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LA CARACAS DE ...

RAFAEL
GÁMEZ

Tiene dos décadas al aire conduciendo
un espacio a las Sseis de la mañana,
enamorado sin remedio de los
colores de su ciudad

Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand


Si algo distingue a Rafael Gámez del resto de los mortales de la capital
es que su voz ha despertado a la ciudad durante los últimos 21 años, tiempo
durante el cual ha conducido, puntual desde las seis de la mañana, el espacio Buenos días Gran Caracas, transmitido por el dial 97.7 FM de la Emisora Cultural.

Nació en Mérida, pero a los 34 años se mudó a Caracas porque, precisamente,
quería "hacer" radio. De aquellos días, siendo un "recién llegado", nunca olvida
una experiencia fascinante. "Recuerdo haber caminado por primera vez por el
bulevar de Sabana Grande. Era fantástico respirar aquel aire de 'Primer Mundo'. ¡Caminabas entre treinta personas y no conocías a nadie! Yo estaba maravillado", cuenta todavía con emoción. Tales paseos hicieron del sitio uno de sus
lugares preferidos, del cual, lamentablemente, debió emigrar a medida
que la economía informal fue adueñándose de todos los espacios.

No obstante, hace unos meses, tras oír las noticias sobre el desalojo de los buhoneros, se atrevió a regresar al bulevar. "Primero lo caminé una cuadra.
A la siguiente semana caminé cien metros más... hasta que un día decidí
recorrerlo completo. Tenía años sin hacerlo. Fue increíble verlo desocupado,
aunque luce como un campo de guerra después del bombardeo", dice.

Rafael Gámez, doliente de la ciudad hasta en sus mínimas tragedias,
señala: "No hay derecho para que cosas así sucedan", y luego se esperanza
con la idea de que distintas zonas de la capital sean también recuperadas,
entre ellas, La Candelaria, otra de sus preferidas, pues le encantaría "andar
de nuevo por sus calles y dejarse conquistar por sus tascas", señala
a medio sonreír.

Al frente de su micrófono, en la Emisora Cultural, asume su cuota de
responsabilidad en la ardua tarea de hacer ciudad. Para ello sigue una rutina
que sólo es compensada, asegura, por la satisfacción de darle los "buenos
días" a Caracas. "Me levanto a las cuatro y treinta de la madrugada. Luego,
me doy una ducha fría para despertar por completo. Salgo de Los Teques
a las cinco y diez, llego a Plaza Venezuela temprano, y de allí tomo un autobús
que me deja en la emisora. No es fácil, pero ese sacrificio me permite a diario
ver la ciudad cuando está amaneciendo", cuenta, y luego señala que, en
contraparte, cada mañana la capital le da los buenos días con alguna
vista especial del sol asomándose por El Ávila.

En lo personal espera conducir el espacio hasta que las fuerzas se lo
permitan, pues no cree en la jubilación. Cada día, una vez apagado
el micrófono, Rafael Gámez se pierde entre Caracas, oculto por el anonimato
de la radio. Usa el transporte público, padece los empujones del Metro, sortea
la basura de las calles, y sigue encontrando, por encima de todo, lo bueno de
su metrópolis. Es por ello que, si al partir de este mundo pudiera pedir algo
para llevar, escogería sin dudar los colores de esta ciudad: "Los tonos de
sus amaneceres, los rojos del atardecer y los matices de El Ávila".

 

 
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