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Nicotina: La gran enemiga de la mujer (II)

El cigarrillo se ha convertido en una amenaza para la mujer. Más allá del riesgo de padecer enfermedades coronarias, cáncer de pulmón e, incluso, osteoporosis, esta nociva adicción es responsable del envejecimiento prematuro de la delicada piel del rostro. María de los Angeles Herrera

Si usted es fumadora y tiene el rostro muy envejecido, aunque escasamente supera los 40 años, es seguro que su piel ha recibido los embates de la nicotina. Esta aseveración también puede sonar excesiva, pero la delicada piel de la cara no es inmune a los efectos oxidantes y a los radicales libres generados por el humo del cigarrillo. Los hábitos tabáquicos no sólo afectan la piel de forma directa, por el humo expelido en cada aspiración, sino que las sustancias tóxicas que penetran al torrente sanguíneo perjudican sustancialmente la elasticidad de la piel y conducen a la aparición prematura de arrugas.

La pérdida de estrógenos, responsables de la producción de colágeno, también resta elasticidad y lozanía, lo cual, aunado a la disminución de la hidratación de la piel y al daño celular de la epidermis facial, conlleva al deterioro progresivo de la estética del rostro femenino. Generalmente las féminas que fuman ostentan una piel reseca, escamosa, repleta de pequeños surcos en los alrededores de los labios y de numerosas manchas púrpuras, debido a la acumulación de residuos y a los intentos infructuosos de la piel por reparar el daño celular existente.

Es importante aclarar que la piel que entra en contacto con el humo del cigarrillo cuenta con un proceso de oxigenación reducido, lo cual impide que se lleve a cabo la recuperación natural de nutrientes, a través de los procesos circulatorios. La falta de oxígeno tiene lugar cuando el monóxido de carbono del humo penetra la piel y se une con la hemoglobina, restringiendo la cantidad de aire que llega a los tejidos periféricos.
Las secuelas descritas -que comienzan a evidenciarse cerca de los 30 años- se acentúan por la acción de los rayos solares, a lo cual se le suma la asfixia celular por la poca circulación capilar; el resultado: rostro grisáceo, poco fresco, párpados hinchados y poros oscuros y dilatados con depósitos de nicotina, descripción que encaja perfectamente con la "cara del fumador", tipificada por el doctor Douglas Model en el British Medical Journal (1985).

Todos los problemas anteriormente señalados son razones de peso para dejar de fumar. Lo mejor es que tome una decisión determinante mientras aún le queda tiempo, ya que usted es la única persona que puede determinar si quiere vivir con una salud y una apariencia mermadas por el efecto de esta nociva adicción
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mherrera@eluniversal.com

Lo que no se dice

El 80% de los casos de cáncer de labio en el mundo son producto del cigarrillo, debido a la agresión que genera el calor directo en esa delicada zona y la constante compresión del cigarro con la boca.

Las mujeres fumadoras tienen mayores riesgos de sufrir de retraso en la concepción, infertilidad, embarazos ectópicos y abortos espontáneos.

Los síntomas típicos de la menopausia, como los calorones y la sudoración excesiva, son más acentuados en las mujeres que fuman.

La Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) no surte efecto en las mujeres fumadoras debido a que los suplementos de estrógeno ingeridos se pierden a través de la orina, por efecto directo de la nicotina.

Buen comienzo

La nicotina suministrada por vías distintas a la inhalación, como chicles y parches transdérmicos, ayuda a reducir la necesidad de fumar.

Consumir calcio es fundamental para contrarrestar el daño que el cigarrillo le ha causado a sus huesos.

Practicar ejercicios periódicamente le ayudará a despejar la mente y a mejorar su ánimo, gracias a la liberación de las endorfinas, que tienen un efecto antiestrés similar al derivado de la nicotina.

Evite situaciones que asocia con el hábito y tenga a mano sustitutos, como frutas y vegetales, para ingerirlos cuando sienta deseos de encender un cigarrillo.

Cuando esté a punto de caer en la tentación, recuerde las razones que lo llevaron a abandonar el tabaco: Mejorar la salud, exigencias de su pareja o necesidad de aumentar su autoestima. Todo es válido cuando se trata de abandonar el hábito.

 

 
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