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Duelo:
Cómo
sobrellevar la ausencia
En nuestro país, la Fundación
Apoyo y Presencia brinda asistencia emocional a personas que vivencian
el laborioso -pero superable- trance de haber perdido a un ser querido.
Un especialista en el tema ofrece un repaso bibliográfico
sobre el tema, y propone maneras de abordar esta experiencia.
Adriana Gibbs
Lo dijo el poeta venezolano Rafael Cadenas:
"La pérdida nos pertenece". Lo suscribió
también el escritor italiano Italo Calvino: "El universo
es un equilibrio de llenos y de vacíos". Y es el que
el dolor de la ausencia es una certeza en la vida. Se trata, de
algún modo, del duelo.
Vivir conlleva inevitablemente a tener
pérdidas, sean materiales, o vinculadas con cambios, separaciones
o muerte. Cada pérdida es diferente pero la elaboración
del duelo es más o menos similar en cada una de ellas.
Para el psicoterapeuta y autor Jorge
Bucay, elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío
que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar
su importancia y manejar el sufrimiento y la frustración
que comporta su ausencia. Julio Pérez Infante, PhD y directivo
de la ONG Apoyo y Presencia, que trabaja justamente dando apoyo
a personas en duelo, expone que el duelo sano, lejos de ser sólo
un camino para tristeza y desolación, es un proceso de cicatrización
de heridas. "Es el tiempo de la vida que nos permite cerrar
con el pasado, pasar la página sin olvidarse de lo que leímos.
Para poder, como dice la canción de Celia Cruz, 'recordar
sin dolor'. El duelo bien elaborado es como la lluvia que cae para
reverdecer un terreno que se quemó: nos despide de las culpas,
los rencores, los asuntos pendientes y nos devuelve a la vida con
todas sus oportunidades y posibilidades".
Según Pérez Infante se
trata de un proceso que atraviesa tres momentos o fases:
Choque, aturdimiento y anestesia emocional:
la primera reacción ante la noticia de la muerte de un ser
querido suele ser la de incredulidad. "Se entra en una especie
de bloqueo, de 'esto no es conmigo'. La persona no siente, está
como congelada por dentro; simplemente actúa como un robot,
en forma automática", escribe Isa Fonnegra. Pérez
Infante aclara que muchas veces este estado de aparente control
es confundido con un respuesta de valentía y entereza. Esta
fase puede durar desde unos días a varias semanas.
Enfrentando la ausencia:
Luego del entierro, se impone la realidad de la ausencia, y de la
necesidad de la persona, con momentos de dolor profundo. Pueden
venir momentos de pánico o de intensa ansiedad e irritabilidad.
Otros síntomas pueden ser inquietud, malestar, insomnio y
culpabilidad. Cuando se ha aceptado lo ineludible de la muerte y
se ha podido reaccionar ante el hecho (esto es, expresar las emociones)
se inicia lo que se conoce como el proceso de elaboración
del duelo, que la persona puede vivenciar como interminable. El
dolor del duelo -sentencia Pérez Infante- no puede esquivarse.
Cuando la sensación se reprime u oculta tras la fachada de
fortaleza, de compromisos de trabajo agotadores o de exceso de actividad,
los sentimientos estancados hacen estragos y pueden manifestarse
a través de síntomas físicos o enfermedades.
Esta fase suele extenderse durante todo
el primer año.
Volver a la vida: cambio,
reorganización y restablecimiento. Todo duelo bien elaborado
debe llegar a un fin. No significa, necesariamente, olvidar a quien
murió sino intentar el restablecimiento, emprender la reconstrucción
del mundo personal, llenarlo con otros significados y con un para
qué diferente al que se tenía antes de la muerte de
la persona querida. Si se asume la pérdida, la persona se
recupera, se adapta a su nueva situación y normaliza su vida
en sus facetas personales y profesionales. Este fase puede extenderse
hasta el segundo año. Ahora bien, debe advertirse que las
sensaciones y sentimientos propios de la fase aguda tienden a repetirse
cuando se cumple el primer aniversario de la muerte o en Navidad,
cumpleaños y otras fechas conmemorativas. Este síndrome
de aniversario es temporal y no implica un retroceso en la elaboración
del duelo. En pocas palabras, el proceso de duelo transcurre y evoluciona
a lo largo de estas tres etapas identificadas por las frases "No
lo acepto", "Sí, pero no lo soporto" y "Sí,
lo asumo". El tiempo de duelo, aclara Pérez Infante,
varía en cada persona y circunstancia, pero se considera
normal que oscile entre seis meses y dos años.
Que sea leve
Los expertos -señala Pérez Infante- coinciden en las
siguientes recomendaciones:
Permitirse estar de duelo:
darse el permiso de sentirse mal y vulnerable, de sentir el dolor.
Es por ello que hay que expresar las emociones que surjan, no reprimirlas.
No hacerse el fuerte, consentirse el llanto. "Ningún
camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo, y esto requiere
de tiempo".
Ser amable consigo mismo y agradecer
las cosas buenas del día a día; esto es, los vínculos
que permanecen -familiares, amigos, pareja, terapeutas- y apoyan.
Aplazar los acuerdos importantes:
Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo o mudarte a otro
lugar son trascendentes y deben asumirse en momentos de suma claridad.
No descuidar la salud: No
dejar de prestar atención al cuerpo: alimentarse bien, no
abusar del alcohol ni de los medicamentos. "Los psicofármacos
para 'no sentir', lejos de ayudar, pueden contribuir a hacer crónico
el duelo", escribe Jorge Bucay.
Pedir ayuda: No
interrumpir la conexión con los demás y pedir lo que
se necesita. Hay que aceptar lo irreversible de la pérdida:
hablar de la pérdida, contar las circunstancias de la muerte,
visitar el cementerio, todo puede ayudar a ir aceptando el hecho
de la pérdida.
Se podría decir que un duelo se
ha completado cuando se es capaz de recordar lo perdido sintiendo
poco o ningún dolor, cuando se ha aprendido a vivir sin "eso"
que no está.
Las seis R
Therese Rando, psicóloga de duelos, propone seis tareas que
empiezan por "R":
Reconocer la pérdida: admitir y entender la muerte.
Reaccionar ante la separación:
permitirse sentir; esto es, identificar, aceptar y expresar sentimientos
y emociones.
Recordar y reexperimentar la relación:
admitir y revivir recuerdos y momentos compartidos, ya sean buenos
o malos, en forma realista.
Replantear los papeles:
estar dispuesto a replantear la identidad previa, el estilo, las
prioridades de la anterior forma de vida.
Reacomodarse:
adaptarse al mundo nuevo, diferente e incompleto sustituyendo la
relación presencial por una de recuerdos.
Reinvertir la energía psicológica:
orientar el amor, el interés y la dedicación que ligaba
al doliente con quien murió hacia la búsqueda de nuevos
proyectos, afectos y motivos para vivir.
Cuándo se complica un duelo
Al margen de su proceso normal, el duelo puede derivar hacia una
situación que se considera patológica y que se desencadena
cuando la persona es incapaz de adaptarse a la pérdida sufrida,
explica Pérez Infante.
Hay asuntos que pueden complicar un duelo.
El riesgo es mayor si se trata de una muerte repentina, si es consecuencia
de una enfermedad exageradamente larga, si se trata de la muerte
de un hijo o si se trata de una pérdida que el doliente percibe
que se pudo prevenir o evitar. También puede ser obstáculo
si se tenía una relación dependiente con la persona
que murió, si se ha pasado por pérdidas previas y
no se han resuelto bien, y si no se cuenta con apoyo social.
Un duelo puede dificultarse, señala
el especialista, cuando alguna de las fases naturales a este proceso
faltan, se encuentran inhibidas o se han vuelto crónicas.
En tales casos hay que buscar la ayuda de un profesional que pueda
detectar, ubicar y corregir los factores que incidieron en la complicación.
Algunos indicadores pueden advertir que hay complicaciones en el
duelo:
l Excesiva
sensibilidad ante las experiencias que impliquen pérdida
o separación.
l
Temores ante la muerte demasiado exarcebados.
l
Idealización excesiva de quien murió.
l
Pensamientos obsesivos persistentes alrededor de la pérdida.
l
Dificultad para experimentar las reacciones emocionales de dolor
naturales ante la pérdida, debido a una excesiva constricción
de la parte afectiva.
l Sensación
crónica de aturdimiento, confusión y despersonalización
que aleja al doliente de su entorno.
l
Rabia e irritabilidad crónicas o unidas con depresión.
l
Dificultad para hacer un relato coherente de la experiencia
Duelo
ajeno: cómo ayudar
Pepe Rodríguez, en Morir es nada, explica que puede ayudarse
a una persona a superar positivamente su duelo estando disponible
cuando ella lo precise, y adoptando actitudes que le permitan aceptar
la realidad de la pérdida, apoyándola para que pueda
exteriorizar sus sentimientos y emociones. "Quizá compartiendo
experiencias que se vivieron con la persona fallecida, repasando
fotografías y recuerdos, hablando de su muerte, de lo que
implica y significa, estimulándole y animándole a
despedirse abiertamente del fallecido". Es importante que la
ayuda sea sostenida durante el proceso de duelo; no es bueno dar
mucho apoyo durante las dos primeras semanas y desaparecer de la
escena después. "La persona que acompañe a otra
en una situación de duelo, debe, al menos, actuar según
las siguientes orientaciones: familiarizarse con el proceso de duelo,
evitar las frases hechas, admitir, atender y provocar los desahogos
del doliente, fortalecer los gestos que denoten presencia, animar
y dar esperanzas al doliente respecto a su propia capacidad para
seguir adelante y superar la pérdida", escribe Pepe
Rodríguez. l
| Apoyo
y presencia |
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La Fundación Apoyo y Presencia es una ONG venezolana
dedicada a proveer asistencia psicológica y emocional
a personas y familias en situaciones vitales críticas.
Estas pueden relacionarse con condiciones de alto riesgo vital
por enfermedad o accidente, el fin de un relación,
ausencias o la pérdida de un ser querido. Dan asistencia
especializada en charlas, talleres, terapias personales y
grupales, donde se trabaja el manejo de las ausencias y del
duelo, la expresión adecuada de las emociones, particularmente
cómo abordar el miedo, la rabia y la tristeza.
"La asistencia en crisis por pérdidas o ausencias,
puede reorientar muchos aspectos de nuestras vidas, dándoles
más sentido y llenándolas de oportunidades de
transformación y motivación al logro",
afirma Julio Vicente Pérez, director de planificación
de esta ONG.
Coordenadas. Actualmente realizan
trabajo voluntario en el Hospital Oncológico Luis Razzetti.
Quienes necesiten de su ayuda, quieran participar en talleres,
o formarse como voluntarios en esta iniciativa, pueden comunicarse
con esta fundación por los
teléfonos: 0212372.7179/373.0923/371.1445.
Email: apoyoypresencia@hotmail.com
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| Hijos de por medio |
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Una tarea particular es la de tratar este tema con los hijos.
Teniendo en cuenta la edad del niño y los conceptos
que ya es capaz de manejar, en estos casos los padres siempre
deben decir la verdad.
Al hacerlo se recomienda:
l Usar un lenguaje simple,
claro y directo. Dar sólo detalles que el niño
pueda entender.
l Los dibujos son una útil
herramienta, especialmente en el caso de los niños
pequeños.
l Decir la verdad, pues el
niño necesita confiar en la honestidad de los que lo
rodean y no sentirse engañado. Para el niño,
más bien, es un alivio poder hablar del tema y compartir
sus temores y esperanzas.
l En el caso de la muerte
de un ser querido, los padres pueden ayudar a sus hijos a
sobreponerse con las siguientes medidas:
a) Asegurarse de que el niño no se sienta responsable
por la enfermedad o muerte del familiar; b) Estimularlo a
escribir o dibujar lo que siente; c) Mantener, en lo posible,
las rutinas familiares; d) Evitar explicaciones fantasiosas
como "la abuela está durmiendo" o "se
fue a un largo viaje", pues el niño puede pensar
que el familiar no se quiso despedir; y e) Darle tiempo y
espacio para expresar sus emociones.
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| A saber... |
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Qué ayuda
Reconocer la vulnerabilidad
Tenerse paciencia
Hablar de lo que pasó
Consentirse: buscar experiencias, compañías
que produzcan paz y respeten el proceso
Disponer de un tiempo para llorar, pensar y recordar
Comer bien y descansar
Qué no ayuda
Imponerse actitudes de falsa fortaleza
Tomar decisiones
importantes
Viajar, mudarse de casa, deshacerse de fotos, y todo aquello
que implique evadir recuerdos Reemplazar rápidamente
a la persona muerta involucrándose en una relación
amorosa, casándose, teniendo otro hijo o adoptando
uno
Idealizar a la persona que murió: hacerle altares
Recurrir sin prescripción a tranquilizantes
Aislarse emocionalmente
Favorecer la autocompasión
Aceptar mandatos o imposiciones familiares y culturales en
lo referente al tiempo que debe durar la pena. Es mejor ir
descubriendo el camino personal para asumirla.
Sentirse desleal con quien murió por sonreír,
por pasar momentos alegres, por distraerse a ratos
Fuente: De cara a la muerte, de Isa
Fonnegra
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