Ataque a las
articulaciones
Cualquier persona
puede sufrir artritis reumatoide,
enfermedad
que limita considerablemente
la calidad de vida.
Si no se hace el
diagnóstico temprano
- y se trata a tiempo-,
puede llevar a la discapacidad
Por Lucía Lecuna
La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria de curso crónico y progresivo que afecta, principalmente, a las pequeñas articulaciones (de las manos, muñecas y pies). Sobresale como la enfermedad inflamatoria más frecuente -es padecida por entre 0,5 y uno por ciento de la población mundial-, de allí que represente un problema de salud pública por el retiro prematuro de 50 por ciento de los afectados de sus puestos de trabajo, luego de los diez años de haber comenzado su padecimiento.
Los pacientes con artritis reumatoide requieren de mayor atención médica que otros enfermos (en Estados Unidos esto representa unas tres millones de visitas al médico cada año), lo que genera importantes gastos para afrontar el costo de las consultas, las hospitalizaciones, los medicamentos y las cirugías ortopédicas. Se estima que los gastos en ese país suman 3,7 millardos de dólares al año, únicamente superados por los de las enfermedades coronarias y el cáncer.
El doctor Alberto Millán, médico adjunto del Centro Nacional de Enfermedades Reumáticas, expresidente de la Sociedad Venezolana de Reumatología y profesor de la Facultad de Medicina de la cátedra de Clínica Terapéutica del Hospital Universitario de Caracas y de la Universidad Central de Venezuela, indica que, "por lo general, esta condición se manifiesta en personas susceptibles, genéticamente predispuestas. En su mayoría son mujeres de edades comprendidas entre los 30 y 40 años, siendo la relación de dos a tres mujeres por cada hombre". En ocasiones muy raras, también se puede presentar en recién nacidos, niños y jóvenes, así como en ancianos, aunque este último grupo tiende a sufrir otro tipo de artritis.
Cambios drásticos
El impacto psicosocial de esta enfermedad
es muy importante en quien la padece,
pues más de 40% de los pacientes sufre
de depresión severa, con sentimientos
de impotencia que los llevan a depender
cada vez más de los otros. "La frecuencia
de divorcios entre estas personas es 70
por ciento mayor que el promedio. Más
de 50 por ciento de los pacientes refieren cambios en su rol social y 75 por ciento
en la disminución del tiempo dedicado
a actividades placenteras", recalca Millán.
Todo esto hace de la artritis reumatoide una de las enfermedades más investigadas, con la finalidad de mejorar su pronóstico y, con ello, la calidad de vida de las personas que la sufren.
Aunque se han incorporado terapias novedosas, todavía se desconoce por qué se produce la enfermedad, explica el especialista. "Se piensa que existen personas que nacen susceptibles (predisposición genética), quienes se encuentran en el curso de su vida con algún agente externo -como una infección bacteriana o viral- comúnmente banal para otras personas. Para el susceptible, su sistema de defensa (el sistema inmunológico) puede despertar una respuesta inadecuada que ataca tanto a los agentes extraños como al propio organismo, en especial las articulaciones.
Esta predisposición genética individual finalmente se hace manifiesta en algunas personas, y es que no necesariamente todas llegarán a sufrir artritis reumatoide. Explica Millán: "Muchos pueden vivir con esa configuración genética sin padecer la enfermedad, pues nunca en su vida estuvieron en contacto con el agente externo que tuviese esa capacidad de estimular al organismo a responder de esa manera".
Una de las primeras señales de alerta es la presencia de dolores articulares en las manos. Los pacientes los describen como una sensación de rigidez matutina que dificulta ejercer movimientos del miembro afectado en las primeras horas de la mañana o después de haber descansado un largo rato. Algunos perciben un dolor leve y, ocasionalmente, observan inflamación en los nudillos o en las articulaciones intermedias de los dedos. En los pies también se pueden manifestar los primeros síntomas, sobre todo en los dedos y en la base de los mismos (articulaciones metatarsianas). Rodillas, caderas, hombros, codos y cuello pueden también estar comprometidos.
Si la inflamación se deja a su libre evolución, logrará deformar las articulaciones, las cuales pueden quedar fijas en posiciones no funcionales, lo que lleva a la incapacidad. Igualmente, puede llevar a la ruptura de tendones, lo que empeora el problema de funcionalidad.
Afortunadamente, las nuevas modalidades terapéuticas controlan o, en el peor de los casos, retardan, la progresión de la enfermedad, minimizando la magnitud del daño producido.
Los tratamientos
"Hoy día hay mejores expectativas de vida y de calidad de desenvolvimiento para los pacientes, pues en todo el mundo se ha avanzado en el diagnóstico temprano", indicó Millán. Hay varias formas de tratar a los pacientes. Por lo general, se realizan terapias combinadas, es decir, se usan varios medicamentos junto a terapias y ejercicios de rehabilitación que deben incluirse tempranamente. Estos últimos variarán dependiendo de la posibilidad de movimiento que tenga la persona.
Hace años, el tratamiento se hacía leve o más fuerte, dependiendo de la gravedad o avance de la enfermedad. Hoy en día, la indicación es realizar el tratamiento agresivo desde un principio para no perder tiempo, pues se sabe que la enfermedad progresa con los años.
Cabe destacar que el Seguro Social de Venezuela distribuye las medicinas de forma gratuita a todos los pacientes, previa evaluación realizada por un reumatólogo. Esta ayuda ha recibido el reconocimiento de los pacientes y familiares, para quienes el tratamiento mensual puede llegar a costar cerca de tres millones de bolívares (más de treinta millones anuales).
Entre los compuestos que típicamente se indican, destaca la cortisona como piedra angular de todo tratamiento. Su rol es controlar y limitar la inflamación, con dosis adecuadas que indica el médico tratante (rara vez superan los diez miligramos diarios). De esta manera disminuyen los efectos secundarios que se asocian a la cortisona, como aumento de peso, cataratas, vello en la cara, joroba y estrías.
Algunos médicos complementan el tratamiento con inmunosupresores, los cuales disminuyen la respuesta inmune del cuerpo para evitar que la enfermedad continúe atacando las articulaciones que estén sanas. Uno de los medicamentos más usados es el metotrexate, el cual se viene usando desde los años cincuenta en tratamientos para el cáncer. En dosis bajas ayuda contra la inflamación, reduce el dolor, la hinchazón y la rigidez que pudiese presentar el paciente.
Otra opción es la inclusión de leflunomida, droga que detiene la proliferación linfocitaria, elemento clave en la destrucción articular. Ésta ha demostrado una eficacia clínica en el tratamiento de esta enfermedad con mínimos efectos colaterales. Se indica una dosis de carga de 100 mg diarios, durante los tres primeros días, para luego mantenerla con 20 mg por día. Se ha destacado por incrementar los beneficios antiinflamatorios para el paciente.
Los antiinflamatorios tradicionales también pueden incluirse en el tratamiento, pues ayudan a disminuir el dolor. Los más utilizados son la aspirina, el acetaminofeno y los antiinflamatorios no esteroideos (AINES).
Adicionalmente a las dosis de medicamentos, se suele insistir en que el paciente lleve una dieta sana; es decir, baja en grasas polinsaturadas, harinas y azúcares procesados, pero, insiste Millán: "el éxito del tratamiento se soporta en la ingesta de las medicinas de forma constante".
Durante el curso de la enfermedad el paciente puede presentar inflamación importante en algunas de sus articulaciones, por lo que se hace necesario recurrir al drenaje de las mismas mediante su punción (artrocentesis) así como a la administración de cortisona local (infiltración) para llegar al control inmediato del dolor y la inflamación.
La cirugía también es otro recurso para los pacientes pues, en algunos casos, se puede requerir sustituir la articulación afectada con una prótesis. "Muchas veces se colocan prótesis de cadera, rodilla y dedos que mejoran, de una forma muy importante, la calidad de vida del paciente", destaca el especialista.
La mortalidad de la artritis reumatoide es parecida a la de la enfermedad coronaria
o a la de la enfermedad de Hodking (una variedad de tumor de los ganglios
linfáticos o linfoma), por lo que se debe diagnosticar y atender inmediatamente.
Este mal, además de comprometer las articulaciones, puede ocasionar problemas
en los pulmones, en el corazón, en los nervios y en los ojos.
Investigación
En los años noventa se hicieron avances en el estudio
del tratamiento de la artritis reumatoide y se incorporaron nuevas drogas biológicas, lo cual ha permitido cambiar
el pronóstico de la enfermedad. Estas drogas biológicas fueron producidas, inicialmente, a partir de células de ratón
y, más recientemente, mediante bacterias modificadas genéticamente. Se trata, en realidad,
de proteínas dirigidas específicamente para atacar la inflamación, inhibiendo el progreso
de la enfermedad. Muchas de estas drogas se vienen utilizando de forma regular en todo
el país (etanercept, infliximab, adalimumab y rituximab), gracias al apoyo brindado por el Seguro Social.
Fotos: Archivo
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