|
Historias
de peso
Si conoce a alguien que adelgazó,
no le pregunte por la dieta. Pregúntele por qué lo
hizo, y siéntese a escuchar. A continuación, dos testimonios
que le pueden cambiar la vida. Ludwig
Jhonson
Marco. 42 años.
78 kilos menos.
"El gordito bonito, así me decían. No recuerdo
desde cuándo, pero a decir por mis álbumes creo que
fue desde siempre. 'Ahí viene compota', 'Ahí llegó
Kool Aid', gritaban mis compañeros cuando me veían.
Si teníamos educación física y hacíamos
carreras en caballito, yo era quien cargaba con el compañero
en ambos turnos. Ahora de adulto, pienso que debía odiar
el colegio. ¡Yo no comía más que los demás!
Al menos no al principio. Fue después, un poco por idea y
otro por presión, que poco a poco fui creyéndome que
era diferente y comelón, que terminé comiendo mucho
para cumplir expectativas. Crecí, crecí y crecí,
hasta que un día, no me pregunten cuándo ni cómo,
llegué a pesar 182 kilos.
"¿Me sentía gordo? No. La
verdad es que no. Yo no 'me sentía' gordo. Simplemente me
sentía yo. Mis lindas novias, que eran el resultado de una
actitud extra tierna y chistosa; los comentarios que hacía
la gente: 'ese gordo tiene que tener dinero, porque para que la
mujer aguante ese peso...'; la expectativa de ver si entraba o no
en una silla; ir al baño sin poderme limpiar; y disculparme
en los aviones con mi compañero de asiento, eran todas situaciones
normales para mí.
"Y claro que sabía que existía
otra vida, pero no 'lo sabía'. Verse en el espejo, y dudar
si en realidad sé es ese gordo simpático que pone
la fiesta a valer, no es fácil. El yo alegre y bonachón
a quienes todos llamaban 'el gordo', comía, ahora lo puedo
decir, de manera compulsiva para aliviar la tensión. Pero
como les digo, no me daba cuenta.
"Sin embargo, un día todo cambió
para mí. Una amiga con quien salía me llevó
un cuestionario que prometía dar con la solución a
mi sobrepeso, el dietagrama. Yo, que de dietas estaba hasta la coronilla,
lo respondí sin intenciones de descubrir nada que no supiera
de antemano. Recuerdo que el resultado decía: 'Usted tiene
mucha insulina y poca serotonina', entonces daba una breve explicación
de mi adicción por las harinas y los dulces, y al final indicaba
los pasos a seguir para superarla. ¡No puede ser tan sencillo!
- pensé. Me puse manos a la obra, y en solo días comencé
a ver resultados.
"Mientras más bajaba la talla de
la ropa que me ponía, más fácil sentía
que era cambiar los hábitos con la comida. Y cuando alguien
lo notaba, no perdía la oportunidad para consolidar mi compromiso:
Me voy a quitar los kilos (créanme, mientras más personas
lo saben, más es la fuerza que te acompaña).
"Y un día, entre tanto y tanto,
algo sucedió dentro de mí. Me empecé a preguntar
por qué debía engullir en vez de comer, y por qué
mis almuerzos debían terminar con postre, y por qué
tenía que ser 'el gordo' de las fiestas. Mis amistades me
dejaron de reconocer, y empecé a disfrutar de los momentos
con mi pareja, y a sentir que era fácil cruzar la pierna,
y a jugar pelota sin tener ahogo, y agacharme sin miedo a recoger
el jabón. Descubrí que la solución no estaba
en cerrar la boca, sino en abrir la mente, y sentí cómo
un yo que dormía, despertaba dentro de mí. Agradezco
infinitamente ese día, porque gracias a él, ahora
tengo calidad y cantidad de vida".
Mónica. 23 años. 29 kilos
menos.
"Cuando me preguntaban: ¿por qué eres gorda?,
sólo respondía que me sentía bien así,
que yo estaba lo suficientemente segura de mi como para sentirme
'bien' siendo como era, pero tener 23 años, medir 1,53 y
pesar 80 kilos, no es fácil, mas cuando uno mira a su alrededor
y te das cuenta que hay personas que por más seguras que
se sientan, hacen cosas por estar mejor y mejorar su apariencia.
"Desde que recuerdo siempre fui
gordita, nunca hubo un motivo específico por el cual ganara
tanto peso. Ahora entiendo que no tenía hábitos alimenticios,
ni una rutina donde incluyera algún tipo de actividad física.
En mi familia hay varias personas con exceso de peso y diabetes,
por lo cual se que tengo una gran carga hereditaria y predisposición
a sufrir de esto. A pesar de saberlo nunca había decidido
hacer algo por superar esta condición.
"Por motivos profesionales tuve
que salir de Venezuela por tres años y por supuesto esto
empeoró mi sobrepeso; cuando venía a Venezuela solo
quería comer y cuando estaba afuera "había que
probar de todo", así llegué, por decirlo de alguna
manera al limite, a donde no vuelvo a llegar!; Al volver a radicarme
en Venezuela decido cambiar, crecer y establecerme, lo primero que
tenía que hacer era sentirme bien conmigo misma, dejar de
mentirme con frases tipo: 'me siento bien así', 'el que me
quiere, me va a querer como sea', 'esto no me afecta'. Esto era
aceptar y entender que estaba cansada de no conseguir ropa de mi
talla, de luchar en los probadores para encontrar un traje de baño
que me quedara 'bien', de escuchar a las vendedoras decirme 'disculpe
señorita no tenemos de su talla', de entrar a un lugar y
que nadie pero realmente nadie me mirara. En fin asumir que eso
que yo había estado defendiendo tanto tiempo, no era verdad,
simplemente era una manera de esconder mi baja autoestima y es cuando
decido buscar ayuda.
"Al
conocer el dietagrama decidí comprometerme y aceptar el reto,
así comenzó toda la transformación. He cambiado
la manera de ver la vida, porque ahora entiendo que las razones
que al principio me trajeron hasta aquí, son tan validas
e igual de importantes como las que me hacen seguir todos los días,
aunque en el camino han ido creciendo y cambiando. Ahora estoy segura
que no sólo es algo de tallas 'S-M-L-XL' o como te veas para
los demás, que es muy importante también. Me he dado
cuenta que es algo de adentro, de salud, que en un futuro quiero
ser una madre sana, ágil, y esto lo hice consciente cuando
comencé a sentir los cambios, físicos y emocionales.
El hecho de perder mi clóset entero, incluso mis zapatos,
de que mis amigos de siempre no me reconocieran, que ahora me sienta
mejor al salir, al conocer gente, al vestirme, y que me pueda poner
las cosas que nunca pensé que me quedaran, es un sentimiento
de triunfo personal que no puedo describir.
"Yo he cambiado por completo y como
consecuencia mi vida, mis relaciones, mis miedos, mis metas, mi
closet, mis ganas y mi vida. Sin embargo aún siento que todavía
me falta, pero el saber que ahora soy una mujer más sana,
que me ejercito dos veces al día, que no voy a seguir arrastrando
toda esa predisposición a las diabetes, que estoy haciendo
algo para tener una vida más saludable y una vejez más
digna, hace que me levante todas las mañanas motivada a seguir
con mi nuevo estilo de vida. Todo este cambio me ha ayudado a probarme
que soy una persona con mucha fuerza de voluntad, porque perder
peso
es una de las cosas más difíciles que hay
en la vida y si logré eso, como me dijo mi médico,
¿qué otra cosa no podré lograr? Siento que
fue determinante en todo este camino encontrarme con el dietagrama,
un sistema de adelgazamiento que me quitó por completo el
sentimiento de culpa, el complejo de ser o haber sido gorda, y que
me enseñó a hacer las cosas porque sí, porque
yo puedo y soy capaz, ayudándome no sólo a superar
mi problema de peso, si no también devolviéndome mi
autoestima, logrando llevar de la mano mi parte física y
emocional, convirtiéndose en un apoyo en esta nueva etapa
de mi vida...".
¿Sabe un secreto?
"La dieta para adelgazar" no importa. Lo que importa,
es por qué quiere adelgazar. l
|