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VIVIR MEJOR SALUD
Foto: www.shutterstock.com / Zsolt Nyulaszi

EN CASA
tan a gusto

Facilitar a tu hijo un entorno sano
y seguro se traducirá en un mejor desarrollo y en un carácter más dulce
y sociable.

Por Silvia Cándano

Cuidar a tu hijo no consiste sólo en cubrir sus necesidades de comida, sueño, ropa, higiene y paseo. También implica proporcionarle un entorno cómodo y seguro en el que pueda crecer sano y desarrollar al máximo sus capacidades físicas e intelectuales. Hoy te proporcionamos algunos datos que te ayudarán a lograrlo.

En principio, para que el ambiente de tu casa sea saludable debes considerar los siguientes aspectos:

Temperatura. En general, conviene que oscile entre 20 y 24 ºC. Por debajo de eso, el niño puede resfriarse, no estará a gusto y le costará más conciliar el sueño. Y, por encima, le hará sudar, aumentará el riesgo de deshidratación, mermará su apetito y tampoco le dejará dormir.

Ventilación. En el aire pululan millones de microorganismos que pueden dificultar la respiración y causar alergias. Ventila cada habitación, a diario, un cuarto de hora. Hazlo una por una y cerrando la puerta, para evitar que a tu hijo le den corrientes de

Retira manteles y tapetes de los que pueda tirar, y EVITA que se cuelgue de las cortinas

aire y, si ya se desplaza solo, para evitar que acceda a la ventana o se pille los deditos con la puerta.

Tranquilidad. El exceso de ruido altera los nervios, dificulta la concentración, genera agresividad e impide la conciliación del sueño, sobre todo en los bebés, que son más vulnerables y se alteran antes que nosotros. Si tu casa es ruidosa, puedes probar a aislarla un poco (el corcho es uno de los mejores aislantes y no resulta demasiado caro).

Higiene. Tan malo es bañar a los niños tres veces al día y privarlos del contacto con el suelo, para alejarlos de la suciedad (esto impide la creación de anticuerpos y aumenta la propensión a las alergias), como exponerles a los microorganismos en sus primeros meses, argumentando que "así nos hemos criado todos y no nos ha pasado nada". En el término medio está la virtud y el tema de la higiene no es una excepción. Durante los primeros meses es básico esterilizar a diario los utensilios del bebé, darle agua mineral, etcétera. Y cuando ya gatee, hay que revisar con frecuencia los lugares más proclives a la suciedad. Dos consejos: para quitar el polvo es mejor utilizar un paño húmedo (atrapa los ácaros) que un plumero (los desperdiga por el ambiente). Y para limpiar el suelo, olvídate de la escoba; es más recomendable pasar la aspiradora (retiene las partículas aspiradas, evitando que se trasladen a otro lugar). Acuérdate de aspirar también las colchas, las cortinas, los tapetes de las mesas, el sofá y los sillones.

Foto: www.shutterstock.com / Kozlovskaya Ksenia

CAMBIOS CUANDO EMPIECE
A ANDAR

Una vez que tu hijo se suelte a caminar, deberás adaptar la casa a sus nuevas necesidades. Es imposible que estés alerta las 24 horas del día. Por eso debes convertir tu hogar en un paraíso a su medida, para que pueda desarrollar todas sus capacidades sin peligro y tú puedas leer un rato o atender el teléfono tranquila, en vez de estar siempre en tensión. Para que no se te pase por alto ningún peligro, recorre la casa a su altura, gateando, para tener su misma perspectiva visual.

Hecha la excursión, ponte "manos a la obra".
• Guarda las medicinas, los productos de limpieza, las herramientas y los objetos menudos que se pueda tragar. No basta con ponerlos lejos de su alcance, hay que ocultarlos de su vista porque si los ve, tarde o temprano se las ingeniará para agarrarlos.

• Ve despejando las estanterías según vaya creciendo e impídele el acceso al equipo de música y al DVD: podría meter la manita en la ranura y hacerse daño.

• Retira de su paso las alfombras y esterillas con las que pueda tropezar y cubre los enchufes y los picos de los muebles con protectores y los cables con una canaleta.

• Quita los manteles y tapetes de los que pueda tirar, y evita que se cuelgue de las cortinas; enrolla las cuerdas y ponlas por encima de la altura del niño con los brazos estirados.

• Pon cierres de seguridad en las puertas y coloca una cinta transparente que evite que meta los dedos en la zona de las bisagras.

• Instala un dispositivo antiapertura en las ventanas y no coloques cerca sillas ni taburetes que le permitan trepar hasta ellas.

• Coloca en la barandilla del balcón o de la terraza una malla de protección. Aunque no debes dejarle salir a esta zona de la casa sin ti, no está de más que la pongas.

• Si vives en una casa de más de una planta, pon una barrera protectora en las escaleras.

• No le permitas entrar en la cocina y menos aún si estás cocinando. Si no te queda más remedio, siéntalo en su silla, y colócala lejos del tope y de los muebles en los que pueda haber objetos peligrosos para él.

• Tampoco debes dejarle entrar solo al baño, pero aun así, por si alguna vez "se cuela", bloquea la tapa del inodoro para evitar que introduzca sus manos en él.

Los colores claros incitan al descanso

PREPARA SU HABITACIÓN
Ubicación. En la medida de tus posibilidades, elige para tu hijo una habitación que no esté ubicada por donde todo el mundo pasa con regularidad, para no molestarle mientras descansa. Procura que esté al lado de tu dormitorio, para poder atenderle enseguida cuando lo necesite, y que dé a una zona cerrada a la calle.

Mobiliario. Cómprale muebles con los cantos redondeados, que estén decorados con pinturas atóxicas y que carezcan de piezas pequeñas que puedan desprenderse... Y estudia bien su distribución, para que no le impidan moverse una vez que camine.

Colorido. Los colores claros, como el azul celeste, el rosa palo o el verde manzana, incitan al descanso y favorecen el sueño. Los tonos fuertes, como el rojo y el amarillo, en detalles, estimulan al bebé y le incitan al juego.

Las normas
de la casa

Además de tomar todo tipo de precauciones con tu hijo y de vigilarle de cerca, sin que él lo note, es importante que desde que cumpla su primer año empieces a enseñarle normas. Sin enfados ni dramatismos, repítele "no" muy seria, tantas veces como sea necesario, hasta que entienda que hay límites que no se puede saltar. Y si alguna vez se empeña e insiste en desobedecerte y hacer algo potencialmente peligroso para él, sácale de ese escenario y llévale a un lugar que también le resulte interesante, para que no proteste.

Siguiendo estas pautas, es seguro que tu pequeño, tu pareja y tú se sentirán más libres y más a gusto en casa.

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