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LA CARACAS DE ...

Pidiendo una colita en La Pastora, donde vivió en su juventud

EMILIO LOVERA

La ciudad le muestra parodias, le ofrece nuevos personajes, la gente le pide chistes, y ningún caraqueño le perdona que esté serio por un instante
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand

"Mis personajes viven en Caracas"

En Caracas ha visto situaciones tan graciosas que, cuando decide contarlas en un show, la gente piensa que las inventó. También ha conocido hombres y mujeres que parecen salidos de una comedia; tanto, que muchos de ellos se han convertido en célebres personajes de la televisión: Los Guoperó, Los Jordan, Perolito, Chepina, el Macho que se respeta; no parecen reales, pero Emilio Lovera asegura lo contrario: todos viven en esta ciudad.

Por eso, siempre atento, guarda en la memoria desde los timbres de voz hasta las reacciones de la gente, pues nunca sabe cuándo será necesario utilizarlos.
"Un día vi a unos chamos que jamás habían salido de Prados y estaban descubriendo el Centro y la Plaza Bolívar. Aquello era 'super uff'. De allí vienen Los Guoperó. Los Jordan, por supuesto, nacen de las barriadas caraqueñas. Para ellos lo máximo era Michael Jordan, y la aspiración, tener unos zapatos de marca", cuenta, y así recuerda el origen de sus sketches más celebrados: Chepina era una señora de Guatire; el Macho que se respeta, un Don Juan que no hacía más que peinarse y pasear por la cuadra; El Chunior, algún locutor capitalino; Perolito, un caso especial: "Esa fue mi manera de denunciar la desidia con que la gente veía a los recogelatas de la ciudad. Perolito es un tipo venido a menos, un hombre desfasado en el tiempo. Pero no es un estorbo ni una basura. Ese personaje es el resultado de una profunda reflexión", apunta. A propósito, la entonación y la jerga indigente se la inspiró un "viejito" de Antímano.

"Perolito fue mi manera de denunciar la desidia con que la gente veía a los recogelatas"

Dado siempre al buen humor, Emilio ha disfrutado la ciudad desde su juventud cuando vivía en La Pastora. Allí conoció al ciudadano sencillo, alegre, despreocupado, que siempre quiere hacerse el chistoso. Con los años, claro, ya hay cosas que no le dan gracia.

"El caraqueño, para hacer reír, repite muchos clichés. Me explico: estás comiendo y no falta el comentario de 'Cuidado con una espina'; si andas en carro, el que sea, te dicen 'Cónchale, andas a pie'; estás en un cajero y alguien grita 'Saca pa' los dos'. Se podría escribir un libro con todas esas frases", señala.

Y lo que a diario le sucede es la típica petición: "Ira (porque no se pronuncia la m para decir 'mira'), un chiste ahí". Él accede sin más opción. "Aquí no me perdonan estar serio. Me ven en una librería y me dicen: 'Tú si eres callado, vale'. En el velorio de mi papá (ojo, esto es verdad), una señora me dijo: '¿Qué te pasa? Tú no eres así en televisión. ¡Ay, no!, yo juraba que tú eras otra persona'. ¡Imagínate!", cuenta con una carcajada. Pero ni modo, ya se acostumbró.

Por eso, siempre tiene a la mano un chiste, aunque con frecuencia es él quien se sorprende cuando la propia ciudad le muestra una parodia de la vida real.

"Yo lo cuento y todos creen que es mentira, pero pasó en serio. Una vez vi a una muchacha que venía del cerro montada en un jeep. Cuando se bajó del carro, el tacón se le clavó en una alcantarilla. Trató de sacarlo, pero se le rompió. Bueno, ella siguió caminando como si no hubiera pasado nada. ¡Cómo no se va a dar cuenta de que le faltan 15 centímetros en una pierna, chico! La muchacha iba rapidito. Y llegó un tipo (porque aquí nunca falta un imprudente): '¡Epa, mami, se te cayó el tacón!', y era anaranjado, igualito al de las sandalias. La muchacha, sin voltear, le hizo señas con la mano: '¡Eso no es mío!', y siguió caminando como si no sintiera la cojera. Eso es demasiado gracioso. ¡A quién iba a engañar! ¡Bueno, eso pasa en esta Caracas!", sonríe.

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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