| “Eran dos jóvenes que mantenían una entrañable amistad. Vivían apaciblemente, pero el país entró en guerra, fueron aislados y conducidos al frente. Cayeron prisioneros del enemigo y pasaron dos años en un campo de concentración. Luego de acabada la guerra fueron puestos en libertad y cada uno siguió con su vida en lugares diferentes. Diez años después se encontraron y, tras fundirse en un largo y emotivo abrazo, uno le comentó a otro:
-Yo ya olvidé todo aquello que nos pasó. Lo olvidé en seguida como si no hubiera ocurrido. ¿Y tú, mi buen amigo?
-Yo no,—repuso el otro con evidente amargura— nunca podré olvidarlo. No hay un solo día en el que no odie intensamente a nuestros carceleros.
El amigo entonces replicó:
-¡Que lástima! Yo sólo estuve dos años como prisionero, sin embargo tú continúas cautivo”. Es importante dejar el pasado doloroso y difícil atrás porque cuando nos dejamos acompañar por él nos amargamos, perdemos la ilusión, nos desgastamos y dejamos de disfrutar la vida. Por mi parte respeto tus sentimientos y las vivencias que hayas tenido y no dudo ni por un momento de la seriedad y la gravedad de esos acontecimientos, pero tal vez este sea el momento perfecto para recordarte que ¡ya pasó!, y que no hay nada que puedas hacer para borrarlo de tu vida. ¡Tienes que aprender a vivir con eso! A muchas personas les gustaría seguir sintiéndose víctimas de la actitud o el comportamiento de otros y de esta manera justificar su negativa a retomar la responsabilidad de la vida. Prefieren mantener su pasividad, su falta de entusiasmo para no tener que desarrollar el valor necesario, pasar la página y volver a comenzar. Vivimos la vida cargados con un gran equipaje compuesto, en su mayoría, por el recuerdo y las emociones negativas que mantenemos asociadas al pasado.
Toma la decisión valiente de soltar, inclusive puedes hacer un rito simbólico, como bañarte en el mar o subir una montaña, que te ayude mentalmente a aceptar que ya te desconectaste de ese evento y decide maduramente aceptarlo y aprender algo de ello, de manera que no vuelvas a necesitar pasar por la misma experiencia para hacerlo. ¿Sabías que casi todas las situaciones difíciles que vivimos nos dejan siempre algo positivo? Vale la pena encontrar ese lado, recuerda que nada sucede por nada, o más bien que todo ocurre por una buena razón, aunque no lo podamos reconocer en el mismo momento. La mayoría de nosotros tiene artilugios mentales para desaparecer las imágenes que decidimos borrar en algún momento y no recordar lo que vivimos o lo que nos hicieron. Pero esto no significa que ya lo superamos, y podemos darnos cuenta de eso el día en que una situación cualquiera hace que reaccionemos de una forma exagerada o absurda, debido a toda esa emoción negativa que todavía guardamos inconscientemente. Si estamos lo suficientemente atentos, esa actitud nos recuerda que todavía tenemos un pendiente por enfrentar y resolver, de lo contrario nos volverá a suceder, una y otra vez, hasta que lo entendamos y hagamos algo al respecto.
¿Cuántas veces dices que no a una invitación, a una oportunidad o a una posibilidad porque en el pasado fracasaste o tuviste una experiencia negativa?
A veces lo que te frena ni siquiera fue lo que tú viviste, sino la referencia de lo que le pasó a otro… ¡Es tiempo de detenerte y reflexionar acerca de esto porque el único que puede cambiarlo eres tú! Deja de andar por ahí contando tus tristezas, tus pérdidas o tus derrotas.
Comparte sólo tus logros, tus experiencias positivas y enriquecedoras, siempre con la intención de motivar o apoyar a otros para que vivan las suyas. Seca esas lágrimas, sacude el polvo de tus rodillas, sal de ese cuarto pequeño en el que te has pasado tanto tiempo…¡es el momento de renovarte y ser libre del peso extra que te has impuesto a ti mismo! Para tener en cuenta
l Cada vez que el pensamiento o la imagen de lo sucedido vuelva a ti permítele entrar y salir libremente de la mente sin retenerla o profundizar en ella para no dejarte afectar.
l Perdona y envía pensamientos de paz, amor y felicidad a todas las personas involucradas con las situaciones difíciles de tu vida, aunque creas que no se lo merecen.
l Reafirma la confianza en ti mismo y en tu capacidad para enfrentar cualquier situación y salir victorioso de ella.
l Encuentra la lección oculta en esa experiencia y tenla presente en tu vida.
l Trabaja duro para construir otro estilo de vida, ten el valor, la decisión y la fortaleza para vivir como quieres. ¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien! l
MAYTTE, soy madre de tres niños adolescentes y el mayor está en vísperas de entrar a la universidad. Mi esposo es abogado, una persona fuerte y dominante, él quiere que nuestro hijo estudie derecho, pero éste se inclina más bien por el arte. En este momento se vive un infierno en casa y yo no quiero que mi hijo tome una mala decisión. ¿Qué debemos hacer?
No da buen resultado intimidar a los muchachos para que elijan entre hacer lo que su padre desea o irse de la casa. Esta actitud los desalienta, los desorienta y hace que disminuya su autoestima y confianza personal. Procuren dar orientaciones, pero no órdenes. Es importante dejarle a ellos la elección de su carrera, pues a veces como padres forzarlos un poco puede hacer que nuestros hijos terminen realizando nuestros anhelos y no los de ellos. Podemos conversar, sugerirles y hasta orientarles en las materias que estudiarán y en el campo de trabajo que tendrán con la carrera que elijan, pero la decisión final debe ser de ellos. Si se equivocan y resulta que al comenzar la carrera descubren que no les gusta o que no era lo que imaginaban, démosle el espacio, la guía y el apoyo para corregir el rumbo sin que se sientan fracasados, y para que puedan hacer la elección correcta. Acepta que tu hijo esté indeciso, esto es comprensible, es muy joven. Evita los comentarios despreciativos como: “Te vas a morir de hambre”, “vamos a ver hasta dónde llegas”, “esa carrera es para vagos y muertos de hambre...”
Los padres debemos ser un punto de apoyo y los hijos deben saber que si se equivocan cuentan con nosotros. Es mucho lo que pueden hacer por su hijo en este momento: pueden analizar con él como marcha en sus estudios, cuáles son las materias que más le gustan, cuáles son sus pasatiempos preferidos, qué actividades lo motivan más… Las respuestas a estas preguntas lo ayudarán a definir con qué carreras se siente más afín y de esto dependerá su éxito. La profesión que elija contribuirá a que se sienta realizado en algún momento de su vida. Respeten su individualidad y apóyenlo en su decisión con amor, entusiasmo y respeto.

MAYTTE, soy una persona que día a día quiere superarse, pero lamentablemente voy de fracaso en fracaso, pues nada me sale bien. Tengo un sueño y he luchado por lograrlo, pero no se concreta, pasa el tiempo y si no falla una cosa falla la otra. ¿Será mala suerte o que no me corresponde? Dame una luz, por favor. PF.
Muchas veces las cosas que deseamos son las mas difíciles de conseguir, pero esto no significa que sea imposible. El famoso científico que inventó la bombilla eléctrica dijo: “Ya he encontrado 2361 formas de cómo no se puede usar la electricidad”. Los tropiezos son los pasos necesarios hacia la senda del éxito, de modo que continúa y por favor no abandones. Reevalúa tu meta, asegúrate de que la deseas todavía, piensa en el costo que tendrá conseguirla; luego crea un plan de acción y paso a paso cumple con cada uno de sus objetivos. Recuerda concentrar tu atención en el camino, en cada paso que das y no en la meta y en cuánto te falta para llegar a ella. Apóyate con la repetición de frases afirmativas que refuercen tus debilidades. Pregúntate cada día: ¿Qué puedo hacer hoy para conseguirla?... y trabaja fuertemente para lograrlo. Siempre estás a tiempo de cambiar o ajustar la meta sin que esto signifique fracasar.

QUERIDA MAYTTE, mi esposo peleó con su padre hace muchos años. Ahora que mi suegro está viejo y solo yo he animado a mi esposo para que lo visite y lo perdone, pero él me dice que ya es demasiado tarde. ¿Tendrá razón?
Nunca es demasiado tarde para perdonar o perdonarse, corregir errores y hacer borrón y cuenta nueva. Son pocas las familias en las que no hay relaciones rotas. Al principio las personas distanciadas no están de humor para reconciliaciones, están heridas, prefieren echarle tierra al asunto y cuando ya ha transcurrido algún tiempo consideran que es muy tarde para ofrecer disculpas o limar asperezas. Es oportuno recordar que cuando perdonamos a otra persona en realidad nos liberamos a nosotros mismos de la carga pesada del resentimiento y del odio en los que se convirtió el dolor, ¡vale la pena hacerlo! Merecemos sanar nuestras heridas y cerrar los círculos que hemos dejado abiertos y pendientes en el tiempo.
Es importante tener un gesto que posibilite la reconciliación y, aunque haya pasado mucho tiempo, no nos desalentemos pensando que es demasiado tarde o que ya no tiene importancia. No es bueno dejar esos nudos sueltos, tratemos de olvidar esos viejos rencores y reparar esos hilos rotos que antes nos unían porque nunca es demasiado tarde para rectificar. Además, si la otra persona decidiera no aceptar nuestras disculpas para el Universo nuestra acción e intención serían suficientes para liberarnos.
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