Jardín Lumínico, mural en la autopista de Prados del Este |
PATRICIA VAN DALEN
"Caracas es el color fragmentado"
Artista plástico, o artista visual, como ella prefiere, creó el Jardín Lumínico que resplandece en la autopista de Prados del Este
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand
Hay cuatro lugares importantes en su vida. Maracaibo, donde nació; Holanda, la claridad difusa donde vivió un año; Caracas, el bachillerato; y París, sus estudios de Arte. Cada sitio avivó en ella un especial interés por la luz y el color. Finalmente, un alma desarraigada muchas veces, regresó a la capital siendo adulta, y en el acto ésta comenzó a cautivarla. Tras un largo peregrinaje, por fin halló el espacio para desarrollar su sensibilidad y el suelo para echar raíces. "Después de todo, ahora sólo quiero quedarme en Caracas", dice.
Así conoció una urbe extraordinaria, y "no importa si la miras desde la urbanización o desde el barrio, el edifico o la casa, la montaña o el valle, todos sus paisajes son hermosos -apunta. Y yo, que soy visual, no puedo menos que regocijarme con lo que veo: desde un cerro lleno de ranchos, hasta el túnel de bambúes del Country Club".
Pero la Caracas de Patricia Van Dalen más allá de la "exaltación visual", se define con una afirmación que sólo un artista plástico como ella podría ofrecer: "Caracas es el color fragmentado". Y explica: "Es que subir al Metro es encontrar la paleta entera; mirar una parada de autobús es ver varias páginas del pantone; los Bloques del 23 de Enero y las vallas publicitarias son eso: la fragmentación del color".
De allí parte su obra más simbólica, un obsequio radiante para la capital, un remanso para la vertiginosa autopista de Prados del Este: el Jardín Lumínico.
"La palabra jardín me remite a algo bucólico, hermoso, lleno de flores, espejos de agua y cantos de pájaros. Por ende, quiero convertir todo en un sitio así, de contemplación, que tenga resonancias poéticas, que dé la oportunidad de soñar y de recibir momentos de ensoñación", señala.
Hoy día, se le hincha el corazón al pasar frente a su obra. Parafrasea, entonces, un estribillo zuliano: "Cuando voy a Prados del Este, y paso por el mural, siento una emoción tan grande que se me nubla la mente".
En promedio, 170 mil personas transitan por ese sitio cada día, y ella, de sólo pensarlo, estalla en agradecimientos a Dios, a la Alcaldía, y a la ciudad por ofrecerle esos 1.200 metros cuadrados.
"Subir al Metro es encontrar la PALETA entera y mirar una parada de autobús es ver varias páginas del pantone" |
Se esperanza con la idea de que el mural sea conservado y trascienda. "En esta ciudad mi apellido no existe. Mis hijos no lo llevan, pues tienen el de su padre. Y el resto de mi familia emigró a otros lados. Los únicos Van Dalen que quedarán, estoy segura, serán mis obras", dice.
Y si de ella dependiera, Caracas toda sería una fiesta de luz y color, en especial las barriadas. De intervenir esos lugares, primero estudiaría cada caso, pero se adelanta a sugerir tres opciones: "Piensa en Petare, qué tal si pintamos todas las casas de blanco. Seguro alguien dirá: 'Se parece a las colinas de Grecia'. Otra opción es el colorinche total; y la última, pintar cada vivienda de color ladrillo. Así mantendrían su identidad, pero con acabados y no como resultado de la improvisación".
Al final confiesa su anhelo de trabajar en las zonas populares. Así como hizo un mural para Pajaritos, un barrio de Los Palos Grandes, quisiera también llenar de arte toda la ciudad. Por eso ansía que la llamen los alcaldes para que intervenga espacios públicos. Al decirlo, no teme que alguien piense que ella anda buscando trabajo. Al contrario: "¡No sean pendejos! Lo que pido es que me usen. Soy buena en esto, y quiero hacer obras bellas para mi ciudad -señala. "El color puede hacer mucho por Caracas".
.johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Anita Carli
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