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Las primeras letras

Respetar el pensamiento del niño
y aprovechar su inmenso potencial creativo es la propuesta central
de la pedagogía actual. Expertas investigadoras del tema explican
el proceso por el que transitan los infantes en su aprendizaje de la lectoescritura.
Betzy Barragán

“Repitan todos: eme a, ma; eme e, me; eme i, mi...”. Esa era
la frase repetida una y mil veces por los maestros de preescolar y primaria, cuando
de enseñar a leer y escribir se trataba.
En este método de instrucción
la memoria era lo que más tenía que desarrollar el niño; no importaba mucho
si comprendía o no lo que estaba aprendiendo, o más bien, lo que se le estaba tratando de enseñar. Lo relevante era que fuese capaz de repetir como un loro el abecedario de la cartilla; el pequeño que no se adecuaba a esta rutina era etiquetado de “flojo”, “distraído” o “apático”.

Afortunadamente, esta manera de “enseñar” ha dado paso, poco a poco, a otros métodos donde se privilegian las habilidades particulares de cada infante. Este
cambio de visión en la educación es el resultado de un buen número de investigaciones en el campo de la psicología, específicamente en el área de la lingüística, cuyos resultados han originado que los métodos tradicionales estén
siendo sometidos a una seria evaluación.

“Aunque en la actualidad convivan ambas maneras de abordar la educación inicial —la que considera al niño como un saco vacío que va a ser llenado de información, y la que estima que el pequeño es un ser interactivo capaz de procesar todos los datos que recoge de su entorno—, hay posibilidades de ser optimistas, pues cada vez son más los docentes que se forman a la luz de las nuevas teorías, especialmente de la Psicogénesis del lenguaje, la cual plantea una nueva forma de entender el proceso a través del cual el niño se apropia del sistema de escritura”. Así lo explica Alicia Palacios de Pizani, psicóloga y educadora argentina radicada en Venezuela desde hace varios años, especialista en el tema y coautora de la obra El aprendizaje de la lengua escrita en la escuela. Reflexiones sobre la propuesta pedagógica constructivista, considerada como un nuevo enfoque pedagógico del desarrollo de la comprensión lectora y la expresión escrita.

El método tradicional

Desde siempre, la preocupación de la enseñanza escolar ha girado en torno a la necesidad de potenciar el desarrollo de las competencias básicas de la comunicación: hablar, escuchar, leer y escribir. Para garantizar que el niño se encauzara en el inmenso caudal de conocimientos, era preciso “dotarlo” de las técnicas precisas que lo conducirían a este fin último. Es así como, en el caso del aprendizaje del lenguaje —tanto oral como escrito—, se debatía sobre el momento preciso en el que se debía iniciar al niño en este proceso. De menor importancia era el cómo hacerlo, puesto que, si el maestro tenía paciencia y algo de astucia, lograba “enseñar” al pequeño.

La labor del educador se sustentaba en la teoría de transferencia de información, conocida también como bottom up —de la base al tope—, donde el estudiante era el depositario de toda la información que le iba impartiendo el maestro. “Partíamos casi siempre por las vocales, luego seguían las consonantes y posteriormente las sílabas directas… Hacíamos ejercicios de discriminación auditiva y visual de cada fonema, realizábamos ejercicios de grafías, y finalmente pequeños dictados de palabras sueltas…”. Así narra su experiencia la pedagoga Pilar Orte Moncayo en su artículo Ayer y hoy de la enseñanza del lenguaje escrito. Esta práctica resultaba tremendamente aburrida y repetitiva para el niño, quien debía hacer uso de la ejercitación mecánica y de su buena memoria para obtener una buena calificación.

Más de 30 años invertidos en investigaciones han sido necesarios para llegar a una conclusión: “El niño no es un receptor pasivo que sólo incorpora contenidos en su cerebro, por el contrario, es un ser activo que construye sus conocimientos a partir de lo que ya sabe; él razona y piensa, crea y descubre”; expresa enfáticamente la especialista Alicia Palacios.

El pequeño, desde muy temprana edad, tiene la necesidad de descifrar el medio que lo rodea y por esta razón se esfuerza y hace progresos asombrosos en su búsqueda de herramientas que le permitan entender su entorno.

Entendiendo el proceso

Emilia Ferreiro (Argentina) y Ana Teberosky (España), reconocidas investigadoras y autoras del estudio
Los sistemas de escritura
en el pensamiento del niño
—obra  fundamental en el impulso del cambio en la manera de concebir el aprendizaje y la enseñanza de la lengua escrita— explican: “Lo que lleva al niño a la reconstrucción del código lingüístico
no es una serie de tareas, ejercicios repetitivos o el conocimiento de las letras una por una y de las sílabas, sino que es una comprensión de las reglas que componen la lengua. El niño, muy precozmente, va construyendo hipótesis acerca de la naturaleza de la escritura”.

Foto: www.stock.xchng.com

En este proceso, indican las especialistas, el pequeño —desde los cuatro a los siete años en promedio— pasa por varias etapas en su evolución hasta que llega a la apropiación completa del lenguaje. Según ellas, estos grados son:

1er nivel. Presilábico:
En esta fase, el niño descubre las diferencias entre el dibujo y la escritura, y si se encuentra en un ambiente estimulante y con disponibilidad de material gráfico, comienza a garabatear y experimentar con símbolos desde muy temprana edad. En el transcurso de esta etapa, el infante encara la diferencia entre las letras y los números e intuye que las letras sirven para escribir. En algunas ocasiones, se le escuchará decir que para escribir “elefante” necesita muchas letras porque este animal es muy grande, y que para escribir “hormiguita” necesita pocas porque es chiquita. Hace grafismos que sólo él puede leer, pero es capaz de expresar verbalmente lo que ha escrito. Y además tiene la idea de que la lectura y escritura sólo son posibles si dispone de muchas letras —casi siempre, más de cuatro— y variadas entre sí.

2do nivel. Intermedio: En este momento, el pequeño que “ya escribe”, intercambia experiencias con otros individuos y escrituras. Así se inicia  un proceso de comparación y de búsqueda de sentido para sus creaciones, el cual, muchas veces, le generará conflicto porque aún no logra comprender la organización del sistema lingüístico.

3er nivel. Silábico y silábico alfabético: En esta etapa, en la que el niño suele detenerse por un período extenso, él le adjudica a cada letra el valor de una sílaba; siente que puede escribir con lógica. Puede contar los pedazos sonoros de cada palabra y así reconstruye su propio término, pero se enfrenta de nuevo con la frustración al notar que los otros no entienden lo que escribe. Este conflicto motiva su seguida evolución: descubre que algunas letras poseen valor silábico y otras no. En este momento, el pequeño se encuentra muy cerca de la escritura alfabética, aunque aún le corresponde trabajar un poco más en el análisis de la sonorización y segmentación de la escritura. Así, en tal etapa, puede por ejemplo escribir EEAE, por elefante; MROA, por mariposa; AO por gato... En un segundo momento, ya pasa a escribir elefate por elefante; maiposa, por mariposa; velo, por velero.

4to nivel. Alfabético:
Cuando el infante llega a este punto, ya conoce el valor fonético de todas o casi todas las letras del alfabeto. Y además sabe que combinándolas puede formar palabras y frases. Sin embargo, puede que aún le cueste identificar la separación correcta de cada término; suele juntar sustantivos con artículos o verbos con preposiciones, debido a que los artículos y las preposiciones carecen de significado concreto. Por ejemplo, escribe: “Gabrielacomioelado”; pero lee: “Gabriela comió helado”.

En este sentido, para la especialista Alicia Palacios de Pizani, “se debe buscar que los niños y niñas que asisten a las aulas del preescolar tengan una primera inmersión en la cultura escrita —y mejor aún si ésta ya se dio en el hogar—, escuchar lecturas en voz alta, ver a otros escribir, tener la oportunidad de producir marcas intencionales, participar en actos sociales donde leer y escribir tengan sentido, poder plantear preguntas y obtener algún tipo de respuesta. Todo para evitar que en este nivel educativo, las prácticas de lectura y escritura sean experiencias poco gozosas y frustrantes por ser irrelevantes. El conocimiento que actualmente tenemos de este proceso por el que pasa todo niño hasta que aprende a leer y escribir, hace posible crear formas de intervención pedagógica que favorecen su desarrollo en lugar de obstaculizarlo, y esto es, precisamente, lo nuevo en lo que llamamos el  ‘nuevo enfoque’”.

Fuentes consultadas

Pilar Orte Moncayo. Ayer y hoy de la enseñanza del lenguaje escrito
Ileana Díaz Rivera. La enseñanza de la lectoescritura
Edith Penjeam y Bernardita Santis. La lectoescritura en la escuela actual

Actividades estimulantes

“Compartir y aprender es lo que debe prevalecer en la relación de los adultos —padres y maestros— con los pequeños. Debemos darnos cuenta de que nosotros, como mayores, no le ‘enseñamos’ a los niños, lo que hacemos es guiarlos, acompañarlos en su crecimiento. Debemos respetar el pensamiento y la creatividad de cada chiquillo, y ayudar a canalizarlos para que le resulte beneficioso en un futuro”, explica Alicia Palacios de Pizani, al tiempo que propone algunas actividades que se pueden realizar en la casa o en la escuela, con el fin de incentivar esa capacidad creadora que tiene cada pequeño:

Anticipación de significados con apoyo de la imagen: El adulto elige una material escrito de uso cotidiano, no un texto escolar, y pide a los niños que busque en él un dato específico. Por ejemplo: puede solicitar que localicen en un periódico películas o programas de televisión. Una vez que los niños hayan señalado lo que les parece indicado, se les puede preguntar acerca de cómo se dieron cuenta de que esa era la información solicitada, qué imaginan que dice en ese texto, si están de acuerdo con lo que va diciendo cada uno de ellos, y finalmente, se le consulta a los niños si quieren que se les lea el contenido para que lo puedan contrastar con sus ideas.

Escritura espontánea: Se invita a los chiquillos a escribir palabras para guardar en distintas cajitas; por ejemplo: palabras cortas, palabras graciosas, palabras que asustan, entre otras.

Correspondencia de imágenes y texto: Se le proporciona a los niños un conjunto de imágenes pertenecientes a una misma categoría, además se les facilitan una serie de tarjetas donde estén escritos los nombres de dichas figuras. La tarea de ellos consistirá en colocarle a cada imagen una palabra que la identifique. Al finalizar, se les preguntará el por qué de sus decisiones.

 
Letras que conectan al cuerpo

El reconocido ilustrador y narrador de cuentos infantiles estadounidense Maurice Sendak brinda algunas sugerencias a los padres sobre cómo inculcar el hábito
de la lectura en sus niños.

“Creo que deben hacer un acto físico muy sencillo. Cuando mi padre me leía, me recostaba a él y yo pasaba a formar parte de su pecho o su antebrazo. Los niños que son abrazados y sentados en el regazo —delicioso y encantador regazo—, siempre asociarán la lectura con los cuerpos de sus padres, con el olor de sus padres. Eso hará que uno siempre sea un apasionado de la lectura, ya que el perfume, esa conexión sensual, perdura toda la vida”.

“Si tuviera que dar algún consejo, sería ese. Si buscas una manera de acercarte a tu hijo, no hay mejor forma que
tomarlo entre tus brazos y leerle. Si los dejas frente a una computadora o un televisor, los estás abandonando. Los habrás abandonado porque estarán sentados en un sofá o en el piso y posiblemente abrazarán a su perro, pero no te abrazarán
a ti”.

Fuente
Revista Número (Colombia)

 

 
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