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Carolina Jaimes Branger,
autora de la historia basada
en su experiencia familiar |
La escritora Carolina Jaimes Branger se inspiró en la vida
de su propia hija -una niña especial- para concebir su primer
cuento infantil, titulado Los 7 encuentros, un relato de aventuras,
lleno de enseñanzas, basado en un asombroso paseo familiar
Por Pablo Blanco. Fotos: Domingo Oropeza Bello
"En ese momento, de unas ramas que caían como una cascada verde, del lado derecho del jardín, salió una niña, más o menos de la misma edad de Andrés. Él notó que no caminaba bien. Lentamente llegó hasta ellos.
-Andrés, ella es Tina, dijo el viejo Noroc.
-Hola, le dijo Andrés.
-Ho-ho-ho-l-l-l-a, le contestó Tina con mucha dificultad (…)
-¡Ella es un ángel! -dijo Andrés en voz alta- ¡Tina es un ángel! ¿Cómo no me di cuenta desde el principio? Una sensación de bienestar lo envolvió. Se sentó en el suelo a admirar aquella magnífica visión de luz abrazando a la niña. Sacó su cuaderno. Deseó saber dibujar. Quería capturar también la música".
Lo anterior está contenido en las páginas de Los 7 encuentros, la primera entrega de una serie de literatura infantil llamada Textos para vivir y convivir, editada por la Fundación Conciencia Activa (www.concienciaactiva.org). El cuento fue concebido por la escritora, ingeniera en sistemas y docente Carolina Jaimes Branger, columnista de opinión de El Universal, colaboradora de 12 diarios regionales, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua, y autora de Claves El anclaje del subdesarrollo, un libro publicado por la Fundación Andrés Mata. Para relatar esta historia, Jaimes Branger se basó en una vivencia familiar ocurrida en la preadolescencia de su hija, también llamada Carolina y actualmente de 22 años.
Esta última, al cumplir un año de nacida, padeció de lo que aparentemente parecía ser sólo una amigdalitis. Posteriormente le diagnosticaron lo que clínicamente se supone que fue o bien una cerebritis (infección focal del cerebro) viral o una mielitis (inflamación de la médula espinal) viral, un episodio que le ocasionó un trastorno motriz severo. Desde entonces es considerada una niña especial (como usualmente se les llama a los niños con síndrome de Down). Así pues, la autora, preocupada por el trato que se les da a los infantes y jóvenes con esta condición, se aventuró a plasmar en el papel un relato que comienza con Andrés, un prepúber soñador que, al ver pasar una estrella fugaz, pide el deseo de "no estar más nunca aburrido". Es así como es trasladado a un mundo donde se encontrará con seres iluminados que le ayudarán a llenar su pequeña libreta de diversos aprendizajes. Tina (el personaje inspirado en Carolina hija) le permite a Andrés descubrir aquello que dice Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: "lo esencial es invisible a los ojos". La obra -a pesar de haber estado agotada para el momento de su lanzamiento- aún se consigue en las librerías y puede convertirse en el obsequio perfecto para estas festividades. He aquí el registro de la conversación con la artífice de este proyecto literario.
¿Cómo te fue con la literatura infantil?
"Creo que un escritor es aquella persona que tiene algo importante que decir y lo dice. Como madre de una niña especial tenía el deseo de transmitir que todas las personas con esa condición necesitan ser integradas a la sociedad de la manera más sensata posible; requieren de comprensión y no de lástima, también de compañía y no de indeferencia. Porque hay quien opta por obviarlos, sin mencionar cómo antes muchas familias los escondían, cuando el asunto era un tema tabú. Quise dejar como mensaje que los niños especiales pueden convertirse en tus mejores amigos, y creo que lo logré".
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Las palabras
de Jaimes Branger se convirtieron en imágenes gracias al talento de Domingo Oropeza Bello |
¿Cómo surge la idea para armar la historia de Los 7 encuentros?
"El cuento surgió de un paseo familiar que hicimos, en el año 2000, al oeste del estado Carabobo. Fuimos quien en ese momento era mi esposo, el padre de Carolina, dos amigas mías, Carolina, a quien le decimos Tuti, y yo. Lo particular del recorrido es que ocurrieron hechos que yo denomino 'mágicos', alrededor de la niña, que en ese momento contaba con 14 años de edad. Las personas que se le acercaban fueron como muy espirituales con ella. Mis otras dos hijas, Irene y Sofía, en ese momento, estaban en un campamento vacacional en Estados Unidos y les envié un correo electrónico contándoles todo lo ocurrido. Entonces Irene me respondió rápidamente: 'Mami, qué bella historia, ¿por qué no escribes un cuento sobre eso?'. Y así fue como me animé a hacerlo. Hice varios borradores que dejaba y retomaba constantemente hasta que, finalmente, en enero de este año la historia tuvo un principio y un fin".
¿Quiénes te dieron el "visto bueno" de la historia terminada?
"Necesitaba una opinión autorizada. Pensé, principalmente, en Luis Alberto Machado (respetado poeta y político venezolano), quien es uno de mis grandes amigos, siempre al tanto y conmovido con el caso de Carolina. Pero a él está dedicado este cuento, así que no iba a ser una opinión objetiva. Entonces recurrí a Atanasio Alegre (psicólogo clínico, docente y cronista colombiano residente en Venezuela), quien está conmigo en la junta directiva de Conciencia Activa. Después de leerse Los 7 encuentros me llamó por teléfono y con un nudo en la garganta me dijo: 'No puedo hablar de la emoción que tengo. Qué cuento tan bello'. Desde ese entonces pensé que la obra estaba bendecida".
¿Cómo armaste el argumento?
"Usé los nombres de cada sitio que visitamos para denominar los lugares en los que el personaje de Andrés tiene los siete encuentros con ese mundo paralelo lleno de enseñanzas. De Carabobo tomé Aguirre que en el cuento es Aguir, Montalbán que es Talbán, Daranmi es Miranda al revés, Noab es Canoab, Bejuma es Juma y Canoabito es Noabit. El séptimo es Villa de Cura, el único lugar del recorrido que forma parte del estado Aragua y que en el cuento es Aruc (Cura al revés). El personaje de Andrés está inspirado en Davide Bombonato, el mejor amigo de Tuti durante toda la infancia y la adolescencia. Siempre fue el mejor estudiante, la estrella del equipo de fútbol y tuvo la sensibilidad para fijarse en que ella podía ser una aliada incondicional, se apoyaban mutuamente. El fue testigo de cómo a mi hija le dieron el premio a la Mejor Compañera, un premio especial que tenía impresa la frase: 'Eres el orgullo de nuestra institución' (el Instituto de Educación Integral de Maracay). También fue parte de esos que vieron cómo una persona con tantas limitaciones estudió desde kinder hasta el bachillerato, logrando una meta que parecía inalcanzable".
¿Es un libro para niños en edad escolar?
"Si se trata de un niño muy pequeño, lo recomendable es que lea el cuento en compañía de sus padres. Describo situaciones cuya intención es propiciar una conversación sobre aspectos como el valor de la libertad, el ponerse en el lugar del otro, la generosidad, el perdón, el fijarse en los detalles y el darse cuenta de que las cosas obvias son las más difíciles de notar. En definitiva, el mensaje principal invita a pasar las cosas a través del tamiz del corazón. Me gustaría hacer una mención especial al ilustrador y diseñador de la obra, Domingo Oropeza Bello, quien hizo un trabajo extraordinario a partir del argumento de la historia".
¿Y cómo está Carolina hija en este momento?
"Súper contenta. Tiene un carácter estupendo. Se siente bien recibida en todas partes. Una vez le hicieron una entrevista y le preguntaron: '¿Cuál es tu estado mental más habitual?', y ella respondió: 'Yo siempre estoy feliz'. Creo que todo se debe a que desde que nació le hemos dado amor. Tanto como el que yo he recibido desde que era una niña".
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