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El "delito" de Oscar Wilde
Max Haines
El genial escritor tuvo que pagar con la cárcel su homosexualidad

Al Marques de Queensberry siempre se le recordará como el hombre cuyo apellido está directamente relacionado con las reglas que rigen el deporte del boxeo. Fue necesario que el masculino arte de la autodefensa llevara el apellido de un noble para adquirir respetabilidad.
El Marqués también se hizo famoso por otros menesteres. Desencadenó un acontecimiento que en 1895 conmovería a Inglaterra hasta sus cimientos. Rara vez se había visto en esa antigua isla un escándalo tan sonado. Al parecer, Alfred Douglas, hijo del Marqués, siempre estaba en compañía del famoso dramaturgo Oscar Wilde, algo que al viejo Marqués no le gustaba en lo más mínimo.
Oscar distaba mucho de ser un hombre corriente. Sus padres, como solía decirse, eran personas refinadas.
Oscar superó a sus progenitores. Nacido el 16 de octubre de 1854, su niñez fue anodina. Luego, asistió a una escuela privada irlandesa que tenía el grandioso nombre de Portora Royal School. En su último año obtuvo una medalla de oro en Letras Clásicas y fue el primero de la clase en Griego. También obtuvo una beca para ir al Trinity College de Dublín.
En 1871, cuando entró al Trinity, ni siquiera tenía 17 años. Tres años después se graduó y fue el primero de su clase, consiguiendo matrículas de honor en Griego y en Letras Clásicas. Consiguió otra beca, esta vez para asistir al Magdalen College de la Universidad de Oxford.
En Oxford se le consideraba uno de los más brillantes jóvenes intelectuales del campus. Después de Oxford, se trasladó a Londres, y en 1880 escribió su primera obra de teatro, Vera, y un libro de poesía titulado sencillamente Poemas.
En enero de 1882, Oscar aceptó una invitación para dar una serie de conferencias en Estados Unidos. Desde el momento en que el agente de inmigración le preguntó: "¿Qué tiene que declarar?", se inició el éxito fulgurante de Oscar. Con toda humildad respondió: "Nada más que mi talento".
Oscar ganó rápidamente 1.200 libras esterlinas con las conferencias, y volvió a Inglaterra triunfante. Se tomó unas vacaciones en París donde mantuvo una estrecha relación con Víctor Hugo, Zola, Degas y Pissarro.
El 9 de mayo de 1884, Oscar se casó con Constance Lloyd en la Iglesia St. James, en Paddington. Tras una breve luna de miel, se asentaron en Londres. Constance tenía unos ingresos de unas libras al año y eso, unido a lo que Oscar ganaba como crítico, constituyó el peculio total de la pareja durante sus primeros tres años de matrimonio.
En 1887, se convirtió en editor de una revista muy conocida, The Woman´s World, donde, al parecer, realizó un trabajo excelente. Al cabo de dos años, renunció.
Oscar empezó a escribir seriamente en 1888, y en 1892 su popularidad era inmensa. Su obra de teatro El Abanico de Lady Windermare fue un éxito rotundo en el teatro St. James, éxito que fue seguido de otros como Salomé, Una mujer sin importancia, y Un marido ideal. Luego, llegó su mayor éxito: La importancia de llamarse Ernesto.
Había un dato sobre Wilde que, en general, se desconocía. Oscar era homosexual y lo llevaba siendo desde hacía algún tiempo. El problema no es que fuera homosexual sino el hecho de serlo en un momento inoportuno de la historia. En la Inglaterra de 1890, la homosexualidad no sólo era ilegal sino que se consideraba tan despreciable que a ninguna persona de dinero se le ocurría dirigirle la palabra a un homosexual conocido.
Wilde tenía 38 años, y ya había tenido varias aventuras con chicos cuando conoció a Alfred Douglas, de 22 años. Oscar era un hombre corpulento y poco atractivo mientras que el joven Alfred tenía el físico de un Adonis.
Oscar estaba adquiriendo cada día más fama cuando conoció a Alfred, aunque todavía no había llegado a la cima. Los dos empezaron a tener una relación y rara vez se veía a uno sin el otro. Se convirtieron en apasionados amantes.
Empezaron a llegar rumores a oídos del Marqués de Queensberry, quien no paraba de advertirle a su hijo que rompiera con Wilde. Se fue a ver a Wilde y le suplicó que dejara a su hijo. Al final, como ninguna de sus tácticas funcionó, desencadenó los acontecimientos que iban a provocar uno de los escándalos más sensacionales que jamás había vivido Inglaterra.
Una mañana, el Marqués entró en el club de Wilde y le dio a un mozo un mensaje escrito para Oscar en el que rezaba "Para Oscar Wilde, posando como sodomita". Cuando le entregaron la nota, el dramaturgo se dio cuenta de que la situación había llegado demasiado lejos. Solicitó consejo a un abogado.
Sir Edward Clarke era uno de lo abogados más conocidos y respetables de Inglaterra. Sabía que Oscar Wilde no era un cliente cualquiera y lo consideraba un genio literario. Sir Edward le hizo a Oscar una pregunta importante: si era inocente o culpable. Oscar juró que era inocente y se tomó la decisión de denunciar al Marqués por difamación.
Al hacerlo, Sir Edward le advirtió a Oscar que la única manera de probar que había habido difamación era demostrar que no era un sodomita. De lo contrario, Oscar sería arrestado inmediatamente.
Se inició el juicio en el Old Bailey londinense ante un tribunal plagado, y con miles de personas esperando en la calle. Desde el inicio, la defensa presentó a chicos de todo tipo que testificaron que habían tenido relaciones íntimas con Oscar. El jurado estaba digiriendo estas pruebas en su contra y cada vez era más evidente que no condenarían a un padre que estaba intentando salvar a su hijo de las garras de un genio refinado y culto con tendencias "antinaturales".
Sir Edward decidió retirarse. El juez le dijo al jurado que el único veredicto posible era el de inocente.
Oscar Wilde fue arrestado y esta vez fue al Old Bailey en calidad de imputado. Se le puso en evidencia despiadadamente y fue ridiculizado porque un testigo tras otro dijo haber mantenido relaciones ilícitas con él. Fue acusado de 25 delitos de indecencia mayor y de "conspiración para incitar a cometer semejantes actos".
Gracias a la brillantez de Sir Edward, el jurado no logró ponerse de acuerdo y se tuvo que iniciar un nuevo juicio desde el principio. Durante las semanas que transcurrieron entre ambos juicios, mientras Wilde estaba en libertad bajo fianza, era ridiculizado fuera donde fuera. La situación se puso tan mal que ninguna pensión quería alojarle, y acabó viviendo con un compañero alcohólico.
Por fin, el 22 de mayo de 1895, se inició el tercer juicio que resultó un desastre para Oscar. Se presentaron a testificar una infinidad de hombres que no se dedicaban a otra cosa que a la prostitución, y se presentaron pruebas que demostraban, más allá de toda duda, que Oscar era culpable de actos indecentes.
Cuando echamos la vista atrás y pensamos en lo que le sucedió a Oscar Wilde, nos damos cuenta de que se arruinó la vida de un genio por un delito ahora inexistente. Hoy en día, Wilde y Douglas estarían viviendo juntos abiertamente. Obviamente, el público fue el perdedor, y ni siquiera podemos imaginarnos qué perlas literarias dejaron de escribirse por eso.
Oscar Wilde fue sentenciado a dos años de cárcel, desde donde escribió el citadísimo poema, La balada de la cárcel de Reading. Este bello poema sirvió para exponer las crueldades de la vida en prisión.
Cuando salió de la cárcel, Oscar vivió en Francia. La dureza de la vida en prisión había hecho mella en él y, al cabo de unos años, fallecería.
El 30 de noviembre de 1900, Oscar Wilde fue acogido en el seno de la Iglesia Católica, falleciendo unas horas después. l

 
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