| Me sorprende encontrar un elemento común
en todos los correos que recibo de jóvenes adolescentes:
Mi mamá no me escucha, mi papá no me entiende, mis
papás quieren más a mi hermana o a mi hermano que
a mí, no sé cómo hacer para que me comprendan...
La mayoría de ellos expresa la necesidad que tiene de un
buen consejo o una guía para superar una situación
difícil, que en la generalidad de los casos pone a prueba
su autoestima, sus valores o la confianza en sí mismos. En
estos casos la comunicación con los padres se vuelve determinante.
¡No los dejemos solos!
¿Cuándo fue la última
vez que escuchaste a tu hijo sin interrumpirlo, sin juzgarlo o sin
criticarlo antes de que terminara de expresarse y mirándole
a los ojos con amor y atención?
Muchas veces dejamos de prestar atención
a los pequeños cambios que ocurren en el comportamiento de
nuestros hijos, asumimos que están y estarán muy bien
porque son nuestros y nada malo o difícil les puede pasar.
Pero, ¿has recordado lo importante que es colocarte en su
lugar cada vez que enfrentan una situación nueva o desconocida?
Generalmente se nos olvida que nosotros también pasamos por
situaciones en las que no sabíamos cómo actuar o qué
decisión tomar cuando teníamos esa edad, y que si
bien hoy en día como adultos le quitamos la gravedad que
tuvo para nosotros, en su momento fue difícil e importante.
Si lo permitimos, las preocupaciones, el exceso
de responsabilidad, la incertidumbre y el temor por el futuro pueden
convertirnos en personas llenas de estrés, irritables y desconectadas
de nuestros seres queridos, por esta razón es importante
que de vez en cuando nos revisemos y le preguntemos a nuestros seres
queridos y en especial a nuestros hijos: ¿Cómo se
sienten con nosotros? Ojalá estemos abiertos y dispuestos
a escuchar sin afectarnos su respuesta.
No podemos esperar a que ellos se comporten
o actúen como nosotros lo hicimos o como lo haríamos
en este momento. Recordemos que cada uno tiene capacidades y limitaciones
diferentes que lo convierten en un ser único y especial.
Una comunicación sana es el puente
que nos permite acercarnos a ellos, para conocer sus pensamientos
y sentimientos en cada etapa de la vida. Aprendamos a escuchar con
atención, amor y respeto hasta sus comentarios más
pequeños, porque esto hará que poco a poco, ellos
confíen en que siempre encontrarán en nosotros un
espacio a salvo donde refugiarse y sentirse seguros, especialmente
en los momentos más peligrosos y difíciles.
Claves para escuchar a nuestros hijos
Escucha en vez de hablar.
Cuando comiences una conversación con tus hijos, en lugar
de reaccionar a sus comentarios inmediatamente, pregúntales:
¿Qué fue lo que pasó? Y ¿Qué
fue lo que te dijo? De esta manera los ayudarás a aclarar
la mente y a resolver sus problemas mientras te responden. Cuando
tus hijos te hablen de algo que les preocupa, deja lo que estás
haciendo y escúchalos con mucha atención.
Escucha entre líneas.
A veces ocurre que tu hijo se siente incómodo y no
se atreve a expresar abiertamente lo que siente, por eso es importante
que pongas atención a lo que esta tratando de decir, reconoce
sus emociones y cómo le afectan. Escoge el momento más
adecuado para hablar con ellos, puede ser antes de acostarse o cuando
vas con ellos en el carro.
Escucha su punto de
vista o sus comentarios, aun cuando sea difícil hacerlo
sin asumir o hacer algún comentario negativo. Déjalos
hablar y expresarse sin interrumpirlos. Y cuando sea tu turno de
expresar tu opinión, evita ignorar o anular la de ellos.
Suaviza tus reacciones
al momento de comunicarte con ellos. Recuerda que ellos son
susceptibles de los gestos que haces y hasta del tono de tu voz
cuando les hablas. Si te pones rabiosa y los amenazas, ellos cortarán
la comunicación inmediatamente contigo por temor a tu reacción
o castigo.
Habla con tus hijos utilizando ejemplos
propios, esto te ayudará
a colocarte a nivel de ellos facilitando así la comunicación.
Evita criticarlos o juzgarlos con ligereza.
Pídeles su opinión.
A los niños les encanta que sus padres los involucren en
las conversaciones familiares y les pidan su opinión, esto
los hace sentir importantes, queridos y tomados en cuenta.
Tus hijos son como pequeños pedazos
de arcilla virgen, con la que puedes moldear figuras maravillosas.
Hazlo con amor, respeto y responsabilidad. ¡Niños fuimos
todos... y que no se nos olvide nunca! ¡Suelta el pasado,
deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es
maravillosa, todo va a estar bien! l
maytte@maytte.com
|