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El
escándalo Vioxx
La retirada del famoso medicamento contra
el dolor ha dejado maltrecha la imagen de la farmacéutica
fabricante y, de paso, de los entes reguladores que velan por el
bienestar de la población. Estos son los pormenores de una
historia que no debería repetirse. Raúl
Chacón Soto
El pasado 30 de septiembre, la farmacéutica
Merck anunció el retiro voluntario, en todo el mundo, de
Vioxx, el conocido medicamento para la artritis y el dolor agudo.
La nota de la compañía decía literalmente:
"La decisión está basada en información
nueva de un estudio diseñado para evaluar la eficacia de
rofecoxib 25 mg (el ingrediente activo de Vioxx) en la prevención
de la recurrencia de pólipos colorrectales... En este estudio
hubo un aumento del riesgo relativo de eventos cardiovasculares
(CV), tales como ataque cardíaco y accidente cerebrovascular,
iniciándose después de los 18 meses de tratamiento
con rofecoxib". Durante la investigación, que se había
prolongado ya tres años, y había involucrado a 2.600
pacientes, se registraron 15 infartos o accidentes cerebrovasculares
por cada 1.000 pacientes. La noticia, como era de esperarse, cayó
como una bomba. Vioxx, que junto a Celebrex, formaba parte de la
nueva familia de medicamentos -conocidos como inhibidores selectivos
de la enzima COX-2-, para tratar los dolores inflamatorios, duplica
las posibilidades de sufrir un infarto cerebral o de miocardio.
Escalofríos debieron sentir los cientos de miles de pacientes,
en su mayoría personas ya mayores de 60 años, que
recurrían a este medicamento para aliviar su dolores de artritis
y artrosis, y al mismo tiempo evitar las consecuencias del maltrato
estomacal -la vieja generación de calmantes pega duro en
el estómago-, característica que lo convertían
en un producto apetecible. Tanto temor no era para menos. Según
la propia FDA (la agencia de alimentos y drogas de Estados Unidos),
se calcula que, sólo en ese país, cerca de 27 mil
casos de infartos -y de muerte súbita-, ocurridos desde 1999,
pueden tener como causa el consumo de rofecoxib.
La reacción no se hizo esperar. Las
críticas llovieron sobre la empresa farmacéutica,
aunque también han mojado a la propia agencia reguladora
estadounidense que, la verdad sea dicha, no ha convencido a nadie
a la hora de explicar cómo un producto al que ellos mismos
le atribuyen ahora miles de casos de muertes, pudo contar con su
aprobación para salir a la venta en el mercado. Las declaraciones
dadas por ambos protagonistas no fueron todo lo claras que el público
exigía, y poco han ayudado para despejar las dudas que ahora
se ciernen sobre la manera como las empresas promueven sus productos,
y las agencias reguladoras controlan el cumplimiento de las normas.
Merck, entre tanto, tendrá que guapear
con lo que se le avecina. No sólo no contará con los
ingresos estimados en ventas de su ex producto estrella -según
el diario español El Mundo, Vioxx significó el año
pasado cerca de 2.000 millones de euros, cifra que representa 11%
de los beneficios de la empresa-, sino tendrá que hacer frente
a una gran cantidad de demandas -según The Wall Street Journal,
la compañía podría encarar más de medio
millón de pleitos, lo que podría costarle unos 10
mil millones de dólares-. No es, sin duda, un buen momento
para la farmacéutica; este año los beneficios por
acción no serán los esperados -el día del anuncio
la cotización cayó 27%-, y por si fuera poco, en 2006
perderá la patente de otro de sus productos estrella, el
medicamento anticolesterol de nombre Zocor.
El fiasco de Vioxx ha avivado las duras críticas
que diferentes personalidades y sectores han hecho a la industria
farmacéutica en general. Es el caso de Marcia Angell, directora
durante dos décadas de la revista The New England Journal
of Medicine y una de las 50 personas más influyentes en el
área sanitaria de Estados Unidos, autora, también,
del libro La verdad sobre las compañías farmacéuticas.
Cómo nos engañan y qué hacer sobre ello, quien
ha descrito a la industria de ese sector como un coloso de 200.000
millones de dólares que ha perdido el control. La especialista
pone el dedo en la llaga: "Vioxx es el último de una
larga lista de escándalos con elementos comunes: productos
'estrella', campañas agresivas de promoción, ventas
millonarias y graves efectos secundarios que acaban por motivar
la retirada del medicamento en ocasiones varios años después
de su aprobación". Angell atribuye el problema a la
menguante cartera de productos de las grandes farmacéuticas,
que han preferido dejar el trabajo de investigación a otros,
para concentrarse en hacer pequeños cambios a fármacos
ya conocidos para presentarlos como nuevos. Pero este es tema de
otro trabajo.
La FDA, y otros organismos reguladores, han
quedado también muy mal parados. Muchos han empezado a cuestionar
los métodos de supervisión utilizados -de hecho se
habían realizado anteriormente varios estudios que indicaban
el aumento de los riesgos, curiosamente despreciados por las partes
interesadas-, y se preguntan cuán seguros son los medicamentos
por ellos aprobados. La gran interrogante, ahora, es si son confiables
los otros fármacos pertenecientes a la misma familia de Vioxx.
¿Es Celebrex, el producto de Pfizer, completamente seguro?
Hay quienes alertan sobre los estudios presentados que no dicen
nada sobre efectos a largo plazo. Por lo pronto, Pfizer ha dicho
que sí, pero ha adelantado que realizará una nueva
investigación sobre los efectos de su producto, y la Agencia
Europea para la Evaluación de Medicamentos (EMEA) ha anunciado
que evaluará a fondo a todos los inhibidores de la COX-2.
Ojalá que los resultados no se hagan esperar, podría
costarle caro a unos miles.l
rchacon@eluniversal.com
El
club de los coxib
Rofecoxib, el principio activo de
Vioxx, y su principal competidor, Celebrex (celecoxib), atienden
un jugoso mercado donde sólo se contaba con una única
opción para tratar los dolores inflamatorios: la de los
antiinflamatorios no esteroideos (AINE), que, para su desgracia,
tienen efectos gástricos nada despreciables. Se estima
en 350 millones de pacientes los
potenciales compradores de estas nuevas drogas, conocidas también
como las superaspirinas, que se anunciaban con una promesa envidiable:
la misma eficacia pero sin los
efectos secundarios de los Aine.
El secreto estaba en la acción selectiva de la nueva
generación de antiinflamatorios sobre la enzima ciclooxigenasa2
(COX-2). Los Aine actúan sobre esa enzima (responsable
de la
inflamación de las enfermedades reumáticas), pero
también sobre la COX-1, que confiere protección
al estómago. |
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Uno
similar
En junio de 2003, el fiscal general
de Nueva York demandó a GlaxoSmithKline (GSK) por "fraude
repetido y persistente" al consumidor, ya que durante años
se escondió conscientemente información negativa
sobre paroxetina (Paxil),
un antidepresivo. Según parece, tres investigaciones
demostraban que el psicofármaco no ofrecía más
ventajas que una terapia con placebo (sustancia sin actividad
terapéutica) y, lo que es más grave, el producto
multiplicaba las posibilidades de que los pacientes
que lo tomaran pensaran o intentaran quitarse la vida. A pesar
de la gravedad de los hallazgos, éstos 'durmieron' en
un cajón mientras que a las revistas científicas
sólo llegaban otros dos estudios en los que paroxetina
salía mejor parada. Finalmente, GSK ha pagado una multa
de dos millones de dólares (una cantidad algo menor en
euros) y se ha comprometido a que todos los ensayos que han
llevado a cabo con paroxetina vean la luz antes del fin de 2005. |
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Consejos
para pacientes que tomaban Vioxx
No es difícil imaginar que
tras la retirada del mercado de la llamada superaspirina (rofecoxib)
muchos pacientes se quedaron sin saber qué tratamiento
seguir para aliviar sus dolores. Calmantes usados con anterioridad
tenían la desventaja de favorecer problemas gastrointestinales
como la úlcera, pero es claro que esta consecuencia palidece
ante la amenaza al corazón que representa Vioxx. Con
la finalidad de ayudar a los pacientes a decidir entre las opciones
que tiene a mano, el diario El Mundo publicó una guía
que contó con la asesoría de Mark Fendrick, internista
de la Universidad de Michigan. He aquí sus observaciones
que sólo pretenden, como ya se ha dicho, servir de guía,
y no sustituir la consulta con el médico tratante:
l
Si es menor de 60 años, nunca ha tenido úlcera
o hemorragia digestiva y no está tomando aspirina o
esteroides orales...
1 Si su riesgo cardiovascular
es bajo, considere usar un antiinflamatorio tradicional del
tipo ibuprofeno o naproxeno. También puede ser suficiente
con paracetamol.
2 Si tiene factores de riesgo
cardiovascular, utilice un analgésico tradicional como
ibuprofeno o naproxeno. Si está tomando aspirina para
proteger su corazón, debe añadir un protector
gástrico para prevenir el riesgo de úlcera o
hemorragia digestiva.
l
Si es mayor de 60, y ha tenido alguna vez úlcera o
hemorragia digestiva, o está tomando aspirinas o esteroides
orales...
1 Si su riesgo cardiovascular
es bajo, y no necesita tomar aspirina, puede cambiar el Vioxx
por otro inhibidor de la COX-2, como celecoxib (Celebrex),
o tomar un antiinflamatorio tradicional como ibuprofeno o
naproxeno.
2 Si tiene factores de riesgo
cardiovascular, necesita combinar un antiinflamatorio clásico
con un protector gástrico (inhibidor de la bomba de
protones como omeprazol) o bien consultar con su médico
por si pudiese tomar paracetamol.
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