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LA CARACAS DE ...

Rayma Suprani

"Caracas me da
la pauta de
cada día"

El Universal publica sus caricaturas a diario, y Estampas lo hace cada domingo, mientras ella recorre la ciudad en motocicleta para conectarse con lo urbano
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

'La ciudad es una gran fuente de ideas. A veces es algo que veo, o una conversación que escucho… me bastan cinco minutos en una esquina para alimentar la creatividad", dice Rayma Suprani, cuyas caricaturas en El Universal y en Estampas son una suerte de crónica gráfica que, con humor e inteligencia, refleja la
cotidianidad del país, en general, y de Caracas, en particular.

Nacida en la capital, ha vivido siempre en el mismo apartamento al este de la ciudad. Desde muy joven, cuando estudiaba en el APUCV, colegio de los hijos de profesores de la Universidad Central, se enamoró de esa casa de estudios. Entre sus pasillos pasó la primaria, en su piscina aprendió a nadar, y con el Aula Magna pactó una mágica conexión. "Todo tiene un significado para mí en la UCV. Ni hablar del Aula Magna y de su olor a madera que me traslada a mi infancia. Siempre, a medida que entro en esa sala, siento que me hago pequeñita hasta ser una niña de cinco años", confiesa, pues a esa edad presenció allí múltiples espectáculos.

Periodista y caricaturista de El Universal desde hace siete años, recorre toda la ciudad en motocicleta. "Eso me permite percibir a Caracas de otra forma. Desde una moto, con la cara al viento, tu entorno luce distinto, sientes que puedes volar, y te conectas mucho más con lo urbano", afirma.

Anda sobre dos ruedas desde su época universitaria, y, aunque asegura que ciertamente los motorizados han formado clanes de defensa mutua, aclara que no podría ser de otra manera. "Si ellos no actuaran así no podrían sobrevivir. Hay gente que por andar en carro comete abusos insólitos. Entonces, cuando manejas un auto no te gustan las motos, pero cuando andas en moto… tampoco te agradan los autos", señala.

Caricaturista por vocación, Rayma confiesa que la ciudad es su fuente de inspiración. Ella le da personajes, le ofrece conversaciones en la cola de un banco, o comentarios mientras transita por las calles. Y así, paulatinamente, Caracas comenzó a ocupar el cargo de su jefe directo, pues en medio de la dinámica cotidiana le asigna una "pauta diferente para desarrollar la caricatura del día". "En cada esquina veo gente hablando sola, o llorando, o conductores que pasan los semáforos en rojo. Todo se ha vuelto normal. Eso es muy bueno para los caricaturistas, porque nosotros trabajamos con el absurdo", recalca.

En este sentido habla del diciembre pasado, cuando un juego de luces decoró buena parte del río Guaire. Los conductores, atraídos por la novedad, detenían sus carros en plena autopista para bajarse a observar el lugar. "Era insólito, pues iba contra toda prudencia y precaución. Convertimos el absurdo en algo cotidiano", apenas toma aire y hace la salvedad: "por fortuna aún tenemos El Ávila que nos da un mínimo de salud mental. Sin esa montaña estaríamos recluidos".

Entonces la ciudad, por así decirlo, es su depósito de materia prima. "Allí está todo -apunta-, sólo hace falta captarlo para llevarlo al papel". Finalmente, define a Caracas como "un juego de profundos contrastes: blanco y negro, un araguaney en una calle violenta, pobreza y opulencia separadas por cien metros… Quisiera algún día decodificar esos elementos y llevarlos a la caricatura".

En medio de sus proyectos, Rayma, Mejor Caricaturista de la SIP en 2005, reflexiona sobre el "atractivo fatal" de esta metrópolis que se ama o se odia, pero que no pasa inadvertida. Reconoce que, a veces, le provoca salir corriendo y dejarla para siempre, pero sabe que le sería imposible, pues la dinámica caraqueña, a pesar de todo, le resulta irresistiblemente adictiva.

Asistente de fotografía: Anita Carli


 
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