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Disciplina:
la única regla
que necesitará
para enseñar a sus hijos


¿Qué hacer cuando nuestros angelitos se comportan como verdaderos diablillos? El especialista en relaciones familiares, Ross Greene, ideó un enfoque que funciona y es fácil de aprender. Conózcalo. Walecia Konrad

Seguramente ya intentó aplicarle a sus hijos los períodos de "tiempo fuera", la coacción o incluso el soborno directo, y obtuvo resultados nada satisfactorios. Al parecer, la disciplina es uno de los aspectos más desafiantes de la vida cotidiana con nuestros hijos.

Ross W. Greene, director del Collaborative Problem Solving Institute en el Massachussets General Hospital, autor del libro The explosive child (El niño explosivo) y padre de dos hijos -uno de cuatro y otro de siete-, ha creado un enfoque que ayuda a evitar los estallidos, tanto de los padres como de los hijos, y aborda los problemas que originan tales arrebatos.

El método de Greene nació de sus experiencias con niños inflexibles y frustrados, que a veces resultan los más difíciles de disciplinar. Esta estrategia surtió efecto para ellos y para los hijos de Greene también. Por eso la recomienda para todos, desde infantes hasta adolescentes.

¿Por qué es tan importante la disciplina?
Ross Greene: "Porque tiene consecuencias a largo plazo. La manera en que los adultos se relacionan con otras personas tiene que ver con la forma en que fueron disciplinados cuando eran niños. Si podemos disciplinar a nuestros hijos de modo que sientan que sus inquietudes son verdaderas y sus ideas aceptables, entonces estamos enseñándoles el tipo de lecciones que los ayudarán más adelante en sus vidas".

¿Cuál es la premisa de su enfoque?
RG: "Es sencilla. Pregúntese qué comportamiento de su hijo desea corregir inmediatamente. Ese es un caso tipo A. Un ejemplo puede ser que su hijo pequeño salga corriendo a la calle. Un caso tipo C es una situación que, aun cuando nos vuelve locos, podemos dejarla pasar. ¿Realmente importa si, por ejemplo, nuestro hijo de seis años prefiere desayunar de pie? Probablemente no. Los casos tipo B son todas las demás circunstancias. Es cuando empezamos a trabajar junto con nuestros hijos para encontrar soluciones con las que todos podamos vivir".

¿Cómo funciona esto?
RG: Permítanme darles un ejemplo. Mi hijo está sufriendo de eczema y detesta colocarse los medicamentos antes de acostarse. Al principio, mi esposa y yo insistíamos en que lo hiciera. Obviamente, esta era una situación del tipo A. La hora de ir a la cama se convertía en un momento de explosión. Estábamos exhaustos. A causa de la desesperación, asumimos la circunstancia como un caso tipo B y optamos por preguntar la opinión de nuestro hijo al respecto. Nos alegró tanto cuando nos planteó una solución: se aplicaría la medicina cada dos días. Bastaba para tratar su eczema, y tuvo el respiro que necesitaba".

Usted comenzó a tratar la situación como un caso tipo A, luego cambió a uno B. ¿Hay alguna circunstancia que siempre se considere del tipo A?
RG: "Con respecto a niños muy pequeños, uno opta por asumir cualquier comportamiento riesgoso como un caso del tipo A. Sin embargo, esta clase de casos tiene sus límites. Si la intención es superar el momento, una respuesta tipo A podría funcionar o no. Muchos niños a quienes se les pide que dejen de hacer algo continúan haciéndolo. Cada vez que se comportan mal, esperan que les digamos que dejen de hacerlo. Por esa razón, todos los problemas deben abordarse como situaciones de tipo B. Así, tanto usted como su hijo, estarán buscando soluciones juntos. Usted le enseñará a resolver sus problemas".

¿Qué sucede con un caso tipo B?
RG: "Básicamente, abordar una situación como un caso del tipo B implica tres pasos: escuchar las inquietudes de nuestro hijo, definir el problema con él y buscar soluciones juntos. Supongamos que su hijo estudia cuarto grado y no desea ir a la escuela. Al parecer, ello requiere una respuesta tipo A: 'Deja de perder el tiempo, tenemos que irnos'. El grita: '¡Detesto la escuela!'. Esto es terrible. Así que usted puede adoptar una respuesta del tipo B y decirle: 'Parece que algo te molesta mucho. ¿Quieres contarme de que se trata?'. Tras hacerle varias preguntas de una manera gentil, se entera de que su hijo está siendo objeto de bromas de mal gusto en el transporte. Se siente mejor después de haberle contado la verdad, y usted habrá identificado el problema.

Luego, le dice: 'No quieres irte en transporte porque los niños te molestan. Pero me preocupa que si no vas a la escuela, no aprenderás. Pensemos qué solución podemos buscarle'. Entonces escuche su respuesta. Es probable que no tenga ideas o las que tenga sean poco prácticas. Lo importante es que ya se siente involucrado en el proceso. Cuando sea su turno de hablar, dígale que tiene una idea y espere su reacción. Podría tomar más de una de estas discusiones -y es probable que tenga que intentar varias soluciones para problemas agobiantes-, pero juntos estarán buscando una solución".

¿Un enfoque del tipo B puede funcionar aun cuando en el horizonte se vislumbra una explosión?
RG: "Totalmente. Hace unos días, una madre debía traer a su hijo de 10 años a mi consultorio. Estaban retrasados. El niño estaba lloriqueando porque quería una pizza. Normalmente, una madre le habría dicho: 'Estamos retrasados, no nos vamos a detener'. Y su hijo habría armado un berrinche. En cambio, la mamá le dijo: '¿Quieres la pizza ahora mismo?' El niño respondió que tenía hambre. 'Sé que tienes hambre, pero no tenemos tiempo para comprar una pizza', contestó ella. '¿Tienes otra idea?'. El niño ofreció una alternativa. Se detuvieron en una tienda a comprar bocadillos; esto bastó para calmar el hambre, y llegaron a mi consulta a tiempo".

¿Qué sucedería si es uno el que está a punto de estallar?

RG: "Hay que esperar el momento más oportuno. Por ejemplo, nuestro hijo que está en preescolar siempre se escapa corriendo en medio de la gente. Obviamente, cuando ello sucede, uno se enoja y, a la vez, se asusta. Corremos detrás de él y, con autoridad, le exigimos que no vuelva a hacerlo -una respuesta del tipo A. Pero luego, en la casa, puede abordar la situación como un caso tipo B. Una madre que tenía un hijo de tres años hizo lo siguiente: le dijo lo mucho que le preocupaba cuando él se le escapaba corriendo, y le preguntó si tenía alguna solución. El le contestó que sí. Sugirió que cuando tuviera ganas de correr le diría: ¡Mamá, vamos a correr!. Y desde entonces correrían juntos. La madre aceptó y encontraron una solución al problema".

Usted ideó este enfoque antes de que nacieran sus hijos. ¿Qué ha aprendido desde entonces?
RG: "Sin duda, he aprendido cuán difícil puede ser una situación. En mi caso, todo depende de cuán fatigado esté. Si estoy exhausto, puedo empezar mostrando empatía a manera de broma: "Hay unos monstruos en tu habitación que dan miedo", y luego abordo la situación como un caso del tipo A. "Ahora, vuelve a la cama". Funciona. No hay que ser totalmente consecuente para hacer este trabajo. Hoy por hoy, estoy más comprometido con la noción de que la disciplina debería ser una herramienta para enseñar a los niños a manejar los problemas de modo que funcione para todos". l

Como manejar los "no quiero"

Posibles respuestas ante un mal comportamiento

Caso A: Nada de tolerancia
Para los niños pequeños que hacen algo peligroso en nuestra presencia:
l Cruzar la calle
l Jugar con fósforos
l Coger un cuchillo afilado

Caso B: Buscar una solución juntos
No deje pasar la situación; más bien trate de resolver el problema junto con su hijo
l Cuando se niega a bañarse
l Cuando no quiere hacer la tarea
l Cuando se comporta groseramente

Caso C: Pase por alto la situación
No es una gran cosa, por lo pronto. No exagere
l No puede sentarse quieto (un infante que está empezando a caminar)
l Se queda leyendo en su cama en lugar de dormirse (un niño)
l Escucha música a todo volumen (preadolescente

THE GUARDIAN NEWS SERVICE. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCIÓN:SERVIO VILORIA FOTO: ARCHIVO

 
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