scott no tenía antecedentes criminales. La señora Scott bien podía estar viajando alrededor del mundo. Podría aparecer en cualquier momento, causando gran vergüenza.

De todas formas, las preguntas discretas se hicieron. Se reveló que Scott trató de ganar acceso a la caja de seguridad de Evelyn luego del 16 de mayo, la fecha en que se le vio por última vez. También falsificó la firma de su esposa en los cheques de viajero para poder depositarlos en su propia cuenta de banco. En agosto, Scott fue interpelado. Le confió a los detectives que su esposa era una alcohólica, que sencillamente se había marchado.

Cuando el verano se hizo otoño, Scott tenía citas y continuaba con su vida de ricachón. El no estaba al tanto de que sus asuntos financieros estaban siendo monitoreados por la oficina del procurador general. Parecía que Scott estaba usando todos los recursos posibles para adquirir la fortuna de su esposa y continuar con el mismo estilo de vida con otra mujer.

Para poder limpiar su nombre, Scott le dio permiso a la policía para registrar su hogar. El interior de la casa fue registrado, pero no había signos de cómo Evelyn Scott había encontrado su destino.

Afuera, barras de acero eran usados para sondear la tierra. No se descubrió nada.
El agente de policía Art Hertel una vez había estado en una investigación de un asesinato de un hombre que había enterrado a su mujer en la propiedad del vecino, creyendo que la policía nunca buscaría allí. Con nada más que una corazonada, saltó la cerca que contenía la propiedad de Scott. Hertel sintió las hojas moverse debajo de sus pies. Así encontró una parte de una placa dental y un par de lentes. La placa fue identificada por el dentista de Evelyn como perteneciente a la mujer desaparecida. Su oculista identificó los lentes de forma positiva.

Ewing Scott fue detenido y acusado de 13 cargos de fraude y nueve de falsificación en referencia a las pertenencias de su esposa.

La fianza fue fijada en 25.000 dólares, la cual fue pagada por Scott. Luego se fue a Canadá. Mientras se mantenía fugitivo, fue culpado por el asesinato de su esposa.

En la primavera, fue visto entrando en Estados Unidos. El 16 de abril de 1957, fue apresado y enviado a Los Angeles para ir a juicio por el asesinato de su mujer. Luego de cuatro horas de deliberación, el jurado lo encontró culpable de asesinato.
Fue sentenciado a cadena perpetua. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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