¿Qué hace
correr a
Giorgio Armani?
Con más de 350
tiendas alrededor
del mundo, cerca
de 5.000 empleados
y planes de
expansión
donde encajan
nuevos hoteles
y nuevos
productos,
la respuesta
es obvia
Cuando Bono editó un número especial del diario británico The Independent a mediados del año pasado, envió un ejemplar a Giorgio Armani con una dedicatoria garrapateada en la primera página. "Señor Armani -decía-, usted es una inspiración para que yo no me rinda ante los detalles, el control de las ideas y la estética. Sólo ante Dios debemos rendirnos. Dios le bendiga… Bono".
Dirigirse al italiano más famoso con el sustantivo español "señor" en lugar del término italiano "signore" no augura nada bueno para el futuro de Bono como alguien obsesionado por los detalles. Sin embargo, pese a toda su encantadora labia irlandesa, Bono, voz principal de U2, tenía razón en algo: nadie podría acusar jamás a Giorgio Armani de rendirse.
Recordemos el escenario durante la exhibición de ropa para hombres de Emporio Armani realizada en Milán en junio del año pasado. Los modelos formaban una fila mientras Armani daba los toques finales al maquillaje. Después volvieron a formarse en fila mientras él ataba los nudos de las corbatas, ajustaba el ángulo de los sombreros, rizaba los pañuelos en el bolsillo superior y se preocupaba obsesivamente por los botones. Luego le mostró a cada uno exactamente cómo posar. Cuando entraron en la pasarela, Armani, ágil a sus 73 años, corrió a la entrada, donde escudriñó la presentación en una pantalla de plasma. Siempre que veía algún problema, Armani se lo señalaba a un colega, quien corría a corregirlo.
No es así únicamente en los momentos de desfile. "Nunca he conocido a nadie cuya atención a los detalles sea tan obsesiva", comenta Ron Frash, vicepresidente de la tienda Saks de la Quinta Avenida. "Personalmente da la aprobación de cada corbata, cada muestra de tela. Si pensamos en todos los productos que saca esta compañía cada año, resulta increíble".
Los fotógrafos famosos que llegan para retratarlo deben hacer todo al estilo de Armani, incluso la iluminación. A los directores de arte se les dice exactamente cómo producir sus avisos publicitarios. Los músicos vienen por las pruebas de sus vestidos y encuentran al propio Armani clavándoles los alfileres. Antes de la inauguración del edificio Teatro Armani en Milán, su arquitecto, Tadao Ando, recuerda que Giorgio verificó el ángulo y el punto de vista desde cada una de las 558 butacas. Pauline Denyer, esposa del diseñador de moda Paul Smith, señala haberlo visto barriendo la acera frente a una de sus boutiques de Milán. El diseñador de muebles Mario Bellini, quien vivió al lado de Armani en la Via Borgonuovo, en Milán, durante más de 20 años, señala: "Nuestros vecinos dicen que cada mañana se levanta y corre por la calle para mirar las vitrinas de sus tiendas en Via Manzini. Toma nota mentalmente de todo lo que está mal y se lo dice a su personal".
Esa clase de dedicación ha rendido frutos. Después de 30 años de extraordinario éxito, Giorgio Armani pasará a la historia como el hombre que definió el guardarropa de los trabajadores de finales del siglo XX y que enseñó a Hollywood cómo vestir. Por ser el presidente, presidente ejecutivo y único accionista de una compañía que generó unos 6.400 millones de dólares en ventas al detal en 2005, es el diseñador de modas más rico del mundo: Forbes estimó su fortuna en 4.500 millones de dólares. Pídale a una fanática de la moda que mencione al diseñador más importante de la actualidad, y lo más probable es que nombre a Nicolas Ghesquière, de Balenciaga. Pero si le pregunta a cualquier otra persona -es decir, 99,9% de la población que compra ropa, en lugar de comprar diseño o estilo y escribir sobre estas cosas-, diría Giorgio Armani. "Al igual que todos los grandes diseñadores en la historia de la moda, Giorgio Armani tiene que ver con el estilo, no con la moda", comenta Franca Sozzani, jefa de redacción de la versión italiana de Vogue. "Encuentran su estilo y se apegan a él, y eso es lo que él ha hecho".

Hasta el último detalle
Pese a toda su fortuna y fama, Armani aún
se somete cada seis meses al ritual
masoquista de reevaluación por parte de
la prensa especializada en moda. Pasa sus
días en interminables reuniones. Rara vez camina, como si hacerlo implicara un
despilfarro de su valioso tiempo, pero corre
de un lugar a otro, perseguido por asistentes azorados. Al igual que su jefe, están vestidos como si acabaran de salir del gimnasio, donde el signore Armani, como lo llaman, entrena
al menos una hora todos los días. Esto también ha rendido frutos. Armani luce increíblemente bien para su edad, pese a su cabello blanco
y profundas arrugas debajo de su bronceado. Las arrugas le dan carácter a sus delicados rasgos, pero lo que más se recuerda después
de ver el rostro de Armani son sus
abrazadores ojos azul claro.
"¿Que si he pensado en retirarme?",
dice repitiendo mi pregunta durante
un almuerzo en Milán. "Sí. Algunas
mañanas pienso: hasta aquí. Visitaré
mis casas, navegaré en mi bote, iré
al campo, pasearé a mis perros
y compraré cuadros de Picasso.
Pero eso significaría el fin, porque
mi vida es trabajar. Mi vida estaría
vacía. ¿Qué haría? No podría viajar
con gente de mi misma edad porque
no me agrada para nada estar con viejos
ni viejas. Prefiero mucho más estar
con gente joven que me desafía.
Me mantiene despejado y en contacto
con lo que está pasando. Es por eso
que continúo".
Sin embargo, ¿cuál es el futuro de una compañía que pertenece a un maniático del orden de 72 años, quien también la dirige? Por más rentable que sea la marca, e independientemente de cuán astuto y centrado sea su fundador (y Armani está increíblemente dotado de ambas cualidades), la pregunta es inevitable. "El futuro es mi mayor desafío", admite quien fundó su negocio junto con su amigo íntimo -el arquitecto Sergio Galeotti- hace 32 años luego de vender un Volkswagen Escarabajo. "Y lo estoy encarando ahora". Pero él ha estado diciendo eso durante años.
Hoy día, Armani posee más de 350 tiendas en todo el mundo y emplea a casi 5.000 personas. La compañía se ha expandido a nuevos países, entre los que destacan China y Rusia, y a nuevos mercados, desde Armani Jeans, en un extremo de la escala de precios, a la colección de alta costura Armani Privé, en el otro. También se ha extendido a otros sectores de productos, tales como Armani Casa y cosméticos. Lo próximo es una línea de productos para el cuidado de la piel y una cadena de hoteles de lujo. Armani incluso incursionó en el floreciente mercado del consumo consciente a través de su relación con American Express, Motorola y Gap en el lanzamiento de la línea de productos Red, un porcentaje de cuyas ganancias se dona al Fondo Mundial para el Sida.
Además de lo anterior, el diseñador italiano tiene ocho casas: desde una residencia que usa ocasionalmente en Central Park West hasta una mansión de los años cincuenta cerca de Piacenza, aunque pasa casi todo el tiempo en su apartamento de la Via Borgonuovo, al lado de su estudio y oficina. Algunos fines de semana los pasa en sus casas en Forte dei Marmi, Portofino y St. Tropez, y visita Pantelleria todos los meses de agosto y el Caribe en diciembre. Viaja con un séquito de empleados y familiares, todos los cuales trabajan para la compañía: Rosanna, su hermana, es directora de arte; el hijo de ella, Andrea, atiende el lado comercial; Silvana y Roberta, las hijas de su otro hermano, Sergio Armani, también son parte del grupo: la primera es diseñadora y la segunda trabaja en relaciones públicas.
Fuera de tal círculo, Giorgio Armani tiene poco interés en socializar. "No me siento a gusto con el jet set", reconoce. "Eso simplemente no está en mí". Ni siquiera durante su juventud perdió tiempo en fiestas. La única ocasión que recuerda haber estado ebrio fue durante la boda de su sobrina Roberta. "Era tan divertido -recuerda ella-, saltaba para cantar O sole mio con Bryan Adams". En los círculos de la moda lo ven como una figura retraída, pero más parece un personaje excepcionalmente decidido que ha organizado su vida exactamente como la quiere.
Enamorado del cine
De acuerdo con los parámetros de un multimillonario, su vida es relativamente frugal. Aparte de hacer negocios, su principal pasión
sigue siendo el cine. El rostro de Armani se
ilumina cuando habla del tema, y llama a sus empleados para que le recuerden el nombre
de una película de Roberto Rossellini o Vittorio
de Sica poco conocida. "Una de las cosas que
nos relaciona es nuestro gusto por el cine neorrealista italiano", dice el director Martin Scorsese, quien conoce a Armani desde
comienzos de los ochenta. "Lo conoce muy
bien". Pero en lugar de construir una sala de proyecciones, Armani prefiere ver las películas
en los cines de la ciudad. "La gente siempre se sorprende al verme en los cines, pero, para mí,
parte del placer de ver una película es verla junto con otras personas", confiesa. En realidad, su
mayor lujo es el bote de 15 millones de dólares
que compró hace casi cuatro años y que redecoró con sus grises y beiges favoritos, pintando las
piezas de metal de color mate y colocando
cuerdas negras, al cual bautizó Mariù en honor
de su madre. "No podía resignarse con el hecho
de haber gastado tanto dinero en el bote",
relata un empleado. "Pero entonces le dijeron
que podía alquilarlo". El Mariù ha tenido tanto
éxito, que Armani diseñó un segundo bote,
el cual, también, puede ser alquilado.
Por otro lado, el éxito también le ha permitido a Armani no prestar atención al asunto de la sucesión. Dice que ha decidido no tener un único sucesor, sino que se inclina por la conformación de un equipo. Pero a los 72 años, sin un plan claro y establecido, sus opciones para asegurar el futuro de su compañía se están reduciendo. ¿Podría colocarla en la bolsa? Posiblemente, pero no por todo su valor. ¿Otra firma podría comprarla o invertir en ella? La respuesta es la misma. Hasta ahora, los concesionarios han seguido invirtiendo en los nuevos lanzamientos, pero eso pudiera cambiar si la sucesión no está resuelta. Armani dice que su familia heredará su fortuna y que la compañía se administrará de manera independiente, posiblemente
a través de una fundación, pero no, aún no ha establecido ninguna fundación. Entretanto, hay que planear hoteles, abrir tiendas y lanzar nuevos productos . "Mi problema es el tiempo", dice Giorgio Armani con un suspiro, "siempre el tiempo".
Fuente: WWD.
Traducción: José Peralta.
Versión: Enmar Pérez
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